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  ficcion > Narrativa LibreSiempre nos quedará Londres

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se publicó en la web el 06 de Abril del 2009

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  Categoría: ficcion > Narrativa Libre
  Titulo:

- Sí, quiero-. Contestó Mario volviendo su mirada hacia Noelia. El párroco miró ahora a Noelia y repitió la pregunta. - Noelia, ¿quieres por esposo a Mario y prometes amarle, respetarle y serle fiel en la salud y en la enfermedad, en la alegría y en la tristeza, en la riqueza y en la pobreza? Noelia no reaccionó. Bajo el velo, sus ojos revelaban que su mente estaba muy lejos de aquella iglesia. Todos esperaban expectantes el “Sí, quiero” de Noelia. Sólo habían pasado unos segundos, pero el silencio de ese preciso momento, los hacía eternos para los asistentes a la ceremonia y en especial a Mario. Sólo fueron un par de segundos, pero en ellos cabían las mil y una preguntas que atormentaban la cabeza de Noelia. Se preguntaba si realmente era amor lo que sentía por Mario, si sería mala persona por no amarlo o si lo sería por amarlo. Se preguntaba por que habría llegado a aquella situación, por que había ocurrido lo que había ocurrido. Se preguntaba por que no podía seguir ocurriendo, por que algo que le hacia tan feliz, le producía ese sentimiento de culpabilidad. Al final, todas las preguntas llevaban al mismo sitio, llevaban a Londres siete meses atrás, llevaban a Anna. Anna era la respuesta a todo lo que en esos dos interminables segundos, pasaba por la cabeza de Noelia. Noelia salía esa misma tarde hacia Londres para pasar seis meses perfeccionando su inglés y terminar allí sus estudios. La asistenta había preparado la mesa para seis personas, mantel de lino bordado a mano, servilletas a juego. Cubertería de plata, vajilla de loza cartujana y la cristalería del ajuar de su madre, toda una joya familiar. Estaba claro que aquella iba a ser una comida especial. Mario y sus padres habían llegado y después de tomar un aperitivo en el cenador del jardín, pasaron al comedor, donde la comida estaba a punto de servirse. Después de la comida amenizada con banales conversaciones, pasaron al salón para tomar el café y tratar el verdadero asunto que había llevado allí a Mario y a sus padres. Noelia y Mario se conocían desde niños, sus padres eran socios de bufete y sus madres irremediablemente amigas. Las dos familias habían compartido vacaciones, excursiones, fiestas. Los niños habían crecido prácticamente juntos, habían compartido colegio, más tarde instituto. Cuando más tiempo pasaron separados fue durante sus estudios en la universidad, eligieron diferentes carreras y estudiaron en universidades diferentes, pero para entonces, Mario y Noelia ya eran oficialmente novios, aunque… ¿acaso no lo habían sido siempre? Después de todo, juntos alcanzaron y pasaron la pubertad, juntos descubrieron el sexo, juntos perdieron la virginidad. Noelia no había estado nunca con ningún otro chico, todas sus experiencias se reducían a las compartidas con Mario, en realidad casi toda su vida social se reducía a Mario. Noelia no tenia hermanos, nunca tuvo una amiga intima, nunca pudo compartir sus intimidades, sus dudas, sus miedos con nadie que no fuese Mario, ni siquiera con su madre. La relación con su madre era buena, cordial, se querían. Nunca tuvieron grandes discusiones, ni siquiera una sola de esas broncas tan normales entre las madres y sus hijas adolescentes. Quizás por eso nunca llegaron a ser amigas, quizás por eso nunca habían llegado a tener esa complicidad que muchas madres tienen con sus hijas. Tomaron café y formalizaron la fecha de la boda. Sería para el verano, un mes después de la vuelta de Noelia de Londres. En realidad, la fecha, la iglesia y el lugar para el banquete, ya estaba decidido bastantes meses atrás, aquello era una simple formalización. Solo quedaba por decidir el menú del banquete, del que se encargarían la madre de Noelia y la madre de Mario y el vestido de boda, que lo encargaría la misma Noelia en Londres con la ayuda de su madre y su suegra, primero enviándoles los distintos modelos por Internet para decidir cual escoger y mas tarde con un viaje de su madre a Londres para la prueba final. El avión llegó a el aeropuerto de Heathrow a las siete de la tarde, aunque debía de retrasar la hora, en Londres era una hora menos que en España. Aún así, ya había anochecido. Noelia debía encontrarse en el mostrador de información de la Terminal internacional con Anna. Había conocido a Anna hacia un año. La conoció a través de Internet, en un foro para estudiantes de relaciones internacionales. En el foro había un apartado para hacer intercambios con estudiantes de otros países, Noelia quería hacer un curso de postgrado en Inglaterra y encontró a Anna que aunque acababa ya sus estudios e inmediatamente entraría a trabajar por que había sido la primera de su promoción y la habían reclutado desde un organismo de la ONU, quería viajar a España en sus vacaciones. Anna y Noelia, descubrieron pronto que tenían mucho en común; sus gustos en música, la poesía, viajar, Bogart y Casablanca y sobre todo, sus diarios. Ambas escribían desde niñas un diario donde se confesaban con ellas mismas, donde a falta de otros oídos a los que contarlos, guardaban sus más íntimos secretos. Sin embargo, Anna era muy distinta en algo a Noelia, si bien al igual que ella, nunca hizo amigas intimas, lo que si tubo fue mas de un hombre en su vida, aunque a todos les dio solo el tiempo suficiente mas que para calentar su cama, excepto con Chase con el que mantuvo una tortuosa relación de amor/odio durante seis meses, con el resto no pasó de ser únicamente sexo. Noelia recogió sus maletas en la cinta de equipajes y se dirigió hacia el mostrador de información, allí esperaba Anna. A pesar de que ya la conocía a través de las fotos que habían intercambiado y las videoconferencias en Internet, Anna era más alta