criticas (886)
    Criticas de Cine (145)
    Deportivas (37)
    Duras (222)
    Generales (252)
    Juegos (27)
    Literatura (50)
    Musica (76)
    TV y Famosos (77)
   eroticos (3048)
    Anales (115)
    Desvirgaciones (403)
    Dominación (116)
    Fantasías Eroticas (210)
    Gays (497)
    Hetero (787)
    Lesbianas (161)
    Lluvia dorada (28)
    Orgías (164)
    Otros (332)
    Sadomaso (35)
    Transexuales (57)
    Voyerismo (67)
    Zoofilia (76)
   fantasia (2148)
    Epica (233)
    Fantasia General (543)
    Poesia (424)
    Rol (182)
    Romantica (766)
   ficcion (1044)
    Ciencia Ficción (192)
    Futuristas (102)
    Narrativa Libre (660)
    Ovnis (27)
    Snuff (67)
   humor (1088)
    Asi soy yo.... (60)
    Bromas (28)
    Chistes (398)
    Citas y Frases (42)
    Fabulas (45)
    Hechos Reales (186)
    Parodias (197)
    Piropos (67)
    Sexuales (65)
   terror (2722)
    Asesinos en serie (160)
    Espiritismo (124)
    Hechos reales (724)
    Pesadillas (256)
    Teorias (69)
    Terror General (790)
    vampiros (599)
 
 Top 5
    Suicidio Concertado
    Como escapados de un ..
    Solo se ...que me sie..
    Las cosas que nunca t..
    De repente oscuridad
 
Recomendamos
Relatos Cortos, la mayor web de relatos te trae relatos de terror, eroticos, humor, ficcion, fantasia y criticas.
     

  ficcion > SnuffPromesas

------------------------------------------------------------------------------------
 
se publicó en la web el 21 de Julio del 2004

Desde entonces este relato ha sido leido 1,561 veces desde que apareció en www.relatoscortos.com, y ha recibido 10 votos.

Los visitantes han dejado escritos 0 comentarios

------------------------------------------------------------------------------------
  Categoría: ficcion > Snuff
  Titulo:

