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  terror > PesadillasPensamientos desde el otro lado del espejo de la demencis

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se publicó en la web el 29 de Mayo del 2008

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  Categoría: terror > Pesadillas
  Titulo:

Cuando me fui a dormir, me tape hasta el cuello; sentía frío. Me venía a la cabeza una y otra vez, la palabra Demencia. Nada más pensarlo se me helaba la sangre. Me puse en posición fetal y empecé a sollozar y ese sollozo se convirtió en llanto de angustia y de amargura. Hubo un momento, me tuve que incorporar, por que era tal mi desasosiego que me costaba hasta respirar. “ Que sola me sentía “ Siempre había encontrado a faltar a mi madre, pero ese día más que nunca. Sentí que la soledad se apoderaba de mi alma y me oprimía el corazón. Me hubiera gustado que mi marido, hubiera tenido una palabra cariñosa, en vez de soltar un improperio. Me dormí de cansancio. A la mañana siguiente me levante aturdida, por haber llorado tanto, la cabeza la tenía aún en la consulta del médico. Una de las veces que baje a comprar a Barcelona, compre un libro sobre el alzhéimer . En la soledad de mi habitación, empecé a leer. A medida que iba leyendo las lágrimas acudían a mis ojos y no me dejaban ver las letras. Estuve leyendo hasta bien entrada el alba. Cerré el libro. Cogí la manta me la puse por los hombros y salí a la terraza. Vi amanecer, había visto otros amaneceres y este sé me antojo triste. Estaba temblando y entre en la habitación. Me senté en la cama y me tape con las manos los ojos, en ellos últimamente sólo hacían que salir lágrimas. Baje a desayunar y cuando recogí la taza y el plato, lo la lleve a la cocina a través de la ventana vi...el níspero, sentí la necesidad de hablar con el. Bajé las escaleras y estuve apunto de caer, lo miré y acaricié; le dije, durante muchos años he comido tus frutos y te estoy muy agradecida por ello. Pero vengo a despedirme, ahora que puedo. Tengo una enfermedad degenerativa y muy pronto no sabré ni que existes, por ello, he querido darte las gracias por esos frutos tan deliciosos que me has ofrecido, año tras año. Puse la mano en su tronco delgado y sentí como si mi mano penetrara dentro de él, sentí toda su energía y sus ganas de vivir. Retiré la mano y lo abracé, deposité un beso en mis dedos y lo toqué. Estaba sentada en el sofá del comedor, era de piel de color verde muy bonito, pero muy incomodo, había hecho mala compra. Mi marido me toco el hombro y me asustó, me había quedado dormida.¿ Pregunto por la comida? Abrí los ojos y los volví a cerrar, no tenía ganas de levantarme del sofá. Creo que ahí, fue donde mi marido, vio lo que se le avecinaba.¿ Que te pasa Cinta? volví abrir los ojos, salió de mi boca una mueca y dije que estaba cansada. Pobre Ramón, hizo pizzas.! Él que ni se sabía pelar una manzana ¡ La enfermedad iba bastante rápida, de un día para otro era conciente que se producían notables cambios en mi. Una mañana me levanté y al ir a caminar, caí de bruces. No me dio tiempo de poner las manos al suelo para amortiguar el golpe y mi cara dio contra el suelo, resultado, un sangrado de nariz y varios moratones en las rodillas. Esperé a Ramón, que subiera de abrir el garaje y lo llamé, cuando subió y me vio estirada en el suelo, se asustó... me pregunto ¿ que te ha pasado? No supe que contestarle. No podía levantarme, no sé como lo hicimos pero al final me pude levantar. Entre en el lavabo para asearme y Ramón entraba conmigo,! le pedí que esperara afuera¡ me senté en el bidet, no sabía que tenía que hacer; me levante y fui a dar un paso, menos mal que tenía enfrente la mampara y apoye la mano en ella para no caer. Como pude me incorporé volví a sentarme en el bidet, Ramón desde afuera me apremiaba a que saliera, le contesté que cuando estuviera lista lo llamaría. Ahora sabía que era lo que me había pasado en la habitación. Me entraron náuseas y tuve sensación de vértigo. Como podía asumir todo esto que me estaba pasando, si cada día que pasaba la enfermedad me iba comiendo terreno. ¿ Como encontrar consuelo ante esa enfermedad tan cruel? ¿ en la religión? Le dije a