de lo que la imaginaba y sin duda alguna, era mucho más atractiva al natural. Además, Noelia ya conocía el carácter jovial y alegre de Anna, pero ahora, allí a su lado, Anna desprendía un halo de madurez que no había imaginado en ella. Las dos chicas se fundieron en un calido y sincero abrazo y se saludaron con dos suaves besos. Estaban emocionadas, era la primera vez que se veían cara a cara y era como si dos viejas amigas se volviesen a ver desde hacia mucho tiempo. Ambas deseaban con impaciencia conocer todo de la otra, contarse cara a cara lo que ya se habían contado a través de internet. Noelia veía en Anna lo mismo que Anna en Noelia, esa amiga intima que nunca tuvieron. Anna ayudó a Noelia con sus maletas y se dirigieron hacia la puerta de salida para coger un taxi e ir a casa de Anna. Anna vivía en Hoxton, un barrio del East End de Londres, hoy por hoy, uno de los barrios mas “cool” y más caros de la ciudad. Con Hoxton, había pasado lo mismo que con otros barrios como Noting Hill o el Sojo. Durante los años 60 y 70, eran suburbios marginales poblados de obreros e inmigrantes, poco a poco se fueron llenando de jóvenes artistas que buscaban un espacio barato para vivir. El arte llevó consigo la vida nocturna y ésta atrajo a los diseñadores, en pocos años los apestados y baratos barrios se convierten en la vanguardia de la moda, la arquitectura o las finanzas y los precios de los pisos se disparan. Anna no era rica ni mucho menos como para poder permitirse un piso en Hoxton, pero tenia la suerte de que su madre aún soltera, había alquilado un apartamento a mediados de los ochenta, cuando aún los alquileres eran baratos y aunque solo vivió en él unos meses, desde entonces lo había estado subarrendado a otros inquilinos bajo cuerda, conservando el alquiler a su nombre. Así hasta que Anna acabó los estudios y dejó la casa de sus padres, yéndose a vivir al piso de su madre en Hoxton, disfrutando del alquiler de renta baja que todavía conservaba al no haber cambiado nunca de nombre el contrato. Aún así, la cosa no era tan bonita como podría parecer, el disfrutar de la renta antigua, traía consigo grandes inconvenientes como el de no poder hacer reformas en el edificio, podían hacer pequeños arreglos en los pisos, pero el dueño jamás les daría permiso para realizar obras que mejorasen sustancialmente el estado del inmueble y así forzarles a irse y poder vender por fin el edificio para hacer nuevos apartamentos a precios desorbitados. Aquel edificio antiguo era de los pocos que aún quedaban sin derruir en Hoxton. Afortunadamente para Anna, ella vivía en el primero y evitaba una de las peores zonas, la escalera. De hecho, algunos de los inquilinos de los pisos superiores ya los habían abandonado por el peligro que entrañaba subir hasta ellos. Dejaron las maletas en la habitación que Anna le había preparado a Noelia, pospusieron para mas tarde el deshacerlas y colocar cada cosa en su sitio. No era un piso demasiado grande, Anna no tardo mucho en enseñárselo a Noelia. Dos dormitorios, el de Anna más grande y justo al lado el de Noelia, un pequeño salón comedor al fondo, la cocina, el baño y un pasillo que desde la entrada daba paso a las distintas estancias. La cocina disponía de una especie de terracilla de apenas un metro de ancha que daba a un patio interior, el baño estaba al lado de la cocina y tenia una ventana al mismo patio. Los dos dormitorios daban a la calle y contaban con un pequeño balcón. Cuando se fue a vivir allí, Anna había hecho en el piso todos los arreglos posibles para hacerlo lo más confortable posible y aunque las zonas comunes del edificio fuesen bastante desastrosas, la verdad es que el apartamento había quedado bastante coqueto. A Noelia le había encantado desde el primer momento, sin duda tenia un cierto aire decadente, pero Anna había sabido darle su toque personal y además había tenido el detalle de decorar la habitación de Noelia conforme a sus gustos, desde que decidieron hacer el intercambio, Anna le había sonsacado discretamente sus preferencias en decoración para darle esa sorpresa cuando llegase. Terminaron de recorrer el apartamento y Anna le enseño la calle desde el balcón de su habitación. Desde allí, asomándose hacia la derecha podían ver el ajetreo de Old Street, una calle con bastantes locales de moda de la noche londinense. Enfrente a unos 50 metros, en el nº 1 de Rufus St. había un restaurante italiano. Anna vio la salida del restaurante bastante concurrida y se percató de la hora. Eran más de las ocho, lo normal era que a esa hora ya hubiera cenado. Cogió a Noelia de la mano y tiró de ella hacia la habitación, tenían que darse prisa, Anna no había preparado nada para la cena y tendrían que salir a un restaurante, pero en Londres es muy raro que te sirvan la cena pasadas las nueve. Se pusieron sus abrigos y salieron hacia la estación de metro de Old St. Anna quería invitar a Noelia a un restaurante típico inglés de Covent Garden como bienvenida a Inglaterra, pero después de correr durante casi quinientos metros por Old Street, se dio cuenta de que no llegarían antes de las nueve y paró en seco, tirando del brazo de Noelia, a la que llevaba agarrada por la mano. Las dos quedaron paradas, dobladas por la cintura, con las manos en las caderas, recuperando el aliento con grandes bocanadas de aire, se miraron un momento y estallaron en una sonora carcajada al verse de tal guisa. Anna había planificado mal la tarde y tendría que dejar la invitación en el restaurante de Covent Garden para otra ocasión, ahora debería pensar donde cenar, Noelia estaba acostumbrada a cenar más tarde, pero ella se moría de hambre. No es que fuese lo más apropiado para llevar a cenar a un recién llegado a Inglaterra, pero lo tenían allí mismo, justo en la cera de enfrente: Best Kebab & Fish Bar, un local de comida rápida de los llamados “Fish & Chip” que no tenia horario para las comidas. Ya en casa, se pusieron a charlar tumbadas sobre la cama de Anna, repasando uno