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  terror > TeoriasReflexiones de un joven cualquiera

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se publicó en la web el 07 de Julio del 2005

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  Categoría: terror > Teorias
  Titulo:

Desperté con la sensación de estar muerto, las frías paredes de la caverna en la que me encontraba me conducían a mis más profundos miedos. Miré alrededor, nadie, estaba solo y confuso, mis recuerdos habían desaparecido de mi imprecisa mente y en ella solo reinaba el vacío, ¿dónde estaba? ¿cómo había ido a parar allí? ¿cuál era mi nombre?. Todas estas preguntas carecían de respuesta y lo único que sentía era el frío penetrando en mi fina piel. Anduve unos pasos, el duro suelo parecía hundirse bajo mis pies a cada paso que daba, la oscuridad era casi total, y solo unas pocas antorchas colocadas anárquicamente me proporcionaban la suficiente luz como para no chocar contra los obstáculos del camino. Aún así, unos pasos más adelante, tropecé contra una puntiaguda roca y caí, hiriéndome una mano, de la cual comenzó a emanar una densa sangre roja, para que dos minutos más tarde, la herida cicatrizara rápidamente. Seguí caminando maravillado, sin que mis ojos dieran crédito a lo que estaban presenciando, ¿Cómo era posible que un corte profundo cicatrizara en tan poco tiempo? Otra pregunta sin respuesta. Observe que la caverna albergaba una salida poligonal en forma de estrella y me percaté de que mi temperatura corporal era ahora más calida y confortable. Me apresuré hacia el estrellado orificio y pude concluir que más allá existía luz natural. Crucé la salida, y el repentino cambio de oscuras tinieblas a la más inmensa luz dañó mis ojos. Solo unos momentos más tarde pude recobra la visión. Observe todo lo que me rodeaba y mi corazón dio un vuelco. ---------------------------------------------------------------------------------------------------------- Ante mi se presentaba un maravilloso paisaje, una catarata de aguas transparentes desembocaba en un río de un fondo azul cielo semejante a aquellas aguas que aparecían en los cuentos y en las historias de mi niñez. A mi alrededor se extendía un basto valle de un verde tan vivo que daba miedo pisarlo; la hierba tenía vida, los peces cantaban en su río azul y las aves creaban un precioso baile ritual en el aire. El cielo estaba despejado, solo alguna nube cubría un Sol que brillaba más que nunca. La luz de este, en vez de quemar la piel como solía hacerlo, proporcionaba una agradable sensación de bienestar y placer interno. Daba la sensación de que podría estar horas y horas bajo de él sin que mi cuerpo se resintiera por ello. El aire era limpio y puro, cada bocanada era única y especial, más allá una montaña me impedía seguir contemplando tanta maravilla. Seguí avanzando, aún no habia encontrado ninguna presencia con la que intercambiar mis dudas, pero la repentina felicidad que lo inundaba todo, hizo que me olvidara de que estaba solo. ---------------------------------------------------------------------------------------------------------- Tardé varias horas en cruzar la gran montaña que no me dejaba ver, y cuando alcancé su cima la desilusión me invadió. Al contrario de el paisaje anterior, este se presentaba como un lugar escarpado y oscuro, por primera vez en muchas horas pude ver presencia humana, todos ellos trabajaban sin descanso en fábricas e instalaciones petrolíferas, el nauseabundo olor que estas despedían era una total contraposición a la fragancia del paraíso anterior. Más adelante, podía ver un gran centro comercial rodeado por una inmensa red de carreteras, coches, polución y contaminación. La gente se movía sin control, como si alguien más grande que ellos les hubiera dado cuerda. Realmente parecía que eran completamente felices, pero desde mi visión de espectador me parecía que nada de aquello tenía sentido. Había aprendido a pensar como los pájaros y los peces y esta otra felicidad me parecía vacía y fuera de toda lógica. Justo al lado una iglesia predicaba sus ideales cristianos de paz y amor; una mezquita hablaba de Mahoma y Alá, y una sinagoga incitaba a sus fieles judíos a seguir atacando palestinos para hacerse con su “tierra santa”. Observé a las tres instituciones, y me di cuenta de que la diferencia entre los