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  eroticos > Sadomasola profesora

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se publicó en la web el 17 de Mayo del 2004

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  Categoría: eroticos > Sadomaso
  Titulo:

LA PROFESORA El miedo se iba acumulando en su cuerpo camino a la casa de la profesora de matemáticas. Su respiración se detuvo al tiempo que sus nudillos golpeaban por primera ves, la enorme puerta negra que debía haber cruzado hacia ya una hora, para recibir la primera lección particular con esa maestra enorme y gorda que gustaba de golpear a los alumnos con cualquier pretexto. ¿Quien es? Trono una voz la tiempo que la puerta se habría con un rechinido de sus goznes, y dejaba escapar a hurtadillas la obscuridad interior que luchaba por huir de su terrible carcelera. -Yo, maestra- contestó Juanito en un hilo de voz mientras, sin levantar la cabeza, sus ojos miraban la imponente bata negra, que, como única prenda, envolvía el fornido cuerpo de la maestra dejando al descubierto parte de sus enormes senos. Y entonces, sintió el mismo cosquilleo que sentía en el salón de la secundaria, cuando se quedaba alucinado mirando bajo la mesa frente a el, el pedazo de tela blanca hundido entre las abiertas piernas de su maestra sin importarle ya mas durante la clase, ni los números que en el pizarrón estaban escritos, ni los la voz tronante de la maestra al increparle “¿Que diablos me estas viendo Juanito? -Llegas una hora tarde… Pasa rápido, no te quedes como estatua- le ordenó al tiempo que franqueaba el paso al terrorífico interior, y su tosca mano le arrojaba cerca de la mesa, donde una silla solitaria, completaba el cuadro de sala de interrogatorios. -Si maestra- atino solamente a decir al colocar la pequeña mochila en la mesa que como por arte de magia, se encontraba tenuemente iluminada mientras alrededor, la obscuridad lo devoraba todo. -Espero que traigas la libreta correcta- le decía mientras se colocaba a su espalda secándose con una pequeña toalla roja, el pelo aun húmedo por el reciente baño. -Ssiii… ssii maestra, me aprendí bien lo que usted me indico, pero no le encuentro como usarlas, mire- le dice al tiempo que con mano temblorosa trata de encontrar la pagina correcta de esa maltratada libreta llena de borrones, pero su pensamiento ya no esta en la búsqueda de la pagina de la tarea, su mente estaba ahora en ese pedazo de tela que la carcomida madera del viejo escritorio no lograba ocultar de sus ojos en la clase. Mire maestra aquí esta -le dice al tiempo que voltea al sitio en donde se encuentra su maestra, y se queda hipnotizado mientras a pocos centímetros de sus ojos, la enorme bata se ha abierto para dejar ver entre los pliegues, algunos milímetros del nacimiento de un pezón… y su boca comenzó a secarse mientras su cuerpo hormigueaba en fuertes oleadas de calor y frió. Que diablos estas mirando escuincle estúpido –grito con furia al tiempo que levantaba la mano frente a Juanito y su bata se habría de par en par con el movimiento de su brazo, dejando al descubierto su desnudo cuerpo Y entonces Juanito no pudo mas; desde el fondo de su desesperación, se abalanzo hacia ese cuerpo, hundiendo su rostro entre los enormes senos, moviendo en amplios círculos la cabeza mientras exclamaba, -Perdóneme maestra… no lo vuelvo a hacer maestra… perdóneme- y bañaba con sus lagrimas los enormes pezones que le trasmitían a su rostro descargas eléctricas que se unían al dolor en su espalda al sentir los golpes de la regla que la maestra estrellaba una y otra vez mientras con la otra mano le sujetaba de un hombro impidiéndole retirarse y decía: Pinche muchacho caliente, esto te mereces por faltarme al respeto, toma toma toma… Y de pronto, con el rostro enrojecido y los ojos llameantes por la ira, en forma abrupta la maestra levantó por el pelo el cuerpo de Juanito cual si fuese maniquí y fijó su terrible mirada en la tela del pantalón, que amenazaba romperse por la fuerte erección de su miembro. No maestra… no… -suplicaba Juanito mientras se retorcía de dolor y sus ojos permanecían clavados en el matorral de pelos que la bata abierta dejaba al descubierto entre las piernas de la maestra. No… Noo… Pinche escuincle. Orita veras como te quedan las nalgas cuando te baje lo caliente… Bájate los pantalones Noo maestra… no me pegue, suplicaba al tiempo que rápidamente bajaba los pantalones inclinándose hacia delante para poder sacar su miembro que de tan endurecido le impedía retirar la prenda. Los calzones también, pendejo –grito una ves mas la maestra con la respiración agitada por el esfuerzo al tiempo que propinaba un regio coscorrón en la cabeza de Juanito y tomaba entre sus manos un fino cinto de cuero negro. No terminaba aun de retirar la truza, cuando Juanito sintió que era levantado brutalmente por el brazo hasta dejarlo de pie, con el cuerpo tembloroso y el pene terriblemente erecto, y gritó cuando la maestra, , hundió dolorosamente su enorme mano, en medio de las tiernas nalgas detrás del muchacho levantándolo casi en vilo y lentamente fue acercando el cuerpo del adolescente hacia su desnudo cuerpo al tiempo que sus piernas ligeramente separadas, giraban alejándose una rodilla de otra con una mirada terrible clavada en sus ojos. ; La mirada de Juanito se lleno de terror cuando se encontró con la satánica mirada de su maestra que blandiendo el enorme cinto en su mano, se elevaba hasta casi tocar el techo de la enorme casa, y su miembro terriblemente duro, comenzaba a tener contacto con una cavidad suave y completamente humedecida en un jugo parecido a la saliva… Y de pronto, siente que todo gira vertiginosamente al tiempo que la piel de un cinto se estrella dolorosamente en su espalda y su miembro se hunde completamente en una tibieza alucinante, su cuerpo se convulsiona cuando la mano de la maestra se eleva nuevamente blandiendo el cinto como espada y la deja caer una y otra vez en su espalda mientras con la otra mano lo sube y baja por las nalgas frotándole cada ves mas fuerte contra su pubis haciendo que sus brazos se aferren con fuerza al enorme cuerpo de su maestra… y de pronto, el rostro de la maestra se distorsiona terriblemente mientras le toma por los cabellos… y lo jala brutalmente haciendo que su nuca toque su espalda… juanito siente como su cuerpo comienza a hormiguear y de pronto se contagia de la misma convulsiona que le aqueja a su maestra y se estremece al tiempo que la mano hundida en sus nalgas, le aplasta contra su vientre y derrama su semen en brutales explosiones de luces y colores mientras su maestra con el rostro enrojecido y distorsionado, grita sin cesar… Perro… perro desgraciado Así quedan los dos, paralizados y con los ojo cerrados mientras las angustiosas oleadas poco a poca se van retirando de sus exhaustos cuerpos. Luego, sin mirarse uno al otro se separan, para, lentamente y en silencio, colocar en su lugar las prendas retiradas mientras se dan la espalda mutuamente. Maestra –se atreve a murmurar Juanito mientras mirando al suelo, recoge la mochila de la mesa- ¿puedo venir mañana a recibir otra clase? Si -contesta la maestra sin voltear a verle- pero estudia mucho porque si no, te va a ir peor. Y los ojos de Juanito se alegran mientras exclama –Gracias maestra, mañana si llegaré temprano- y e su mente comienza a buscar la forma de olvidar hasta las tablas de multiplicar


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