de los álbumes de fotos de Anna, fotos de sus viajes a Paris, a Berlín a Viena o a Ámsterdam, también aparecían en ellas algunos de sus múltiples “novios” , de los que le contó detalladamente las virtudes y defectos de cada uno en cuestiones de sexo. Estuvieron un buen rato riéndose a carcajadas de los novios de Anna, tumbadas boca arriba sobre la cama. Noelia estaba cansada por el viaje y por la carrera hacia el metro de Old St., se dieron dos besos de buenas noches y Noelia se fue a su habitación. Arrinconó las maletas donde pudo, aún no le había dado tiempo a deshacerlas, lo haría por la mañana, se quedaría sola en el piso y aprovecharía para colocar todo. Mientras se dormía, pensaba en la suerte que había tenido al encontrar una mujer como Anna como compañera y amiga. Prácticamente, le gustaba todo de ella, le gustaba su vitalidad y su alegría, le gustaba su independencia, tanto de sus padres como de los hombres, le gustaba la seriedad con que había llevado sus estudios y ahora su trabajo, incluso casi admiraba esa facilidad suya para “coleccionar” amantes. Anna se levantó muy temprano, en el trabajo tenia horario continuado de ocho horas, entraba a las siete de la mañana y salía a las tres de la tarde. Trabajaba en la asesoría de relaciones internacionales de la International Maritime Organization, un organismo dependiente de las Naciones Unidas con sede en Londres, en el mismo East End. En eso también había tenido suerte, solo tardaba 15 minutos en llegar desde su casa hasta el trabajo, cogía el metro en Old St. y se bajaba en la siguiente parada, la estación de Moorgate a apenas cien metros de su trabajo. La noche anterior había olvidado decirle a Noelia donde podía bajar a comprar algo para comer, esa misma tarde saldrían a algún centro comercial a hacer la compra para toda la semana, pero para la comida de Noelia estaba la nevera vacía. Entro a la habitación para decírselo. Noelia dormía. Anna no pasó de la puerta, la vio allí, placida, relajada. Tenia un brazo por detrás de la cabeza, que apoyaba sobre su mano, se le vislumbraba una sonrisa en los labios. Anna seguía de pie, junto a la puerta, mirándola. Se fijó en un pequeño lunar, un poco mas arriba de la comisura de los labios, en su pelo negro, en su pequeña nariz, en su bello rostro sin maquillar. De repente, volvió en sí y decidió no despertarla, le dejó una nota en la nevera y una llave del piso y otra del portal y se fue al trabajo. Encontró la nota pegada a la nevera. Mientras la leía, algunas risas escapaban de su boca, Anna le había dejado la nota escrita en castellano, pero ella no dominaba tan bien el español como Noelia el ingles y los fallos gramaticales le hicieron gracia a Noelia. Ahora ya sabia que no tenia nada para comer, pero Anna no conocía para nada las costumbres españolas y tampoco había nada para el desayuno. Anna, como la mayoría de los ingleses que trabajan fuera, no desayunaba en casa, se preparaba un sandwich en el trabajo, pero Noelia no podía comenzar el día sin su café con leche después de la ducha. Abrió sus maletas y buscó unos vaqueros y un jersey de lana de cuello alto, la mañana era fría y no quería coger un resfriado su primer día en Londres. Dejó el resto del contenido de las maletas encima de la cama, cogió su abrigo y salió del piso en busca de algún bar donde le sirvieran un café con leche y unas tostadas. No había andado ni cincuenta metros por Old St. y ya había encontrado una cafetería donde tomarse su café, creía que le costaría más por las costumbres inglesas y su poca afición al café, pero pensándolo bien, en una ciudad de ocho millones de habitantes y tan cosmopolita como Londres, debía de ser más difícil el no encontrar algo que encontrarlo. Noelia pasó toda la mañana fuera de casa, deambuló arriba y abajo por Old St. y las calles adyacentes mirando escaparates de las tiendas de moda, los menús que se exponían en los numerosísimos y variadísimos restaurantes y pubs de la zona, las carteleras de los cines y teatros y los letreros luminosos, ahora apagados, de los locales nocturnos que empezarían a abrir a partir de las seis de la tarde. Encontró la tienda que le había anotado Anna y compró algunas cosas para la comida y la cena. Era la una y cuarto de la tarde, había colocado la compra en la cocina y el frigorífico y se disponía a colocar su ropa y demás cosas que aún andaban por encima de la cama y en las maletas, pero pensó que debería acostumbrarse al horario de los ingleses, cuando volvía para casa, había visto los restaurantes y pubs llenándose de gente para comer. No tenia demasiada hambre, pero si no se hacia al horario de comidas, iría siempre a traspiés. Se preparó una ensalada de pasta con queso. Mientras comía en la misma cocina, recordó que desde que llegó al aeropuerto y llamó a casa para decirlo, no había vuelto a llamar, tampoco había llamado aún a Mario. Cogió su móvil y llamó a su casa. - Hola mamá, soy Noelia. - Hija, ¿por qué no has llamado antes?, ¿cómo estas? - Bien mamá, anoche no encontré tiempo y esta mañana he estado paseando por la calle y se me ha ido el santo al cielo. - Ay hija, esa cabeza tuya, por cierto, ha llamado Mario para saber si habías llamado aquí y me ha dicho que con él tampoco has hablado. - No mamá, también se me ha pasado, cuando acabe de comer encenderé el ordenador a ver si está conectado, si no lo llamaré por teléfono. - Noelia, no le digas a Mario que se te ha olvidado llamarle, dile que no te ha dado tiempo, a ver si se va a enfadar. - Jajaja, no mamá descuida, le diré que he estado muy liada. - ¿Qué tal todo? ¿Hace muy mal tiempo? ¿Y la comida? - Hace frío, pero es normal y hay niebla, pero de momento no he visto la lluvia, menos mal. Estoy muy contenta, Anna es un cielo. Y la comida, pues bien, aquí puedes comer de todo, esto es Londres mamá, no es la selva. - Y de la escuela ¿sabes algo? ¿Aún no la has visto? - No mamá, no llevo aquí ni veinte horas, no me ha dado tiempo a nada. Mañana que es sábado y Anna no trabaja, me