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  fantasia > EpicaSombras en l noche granadina

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se publicó en la web el 02 de Marzo del 2007

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  Categoría: fantasia > Epica
  Titulo:

Basado en las labores de espionaje realizadas por Gonzalo Fernández de Córdoba (El Gran Capitán) al servicio de los Reyes Católicos en el reino de Granada, mezclado con un mundo fantástico -Gonzalo, espero que hayáis entendido bien vuestros objetivos, vuestra misión es de gran importancia para la Reconquista. -Por supuesto mi señor, no os defraudaré. -Bien, por último os deseo preguntar una cosa… -Decid… -¿Llevaréis a alguien con vos? -Si señor, a los hermanos Lairdin -¿Elfos…? -Si mi señor, pero son de gran valor y su causa es la española. -Entonces no hay más que hablar, marchad y que Dios vaya con vos. -Gracias mi señor… Gonzalo salió de la tienda en la que descansaban sus Majestades la Reina Isabel de Castilla y el Rey Fernando de Aragón, y la misión que acababan de encomendarle consistía en el espionaje de una ciudad de Granada, la cual era de gran valor estratégico para ambos bandos, entraría en la ciudad discretamente, en la oscuridad, seguido de sus compañeros y observarían cualquier punto débil que esta pudiese tener y que pudiese ser aprovechado por los caballeros cristianos de España para poder conquistarla. Una mujer se le acercó, pero no era una mujer normal, pues sus orejas eran puntiagudas, y su belleza sobrepasaba la de cualquier mujer común, parecía radiar luz propia, con una sonrisa se dirigió a Gonzalo. -Decidme, pues me tenéis en ascuas, ¿qué os querían decir sus Majestades? -Mañana partiremos hacia la ciudad de (ummm no me acuerdo del nombre…), nuestra misión consistirá en descubrir sus puntos débiles, entraremos en el silencio de la noche, tanto tú, María, como tu hermano Manuel vendréis conmigo. -¡Magnifico! - La elfa siempre parecía estar de buen humor, nada ensombrecía su rostro, y siempre estaba ansiosa de aventuras. -Me alegro de que te guste venir - Respondió Gonzalo con una sonrisa. También se acercó otra sombra, esta vez de Manuel, hermano de María. -Os he escuchado, y también estoy dispuesto a ir, pues me necesitareis con vosotros para defenderos…-Manuel, aunque parecía arrogante, era buen espadachín y esa arrogancia no era más que su escudo… o así lo llamaba él. -Está bien pues, cada uno hemos de descansar, mañana será un día largo. A la mañana siguiente se prepararon para partir, el lugar no estaba lejos, pero a caballo llegarían al atardecer a la ciudad, entonces pues no había tiempo que perder. -Ya estamos preparados Gonzalo, partiremos a tu orden-dijo Manuel. -Esta bien, partamos.- Llevaban tiempo ya cabalgando cuando Manuel alzó la cabeza, su rostro mostraba preocupación, acerco su caballo al de Gonzalo y, en un susurro, le comunico lo que había oído, al parecer había un grupo de bandoleros cerca de allí, estaban en esto cuando un grupo de enanos y humanos se abalanzaron sobre ellos, Manuel desenfundo sus armas con rapidez y consiguió abatir a unos cuantos, pero pronto lo cogieron entre varios, a María siquiera le dio tiempo a preparar su arco mientras que Gonzalo, a golpe de espada consiguió huir. Los elfos fueron llevados al campamento bandido donde ambos fueron atados y guardados en una tienda custodiada por un enano. Pero Gonzalo no se había olvidado de sus amigos e ideo un plan para rescatarlos, apenas unos minutos después de que hubiesen sido atacados, Gonzalo entraba ya en el campamento, sigiloso y con una daga preparada, oyó un ruido y rápido se escondió tras una tienda, desde allí observo cuanto sucedía, los bandidos estaban de fiesta, bebían, comían y danzaban alrededor del fuego, mientras que un enano custodiaba una tienda, con cara de pocos amigos; un bandido, ya borracho, se acerco al lugar en el que espiaba Gonzalo, antes de que pudiese divisarlo el bandido yacía en el suelo, inconsciente y con un gran golpe en la cabeza, Gonzalo escondió el cuerpo y se cambio sus ropas por las del bandido, cogió una lanza y se acercó al enano centinela. -¡E tú!, ¿Quién eres?-dijo al ver a Gonzalo. -Vengo a relevarte-dijo esto con fastidio, como si no quisiese estar allí, al enano se le encendieron los ojos y corriendo fue a unirse a sus compañeros. Gonzalo entró en la tienda y allí encontró a sus amigos, los desató y salió con ellos del campamento, pero, por supuesto, antes de irse se llevaron un buen botín aparte de recuperar sus armas y caballos, y Gonzalo sus ropajes. Así, volvieron a partir hacia su objetivo. Al llegar, cercana ya la noche, divisaron la ciudad, sus puertas estaban empezado a ser ya custodiadas por temibles orcos, esperarían al anochecer para entrar. -¿De veras crees que funcionará?