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  humor > Parodiasunforgettable weekend

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se publicó en la web el 09 de Enero del 2009

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  Categoría: humor > Parodias
  Titulo:

¿Cómo se puede acabar encerrada a las 2 a:m y en deshabillé, en la terraza de la habitación de un hotel? Muy fácil, siendo la amante de un gilipollas. Porque no se puede llamar de otra manera a un tío que te propone un fin de semana wonderful y le dice a su mujer exactamente el hotel y la ciudad dónde va a estar. Por lo menos ella tuvo el detalle de avisarle que había conseguido encasquetarle a su hermana los gemelos y llegaría para dormir juntos. Total, que tenía una estupenda suite para mi solita. Decidí salir a fumarme un porrito a la salud de Jones & wife y…me quedé encerrada. Así, sin más. La jodida puerta se cerró, suave y herméticamente. ¡Menuda calidad! No lo podía creer. Menos mal que era el primer piso. “¿Por qué he dicho esto?” Pensé, “¿Es que voy a descolgarme por ahí?” Si no llevaba ni las bragas. Acababa de darme un largo baño relajante, que es lo propio cuando te dejan compuesta y sin kiki. No me apetecía dormir, ni ver películas, ni leer, ya había leído hasta las instrucciones de la tele por cable. Así que me puse mi batín de seda y salí. Podría haber sacado la botella de coca-cola, en vez de sólo la de güisqui, pero claro era mucho más melodramático y en consonancia lo de beber como un vaquero - porque cosaco hubiera quedado bien si hubiera sido vodka, pero de eso no había en el minibar - y ahora me arrepentía pensando cuanto rato estaría fuera. Comencé a fumar tranquilamente el joint antes de pensar que podía hacer para salir lo más airosa y prestamente de la terraza. Me tumbé en la magnífica hamaca y me quedé mirando los arabescos de los azulejos que decoraban las paredes que cuanto más consumía el cigarrito de la risa, más psicodélicos e hipnóticos me parecían. Me imaginaba la cara de mis amigas cuando les contara mi patético weekend. Traería cola, de eso estaba segura y muchos meses de tomarme el pelo. Desde esa postura veía perfectamente mi bonita y recién estrenada BlackBerry. Me la ha regalado él, que se vuelve pato con las TIC. Me la entregó con emoción contenida y yo la recibí con una sonrisa profiden a la altura de las circunstancias. Aunque no atendí ni a la mitad de las avanzadísimas prestaciones que en cadencioso rosario iba desvelándome henchido de orgullo, como si fuera el máximo accionista de la Deutsche Telekom. ¡Qué cerca y qué lejos estaba, leches! Siempre me quedaba el recurso de romper el cristal, pero iba a resultar muy escandaloso y además, vendrían I Carabinieri y empezaría el interrogatorio: Perché sei in Italia? Di dove sei? Che cosa fai qui? Y como no me apetecía contestar qué carajo hacía allí, obviamente, pues lo mejor era buscar otra solución. Y ya eran las 2:45. Porca miseria! No estaba en Italia, allora parlerò in italiano. Si estuviera en España seguro que pasaría gente, porque habría fiesta o alguien se la hubiera montado, pero claro aquí que cenan a las 7 de la tarde, a esas horas ya estaba tutto chiuso. Encima si pasaba alguien a ver si entendía lo que dijera. Barruntaba para mis adentros “Si tengo que hablar en inglés, lo tengo claro, porque lo hablo de penita pena”. Cada 1 de enero juro, que lo hablaré como Shakespeare, pero llega nochevieja y compruebo que tendré que repetir al día siguiente el mismo propósito que el año anterior. Y es entonces cuando me digo a mi misma, “ Bueno nena, por lo menos has bajado dos tallas, no está nada mal. Este año próximo si aprendo inglés de una vez por todas.” Oigo voces. Se están riendo. “¡Joer no os riaís tan alto, que no me vais a oír, qué aún estáis lejos!” ¿Qué les hará tanta gracia? Si se pararan me escucharían. Pero nada, siguen andando como si tal cosa y mientras yo, subida a la hamaca y agitando los brazos como una posesa. Intento silbar pero sólo sale un ruidito por mi boca que no lo oiría ni mi vecino de habitación si se asomará a ver la luna. Ya están casi debajo de mi balcón. Psit, psit! Nada, ni que estuvieran sordos. Espera, uno de ellos me mira. Se para ¡Bien! Veo que cuchichean entre ellos y dirigen sus miradas hacia donde estoy yo. Se acercan. Yo les aliento a ello haciendo gestos con las manos para que se aproximen. Les pregunto si hablan italiano. Niegan con la cabeza. Pruebo en francés, en español, hasta en inglés y… nada. ¿Pero bueno, de dónde coño son éstos tíos? Dicen algo y me suena a ruso, pero a saber. No entienden nada o no quieren entender. Y con risas, se largan tranquilamente. Igual creían que les hacía proposiciones deshonestas, los muy cachondos ¡Maldita sea, otra vez sola y necesito ir al baño!


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