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  fantasia > EpicaSniper (C)

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se publicó en la web el 11 de Enero del 2008

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  Categoría: fantasia > Epica
  Titulo:

Apenas podía disimular mi desencajado rostro por la calle, rodeado de tantos desconocidos. Esta vez no me dirigí a casa. Estuve caminando durante horas por la ciudad. Recorrí los parques y los puentes, pasé al lado de la catedral y otros edificios antiguos, intentando olvidar lo que había pasado. Qué cosas tan horribles nos obligaba a hacer la guerra, que desafío a la voluntad suponía hacer cosas así. Sin embargo mi voluntad ya apenas existía. Incluso algo tan duro, lo hice casi sin pensarlo, sencillamente porque tenía que hacerlo y porque podía… Y además de matar a una persona que por primera vez me hizo sentir vivo, también estaba angustiado ante la duda de por qué había matado a quien me había dejado vivir. No tenía ningún sentido y sin embargo lo hice. La voluntad triunfó sobre el sentido común y los sentimientos. Aunque en el caso del sentido común, también era razonable matar a un enemigo, por mucho que dudara que lo fuera. No podía dejar de ver su hermoso rostro que me miraba desafiante en el salón de baile, ni olvidar como nos abrazábamos por la noche. Como sonreía sin pronunciar palabra. El contacto trémulo de sus labios y la suavidad de su piel, fundiéndonos en un abrazo eterno. La naturalidad y la dicha en la consecución de nuestros actos y deseos y el perfecto entendimiento del otro únicamente a través de una mirada. Sin haber hablado con esa persona, parecía que lo supiera todo de mi, que nada lo hiciera por casualidad sino por conocimiento de causa. Parecía ser la única mujer capaz de entenderme y todo mediante la ficción(o realidad) de un acto amoroso espontáneo y desinhibido. Ella no solo me enloquecía de deseo, sino que me tenía atrapado con la ternura de sus caricias y el brillo de sus ojos. Nada se podía comparar a ese momento único e irrepetible. Por un momento sonreí con malicia al pensar que era mejor así, habiéndola matado, no existiría la decepción posterior de tantas veces con tantas mujeres, en quienes quise ver algo, pero solo fueron palabras. Nada más tener ese pensamiento me volví a sentir mal y lleno de dudas. Ninguna había amado de esa forma y ninguna me había perdonado la vida. Tenía que haber algo distinto, al menos esta vez. Seguí caminando por mi hermosa ciudad, llena de nieve, apenas una sombra de lo que fue en sus momentos de esplendor. Había muchos edificios en ruinas, cráteres de bombas y árboles quemados. Era una ciudad enferma por la que estábamos luchando y que en breve, conocería la madre de todas las batallas. Por fin me dirigí a casa porque ya no podía más con el frío y el hambre. Entré en mi, un tanto lúgubre, cuarto que siempre me evocaba cierta seguridad con su olor a madera y los pocos libros que tenía colgados en unas estanterías, junto a una cocina de campaña. De repente, pisé un sobre que alguien había pasado debajo de mi puerta. Automáticamente pensé que eran órdenes, pero la forma del sobre y la letra al dorso, bien eran distintas. Parecía la letra de una mujer y además una letra con mucha clase. Abrí el sobre con un estremecimiento… A mi amado… Cuando te llegue este sobre yo estaré muerta y a buen seguro habrás sido tú quien haya acabado con mi vida. Hiciste bien en matarme por todos mis crímenes y además, deseaba que fueras tu y no cualquier otra persona. Ahora te explicaré el por qué. Desde niña, me educaron para saber vender mi belleza y mi elegancia. Nací agraciada y al llegar la adolescencia descubrí todo el poder que eso suponía. Desde mis compañeros, profesores o familiares, todo eran adulaciones y complacencias por mi simple belleza natural. Yo vivía en esa felicidad ficticia que da el sentirse importante y encantadora, cuando únicamente soy deseada. Los estudios me resultaban fáciles y decidí meterme en ciencias, en vez de lo que esperaba mi familia(algo más acorde a mi posición y mis posibilidades sociales). La universidad también me resultó sencilla y por supuesto siempre estaba rodeada de hombres. Fue por entonces cuando descubrí mi auténtico poder. Ya no solo disfrutaba gustándoles sino poseyendo por completo sus voluntades mediante el sexo y la seducción. Entré en ese oscuro placer que me llenaba de satisfacción. En breve me desinhibí y pude alcanzar cotas de placer y un conocimiento del comportamiento masculino, fuera de lo común. Obviamente no me enamoraba. No conseguía respetar a quien caía con tanta facilidad en mis redes y al poco tiempo conocía la vida íntima de casi todos mis compañeros(los hombres hablan mucho en la cama). No podían atreverse a contar que habían estado conmigo porque quien lo hizo, vio su vida destruida con mis revelaciones. Así al entrar en cada clase, veía como sus miradas se centraban en mí y bajaban con vergüenza