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  terror > Espiritismooxymoron

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se publicó en la web el 12 de Junio del 2006

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  Categoría: terror > Espiritismo
  Titulo:

El sol apareció en el cercano horizonte, no se porque pero... siempre el horizonte me pareció cercano, al contrario de lo que es común en las otras personas, que al escuchar horizonte piensan en una lejanía, pero resulta que para mi esa lejanía es bastante cercana. Soñaba que yo corría por una calle inmensa y muy grande… iba vestido con mis pijamas celestes, en frente de miles de rostros que miraban desde las aceras, aquellos rostros eran oscuros e impenetrables, no mostraban ningún tipo de emoción al verme, solo yo era el desesperado… de súbito cambiaba la situación, la calle se iba haciendo angosta y yo me desesperaba aún más: mis piernas seguían corriendo sin aminorar el paso, aunque mi cerebro intentaba detenerlas, ellas solo querían correr, y pronto parecía que yo me iba a golpear con la multitud, la acera crecía y la calle se iba haciendo pequeña… de pronto empezaba yo a llorar sin detenerme y los rostros reían a mi alrededor, las risas me desesperaban y ahora yo gritaba como loco…. Aaaaaaaaaaah!!! Y de pronto despertaba en mi habitación azul, rodeado del vacío total: mi cama y el sol que me pegaba en el rostro. –José…- llamaba una voz desde la cocina, medio dormido respondí: -ya voy… Inconciente todavía por esa muerte temporal, me empecé a vestir para el trabajo y de pronto me puse a pensar: -¿Y esa voz?, no pudo haber sido de nadie porque aquí vivo… solo yo…-, me aterroricé, lógicamente, esa voz era femenina y suave, había dicho mi nombre con tal dulzura… José De todas formas, me preparé el desayuno y subí al auto apurado… conduje a mil por hora en las calles congestionadas de esta ciudad y llegué al trabajo un poco atrasado, lo de siempre… -Hola José- me dice la secretaria del periódico, una niñita de 18 años que era nueva en el empleo, aunque no estaba mal con aquel terno rojo: -Hola Débora…- le respondí. El periódico “Oxímoron” era una franquicia enorme: una oficina angosta y ruidosa con un escritorio, un computador, lápices y una placa con mi nombre, precedido de un curioso “Dr.”, yo no era ningún doctor en nada solo era el… redactor de los anuncios clasificados, algo a la vista insignificante pero en realidad mi trabajo se trataba de un pilar fundamental en el periódico más leído de la capital, pues… ¿Qué periódico funciona sin clasificados?, me senté en la silla, de esas que giran, me preparé un café y sonó el teléfono: -¿Aló, periódico nacional Oxímoron, anuncios clasificados a la orden?- digo después del estridente ring -Buenas tarde señor…- un hombre viejo, cansado y aburrido al juzgar por la voz –quiere poner un anuncio -Adelante… -¿Cuánto cuesta? -23 dólares un anuncio relativamente pequeño -¿lo redacta usted? -Claro -Pues bien -Dígame -Quisiera anunciar la venta de… -¿De qué? -De mi alma- entonces me quedo pensando un momento -¿alo?- pregunta la voz del otro lado ante la espera. -Verá señor, este periódico no sirve para hacer bromitas estúpidas- digo enfurecido y cuelgo el teléfono con fuerza… pero no me había dado cuenta que todos en la enorme sala se percataron de mi arranque de iras, unos periodistas importantes me miran desde el exterior de la oficina. El teléfono suena otra vez… Ring, ring, ring… tomo un respiro y… -¿Aló, periódico nacional Oxímoron, anuncios clasificados a la orden? -Disculpe vuelo a llamar porque…- se trataba de la misma voz -Mire, no me haga perder el tiempo -Es que… -Es que ¿qué? -Es que es verdad… -Mire no me joda, váyase al diablo… y trate de venderle su alma y la de su madre Cuelgo el teléfono otra vez -José… ¿qué te pasa?