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  fantasia > Fantasia GeneralYorak el pek

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se publicó en la web el 23 de Enero del 2009

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  Categoría: fantasia > Fantasia General
  Titulo:

Yorak el Pek Existen miles de leyendas fantásticas por todo el mundo, pero la antigua Inglaterra es la que tiene más. Cuentos de hadas y elfos, de duendes y monstruos, de caballeros y magos existen a montones en aquella vieja tierra de dragones. Sin embargo, entre todas estas historias, hay una que es la más espectacular, pero la menos conocida. Tal vez sea porque los Pek son muy pequeños, tal vez porque no han hecho grandes hazañas, tal vez porque los que supieron de esta aventura la consideraron muy sagrada para contarse, de lo que sí estamos seguros es de que sólo unos pocos en el mundo sabemos de ella. Los Pek son criaturas más o menos del tamaño de una botella de vino. Viven en cuevas que hacen bajo los cerros de los campos ingleses. No hacen magia, ni vuelan, ni son más o menos listos que los humanos. Lo que los hace tan especiales es el momento de su nacimiento. Las mujeres salen de sus casas unos días antes del parto y viajan a escondidas. Y, mientras viajan, nace el niño, el cuál nace con las características de lo último que vieron sus madres antes de que nacieran. Así tenemos a peks que parecen árboles, siervos, ardillas, flores, piedras, liebres, etc. A diferencia de sus parientes los gnomos, los duendes o las hadas, los pek se han desarrollado con el paso del tiempo. Hace muchos años, uno de ellos viajó al mundo de los humanos y se dio cuenta de que hacía falta modernizar su sociedad. Necesitaban doctores, abogados, ingenieros, etc. Así, al regresar, les contó lo que había visto y surgió la pekracia. Ésta es básicamente igual a la democracia de los humanos, sólo hay una gran diferencia; al ver la corrupción que recorría todo el sistema humano, en la pekracia todo se hace por medio de sorteos. Por ejemplo, el pekridente es elegido por un sorteo cada cuatro años. Ahora, en un principio, los sorteos sólo eran para elegir a los que trabajaban en el gobierno, pero, poco a poco, fueron olvidando por qué hacían los sorteos, y así terminaron haciendo sorteos para todo. Al nacer un Pek, se sorteaba un nombre; al cumplir dieciocho años, se sorteaba su profesión y la edad en la que se casarían; al llegar a esa edad, se sorteaba su esposa, etc. Y todo había salido muy bien por los últimos años; no es que supieran muy bien cuantos años porque también se sorteaba el año en el que estaban. Por el momento, corría el año de 299 (por segunda ocasión) y el pekridente y su gabinete estaban en serios apuros, la sociedad pek no quería hacer nada, ni siquiera los destinados a ser huelguistas armaban alborotos; sencillamente, nadie hacía ya nada. El pekridente declaró varios sorteos extraordinarios y se celebraron juegos y fiestas, pero incluso en éstos, pocos eran los que lo hacían con entusiasmo. “¿Qué hacer?” se preguntaban todos los gobernantes, ya que ni los Pensadores hacían su trabajo y, por lo tanto, no había nadie que pudiera darles una respuesta. Entonces surgió la voz del único Pensador que seguía haciendo su trabajo y propuso un proyecto sin precedentes: “Si nuestro modelo está basado en el de los humanos, deberíamos mandar a alguien a investigar cómo es que el de ellos sigue funcionando”. La propuesta tenía lógica, mucha más que varias de las soluciones que habían arrojado los últimos sorteos; así que se tomó la decisión de, por primera vez en cientos de años, mandar a un pek a entrar en contacto con los humanos. Después de mucho deliberar, los miembros del gabinete y el Pensador que todavía pensaba, decidieron mandar a un pek muy especial, su nombre era Yorak. Era un individuo muy extraño porque su madre había tenido la extraña suerte de cruzarse con un humano justo antes de que naciera, por lo que Yorak era el único pek que parecía humano. Esto no era precisamente una bendición, de hecho, los demás no lo veían con muy buenos ojos, y pocos eran sus amigos. Yorak era un pekólogo, lo que quiere decir que estudiaba a los Pek y su sociedad. Sus únicos dos amigos eran Varp y Lonwey, dos Pek a los que les había tocado ser liberales, por lo que, considerando un acto liberal ser amigos del extraño Yorak, hace tiempo que habían superado su aspecto humano. Varp era un Pek siervo, unos delicados cuernos engalanaban su frente y un ligero pelaje café cubría todo su cuerpo; por otro lado, Lonwey era un Pek roble, todo su cuerpo parecía corteza y su cabello era como las hojas de aquel gran árbol. Al ser sus dos amigos unos liberales, el pekridente decidió que acompañaran a Yorak en su misión, al fin que siempre era bueno deshacerse de unos liberales (al menos eso decía la constitución). A parte, necesitaban una mujer que ya hubiera tenido al menos un hijo, aunque entre más tuviera