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  terror > Asesinos en seriePsicópata ... 3ª parte final

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se publicó en la web el 12 de Febrero del 2009

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  Categoría: terror > Asesinos en serie
  Titulo:

Psicópata ... final Antes de subir a la cocina a buscar la botella de amoniaco que había adquirido para la ocasión, rompí mis propias reglas al situarme a su espalda y acerqué mi cabeza a la suya. Con toda dulzura, le descubrí la oreja izquierda y rocé con la comisura de mis labios su lóbulo inferior. -¡Te he preparado una sorpresa que te va a encantar! –Le susurré muy despacio al oído. Pareció no afectarle demasiado aquella revelación. No se inmutó, sólo se limitó a girar la cabeza bruscamente, como siempre hacía. Su indiferencia es lo que más me provoca, pero se va a acabar... Subí por la escalinata hasta el portón de la cocina. No sé lo que me ocurrió, pero estaba como extasiado y entré a trompicones en ella. En el armario, bajo la pila, tenía guardado el producto. Agarré la botella con viveza y retorné corriendo abajo. Me senté en el taburete de madera, estilo bar, que tantas veces había utilizado para contemplarla durante horas. El móvil de su mochila estuvo sonando dos eternas jornadas, hasta que la batería se agotó y ni su estridente sonido le bajó la guardia. Durante esas etapas no había tenido oportunidad de verla sufrir, ni un desfallecimiento, ni nada. Mi frustración era mayúscula. - ¡He comprado esto para ti! – Dije en tono burlón, mientras giraba entre mis manos la botella y enseñaba su etiqueta. Cuando sus brillantes ojos iluminados por la parpadeante luz de las velas, se fijaron en ella, masculló algo. Al fin obtuve una reacción aunque la mueca que se le escapó fue breve. - Vas a respirar esto durante un minuto, haber qué ocurre después, tan dura que pareces. – Sentencié, mientras desenroscaba el tapón de plástico. Situé la boca de la botella justo debajo de los orificios nasales. Al retirar el cierre, los vapores concentrados del amoníaco brotaron al exterior y mirando el reloj, cronometré sesenta segundos. Me ubiqué junto a su cara para no perder detalle, quería observar su reacción de cerca, aun cuando aquel fuerte olor me irritaba a mi miismo. - ¡No eres tan guapa como aparentas! – exclamé, pero sólo se limitó a cerrar los parpados fuertemente. Transcurrido el tiempo, asenté el tapón en la botella, despacio, enroscando lentamente. Al apartarla de su rostro, inspiró con normalidad y fue cuando caí en la cuenta. No tuvo problemas para ello, había estado respirando por la boca, un orificio que no había anulado. Tenía que remediar aquél despiste de novato, así que cogí cinta aislante del garaje y me volví a ubicar frente a ella. - ¿Qué tal si lo repetimos? - ¡Pero esta vez, con esto! – anuncié, mientras soltaba una tira de cinta negra y se la plantaba, sellando su boca. Con aquella simple acción, estaba logrando más que el resto de los días. Comenzó a moverse, muy agitada, forzando sus extremidades al máximo. Al momento los ojos se inundaron de lágrimas, no se si debido al anterior efluvio de los gases del producto o a sus propias emociones, y ahora que su boca estaba cerrada, era como si pretendiera utilizarla, tarde, demasiado tarde ya. Cuando me vio que destapaba de nuevo la botella, empezó a gimotear desesperada y se agitó convulsa. Estoy seguro que de haber arrancado la cinta en ese momento, un fuerte grito se hubiera propagado por toda la casa. En el instante en que exhaló el aire que había podido tomar con tanta ansia, volví a emplazar el líquido bajo su olfato. - ¡Aguanta cuanto quieras mi niña, en algún momento has de respirar, tómate tu tiempo, no tengo prisa...!¡Después de todo, no era tan dura, sólo fachada!


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