cuando se las devolvía. No te imaginas lo que eso me excitaba. Yo era el tercer estado y todos lo sabían, pero no lo confesaban. Llegó un momento en que eso no fue suficiente. Mientras estaba terminando mis estudios, el afán patriótico y belicista me embargó como una marea. Como tantos otros, estaba convencida en la justa defensa de nuestros ideales y la venganza por afrentas históricas. Por mi excelente expediente académico y mi experiencia en temas de “infiltración” pensé que podía aportar algo a mi país y también a mí misma por las enormes posibilidades que estarían a mi alcance. Decidí ingresar en el servicio secreto y estuvieron encantados con mi iniciativa y mi preparación. Yo sabía de sobra lo que me tocaría hacer en muchas ocasiones, pero no me suponía escrúpulo alguno, todo lo contrario, me suponía un placer y casi una justificación patriótica. No sólo aprendí formas de asesinato, sino idiomas, historia, más ciencia, ingeniería y por supuesto, mil trucos que no se me hubieran ocurrido para seducir a un hombre. Yo estaba encantada con todo lo que aprendía. Por primera vez pensaba en un conocimiento útil y directo. Empezó la guerra. Meses antes yo ya estaba trabajando en tu país, recabando información. Era un trabajo duro, pero fascinante, además de que me permitía llevar una vida realmente cómoda y lujosa, a costa de los hombres poderosos de quienes obtenía la información. Mi tapadera consistía en un trabajo en un laboratorio sin excesivos vínculos con el ejército, pero si con científicos de renombre y también algunos militares, amigos de éstos. Ahora el placer no residía en hacer ver mi poder sobre otros hombres, sino todo lo contrario. Aparentar inocencia y fragilidad, pero con la suficiente madurez sexual para que nunca quisieran dejarme. Cuando las tropas de mi país invadieron el tuyo, todo se volvió vertiginoso. Hubo constantes traslados de personal y no volví a ver a mucha gente. Cuando por fin entraron las tropas en la capital, ellos ya tenían una lista de todas las personas importantes que capturar, gracias a mi y a otros colaboradores. Muchos de ellos fueron torturados y asesinados. Yo creía en mi misión y ellos no eran más que los mismos hombres de siempre, pensando en lo mismo y cuya vulgaridad me enfermaba. No me importaban excesivamente sus muertes. Es más, había descubierto el siguiente nivel de excitación. Ya no solo les controlaba sexualmente y psicológicamente. Ahora tenía sus vidas en mis manos. Decidía cuando y cómo morían. Pensar que el hombre que tan seguro y masculino se sentía mientras me estaba poseyendo y que creía dominarme con su fuerza, iba a morir con que yo pestañeara, me volvía loca. Pero llegó la segunda etapa de la guerra, la más dura y cruenta. Aparecieron los partisanos y la represión del ejército con los ciudadanos. No me hacía tanta gracia ver como sacaban familias enteras por las noches y que muchas de ellas no volverían. O cómo fusilaban a toda una familia si uno de sus miembros pertenecía a los rebeldes. Pero yo seguía creyendo en lo que hacía y en lo que me decían. Ellos eran unos terroristas que no querían entender nuestra verdad. Eran unos cobardes y asesinos que mataban y se escondían, sin ningún respeto al código militar(que cosas pensaba una cuando estaba concienciada). Empezó un nuevo trabajo para mí. Tenía que infiltrarme lo máximo posible hasta la cúpula de la resistencia. Me dieron posibles nombres de sospechosos e hice extensos perfiles de ellos. Fui conociéndolos uno a uno y también a sus familiares y amigos. No renunciaba a ningún contacto. Daba por sentado que si uno era miembro de la resistencia, a buen seguro sus amigos lo serían y también muchos de sus familiares. Mandaba periódicos informes al mando e iba penetrando en las vidas de esas personas. Pero descubrí un nuevo tipo de hombres. No eran los prepotentes dignatarios, eminentes científicos y altos mandos, que consideraban casi un honor para mi, el acostarse conmigo, como si su sola presencia supusiera para mi la mayor experiencia vital y un orgullo para alguien tan insignificante como yo. No, aquí había personas de otra pasta. Eran gentes de todas las condiciones sociales y culturales, pero muy pocos habían sido importantes antes de la guerra. Los gallitos que se cacareaban antes de la guerra, huyeron siempre que pudieron, pues sabían la vida que les esperaba. Sólo unos pocos decidieron sacrificar sus vidas a pesar de que sus familias tiempo atrás ya habían partido a sitios más seguros. Esta gente tenía una tierra, una familia e incluso una dignidad que defender. Algo que no había visto antes y que me llenó de admiración. Ya no eran hombres que me hacían un favor, los que se acostaban conmigo, sino personas con una vida llena de incertidumbres, miedos y sentimientos encontrados. Cuánto más les conocía, menos me apetecía destruirles. Cuando me hablaban de sus aspiraciones y sueños al terminar la guerra, tenía que contener una sonrisa maliciosa, pero poco a poco