ha dicho que me va a enseñar el recorrido en metro desde casa a la escuela y el lunes iré a conocerla y a hablar con algún profesor. Hasta el miércoles no empiezan las clases. Te dejo mamá, voy a terminar de comer y a ver si está Mario conectado. Dile a Papá que me llame esta noche, cuando llegue del trabajo. - Vale hija, yo se lo digo, aunque no creo que haga falta. Un beso, cuídate. - Si mamá, tranquila. Un beso, adiós. Acabó de comer y recogió la cocina antes de ir a su habitación a encender el portátil y conectarse a Internet. Abrió el Messenger pero Mario no estaba conectado, miró el reloj y vio que eran las dos, a esa hora Mario debería estar a punto de salir a comer. Tendría que llamarlo al móvil. Pero antes revisó su correo electrónico y ya que estaba, fue a su diario. Desde hacía un par de años, había cambiado su diario de papel por uno cibernético, le resultaba muy cómodo poder escribir en él desde cualquier sitio con un ordenador conectado a Internet. La última entrada era del día de su partida hacia Londres. Repasó lo que había escrito: Hoy salgo para Londres, estoy muy ilusionada. Sé que me gustará. Estos dos últimos meses he buscado toda la información que he podido sobre Londres y estoy deseando llegar para verlo todo con mis propios ojos. También estoy deseando conocer el London School, todo el mundo me dice que es el mejor sitio para hacer mi curso de postgrado, me impone algo de respeto por el idioma, no es lo mismo charlar tranquilamente con alguien que escuchar una disertación sobre derecho internacional, pero ya veremos. Pero sobre todo, estoy impaciente por conocer a Anna en persona. Hemos tenido cientos de conversaciones y e-mails en Internet, incluso videoconferencias, pero quiero verla, oírla, tocarla, sentirla por mi misma, me siento igual que una colegiala que va a conocer a su cantante favorito. Anna es la persona más amable, atenta, cariñosa, educada, simpática y humilde que jamás he conocido. Me arrebata su carácter siempre optimista y alegre, desde que la conozco, no la he notado nunca decaída. Tiene un trabajo perfecto, la envidio por ello, es el que a mi me gustaría tener. Sin duda alguna su personalidad le ha ayudado mucho a conseguirlo. Además sabe escuchar y me comprende, ¿recuerdas el día que tuve esa gran bronca con Mario? Pobrecita, la tuve conectada hasta casi las dos de la mañana consolándome y eso que se tenia que levantar a las seis para ir al trabajo. Es un cielo, ya verás como vamos a ser grandes amigas, primero en Londres y luego cuando ella venga a España. Aún no le he dicho nada, pero quiero que sea dama de honor en mi boda, no es que sea una costumbre muy arraigada en España, pero yo la tendré por que quiero que Anna esté a mi lado ese día. Noelia siguió leyendo un buen rato todo lo que había escrito sobre Anna y cayó en la cuenta de que no había escrito ni una línea sobre Mario. La noche anterior había estado en el apartamento de Mario, habían tenido una cena romántica de despedida y habían hecho el amor, sin embargo, no había escrito una sola línea sobre aquella despedida, sobre sus sentimientos hacia su novio del que estaría separada por lo menos hasta navidad. Tuvo la tentación de retomar el diario en el mismo día que lo dejó para escribir algo sobre Mario, pero ya era tarde, ahora ya todo lo que escribiese seria forzado, estaría viciado por ese sentimiento de culpa de no haber escrito nada sobre la ultima vez que había hecho el amor con el hombre con el que se iba a casar unos meses más tarde. Cambió de día y abrió una nueva entrada para escribir: Por fin estoy en Londres, aún no he visto apenas nada, pero ya estoy aquí, con Anna. Es tan maravillosa como ya sabia. Ayer fue a buscarme al aeropuerto, fue un reencuentro, fue como si la conociese desde siempre y volviese a verla después de estar separadas un montón de tiempo. Tiene una voz tan suave, tan dulce, nada que ver con lo que salía por los altavoces de mi portátil y si muchísimo que ver con su personalidad. Es más alta de lo que imaginaba, bueno ya sabia lo que mide, pero así a mi lado me parece más alta, además, venia directa desde el trabajo y traía los taconazos que se pone, no sé si yo aguantaría todas esas horas con ellos y ese corte de pelo que se ha hecho dejando ver su cuello, la estiliza aún más. Como ya te he dicho, Anna es un encanto, ha pintado mi habitación de malva y blanco por que sabe que son mis colores favoritos y a puesto las cortinas y unos cojines para encima de la cama en verde clarito que combina muy bien con el resto. Aunque es pequeña y no tiene mas que la cama, un armarito empotrado y un pequeño escritorio, la habitación ha quedado preciosa y he dormido muy bien y aunque en parte sea por que estaba muy cansada, también es por que creo que me siento muy a gusto en ella. Mañana Anna me enseñará el trayecto para ir a el London School y el domingo quiere llevarme al Covent Garden a comer a un restaurante típico y a ver los espectáculos callejeros. Todavía no he deshecho las maletas, voy a ponerme ahora mismo, por que va a llegar Anna y aún voy a tener todo desperdigado por la habitación. Guardó lo que había escrito y cerró el portátil. Tenía las dos maletas abiertas sobre la cama. Fue colocando como pudo toda su ropa en aquel armarito, colgó lo que pudo en las 4 perchas que tenia, los jerseys y los vaqueros en un estante, la ropa interior en los cajones de abajo y los zapatos, zapatillas y botas tuvo que amontonarlas en un pequeño espacio que quedaba en el suelo del armario. No le quedaba sitio para colocar una chaqueta y una cazadora, además del abrigo y el bolso que tenia sobre una silla del comedor, pensó en pedirle a Anna que las guardase en el armario de su habitación. El neceser ya lo había colocado en el baño y quedaba en el fondo de una de las maletas un compact disc que Noelia había comprado para regalárselo a Anna. Era la banda sonora de la película Casablanca. Lo dejó sobre el escritorio para dárselo cuando llegase, pero lo pensó mejor y lo dejó metido en el portátil, preparado para ponerlo cuando llegara. La llave sonó abriendo la cerradura, eran casi las tres y media de la tarde y Anna volvía del trabajo, Noelia pinchó sobre “As Time Goes By” y salió al pasillo. - Hola Anna.