mejor, ya que las mujeres eran las únicas que conocían el exterior. Así, se escogió a Luani, una Pek joven que había tenido tres hijos. Ella era una Pek halcón, un hermoso plumaje café y blanco adornaba su cuerpo y dos alas se abrían paso por su fuerte espalda. Era una de los Pek que ya no trabajaban, por lo que al preguntarle si quería ir dijo: “¿Por qué no? Es mejor que quedarse aquí sin hacer nada.” Y así partieron los cuatro compañeros, una mañana brumosa, con la noble misión de salvar a la sociedad Pek. Los altos funcionarios que aún trabajaban fueron a despedirlos. Los cuatro se dirigieron hacia el túnel que los llevaría al exterior, guiados por Luani. Finalmente, salieron del monte y vieron el gran sol levantándose en el horizonte por primera vez. Los meses pasaban y seguían sin tener noticias de Yorak y sus amigos y la sociedad pek cada vez estaba en mayor peligro; de hecho, ya comenzaba a escasear la comida y todo estaba muy sucio, había invasiones de ratas y la mitad de la ciudad estaba destruida por un incendio que los bomberos no quisieron combatir, entre otras cosas. El pekridente se levantaba cada día y lo pasaba con el Pensador que había dado la idea, ahora eran los únicos dos que seguían trabajando y sólo les quedaba rezar. Yorak ya no sabía cuánto tiempo llevaban fuera, desde el momento en que salieron todo había ido de mal en peor, habían tenido muchos problemas para encontrar comida y agua y muchos más para que algunos animales salvajes no los devoraran. Pensaron que todo cambiaría cuando divisaron la primera población de humanos. Sin embargo, el primer humano con el que hablaron los atrapó y luego los encerró en una jaula para pájaros. Este hombre era tosco, bruto, olía mal y los trataba aún peor. Estuvieron más de una semana en aquella jaula hasta que el hombre los llevó a una ciudad para venderlos. Ahí su suerte comenzó a cambiar, los compró un hombre amable e inteligente que se llamaba Allan Macgregor. Ese día conocí a los pek. Vi al ignorante y tosco pastor entrar en su bicicleta a la ciudad. No sé si fue la providencia, pero al verme se acercó a mí y ofreció venderme a los extraños personajes. Al verlos, la tristeza reflejada en sus ojos me convenció y pagué una buena suma al hombre por ellos. Su inglés era un poco diferente y nos costó trabajo comunicarnos al principio, pero, después de un tiempo, pasaba horas completas en mi casa conversando sólo con ellos. En ocasiones los llevaba de paseo, les enseñaba museos, parques, zoológicos, etc. Fue la época más feliz de mi vida, los sencillos e inocentes peks, con su falta de codicia, eran algo refrescante en mi vida. Cuando me contaron de su muy importante misión me entristecí sobremanera, no podía imaginarme a un pueblo completo de aquellas criaturas tan puras en tremendos aprietos y me di cuenta de que, en parte, la culpa era de que copiaron algo hecho por humanos, los siempre corruptos humanos. Pasamos varios días reflexionando y llegamos a la siguiente conclusión: lo que hacía falta en la sociedad pek era esperanza y libertad. Libertad porque eran esclavos de la suerte, no tomaban una sola decisión en su vida, lo dejaban todo al azar; y esperanza porque eso es lo que mueve al ser; alguien alguna vez la comparó con una zanahoria amarrada a un palo frente a un caballo, animándolo a caminar. La esperanza es básica para que el ser se levante cada mañana y luche por tener algo; si ese algo ya lo tiene seguro o, al contrario, es seguro que no lo obtendrá, no importa qué haga, es difícil que uno tenga ganas de luchar. Con la solución en su poder y la esperanza de un mundo pek mejor, los cuatro compañeros me pidieron que los llevara a su hogar. Me costó mucho trabajo dejarlos ir, pero al ver su felicidad, la decisión fue fácil. Finalmente, me despedí de ellos a unos metros de la colina donde decían que estaba su hogar. Después de meses fuera, los cuatro compañeros llegaron a la colina y entraron por la misma cueva por la que habían salido. Cuál fue su sorpresa al encontrar la ciudad en ruinas y totalmente deshabitada. Algunas ratas que se regodeaban en los restos de basura era lo único que se movía. Se quedaron mirando con los corazones destrozados las ruinas, hasta que sus ojos, ya vacíos de lágrimas, no pudieron soportar más la horrible visión. Entonces, Luani dio media vuelta y caminó lentamente hacia el túnel que llevaba al exterior, los demás la imitaron; ninguno miró hacia atrás, no había por qué; sólo Yorak, en un impulso que ni él mismo entendía, lo hizo y, aunque no lo creyera posible, su corazón se rompió una vez más. No se sabe con exactitud qué pasó con Yorak y sus amigos después de esto. Tampoco se sabe cuál fue la suerte de los pek que alguna vez vivieron tan contentos en aquella colina. Sólo sé que he pasado el resto de mi vida intentando encontrar algún rastro de ellos sin éxito, por lo que mi corazón también está roto. Allan Macgregor


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