La promesa que se le hace a alguien debe de ser para cumplirla, como un juramento. Hay quien dice que un juramento es mas sacro que una promesa, que es irrompible, pero la verdad es que tanto promesa como juramento pueden acabar de la misma forma, incumplidos. La cuestión principal entra dentro de quien la haga o la dicte. En el antiguo reino de los Godos, cuando alguien incumplía una promesa por muy leve que sea, acababa siendo castigado de alguna u otra forma. Tan importante era el cumplirla que si el juramento o promesa era secreto o de valor importante, se podía llegar hasta la misma muerte. Claramente, estos son otros tiempos. Pero para muchos por suerte o desgracia, las promesas son algo irrompible que pueden llevar a la muerte. -Necesito que me guardes un secreto-Decía el niño de los González a su amigo, familia de los Pastos. -Lo que sea, yo soy tu amigo de siempre y nunca romperé una promesa tuya-Decía confiado el niño de los Pastos. Así pues en el desván de la casa de los González se hablaban con cuidado y muy bajo los crios como contándose los secretos mas típicos de niños de 8 años. Tenían las luces apagadas pues no querían que nadie advirtiera de su presencia. Tapados bajo las sabanas de la cama y hablando entre ellos, el de los González habló… -Si esto lo cuentas a alguien dejaré de ser tu amigo para toda la vida. Porque si mi papá se entera va a castigar- -Tranquilo-decía el de los Pastos- no diré nada, además yo te he contado muchos secretos y no ha pasado nada- -Si, pero esto es diferente, mi secreto es mas secreto que todos tus secretos- decía con las palabras típicas de niños de su edad el de los González. Así pues, después de estar varios minutos jurando y perjurando que no diría nada, accedió a contárselo con total tranquilidad confiando en su mejor amigo. -La otra noche vi a mi padre en el jardín, cuando mamá estaba en casa de la abuela y estaba yo solo con papá. Era ya tarde y no podía dormir… entonces vi como hacia un hoyo muy grande en el jardín y allí enterró una bolsa muy grande- Decía el de los González muy bajito… El de los Pastos se tapó la boca y medio riendo dijo… “juguetes” -siii! –Respondió muy feliz el otro- Los habrá escondido para que no los vea y así darme una sorpresa. Porque encima no paraba de mirar a ver si lo veía alguien. Estaba súper callado y en silencio, yo apenas oía las paladas en la tierra. -vale, te guardaré el secreto, pero eso tenemos que verlo. Hoy como se van tus padres a casa de tu abuela, quédate a dormir en la mía y luego por la noche cuando estén dormidos los míos, nos escapamos y vemos que es lo que hay…- decía el de los Pastos con la sonrisa en la cara muy feliz. El de los González así asintió y finalmente llegó la noche, se quedó a dormir en casa de los Pastos. No durmieron en toda la noche aunque si que pegaban cabezadas, pero era tanto el ímpetu que tenían en ver lo que ellos querían que no paraban de despertarse esperando a la hora para que fuera tarde. Ya eran las 4 de la madrugada, era el momento. Hacía frío aquel día, pero la ilusión de los crios les hacia no sentir el aire frío y viciado. Llegaron a la zona marcada, el jardín, el cual estaba muy bien puesto y centrado con su césped artificial. -¿y ahora que?-preguntaba el de los Pastos. -Este césped es de mentira, va a capas, mira, la levantamos y debajo solo hay tierra.- Decía el de los González. Así pues seguidamente empezaron a desenterrar tierra con las manos ya que no había pala y aun así seria demasiado grande y pesada para ellos. Metidos de lleno en su papel de desenterradores, seguían hurgando retirando tierra y no encontraban nada. “¿Seguro que es este el sitio?”, decía el de los Pastos. “Claro que si, justo aquí, pero es que debe de estar mucho mas abajo”, contestó el otro. Los niños a pesar de llevar poco tiempo, estaban cansados ya de estar tirados y no encontrar nada. -Oye, aquí parece que no hay nada… vamos a volver a echarle tierra y nos vamos anda!