- La saludó Noelia con dos besos. - Play it once, Sam, for old times sake - dijo Anna con una sonrisa, repitiendo la frase de Ingrid Bergman en la película - Noelia también la sonrió. Ambas amaban aquella triste melodía que se acoplaba perfectamente a la historia de amor imposible entre Rick e Ilsa. Lo que ellas desconocían, eran las similitudes que tendrían a partir de entonces aquella película y aquel amor con sus propias vidas. Anna se quitó el traje del trabajo y se puso ropa cómoda para estar en casa. Estuvieron toda la tarde hablando y escuchando música. Pasaron cuatro horas sin apenas darse cuenta, hasta que sonó el móvil de Noelia, era su padre. Anna la dejó sola para que pudiese hablar tranquila y fue a preparar la cena. La conversación con su padre emocionó a Noelia. La conexión que le faltaba con su madre, la tenía con su padre. Era hija única y para su padre era la niña de sus ojos. Noelia, excepto en sus viajes de ocio, no había estado nunca fuera de casa más de unos días y aunque volvería en navidad, la siguiente vez, pasarían casi cinco meses sin volver y se dio cuenta de que lo echaría mucho de menos. Cuando colgó, volvió a caer en la cuenta de que seguía sin llamar a Mario, otra vez lo había olvidado después de escribir en el diario. Estaba marcando el numero cuando la voz de Anna le avisó de que la cena estaría en diez minutos. No podía llamar ahora, después de tantos olvidos, quería dedicarle tiempo a Mario y si lo llamaba ahora, no estaría tranquila pensando que Anna la estaría esperando para cenar. Mientras cenaban, Noelia le comentó a Anna que se le había pasado llamar a Mario y que aún no había hablado con él desde que llegó. Anna, sorprendida, la apremió para que lo llamara en cuanto acabasen de cenar, ella recogería y lavaría los platos mientras. Acabaron de cenar y Noelia se disculpó con Anna para ir a su habitación a hablar con Mario. No sabia si llamarle por teléfono o encender el ordenador para chatear por internet. Pensó que sería mucho más personal y calida una conversación por teléfono, después de no haberlo llamado aún, no quería tener ningún mal entendido debido a la falta de expresividad que se suele tener cuando se mantiene una conversación escrita. - Hola mi amor.- Dijo Noelia nada más oír la voz de Mario. - ¡Hola cariño! ya creía que me habías abandonado por un inglés - respondió Mario en tono bromista. - Perdóname amor, llevo aquí un día y no he parado un momento. También olvidé llamar a casa y acaba de llamarme papá.- Intentaba disculparse. - Ya, ya, seguro que estás de fiesta por los pub´s, que oigo música.- continuaba Mario con la broma. - Sí, ya quisiera. Acabamos de cenar en casa Anna y yo y ahora veremos la tele, está lloviendo y hace un frío que pela, no me apetece nada salir y eso que es viernes. - ¿Qué tal Anna, cariño? - preguntó Mario ya en serio. - Muy bien, es un cielo. No sabes la suerte que he tenido encontrándola. Le voy a pedir que sea mi dama de honor en nuestra boda. - Dama ¿de qué? - Jaja, si, ya sé que suena raro eso en España, pero no la puedo poner de madrina, que se enfada tu madre. - Bueno, ya sabes que yo de la boda solo me encargo de estar el día y a la hora en el sitio que me digáis. - Sí, ya lo sé, pero te advierto que como llegues un minuto tarde, te mato. - Entonces ¿estas contenta? ¿Todo bien? el piso ¿qué tal? - Mario cambió el rumbo de la conversación. Continuaron hablando de todo un poco durante 15 minutos más y se despidieron. - Tenemos que quedar en una hora determinada para conectarnos los dos a la vez todos los días - dijo Noelia. - Cuando tú quieras, cariño. - Pues mejor por la noche, ¿no? - Sí, mejor. Y si uno de los dos no puede, que envíe un sms con la hora a la que puede estar conectado. - Ah, muy buena idea mi amor. Pues quedamos para mañana a las nueve, ¿vale? - Sí, muy bien, por mí, perfecto. - Vale, pues hasta mañana cariño. - Hasta mañana, Noe. - Te quiero mucho, Mario. - Y yo a ti, mi amor. Un beso. - Adiós, te quiero. Anna y Noelia pasaron todo el fin de semanas juntas, no se separaron ni un momento. El sábado lo dedicaron a las compras por la mañana y por la tarde hicieron varias veces el recorrido de ida y vuelta que Noelia debería de tomar para ir a sus clases. Compraron un abono mensual de metro para Noelia y Anna le enseñó qué líneas tenía que coger y dónde tendría que hacer trasbordo y dónde bajarse. La verdad es que no era nada complicado, simplemente tenía que coger el metro en la estación de Old St., cambiar de línea en la siguiente estación y bajarse en la próxima, desde ahí sólo tendría que andar unos quinientos metros para llegar al London School. Por la noche salieron a cenar y a tomar una copa a los pubs de la zona, pero se cansaron pronto y decidieron volver a casa para escuchar música y seguir contándose sus cosas. El domingo salieron a comer a Covent Garden. Antes de comer pasearon, regatearon y compraron en el famoso mercadillo y por la tarde disfrutaron de todo tipo de actuaciones callejeras que a todas horas se representan en Covent Garden. No volvieron demasiado tarde a casa, Noelia quería estar allí a la hora pactada con Mario para su encuentro por msn, la noche anterior no pudieron quedar porque Anna y ella salieron a cenar fuera y no quería volver a fallar otra vez. Esta vez no fue ella, cuando volvían a casa, recibió un mensaje de Mario disculpándose por que no podrían hablar esa noche tampoco, le había surgido un imprevisto en el bufete y tenia que salir, quedaba con ella para el lunes por la noche. Esa noche no tardaron mucho en irse a dormir, Anna estaba cansada y tenia que madrugar para ir al trabajo y Noelia estaba un poco nerviosa, porque al día siguiente iría a conocer su nueva escuela. Se dieron las buenas noches