No pude despedirme...
Le miré. Como se mira la luna
desde el balcón de la noche:
tranquila, serena;
sabiendo que es tuya, un segundo
siquiera...
Y le besé. Como besan los labios
de besos primeros:
con miedo, callada;
el deseo inquieto y la pasión en calma...
Y le amé. Como se ama el instante
que la felicidad alcanza:
plena, con ansia;
desnudo el cuerpo y desnuda
el alma...
Y le maté. Como se mata el sueño
que la vida mata:
inocente, ajena;
ignorando la sangre que el sueño
derrama...
Y le lloré. Como se llora la muerte
del amor eterno:
ausente, extaña, con lágrimas secas
de dolor inmenso...
Le miré, lo besé,
lo amé,
lo maté, le lloré, pero...
No pude despedirme