- Dijo el de los Pastos. El otro accedió y así hizo. Volvieron a echar la tierra al pequeño hoyo que hicieron y pusieron las capas de césped en su sitio. Pero eran niños, y nunca se aseguran de hacer las cosas bien, así que dejaron una gran bolsa de aire entre medias de la tierra y la placa de modo que se notaba el bulto vacío y con tierra. Así pues volvieron a su casa entrando por donde saliendo, por la ventana de la casa. Pasaron las horas. Y se hizo de tarde. El momento justo de volver a la casa de los González ya que sus padres habían vuelto de ver a sus abuelos. Mientras aparcaban el coche para entrar en la casa, el padre observó por el espejo el raro bulto que sobresalía en mitad del césped. Su cara cambió a extrañeza y un gran sudor frío lo rodeaba. Terminó de aparcar y entraron en la casa. Su mujer no había notado nada porque ni siquiera se había fijado. El padre pudo imaginar quien había sido. “El único que me pudo ver era mi hijo. Y yo pensaba que estaba dormido” se decía así el padre intentando no asustarse demasiado… Aun así espero el momento preciso para ver el terreno y lo que se había destapado de aquella zona. Efectivamente se dio cuenta de que había sido un niño, o probablemente dos. Su hijo con su amigo. Lo tenía claro sin saber detalles. Solo se veían hendiduras en la tierra muy poco profundas, no eran de pala. Era muy poca cosa. Estaba tranquilo porque sabe que no han visto nada. Pero intranquilo a la vez porque saben que allá abajo hay algo enterrado. Y eso… no le gustaba en absoluto. Ya de noche, el hijo volvió con sus padres ya que la Familia Pastos lo devolvió después de pasar un día entero en su casa. -¿Cómo está su madre?-Preguntaba el cabeza de los Pastos. -No creemos que salga de esta, pero llevamos el asunto con paciencia, gracias por preguntar-decía la mujer González El marido escuchaba la conversación pero no hablaba, estaba totalmente inmerso en una especie de sueño en trance pensando en que podría saber su hijo que el no supiese. Finalmente se despidió de la familia Pastos, pero estos notaron su extrañeza en los ojos y el rostro. Hasta su propia mujer estaba extrañada. Después de irse la otra familia, su mujer no tardó en preguntar, pero en vista de la no respuesta, se acostó en la cama e intentó olvidar el día pensando que era solo una racha de mala suerte para su esposo quizás. Era ya tarde cuando el padre entró en el cuarto del niño el cual dormía placidamente. Con no muy buenas intenciones y con cara de enfado, despertó al crío balanceándolo del brazo hasta despertarlo. -Despierta enano- decía malhumorado su padre.- Quiero que me digas que es lo que hicisteis ayer tu y tu amiguito cuando no estábamos en casa. Cuéntamelo todo.- -No pasó nada papá… solo el otro día vi la bolsa que escondiste en el jardín y queríamos verla. Nada mas… pero no hemos visto nada…-decía con los ojos cerrados intentando volver a su sueño aunque no lo dejaran por el momento. -Ni se te ocurra decirle nada a mamá, es una sorpresa para todos. ¿Vale? Es un secreto, así que no vayas a abrir la boquita. ¿Me lo prometes?- intentaba así convencer al niño. -¿Ni siquiera se lo puedo decir a mi amigo?- preguntaba el niño -Ni siquiera a el. A nadie hijo mío. Porque si dijeras algo a alguien se fastidiaría todo y acabaríamos mal. Y tu no quieres que haya castigos de por medio, ¿verdad?- seguía tratando de convencer a su hijo ya de formas mas drásticas. El crío entendió a la perfección lo que el padre quería decir. Pero lo que no entendía era el porque nadie podía saber de aquel tema, ni siquiera su amigo que no tenia nada que ver. Su padre se fue con la conciencia sucia pero más tranquilo creyendo haber convencido a su hijo. Pero tardó poco en romperse esa tranquilidad, porque al día siguiente ya estaba con su amigo contándole todo lo que su padre había dicho. Nos situamos en el salón de la familia Pastos, justo antes de la hora de comer, el cabeza leía el periódico y la madre entraba y salía poniendo la mesa para comer. Los niños jugaban quitándose de las manos los juguetes que papá Pastos había comprado. -Este MegaBoy 500 es superchulo!-decía el de los González. -Si, pero seguro que tu padre te tiene preparado el 600 que es el ultimo, ¿te lo ha dado ya?- Preguntaba ilusionado el de los Pastos. -Que va, y no se cuando me lo dará, porque dice mi padre que nos dará una sorpresa a todos cuando los desentierre pero dice que no diga nada.