con un beso y cada una se fue a su habitación. Antes de acostarse, Anna encendió su portátil y abrió su diario, ella también lo escribía en el ordenador, aunque no en Internet, lo hacia en un programa apropósito para ello. Para Anna, aquellos tres últimos días habían sido muy diferentes a lo que ella estaba acostumbrada. Normalmente, los fines de semana parqa ella eran para trasnochar, para ir de pub´s, para beber, para ir a conciertos y sobre todo para encontrar en su cama un hombre diferente cada domingo por la mañana. Había estado muy a gusto con Noelia, lo había pasado muy bien con ella. Sin embargo, se preguntaba cuánto tiempo podría aguantar así. Para ella, el sexo era algo importantísimo, nunca había estado más de una semana sin hacer el amor y ahora no sabía cómo iba a poder salir a ligar sin dejar a Noelia de lado, porque tampoco podía llevársela con ella. Se sentiría incómoda, estaba prometida. No está bien eso de ir a ligar los sábados por la noche cuando te vas a casar en pocos meses, además de que eso no pegaba con Noelia ni muchísimo menos. Noelia volvería a casa quince días durante la Navidad, y Anna se dijo que tal vez podría aguantar sin sexo hasta entonces, pero sin duda para los siguientes cinco meses, algo tendría que hacer, tal vez debería hablarlo con Noelia. Pero eso sería más adelante cuando la necesidad le apremiase. Mientras tanto debería disfrutar de Noelia, de la complicidad que tenían desde el primer momento, de su sensibilidad, de su cariño. Aquella amistad que tenía ahora con Noelia, no la había tenido nunca con ninguna de sus amigas de la infancia o de la universidad y mucho menos con los compañeros del trabajo. Era algo nuevo para Anna, nuevos sentimientos los que experimentaba, nuevas y agradables sensaciones. Hacía ya un mes que Noelia estaba en Londres. Si bien los primeros cuatro días, por la intensidad con que los vivió, le habían parecido un mes, los siguientes veinticinco, apenas le parecieron cinco. Durante todo el mes, siguieron sus largas tardes en casa con Anna, charlando y escuchando música o viendo alguna película. Los fines de semana los habían dedicado a recorrer y ver algo de Londres, comían y cenaban fuera de casa y terminaban en algún Púb. Tomando una copa, pero volvían pronto y acababan la noche descansando los pies de las largas caminatas, tumbadas sobre la cama de Anna y tomando la última copa allí mismo. Por su parte, Noelia había congeniado muy bien con sus compañeros de clase, sobre todo con los extranjeros, alemanes, holandeses, franceses…y con su profesor de derecho internacional, Chase Parker. Apenas tenía cuatro años más que ella y era su primer año como profesor. Fue la primera persona que conoció en el colegio el primer lunes antes de empezar las clases. Ese día, Parker era el único profesor que había del curso de Noelia y fue a su despacho a presentarse. Parker se mostró extremadamente amable con ella, le explico bastante detalladamente en que consistiría el curso de postgrado que iba a hacer y se ofreció para acompañarla a recorrer el colegio y enseñarle los distintos departamentos. Desde entonces, aparte de las clases de derecho internacional, había coincidido con él en cuatro o cinco ocasiones en el aula de estudio y en la cafetería del colegio, además habían comido juntos una vez mientras hablaban de todo un poco. Faltaban unos días para la navidad y Noelia viajó a España para pasar esos días en su casa. Volvería la primera semana de enero, pero nada más poner el pie en el avión, ya echaba de menos a Anna. Fue algo que la descolocó bastante, aún no había abandonado Londres y ya estaba deseando volver. Sin embargo y a pesar de lo poco que habían podido hablar en casi un mes, prácticamente no extrañó a Mario. Antes que cualquier otra cosa, prefirió pensar en que era debido a la seguridad que tenía sobre su amor a él. Los días en España se le hacían eternos, no podía dejar de pensar en Londres, en Anna. Intentó evadirse de esos pensamientos refugiándose en Mario o más bien en el sexo con Mario. Creyó que así se olvidaría de Londres y sobre todo que se quitaría de encima ese sentimiento de culpa por no haber echado en falta a Mario. Esos quince días, Noelia fue insaciable, hacían el amor mañana, tarde y noche. Mario estaba estupefacto ante la actitud de Noelia, jamás se había comportado así. Sin embargo, se sintió halagado y atribuyó aquel ardoroso comportamiento de Noelia, sin duda alguna, a la añoranza que Noelia había sentido por él aquel último mes que habían estado separados. Era domingo por la mañana, Anna despertó. Miró a su derecha y vio ese lado de la cama vacío. Era el segundo fin de semana que pasaba sin Noelia y esa vez tampoco llevó ningún hombre a su cama. Los dos sábados había hecho lo que el resto de sábados antes de la llegada de Noelia, había salido de copas con amigos y conocidos, habían charlado, se habían divertido bailando. Sin embargo, uno tras otro, Anna fue rechazando sistemáticamente cada pretendiente que le salía. Se decía a sí misma que ya era hora de ser más exigente con los amantes que escogiese, que no volvería a meter en su cama a ningún hombre si antes no se lo había ganado con algo más que no fuese su físico. Así pudo justificarse el no haber aprovechado la marcha de Noelia para calmar su deseo sexual. Deseo que por otra parte, Anna sabía que no había sentido, al menos del mismo modo que lo había sentido hasta entonces. Ahora parecía necesitar muchísimo menos la parte física y echaba en falta el amor de verdad, el sentirse añorada, sentirse necesitada por la otra persona y a su vez, ella sentir lo mismo. Por fin acabó la navidad y Noelia regresó a Londres. Esta vez Anna no puedo ir a recogerla y Noelia fue sola hasta el apartamento. Esperó allí a Anna mientras deshacía la maleta. Cuando Anna llegó, ambas mujeres se fundieron entre lágrimas en un estrechísimo y largo abrazo que ninguna de las dos quería deshacer. Siguieron abrazadas, llorando durante varios minutos mientras por