fieles y la gente del centro comercial era mínima. Todos eran personas, pero en gran parte estaban dirigidas por algo o alguien. Unas por un Dios quizá inexistente, y otras por una caja que emitía colores, sonidos y órdenes. El panorama me produjo una sensación de desazón grandísima, ya que me reconocí en muchas de aquellas personas. Era mi gente, era mi vida, era mi tiempo. Un gigantesco cartel luminoso indicaba la salida de todo aquello. De camino observe unos hinchas de fútbol quemando papeleras y un cabeza rapada asesinando a un joven inmigrante. Salí de allí con una pena enorme en mi corazón, pero con esperanza de encontrar algo mejor más allá de la salida. El siguiente paisaje me devolvió parcialmente a la felicidad. Todo volvía a ser verde y bonito, y pude ver a lo lejos varias personas andando. Los seguí, y cuando llegué hacia ellos vi con horror que estaban desnudos, iban encadenados los unos a los otros y cada uno de ellos poseía un número grabado a la espalda. Pregunté a uno de ellos por su nombre y sin mirarme respondió: “Mi nombre es 485678’ adoro a Repsol, quien es mi dios, mi deber es trabajar para el y soy feliz haciéndolo”. Sorprendido pregunté al segundo: ¿Cuál es tu nombre?, y me respondío: “ mi nombre es 6543781 adoro a Toyota, quien es mi dios, mi deber es trabajar para el y soy feliz haciéndolo” Todos los demás me respondieron al unisono: “Mi dios es Mc Donalds, mi dios es Microsoft, mi dios es Siemens, los adoramos y somos felices trabajando para ellos” Estupefacto caminé sin rumbo fijo y encontré a tres hombres ricos fumando puros y tomando wisky. Me di cuenta de que llevaban en sus bocas un aparato que les ayudaba a absorber el poco oxígeno que quedaba en el mundo. Los miré con desprecio, me acerqué y me miraron con superioridad, me giré, y sin mediar palabra me marché de allí. Cruce un pasillo fabricado a base de plástico y me encontré con una mujer de apariencia extraña que sostenía con la mano izquierda una rosa roja enormemente bella. Me miró con pena y de repente apareció otro hombre de uniforme con un arma, le disparó, le arrebató la rosa y se apresuró a quemarla. Lo miré con odio, rabia e impotencia, y sin decir nada continué avanzando por el gris pasillo. Al final del corredor me encontré con una tierra muerta, sin ápice de vida. Cuerpos deshidratados de animales y personas yacían en el suelo y aún sin estar vivos, parecía que me miraban con dolor, con mucho dolor. Estaba claro, el mundo para la vida había terminado, ya no era una Tierra de vida, era un Tierra de muerte. En un instante caí rendido al suelo… Despierto empapado en sudor, reconstruyo a la perfección la noche anterior. Todo a sido un sueño… o quizás no? Me levanto, me dirijo al baño y en el espejo veo al joven inmigrante asesinado de mi sueño quien me dice: “Ya lo viste, el mundo os dio una oportunidad, la desaprovechasteis, podríais haber vivido en paz, en armonia con la naturaleza y con vuestros semejantes, con los pajaros y los peces, y os negasteis, vuestro afán de poder hizo que os pisaseis los unos a los otros y usasteis vuestra inteligencia superior para destruir en vez de construir. Ahora todo a acabado” y desapareció con una indescriptible mezcla en su mirada de dolor, tristeza y rabia. Me asomé a la puerta de mi casa la gente corría despavorida a los hospitales, había dormido mucho, todo el mundo había contraído una enfermedad pulmonar que les impedía respirar correctamente. Aparecían cadáveres morados en cada calle. El petróleo y otros compuestos perjudiciales habían atrofiado los aparatos respiratorios de los seres vivos e incluso yo noté que me costaba notablemente respirar. Me fui ahogando poco a poco, observé que cuatro hombres ricos con aparatos que les ayudaban a respirar caminaban tranquilamente por la calles contaminadas y se reían de nosotros. Sentí el mayor odio del mundo, hacia ellos, y hacia nosotros, que no habíamos luchado contra todo aquello que nos iba a destruir. Pero solo en ese momento, me sentí realmente solidarizado con el mundo. Mi mente se nublo y perdí la conciencia. Lo ultimo que oí fue la risa desencajada de uno de los cuatro hombres ricos, y realmente me dio pena, mucha pena. Pena porque le tocaba vivir en un mundo sin sentido, pena porque de ahora en adelante estaría vivo en un mundo muerto.


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