- decía el inexperto y jovencito crío que había metido la pata muy bien. -¿Enterrados?- preguntaba el cabeza de los Pastos- ¿Dónde?- -En el jardín de su casa papá-Respondió aceleradamente el hijo. El crío de los González sabia que había hablado más de la cuenta, pero ya le daba igual, porque sabía que no dirían nada los suyos, al menos eso era lo que pensaba. Después no se volvió a hablar más del tema. Así que llegó la hora y el de los González partió hacia su casa que estaba dos aceras mas abajo -Querida, ¿no te parece raro lo que decía el niño de los González? Eso de enterrar juguetes en el jardín…. No se… - decía el cabeza de los Pastos muy pensativo y dudoso. -Es rarísimo, pero no somos nadie para meter las narices en otras casas- Comentó la esposa. Así quedaron mudos de nuevo. Llegó la noche cerrada. El cabeza de los Pastos se había ingeniado para colocar un telescopio en su ventana enfocando al jardín de los González. La mujer dormía, pero el marido sentía una enorme curiosidad por ver y saber. Aquello que había oído no era nada lógico ni normal. De repente, el señor González salió con la pala y empezó a desenterrar nuevamente. El de los Pastos quiso saber e ingenió algo… Las paladas eran de tan riguroso cuidado que apenas se oían. De pronto un quejido se escuchó, parecido a un “ejem”. Era el de los Pastos. Aquel que paleaba paró y se quedó callado y tieso, no veía quien podría ser porque estaba detrás de la verja. Luego, una voz. -Buenas noches vecino-decía el de los Pastos. -¿Qué hace a estas horas por aquí?-Preguntó confuso y extasiado el de los González -Pues hoy ha dado la casualidad que no podía pegar ojo y he dado una vuelta por aquí para despejarme, la verdad es que tampoco esperaba verlo a usted despierto y más con la pala en la mano a estas horas.-decía el de los Pastos acercándose aun más a la verja hasta verse las caras. -Si… bueno, es que quiero dejar cosas preparadas para que no se me amontonen, así aprovecho ya que yo tampoco puedo dormir- contestó como pudo el paleador. -Ya veo, bueno, no quiero entretenerlo- Hizo ademán de irse el de los Pastos. Cuando se despidieron casi con la cara, el de los Pastos volvió y dijo… -Eh, oiga! Mire… parece que sobresale una bolsa de la tierra.- Dijo astutamente con la intención de saber que contenía. -Vaya! Es cierto… que casualidad…-Decía sin saber que decir ni como ponerse el Sr. González. -No esperemos mas, me muero de curiosidad por saber que es, a lo mejor es un tesoro escondido, jajaja, aunque no creo porque está envuelto en una bolsa de basura. ¿Que será? El Señor González suspiró, miró al suelo y cerró los ojos. Después de breve tiempo respondió. -¿Quiere ver lo que hay?, Pues adelante, veámoslo.- Cogió la pala y siguió quitando tierra.-Pero no se quede ahí, ayúdeme- El de los Pastos empezó a notar que aquello ya no era nada normal. Se acercó al hoyo y metió su mano en el bolsillo que contenía una navaja que había traído por si acaso. La bolsa estaba casi destapada, Así tiraron entre los dos hasta que la sacaron de lleno. La pusieron a un lado. Pesaba bastante, era grande, casi del tamaño de una persona de metro y medio. Por la cabeza del Señor Pastos pasó claramente la idea de que aquello que había en la bolsa no era nada bueno. ¿Qué ocultaría? -¿Está listo?- Preguntaba el de los González. -Claro- Contestó el otro. Así pues desenlazó el nudo de la bolsa y la abrió rápidamente. Con su cuerpo delante, no se veía el interior. Brevemente un estruendo llenó el jardín e hizo despertar a su mujer y a su hijo. El cabeza calló después del estruendo. El de los Pastos estaba impresionado por aquel clímax, Ahora se acercó a la bolsa que estaba abierta y miró adentro. Estaba completamente vacía. -¿Pero que….? – preguntaba temblando y mas después de haber sacado la bolsa con un peso mayor de 50 Kg. La familia González acudió al jardín donde estaban los dos cabezas de familia. El que estaba de pie se agachó para levantar al que cayó al suelo de repente después del estruendo. -Oiga… se encuentra bien?