fueron calando en mí todos esos sentimientos y fui viendo que no éramos tan diferentes y que me estaba aprovechando de personas que sólo querían vivir. Muchos eran los que se enamoraban de mi y que no solo querían acostarse conmigo. Disfrutaban dando un paseo mientras me cogían de la mano y querían averiguar lo que pensaba, lo que sentía, lo que amaba… Todo ello en un ambiente de muerte, de destrucción, de asesinatos y suicidios. Ellos no mataban por un ideal: mataban para vivir, mataban para amar, mataban por necesidad. La fuerza de esas personas, me impresionó más que todas las ideologías que me habían inculcado y que todo ideal patriótico. Supe que muy pocas cosas les doblegarían y que tarde o temprano vencerían, porque tenían de su parte la mayor verdad de todas. Solo se les podía exterminar, no había otra salida posible. Y por primera vez, no quise participar en aquello. Durante los siguientes meses seguí indagando todos los posibles contactos. Así tuve conocimiento de tu existencia. Meses antes de verte ya sabía lo que pensaban de ti tus amigos y antiguos amigos. Con casi todos habías perdido el trato para llevar mejor a cabo tu misión. Los pocos que te veían hablaban de lo mucho que habías cambiado. Recordaban con añoranza todas las veces que os juntabais, que hablabais de mil cosas, que cantabais de felicidad y como la vida era más sencilla. A todos cambió la guerra, pero en tu caso constataron que fue mucho peor. Según comentaban, toda tu cabeza esta orientada a la guerra, ya no existía lo demás. Había muerto el chico enamoradizo, vital, viajero, lleno de entusiasmo que hacía revivir las mejores tertulias y que siempre le encontraba un lado positivo a la vida. Un hombre que se conformaba con muy poco y que quería mucho a sus amigos y familiares. Ahora solo eras un recuerdo de eso y por alguna razón quise conocerte. Muchos de tus amigos murieron gracias a mí Cuando ya no podía sacarles más información y veía que eran solo peones, me las arreglaba para que cayeran en alguna emboscada y fueran capturados o muertos. Mi trabajo no resultaba tan excitante, pero lo seguía cumpliendo con diligencia. Me fui acercando a ti poco a poco, aunque esta vez no a través de familiares o amigos. Sencillamente te observaba salir y entrar de tu casa. Incluso entré varias veces, mientras sabía que estarías fuera largo rato. No pude evitar mirar los libros que tenías en las estanterías y ver cuántos de ellos me encantaron, cuando aún era una chica inocente, llena de aspiraciones e inconsciente de los placeres y maldades del mundo adulto. Por alguna razón sentí que teníamos algo en común, algo especial, motivado por lo mucho que ya te conocía y por todas las personas que aún te querían a pesar de que os fuisteis separando. También sabía que intentabas buscarle el lado interesante a todo lo que hacías y que posiblemente disfrutarías asesinando a personas, a pesar de que te atormentarían los remordimientos. Creo que eso fue lo que teníamos en común y empezaste a obsesionarme, por primera vez en mi vida. Nunca había hablado contigo y ya creía conocerte del todo. Ya no quería matarte, ya no podía hacerlo. Todo mi mundo se venía abajo, todas mis ideas, la causa de mi lucha. Estaba tomando conciencia de que mataba a un ser hermoso, una persona, a pesar de sus vicios y debilidades. Iba viendo realmente lo que suponía una persona para mí y me veía incapaz de seguir matando. Tú representabas lo que le faltaba a mi vida, lo que siempre había estado buscando mediante el morbo de controlar a otros hombres o dominar por completo sus vidas. Pero sabía que lo nuestro era algo imposible. Yo había matado o ayudado a matar, a muchos de tus amigos y compatriotas. Era una asesina, una carnicera que se había aprovechado de las debilidades de personas que solo querían vivir y amar. Tampoco podía huir y traicionar a mi país y mi pueblo. Además de que el mundo sería demasiado duro sin poder tenerte a mi lado. Solo se me ocurrió la alternativa de morir, pero que fueras tu quien lo hiciera. También pensé en pasar una única noche contigo para saber si me transmitirías todo lo que pensaba. Sabía que tus creencias no te harían dudar al dispararme, por lo que te sometí a ese siniestro juego. Fui una egoísta horrible, pero quería conocer el amor a tu lado y deseaba morir por ti. Te envío esta carta, para liberarte de dudas y de culpa. Yo tenía que morir por mis crímenes y para no mentirte, ni someterte a un tremendo dilema. Quise que solo fuera una vez para que aún tuvieras fuerzas para disparar. No pienses que has hecho algo malo. Tu vida y la forma en que la llevaste, junto a la de muchos otros de tus seres queridos, me hicieron despertar y liberarme de todo mal. Es por ello que decidí morir, pero conocer el éxtasis a tu lado por una vez y para siempre. Por primera vez en mi vida, fuiste todo lo que pude soñar en un hombre y te estoy muy agradecida por ello. Siempre tuya


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