sus mentes pasaban fugaces pensamientos, sentimientos y palabras que deseaban decirse y que, sin embargo, prefirieron olvidar tan pronto como aparecieron. Noelia contó a Anna cómo había pasado las navidades y no omitió su desenfreno sexual con Mario y así le pareció liberar de su conciencia algo que no sabía muy bien qué era. Por su parte, Anna si evitó comentar su falta de actividad sexual y prefirió dejar que Noelia siguiera creyendo que Anna había vuelto a su rutina durante las navidades. Pasaban las semanas y algo iba cambiando en la relación entre Anna y Noelia desde que después de separarse en navidad volvieran a encontrarse. Poco a poco, inconscientemente, y sin saber ni cómo ni por qué y luchando contra ellas mismas, contra un deseo en sus interiores, Anna y Noelia fueron separándose. Ya no pasaban tanto tiempo juntas, incluso casi podría decirse que se evitaban. Anna volvía a salir con sus amigos londinenses y aunque seguía con su abstinencia sexual, algunos sábados demoraba su llegada a casa hasta altas horas de la madrugada para que Noelia creyera que había pasado la noche en la cama de algún amante. Por su parte, Noelia había hecho algunos amigos entre los compañeros de estudio, y sobre todo, se empeñaba en mantener una relación más allá de las clases con su profesor de derecho y no perdía oportunidad para hacérselo saber a Anna. Anna vivía atormentada con aquella situación. Añoraba aquellas largas tardes, Noelia y ella solas, escuchando música y charlando. Ahora las tardes y noches fuera de casa con sus amigos, se le hacían eternas. Añoraba su voz y sus risas, su simple presencia le reconfortaba. Ahora tenía que conformarse con cada mañana antes de irse a trabajar, al igual que hizo el primer día, asomarse a la habitación de Noelia, y por unos minutos, contemplarla mientras dormía. También era duro para Noelia. Ahora que había encontrado una verdadera amiga, alguien con quien compartir todos sus secretos, era justamente a quien no podía contárselos. Todo aquel paripé con su profesor, que interpretaba para disimular con Anna, la estaba volviendo loca. Deseaba volver a vivir la felicidad de las tres primeras semanas, pero sabía que no podía ser. Su relación con Anna debía de quedarse así, sobre todo, después de que un día, cuando por casualidad, al pasar por delante del baño, encontró la puerta entreabierta y se sorprendió a sí misma mirando a hurtadillas mientras Anna se duchaba. La visión del perfecto cuerpo desnudo y mojado de Anna desató por un momento la imaginación y los instintos de Noelia que, al volver en sí, quedó turbada y desconcertada. Esa noche apenas pudo dormir meditando sobre aquello que había pasado y que había sentido. Sin duda alguna, cuando su imaginación la llevó a recorrer con sus manos la suave piel de Anna bajo el agua, cuando sus labios recorrían cada centímetro de sus mojados pechos, fue la mejor sensación que había tenido en su vida, pero se convenció a sí misma que aquello había sido fruto de llevar tanto tiempo sin sexo. Además estaba prometida, se casaría en poco más de tres meses y por otra parte, Anna seguía acostándose cada semana con un hombre. Aquello era imposible, incluso malsano, pensó. Debía alejarse de aquellos sentimientos lo antes posible. En esas falsedades y juegos de disimulo andaban Anna y Noelia, cuando una noche quedaron en un pub para tomar algo juntos, Anna y sus amigos por un lado, y Noelia y el profesor Parker por otro. Noelia, en su intención de hacer creer a Anna que tenía una relación con Parker, que en cualquier momento podría pasar a más, hablaba de él a la menor ocasión, pero Anna aún no lo conocía en persona. Anna ya estaba en el pub, sentada con un par de amigos en una mesa al fondo, levantó la cabeza y vio venir a Noelia, pero al momento retiró su mirada de ella y la dirigió un metro más atrás, el pub. Estaba repleto, pero por detrás de un montón de cabezas, pudo ver a su antiguo novio Chase. Meses atrás, y aunque su relación había acabado hacía tres años, Chase y Anna habían tenido varios reencuentros esporádicos. A pesar de lo mal que llevaron su relación y su separación, seguían sintiendo una profunda atracción el uno por el otro, aunque ahora solamente sexual. Atracción que les hizo despertarse juntos más de una vez. En ese momento, no le apetecía nada verle. Se dio la vuelta para que no la viera y esperó a que llegaran Noelia y el profesor. Noelia la abordó por detrás tapándole los ojos y dándole un beso en la mejilla. Anna se levantó para saludarles e invitarles a sentarse. Cuando se dio la vuelta quedó paralizada. Los engranajes de su cerebro comenzaron a rodar y en milésimas de segundo, le cuadró todo. Noelia, a pesar de hablar constantemente de él, siempre le mencionaba como mi profesor, profesor Parker o como Parker, jamás había mencionado su nombre de pila, Chase, su Chase. Las veces que habían vuelto a acostarse, Chase y Anna tampoco habían hablado de sus vidas, ninguno de los dos deseaba retomar la relación sentimental y se habían limitado a banales conversaciones y al sexo, por eso Anna no sabía que Chase era ahora profesor de derecho en el London School y muchísimo menos que fuera el famoso profesor Parker de Noelia. - Anna, este es Parker - comenzaba Noelia a hacer las presentaciones. Pero Anna seguía absorta encajando piezas. - Anna, Anna - intentaba Noelia atraer su atención. - sí, Chase Parker, ya nos conocemos – dijo Anna con aparente disgusto después de volver en sí. - ¿Cómo que os conocéis? si es el primer año de Parker como profesor, no ha podido darte clase - preguntaba extrañada Noelia. - Es Chase, mi ex - le aclaró Anna. Noelia miró a Chase, pero este no decía nada, también estaba extrañado de aquella coincidencia, pero sobre todo estaba extrañado por la cada vez más notable irritación de Anna. - ¿No te ha dicho que fuímos novios, y que aunque lo dejamos hace tres años, aún nos acostamos de vez en cuando? - dijo Anna sin dejar de mirar a Chase. - No, no… yo no… yo no sabía… - tartamudeaba