- preguntaba sin respuesta. De pronto abrió los ojos y se incorporó el solo. Estaba muy fresco y sereno. El aspecto incluso era diferente, estaba mas fuerte y activo. Muy despierto. Así en breve comenzó a hablar. -Siento el haber hecho esto, pero otras circunstancias me han obligado a ello-decía mirando a su hijo- Pero quizás no es de nadie la culpa, de nadie excepto mía. No quería mostrar lo que había dentro de la bolsa porque no sería bueno para ninguno de los míos, Pero de un modo u otro acabaría haciéndolo… Cariño-decía dirigiéndose a su esposa- siento de verdad lo mal que lo has pasado a veces conmigo, pero no te preocupes porque nunca mas volverá a ocurrir nada igual Gracias por hacerme feliz estos años. Señor Pastos, necesito que me haga una Promesa-Dijo con la mirada atenta a el. El de los Pastos aun un tanto conmocionado por aquella rareza y sin entender nada asintió, notaba que aquello sonaba a despedida larga. Pero no sabia porque. -La Promesa que quiero que me haga es que nunca jamás hable de mi existencia a nadie, por favor, a nadie. Si supieran de mi, muchos no llegarían a entender el porque y empeorarían las cosas por aquí. Y Quizás usted tampoco lo entienda. Pero por favor, déme la mano, necesito que la Promesa sea una Promesa de hecho.-seguía hablando aquel extraño que tenía apariencia de ser el cabeza de los González y que sin embargo parecía otro el que hablaba. La mano de aquel que se despedía seguía tendida, y el otro hombre muy extrañado lo miró a los ojos y vio algo raro, como una señal de que era necesario que le diera la mano y cumpliera su palabra. Así hizo, le dio la mano fuertemente y sintió una cosa muy extraña en su cuerpo. Como una descarga de fuerza. -Su deber es cumplirla. Ahora tu hijo mío-se agachó hacia el- Cuando las promesas no se cumplen, se castiga a la gente, pero esta vez tu has acelerado mi marcha y por eso no te culpo. Pero quiero que te quede algo muy claro, si prometes a alguien que no vas a decir nada o que vas a hacer algo, cúmplelo, porque si así lo haces te convertirás en una persona de palabra, y tu vas a ser mucho en esta vida. Sigue adelante y cuida a tu madre, porque aunque con gran pesar, ha llegado mi hora.- Se repuso de la posición y se dio la vuelta y antes de salir del jardín dijo… “Os quiero” Y se fue. Lo que salió de la bolsa de basura era claramente una materia de energía pura que estaba guardada para este momento. La energía inteligente que complementaba al cabeza de los González y que lo volvió a lo que en un principio era, algo que para aquello era difícil de explicar y para aquellos que no lo vieron, imposible de ver. El comienzo volvió al ser atrapado por su propia capacidad inteligente y perfecta y por eso no podía continuar en ese mundo donde todo lo nuevo es explotado por asesinos científicos y todo lo poderoso acaba perjudicando a los demás. Fuera lo que fuera, tenía los sentimientos de un padre y un esposo, y era más persona que muchas, pero aquí peligra siendo como es. Su última voluntad en aquel lugar era que se cumpliera la Promesa dictada. Dependiendo de si se cumplía o no, así las cosas cambiarían y podría volver a los suyos por más tiempo del que todos piensan. Allí quedó la familia con lágrimas en los ojos intentando pensar en lo ocurrido y buscar una explicación, mientras el señor de los Pastos salía con mirada cabizbaja y tocándose la mano apretándola fuertemente. A la vez pensaba en unas palabras que nunca olvidaría. Una Promesa tenía que cumplir, y así lo haría.


------------------------------------------------------------------------------------
Vota este relato
0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10

------------------------------------------------------------------------------------
Comentarios



Busca relatos



InicioAgregar a favoritosPoner como página de inicio
siguenos en feedsiguenos en facebook.comsiguenos en twitter.com


¡Tu también nos puedes enviar tus propios relatos!
[Enviar relato]








Web desarrollada con Iwcms.com
Impresiones Web, SL. C/ San Bernardo, 123, 7ª Planta;28015, Madrid (España).Tlf: +34 911 61 01 13 E-Mail : info@impresionesweb.com
Inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, Tomo 19602, Folio 112, Sección 8ª, Hoja M-344480, con CIF B-83844787.