- preguntó el gordo, director de la sala de redacción (no solo clasificados sino también noticias de verdad, y defunciones y actos sociales.) -Un loco me llama a decir que quiere vender su alma y que le ponga un clasificado -Ja, no seas muy grosero, solo ignóralo -Está bien- respondo Ring, ring: es el teléfono de nuevo. –Suerte- me dice el gordo mientras devora una rosquilla -Puta madre le digo que no me joda… -Disculpe yo quería anunciar que vendo mi casa señor ¿es ahí el periódico?- dice una mujer nerviosa del otro lado.- Tan solo sonrío. -José…- me dijo aquella voz femenina en mi hogar… me quedé asustado –José- repitió suavemente la voz dulce y femenina que caló en lo más hondo de mis huesos. -¿Quién anda ahí?- pregunté nervioso. –José- ahora grita y la luz de mi apartamento se apaga… me quedo horrorizado escondido tras la puerta de mi cuarto con un bate de madera en mis manos. –Sal de ahí- grito -No entiendes José- ahora a la voz femenina se une a un eco algo masculino -Yo, puedo existir, como puedo no existir-me dice -Sal de ahí maldito psicópata -Ya entenderás- entonces caí dormido en el suelo. Al siguiente día desperté pensando que todo se trataba de una pesadilla. Me dirigí a mi trabajo corriendo y entonces al entrar me encontré con una carta sobre mi escritorio, estaba dentro de un sobre blanco “Dr. José, encargado del departamento de clasificados” decía la dedicatoria, dentro había una hoja escrita con esferográfico, decía: Te amo, te amor, te amo. Al principio me asusté, un escalofrío corrió por mi espina dorsal… el sonido del teléfono no me dio tiempo para pensar… -¿Aló, periódico nacional Oxímoron, anuncios clasificados a la orden?- -Buenos días señor…- era el sujeto que había llamado el día anterior queriendo vender su alma -Verá, el día de ayer llamé a l periódico y no quisieron colocar mi anuncio… -Miré, se quien es usted maldito pervertido y le digo que deje de acosarme o lo denunciaré -Espere quiero vender mi alma, no se de que habla -Está bien ¿cree que alguien la comprará? -Es que le daré dinero a quien se la lleve -Jo, ¿en serio?- le digo en tono sarcástico -Sí, si se lleva mi alma le pagaré 100 dólares… -¡Bien! Acepto, yo se la compraré -No entiende el peligro… -Sí entiendo, venga a mi oficina mañana lo más pronto posible, para sellar el trato buen día- Colgué emocionado el teléfono ¿Qué clase de sujeto me pagaría por su alma?, creo que no sabía el lío en el que me había metido entonces… La noche siguiente tuvo un sueño algo perturbador: me encontraba en una isla solitaria, tomando el sol junto a la preciosa Débora que exhibía un bikini dorado… todo bien, hasta que de pronto llegó una tormenta que se llevó a la muchacha… desesperado empecé a gritar esperando que me lleven los vientos huracanados y me di cuenta que… había dos corrientes soplando a lados contrarios lo que me mantenía en el centro. De aquellas tormentas salieron dos enormes brazos que me empezaron a halar debatiendo entre sí… me halaron tan fuerte que mi cuerpo no resistió y se partió a la mitad, mezclando la sangre con el mar bravío. Al despertar me encontraba en mi habitación iluminada por los primeros rayos de la mañana. Encontré de pronto un enorme sujeto ante mí, un anciano calvo que me miraba dominante, vestido enteramente de blanco… -¿Qué hace en mi casa?- le grite aterrado y se desvaneció dejando una nube de humo tras de sí… busqué por toda la casa pero nada… ningún rastro que delatar una presencia extraña, nada…. Al llegar al trabajo me encontraba yo indispuesto, con sueño y me recosté en mi escritorio, fue la voz, suave y dulce susurro, de la hermosa Débora lo que me despertó: -Te buscan José, despierta… pensé que era el sueño de la isla otra vez, estuve apunto de besar los labios bermejos de la mujer pero algo me asustó terriblemente… la silueta del anciano que vi dentro de mi casa de mañana estaba ahora en la sala de espera solo que ahora vestía formalmente… -Débora por favor quédate aquí- le dije a la secretaria jalándole del brazo casi violentamente. –Está bien José pero suéltame, no es para tanto. -Puede pasar- le gritó la secretaria al viejo, mientras una gota de sudor frío y lejano escurría por mi frente surcada