-preguntó María. -Por supuesto, los orcos son temibles en la lucha, pero su lealtad es fácilmente corrompible, con unas cuantas monedas conseguiremos entrar. -Desde luego, tienes una mente prodigiosa Gonzalo- dijo Manuel, y con esto esperaron a que anocheciera. Una vez fue de noche, Manuel se acercó al orco, tapado con una manta andrajosa que no dejaba ver su rostro, el orco alarmado se dirigió hacia él con la lanza en ristre. -¿Quién va?-Preguntó, al no recibir contestación volvió a preguntar-¿quién sois y qué deseáis? -Veréis… necesito un lugar en el que descansar, llevo tiempo ya caminando, ¿podrías dejarme pasar?-el orco pareció desconfiado, a lo que Manuel sacó una bolsa de cuero llena de tintineantes monedas, ahora el orco parecía mas amigable. -Por supuesto… pero a cambio de esa bolsa que lleváis…-el orco no miraba ya nada más que la bolsa que portaba el elfo. -Os la daré, pero por no acusaros de traición mejor iros, haced como si no hubiese pasado nada y gastad estas monedas en la taberna… -Me habéis leído el pensamiento- el orco, se acercó apresuradamente al elfo, cogió la bolsa y salió corriendo dentro de la ciudad, las puertas estaban abiertas, Manuel hizo una señal a sus compañeros y estos se apresuraron a entrar. -Ya estamos dentro, ¿y ahora qué haremos? -Primero examinaremos las murallas, tal vez halla una brecha, cada uno que vaya por un lado, Manuel tu a la derecha y tú, María, a la izquierda, yo intentaré entrar al palacete, nos encontraremos en este cuando terminéis, ¡aprisa! Gonzalo se dirigió al gran edificio que se alzaba por encima de todas las casas, allí vivía el gobernador de la ciudad, tal vez pudiese descubrir algo… María recorría con velocidad la muralla, de pronto paró en seco, había visto una grieta, sí, lo era, esa parte estaba muy descuidada, no soportaría más de dos o tres impactos, eso era interesante, algo se movió tras de sí, se volvió, vio una sombra que se movía hacia ella, se agazapó y preparó su arco, parecía un soldado, estaba muy cerca, pronto la descubriría, daría la voz de alarma y no podrían salir, tenso la cuerda del arco y disparó, la flecha atravesó el cuello de su víctima, rápidamente cogió el cuerpo y lo escondió tras unos matorrales, se había librado por los pelos, se levantó y volvió a registra las murallas. Manuel se hallaba pegado a la pared, un grupo de soldados, posiblemente una guardia, se acercaba, saco su espada, curva y a la vez brusca, saltó sin realizar un solo ruido y cercenó limpiamente el cuello del soldado que iba al final, el resto se volvió alarmado ante el ruido de al caída, pero el elfo ya no estaba allí, sino que ya había acabado con otros dos soldados, de un solo espadazo, tan solo quedaban dos, y estaban realmente atemorizados, pero pronto acabó su agonía y ambos cayeron al suelo, sin vida, el elfo murmuró algunas palabras y al momento los cuerpos habían desaparecido, prosiguió su busca. Gonzalo acababa de llegar al palacete, fue fácil entrar, con orcos como guardianes cualquiera con mucho dinero podía entrar, aparte de que podían revelar la existencia de pasadizos…. Había muchas estancias en el interior, entró en varias, hasta que encontró lo que buscaba, una mesa de madera se hallaba completamente cubierta de papeles escritos, algo sabía de árabe y con ello pudo encontrar algunos que señalaban cuantos soldados había en la ciudad, cuando se hacían las guardias, la cantidad de provisiones de que disponía y muchas otras cosas que seguro ayudarían a la Reconquista, cogió cuanto vio oportuno y salió del palacete, de nuevo por un pasadizo; una vez fuera se encontró con que María ya había llegado y distinguió la figura de Manuel acercándose. -Perdonad mi retraso, e tenido algunos problemas con soldados… -¿Te han descubierto? -No, pero me han hecho retrasarme. -Esta bien, ¿y tú María?, ¿estás bien? -Sí Gonzalo. -Entonces bien, volvamos e informemos de cuanto tengamos. Volvieron a la entrada de la ciudad, estaba sola, el orco pues no había vuelto aún, así dejaron la ciudad, montaron en sus caballos y volvieron al campamento español, esta vez el viaje fue más tranquilo, al pasar cerca de donde estaban los bandidos con los que antes se había cruzado, vieron muchos cuerpos esparcidos por el suelo, todos ellos de los asaltantes, posiblemente una disputa causada por el robo que realizaron Gonzalo y su compañeros. Al llegar al campamento Gonzalo, María y Manuel se dirigieron a la tienda en al cual esperaban sus Majestades, los dejaron entrar y allí informaron de cuanto habían visto y sabían. -Un gran trabajo habéis realizado todos-Hablaron sus Majestades- Y por ello seréis recompensados. -Gracias mi señor y señora, pero nada hay mas gratificante que ayudar España a recuperar cuanto es suyo. Sus Majestades asintieron y con esto salieron de la tienda, dispuestos a descansar, al día siguiente todo el ejército español se dirigió hacia la ciudad, dispuesta a reconquistarla.


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