Ramón que me acompañara a ver al rector.! Llame a su puerta ¡ Se alegro de verme y me hizo pasar a su despacho, era pequeño y austero, había libros en las estanterías, suelo y encima de la mesa. Le expliqué lo que me pasaba y le dije con soberbia ... que necesitaba una explicación convincente de que por que Dios me había dado de lado. El rector viendo lo agresiva que estaba, me dijo...Cinta con toda sinceridad no se que contestarte. La religión no tiene todas las respuestas. Lo único que la religión y yo te podemos decir es que tengas Fe. Le contesté con una prepotencia que ni yo misma me reconocía, sentía tal impotencia ante todo lo que me estaba sucediendo, necesita respuestas urgentes, y no ambigüedades. “ donde estaba Dios ahora “ me miró a los ojos y agacho la cabeza. El rector se levantó y yo hice lo mismo, cogió mis manos y dijo...Cinta la Iglesia sólo te puede ofrecerte Fe y yo consuelo. Este camino de espinas que el destino te hace recorrer, quiero acompañarte. Gracias pero no pienso volver por aquí. Di media vuelta y me fui. Ramón, me estaba esperando y cuando me vio entrar tan nerviosa, me miró y no me dijo nada, se lo agradecí. Cene un poquito para no preocuparlo y me fui a la cama. Estuve pensando en el tono de la conversación con el rector, pensé...¿ que he conseguido, vertiendo mi ira contra el rector?. Suspiré. Me hacia daño el cuerpo y me di cuenta que estaba en posición fetal ¿ por un momento me imagine dentro del útero de mamá, acariciada por el liquido amniótico, oyendo el ritmo acompasado de su corazón, sintiendo a través del cordón umbilical todo el amor que una madre siente por su hijo. Sentí un gusto salado en la boca, estaba llorando nuevamente “ mamá estés donde estés, acompañame en esta travesía hay mucho oleaje y tengo muchísimo miedo.” Tuve frío y me toque los brazos, estaba completamente desnuda y en cuclillas mirando a través de las cortinas. No sabía como había llegado a esa habitación. No sabía que hacer, me senté en la cama. No encontraba ninguna explicación para este episodio. Mis brazos rodearon mi cuerpo, y me mecí como una madre mece a su hijo, sentí, que se había instalado en mis entrañas una profunda tristeza, en mi corazón gran desolación y en mi alma sólo quedaba desesperanza. En ese momento no me salieron ni las lágrimas. Grité Ramón, cuando me vio desnuda... no dijo nada, me puso la cotilla, las bragas y el vestido. Dejé que me vistiera, como si fuera una marioneta, no tenía animo para nada, ni tan siquiera para comentar. Bajamos al comedor y me sentó en la butaca. Quedé sentada tal cual muñeca de trapo. Ramón, me cogió la mano y me pregunto si quería alguna infusión, moví la cabeza en señal de negación y cerré los ojos. Me estaban acariciando y desperté de mi letargo. Era de noche, Ramón me sentó en la mesa, comí un poco, tome la infusión, le dije que me llevara a dormir. Cuando alce el pie para subir el peldaño no pude, la pierna no me subía lo suficiente como para alcanzarlo. Ramón cogió la pierna y la puso en el peldaño e hizo que me agarrara al pasamanos y él me empujo por detrás y a la vez subía la pierna. Por fin llegamos a la habitación, estaba dejada ir me desnudo, me puso el camisón. Cerré los ojos para que se fuera enseguida. En ese momento tome conciencia que la Demencia, galopaba por mi cerebro. Hacia tiempo que olvidaba de pagar el fuego y mi marido estaba constantemente encima mío; casi no podía cocinar porque se me olvidaban los ingredientes. Y empezaba a caminar con dificultad y cayendo al suelo, un día si y otro también. Era tal mi despiste con las cosas, que mi marido decidió poner a una mujer que nos cocinara e hiciera las tareas de la casa. La mitad del día, en la cabeza tenía una especie de neblina y andaba despistada, no sabía si era por la mañana, tarde o noche. Tenía la sensación de que pasaban los días, como di fueran horas. Había veces que me daba la sensación que todo el día sólo hacía que levantarme y acostarme de la cama. Y a si iba transcurriendo mi vida, unas veces con neblina y otras una claridad pasmosa. Asi iba a transcurrir el resto de vida, hasta que la neblina cubriera por entero mi mente.


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