por el miedo y el pavor a la condenación… -Buenas tardes señor… José-, era la voz del teléfono, de aquel loco que me daría “su alma” y no tardé en darme cuenta de ello… -puedo hablarle a solas- dijo lanzándole una mirada fría a Débora. Ella se disponía a salir pero con violencia volví a halar de aquel suave brazo que me daba confianza maternal –no señor, ella se queda… -Está bien, verá, yo le llamé ayer ¿recuerda? -Claro, claro, viene por lo del asunto de los 100 dólares ¿verdad? -…De mi alma más claro- dijo el viejo -Sí… sobre eso… mire me da pena abusar de usted, solo le pediré 25 dólares para que me deje en paz -Señor…- dijo el viejo –es que no puedo dársela a usted -¿Por qué no?- pregunté -Porque usted no podrá soportarlo, es más, su propia alma le persigue Entonces Débora quiso salir otra vez, y le halé el brazo y empecé a reír –mira como asustas a mi secretaria y dime ¿cómo es? -Es una mujer de cabello rubios… parece tener 20 años pero en realidad tiene 4000- respondió el viejo, entonces yo tan solo pensé que estaba jugando conmigo y me reí de nuevo, Débora me seguía aunque estaba un poco nerviosa, se le notaba en su brazo que se tensaba entre mis dedos… -y… jajaja, disculpe, ¿y dónde la conoció? -Aquí, está parada detrás de usted, me amenaza con un revólver, ella viste de blanco Entonces la risa se acabó, regresé a ver a mis espaldas y no encontré nada, pero sentí una brisa fría en la nuca… -Déjeme, terminar con esto, no le cobraré nada pero déme su estúpida “alma” y lárguese- grité enfurecido, entonces el viejo se sentó frente a mi escritorio y pude notar que era mucho más alto de lo que parecía, tomó una hoja en blanco de entre mis cosas, tomó también una pluma y empezó a escribir con caligrafía perfecta y fina: Yo, el señor José, periodista de 23 años, a fecha 6 de Junio del año 2006, acepto apoderarme del alma del señor Jean Baptiste Fondieu, por mi propia voluntad, me comprometo a responder por ella… -Firme aquí, me dijo el viejo señalando a una línea que había trazado en la parte inferior del documento… y lo hice… luego el viejo se fue y nunca más lo pude ver vivo… tomé el papel escrito por el anciano y lo guardé en mi escritorio, entre las hojas del diario de aquel día, cuyo encabezado decía: “Presidente de los EEUU fue asesinado con 154 puñaladas por banda de asesinos Húngaros”… Débora se rió y lo acompañó hasta la salida, entonces vino, se sentó en mis piernas y susurró a mi oído:- ¿quieres invitarme a cenar hoy en la noche?, escuché que vives solo- acepté de buen agrado, la llevaría a un bar donde cenaríamos más líquidos que sólidos y luego la llevaría a mi departamento donde podríamos pasarla bien… Quedamos en encontrarnos con Débora a las 8 en el café “Portishead” en el centro de la ciudad, muy famoso por los rumores que decían que se traficaba heroína en sus interiores. Ella vestía aquel provocativo traje rojo ejecutivo… entramos y pedimos dos vasos de vodka… luego dos más y más tarde 4 y… luego todo se volvió borroso. La subí en mi auto negro convertible, “las chicas se acercarán a ti decía la propaganda”, y luego yo conduje… íbamos a mil kilómetros por hora, entonces sucedió eso… un camión se volcó contra nosotros… pero sentí unos fuertes brazos halándome y ella saltó justo antes de que el carro se destruyera, sucedió todo tan rápido… vino corriendo, y me abrazo, luego me besó en la boca y caminamos hasta mi hogar, que no estaba lejos; en el camino le preguntó si ella había escrito la carta que encontré en mi escritorio en la mañana pero ella lo negó. Ahora que lo pienso, no me había acordado de mi auto, tal vez todas esas pesadillas me habían hecho olvidarme de él… Al entrar, puse música a todo volumen, era algo suave y depresivo, entonces destape un vino que tenía guardado desde hace mucho, nunca había poseído a una chica en mi casa, encendí la fogata, y ella se metió a mi cuarto y puso seguro a la puerta, me quedé sentado y d pronto escuche su risa lejana… salía de mi habitación con aquel bikini que vi en mis sueños… la tomé por los brazos y pude ver sus ojos azules fijamente, su cabello negro que caía como remolino sobre sus hombros delgados, de los cuales resbalaban como suaves ríos sus brazos en uno de los cuales desembocaba una pulsera verde… la tenía en mis brazos, estaba yo listo… pero entonces vi detrás de mí al anciano que me dio su alma… era él: Jean Baptiste Fondieu en persona con ese traje blanco… grité espeluznado -¿Qué te pasa?