Noelia estupefacta. - Anna, ni Noelia sabía que tú y yo nos conociéramos, ni yo sabía que tú eras la amiga de Noelia, es todo una coincidencia - dijo por fin Chase, intentando poner un poco de cordura en aquella situación. - Chase, cállate ¿quieres? - le espetó Anna. – Te he sufrido durante más de seis meses y te conozco lo suficiente como para saber que tú estabas al corriente de todo y de que has hecho lo imposible porque Noelia caiga en tus brazos. - ¿Pero qué estás diciendo? ¿Te has vuelto loca? ¿Noelia y yo? Pero si sólo somos amigos… Ahora era cuando Chase no entendía absolutamente nada. Para él, Noelia no era más que una alumna con la que tenía algo más de amistad que con el resto, pero de ahí a lo que insinuaba Anna, había un argo trecho. Un largo trecho que Noelia se había encargado de reducir para Anna. - Noelia, vamos, no quiero seguir aquí con este impresentable - concluyó Anna. - Pero Anna, tranquilízate, no pasa nada, Parker y yo somos solo amigos.- Ahora le costaría explicar a Anna lo que la había hecho pensar sobre ellos. - ¿No vienes? Pues yo me voy - salió andando hacia la puerta sin ni siquiera despedirse de sus otros dos amigos, que habían quedado expectantes sentados a la mesa. La situación era bastante extraña. No había dado tiempo ni para las presentaciones y Noelia y Chase no conocían de nada a los amigos de Anna y allí estaban los cuatro, sin saber muy bien qué decir. Todos aún bastante chocados por la exagerada reacción de Anna. Noelia se disculpó como pudo con los amigos de Anna, y Chase y ella abandonaron el pub. Una vez fuera, también se disculpó con Chase y le propuso dejar la cita para mejor ocasión. Por supuesto, Chase estuvo de acuerdo y Noelia fue en busca de Anna. Anna había llegado apresuradamente a su casa y se tumbó sobre la cama. Poco a poco, se fue serenando y empezó a asimilar lo que había ocurrido. Ahora, tranquila, sola, sosegada, no podía creer que hubiera tenido aquel ataque de celos. Ella no había sido jamás celosa en el tema del sexo. Si no había una relación sentimental, no le importaba lo más mínimo con quién se hubieran acostado o con quién se acostaran después sus amantes y desde luego, respecto a Chase, lo último que quería era volver a su antigua relación. No, no lo entendía. Noelia no tardó en llegar. Entró en el piso y fue directamente a la habitación de Anna. La vio sentada sobre la cama, una lágrima caía por su mejilla. Anna acababa de comprender sus celos, no estaba celosa por Chase, estaba celosa por Noelia. Noelia se sentó a su lado, le cogió la mano y con la otra limpió la lágrima de la mejilla de Anna. Seguían en silencio, mirándose a los ojos y Noelia también comprendió todo. Ninguna de las dos podía ya seguir fingiendo. Ninguna hablaba, no hacía falta, sus sentimientos atravesaban sus pieles y hablaban por ellas. Se amaban y se deseaban. Se besaron y se amaron hasta caer rendidas de amor. Por fin habían soltado el lastre de los sentimientos reprimidos, ahora se amaban cada noche como si fuera la primera, o la última. Ahora se sentían plenas, llenas de vida, de gozo, de felicidad. Vivían el momento, cada día, cada hora, cada segundo. Olvidaban hablar de lo inevitable, de la vuelta de Noelia a casa, de Mario, de la boda. Pasaban las semanas y llegó la hora de que la madre de Noelia viajara a Londres para la prueba del vestido de novia. Anna y Noelia seguían comportándose como si nada pasara, o mejor dicho, como si nada tuviera que pasar. Fueron las tres a la prueba del vestido, se divirtieron y lo pasaron bien y la madre de Noelia no notó absolutamente nada, excepto en que su hija estaba muy contenta y feliz. Contenta por haber encontrado en Londres una amiga tan estupenda como Anna, y feliz por su próxima boda con el amor de su vida. Para la madre de Noelia no había ninguna duda. Esa noche, Noelia dejó su cama a su madre y ella durmió en la cama con Anna, aunque en realidad, eso es lo que llevaba haciendo semanas, sólo que esa noche no hicieron el amor. Fue la primera vez que no lo hicieron desde la noche del encuentro con Chase. Había llegado mayo, Noelia había acabado su curso de postgrado y apenas faltaban treinta días para su boda. Llegó el momento de volver a la cruda realidad, de despertarse del dulce sueño en que vivían, llegó el momento de decidir. Era el momento de Noelia, era ella la que tenía que tomar uno u otro camino. Sin embargo, y para sorpresa incluso suya, fue Anna quién decidió. - Noelia, acabo de sacarte un billete para que vuelvas a España, saldrás mañana mismo, ya deberías haber vuelto hace una semana. - ¿Pero, por qué? No lo entiendo ¿qué te ha ocurrido? Estamos bien, somos felices. - Aunque no te he dicho nada, yo he pensado mucho sobre nosotras, sobre todo he pensado en tí, y he llegado a la conclusión de que debes ir con Mario, que es a quién… - Pero Anna, no... - Por favor, escúchame. Tú y yo sabemos que debes volver, que debes casarte con Mario. Si no lo haces, lo lamentarás. - ¡No Anna, no! - Tal vez hoy no, puede que mañana tampoco, pero sucederá algún día. - Pero…, ¿y nosotras? - Siempre nos quedará Londres y estos seis maravillosos meses. - Yo nunca me olvidaré de tí. - Yo tampoco, pero es necesario que nos separemos. Hagamos el amor por última vez y prometamos que desde mañana no nos volveremos a ver. - No, Anna. Yo volveré a España y me casaré con Mario, pero no renunciaré a tí. Puede que no nos volvamos a ver, pero jamás renunciaré a tí. Noelia sintió un impulso irrefrenable de mirar hacia atrás, volvió la cabeza y entre los asistentes de la última fila, vio a Anna. Anna estaba allí. El rostro de Noelia había cambiado, ahora estaba lleno de luz, sus ojos brillaban de felicidad. Volvió a mirar al párroco, mientras éste repetía por segunda vez: - Noelia, ¿quieres por esposo a Mario, y prometes amarle, respetarle y serle fiel en la salud y en la enfermedad, en la alegría y en la tristeza, en la riqueza y en la pobreza?


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