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  fantasia > RomanticaTiendeme la mano

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se publicó en la web el 20 de Octubre del 2008

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  Categoría: fantasia > Romantica
  Titulo:

Yo era un chico normal, hacía lo que hace la gente de mi edad, no destacaba ni llamaba la atención, yo era feliz. Pero todo esto un día cambio de repente. Lo que ayer era luz se había tornado de la noche a la mañana en oscuridad. Pensé que sería una racha pasajera y que tarde o temprano todo pasaría. Pasaban los días y la situación no mejoraba, más bien todo se iba oscureciendo poco a poco. Los pequeños atisbos de luz que había en mi vida se iban apagando lentamente a cada segundo que pasaba. Lo que antaño eran recuerdos valiosos que pensaba que recordaría con alegría con el paso del tiempo, se iban transformando en cristales clavados en mi piel dejando una herida abierta que no conseguía cerrarse. Poco a poco empecé a dormir menos. Pese a esto, no tenia sueño. Empecé a comer menos, aún así no tenía hambre. Todo mi entorno se preocupaba por mí. Yo ocultaba bajo una fachada de falsedad la realidad de mi situación. Rápidamente empecé a perder peso. Al poco tiempo, ya había perdido más de cinco kilos. Me repetía a mí mismo que esta situación no se podía mantener e intentaba abrir las alas para remontar el vuelo. Cada vez que las intentaba abrir se quebraban tan rápido como una rama seca. Cada vez que se rompían caía un poco más en un agujero del que no veía el fondo. Las noches en vela llenas de llanto y dolor formaban parte de mi rutina. Durante el día tocaba aparentar ante el mundo que mi vida no había cambiado, que seguía siendo aquel chico risueño que era unos pocos meses atrás. Un día escuché un ruido en mi habitación, era algo que me resultaba familiar pero que no llegaba a reconocer. Estaba solo en casa, así que me puse a buscar el origen de ese sonido. Fuese donde fuese sonaba con la misma potencia e intensidad. Después de un rato, me senté en la cama y descubrí que aquel ruido extraño era mi corazón, mis latidos sonaban huecos, vacíos, como un viejo reloj de cuerda. La situación me superaba, tenía que salir como fuese. No lo pensé ni un instante y esa misma semana cogí todo lo que me cupo en una mochila y me fui a vivir a otra ciudad. Intentando salir tan rápido que todos mis fantasmas se quedasen atrás y no me consiguiesen atrapar. Los primeros días de mi nueva vida fueron ilusionantes, por un instante llegué a creer que había pasado todo, que podía empezar de cero. Era agradable la sensación de no tener que estar fingiendo tu estado de ánimo a cada instante. Eso fue lo único que cambió, puesto que todo lo demás volvió a su antiguo cauce, erosionándome cada vez más. Al caminar por la calle, las personas se convertían en sombras sin rostro, los colores habían perdido toda su lucidez. Los días eran un calco el uno del otro, hacía exactamente lo mismo uno tras otro. Menos los fines de semana, que eran peores porque no tenía la distracción del trabajo. Superado por la situación lejos de mi familia, de la gente que me quería, tomé la decisión de acabar con todo. Me hice con el botiquín que tenía en el baño y empecé a tomar todas las pastillas que iba sacando hasta que el estómago comenzó a dolerme y me desmayé. Lo siguiente que recuerdo es una sala blanca con un montón de personas vestidas de blanco y verde metiéndome tubos por la boca y colocándome goteros. Cerré los ojos y sentí la fría mano de la muerte tomándome la mía. En ese momento no sentí miedo. Sentí alivio, por fín mi sufrimiento iba a llegar a su fín. Mi vida empezó a pasar ante mí y me iba acordando de todas las personas que fueron importantes para mí. De repente todas esas imágenes pararon de pasar y se quedó una sola. La que había sido el motivo de mi situación, la única persona en el mundo que no quería que se enterase de mi situación. La única persona que me había mirado a los ojos y me había dicho te quiero. La misma que hace unos meses me dijo que ya no sentía lo mismo por mí, me dio un beso en la mejilla y se fue. Ahora el que se va soy yo, para eso ya no hay solución. Sólo hice un pacto con la muerte antes de emprender definitivamente el viaje, le hice prometer que ella tendría una vida larga y plena. Después de esto, tomé su mano para sellar el pacto con mi vida. Pero, aunque mi cuerpo se quedó en una camilla de hospital, mi alma seguirá queriéndola toda la eternidad.


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