- dijo molesta ella recostada sobre el sofá, sonriendo todavía -Mira…- mi mano temblaba mientras señalaba al cuerpo de aquella visión… -No veo nada, ven acá- dijo ella, entonces el señor se esfumó, despareció. No lo quería hacer y se lo dije, le dije a Débora que no quería hacer el amor, entonces ella se durmió. Eran las dos de la madrugada y corrí al teléfono, busqué en la guía telefónica Jean Baptiste Fondieu, me contestó una mujer que parecía anciana por la voz, le pregunté y ella respondió: -lo siento, murió hace unas horas…- me caí al piso desmayado… ¿tendría que ver con su alma? Probablemente sí… desperté por la mañana, Débora me regaba agua sobre la cara, ella estaba vestida con mi ropa… -¿qué pasó, dónde estamos?- me preguntó asustada… pero yo no podía hablar, me había quedado sin habla de la noche a la mañana… Débora se levantó furiosa, se vistió y se fue dando un aventón a la puerta, entonces me quedé solo, en el silencio. Entré a la cocina, y una mujer preguntó -¿quieres desayunar?-, ella se encontraba de espaldas y sus cabellos rubios se veían hermosos sobre su cintura y su cuerpo perfecto entonces volteó y me dejó ver un rostro hermoso… era una mujer ciega, por sus ojos cristalinos, que parecía tener unos 20 años. -¿Quién eres?- le pregunté… -puedo ser muchas cosas-, me respondió… entonces no me di cuenta que pude hablar… ella me sirvió huevos cocidos y sin preguntar, los devoré, al terminar, ella no estaba… poco después me di cuenta que ella era la voz que me asusté la otra noche y no pude hablar otra vez… -Debo estar loco- pensé, y me puse la ropa rápidamente… me levé la cara pero… el espejo del baño se rompió, atrás de mí estaba ella, la mujer ciega, cortándose los brazos con uno de esos vidrios… salí corriendo, tomé un autobús y me vi pronto en casa de mis padres. Mis padres, muy ancianos ya, no me habían visto desde un año atrás, entonces se sorprendieron por mi visita, y yo también lo hice… fui allá porque era el único lugar al que sabía llegar en autobús, le escribí en un papel que no podía hablar y entonces me llevaron a un consultorio. El doctor, luego de cobrar mucho dinero por la consulta, exigió más exámenes para determinar un diagnóstico “más preciso” pues exteriormente parecía un mal sin sentido. -No te librarás de mí- susurró una mujer a mis oídos, y me regresé a ver pero no había nadie, entonces en el otro oído un hombre, con la voz del que me dio su alma gritó –debes atenerte al destino que tu mismo elegiste… hasta que te acostumbres a nosotros no podrás hablar…- Entonces enloquecí, salí a la calle corriendo hasta que la policía me llevó a prisión, entonces las voces me decían lo mismo a cada instante, como un disco rayado que me aislaba del exterior, me internaron en un manicomio… donde me aislaba en mi celda de voces que repetían lo mismo… A la semana, las voces se callaron, entonces apareció la mujer ciega ante mí y me habló: -Hola José-, le respondí el saludo pero me di cuenta que de ella era la otra voz que me acosaba…, se sentó en mi cama conmigo y entonces empezó a jugar con mis cabellos y las lágrimas cayeron sobre mi rostro, frías, son sentido, empecé a llorar como un niño –La chica con la que estabas la otra noche…- me dijo con voz nerviosa –murió regresando a su casa… yo la maté -¿Quién eres?, ¿por qué no me dejas en paz? -Soy tu alma chico y él es tu otra alma- entonces apareció el Anciano vestido de blanco, era Jean Baptiste Fondieu -¿Tú no estabas muerto?- le pregunté lleno de pánico… -Solo el cuerpo muere, las visiones no- me respondió -La existencia es como un desierto, millones de partículas de polvo, iguales entre sí, conformándose solo con existir, se encuentran inertes sobre el mundo, en cambio hay escasos cactos que buscan sobrevivir, que llevan su existencia hasta morir… los cactos pueden conocer otros mundo mediante su líquido interno, solo necesitan una dote mínima de agua para producir litros de ella en su interior… los cactos viven aislados en ese mundo- dijo la mujer -Y solo los cactos pueden ver ciertas cosas, solo los cactos existen realmente… tú eres un cactos porque nos puedes ver… Todo se volvió oscuro en ese instante, recordé mi niñez, llena de golpes y amarguras… me vi a mí mismo sentado, cobijado bajo la luz de las estrellas a los 15 años, escribiendo… el mundo había asesinado mis sueños de convertirme en un escritor… solo me había conformado con lo que otros me imponían, me había convertido poco a poco en un grano de polvo: sucio, igual a los otros… -¡Me he quedado ciego!- traté de gritar… pero luego susurré… los granos de polvo no existen, solo los cactos, así se debe sentir no existir… Entonces mi alma me tomó de la mano, la sentí fría y liviana, y me susurró al oído:- te amo, te amo, te amo, somos uno mismo, lo siento por lo de tu auto y la tal Débora, pero si te deshaces de mí morirás irremediablemente.- Poco después me habían puesto un tranquilizante y desperté 2 años después en un hospital, podía ver y hablar… pero las almas estaban ahí, viviendo conmigo… me dediqué a escribir, como siempre había soñado, y a investigar sobre otros fenómenos, pero siempre que quería contar la historia de mis almas a alguien, perdía el habla por un par de días… al principio quise deshacerme de mis espíritus, pero me di cuenta que sin esa mujer mi cuerpo moriría y que además solo podía hablar de ello con otra persona con el mismo problema, como Jean Baptiste, solo pudo contarlo a mí y extrañamente a Débora. La esposa y los hijos de Jean Baptiste habían emigrado al sur de Francia, dejando la casa desarreglada, solo el cuarto del anciano estaba intacto… entré, su propia alma me dio las llaves, y entonces me encontré con un lugar santo: un cuarto cuyas paredes estaban rayadas con millones de versos… todo estaba rayado con letras amarillentas, solo al centro unas enormes letras verdes decían: -Mi alma me persigue… prefiero morir. Mis padres y la sociedad me han considerado curado de demencia, aunque todavía me examinan, pues la “Locura temporal” que tuve no había tenido nada parecido antes. Mi alma me despierta cada mañana y rompe todo alrededor cuando está enfurecida… después de todo me he acostumbrado a que mi alma sea femenina… Jean Baptiste en cambio, solo se sienta en una esquina con su traje blanco y me mira… me mira… esperando una respuesta… después de todo me he acostumbrado a no contarle a nadie… después me enteré que muchísimas personas sufrían el mal y no podía decirlo a nadie… solo que yo lo hacía de doble manera: con dos almas. Me despierto una mañana, después de 3 años desde la noche en que murió Jean Baptiste, es mi segundo día en la sociedad, entonces vivo en la casa de mis padres, recojo el periódico y veo la fecha: 6 de Junio del 2006, y el encabezado curioso: “Presidente de los EEUU fue asesinado con 154 puñaladas por banda de asesinos Húngaros”… dentro está el contrato, con el que Jean Baptiste me entregaba su alma que ahora ríe a mis espaldas. Mi alma siempre trató de protegerme contra el alma de Jean Baptiste, desde el principio amenazando al anciano que feliz me hablaba de su mal. Después de todo comprendí que ellos, solo existen y tratan de cuidarme, mientras las arenas del desierto pelean y se arremolinan entre sí, los cactos solo miran al horizonte, que siempre parece cercano, esperando una gota de agua para sobrevivir, esperando la llegada de un animal que busque quitarles esa existencia, mientras tanto, sus raíces se sujetan firmemente… sí, solo los cactos tenemos alma, solo nosotros existimos.


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