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se publicó en la web el 01 de Abril del 2004

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  Categoría: ficcion > Snuff
  Titulo:

Sube dando tumbos por las escaleras con los tacones en la mano. Los pies le duelen y la cabeza le da vueltas. Héctor la sujeta del brazo evitando que caiga. Astrid le mira a los ojos tristemente. Nunca ha conocido el amor y tras aquella noche el hilillo de esperanza que quedaba en ella se ha roto. Recuerda la fiesta de su amiga en la casa de la playa. La gente, el ruido, y Cristian, el chico del que siempre ha estado enamorada. Sabe que él nunca la ha visto como una chica de la que enamorarse, sino como otra persona con la que salir de fiesta. Recuerda su camiseta roja y sus tejanos, su mirada penetrante y su sonrisa infantil. Ella baila, se mueve con la música junto a otras chicas. Cristian se le acerca por detrás y le susurra al oído. Bailan. Beben. Pero apenas hablan. Después salen al jardín. En un banco hay una pareja. Caminan hasta la orilla del mar. Hay luna llena y ve a Cristian perfectamente. Las olas bañan la orilla. Se oye la música de fondo. Alguien grita y se oyen unas sonoras carcajadas. Cristian la coge por la cintura. La mira a los ojos y se besan. Astrid siente un escalofrío. Sus suaves labios, su lengua húmeda… Nunca la han besado de aquella manera. Delicadez y pasión. No recuerda muy bien qué pasa después. Recuerda una habitación iluminada por la tenue luz de una lámpara sobre una mesilla. Una cama bien hecha, posters de motoristas y heroínas de videojuegos. Cristian se acerca. Un beso y mil caricias. Se estiran de la cama. No logra recordar qué pasa después pero no necesita ningún recuerdo para saberlo. Recuerda a Cristian levantarse sin mirarla. Se viste con tranquilidad. Ella le mira y le dice algo. Él se gira pero no le responde. Sale de la habitación. Astrid intenta recordar más. Ella entra en el salón. Allí, en el sofá, está Cristian con otra chica. Astrid siente rabia. Se siente utilizada, sucia y humillada. Camina con decisión hacia la pareja. Le grita algo a Cristian. Todos la miran. Ella grita y llora. Cristian le responde. Ella le da una bofetada y sale corriendo de la casa. Ya no recuerda nada más. Las piernas no le responden por un momento y cree caer hacia atrás, pero Héctor la coge antes de que caiga. -Tranquila, ya casi llegamos. Aguanta un poco más – le dice bajito y la sujeta con firmeza. Suben hasta el piso de Astrid y abren la puerta. Se dirigen al dormitorio y Héctor la acuesta en la cama. Héctor la mira. Ella cierra los ojos y finge dormir. ‘Parece un ángel.’ piensa Héctor. Siempre ha estado enamorado de ella pero nunca le ha mostrado sus sentimientos. Se conocieron en el colegio y desde entonces han sido mejores amigos, aunque él siempre ha sentido más que amistad. Aquella noche Astrid lo había pasado muy mal. Él también había sufrido viéndola con aquel- Bueno, que más da lo que sea. Había utilizado a Astrid, la había humillado. Héctor sólo la quiere consolar y decirle que él siempre estará allí para lo que necesite. Nunca estará sola. La cubre con una manta y sale silenciosamente del piso. Astrid oye la puerta de la entrada y se levanta. Le duele la cabeza pero eso ahora no importa. Estira la mano y enciende la lámpara sobre la mesilla. Siente que ya no puede más. Se siente derrotada y sola. Decide que esto debe acabar y quiere solucionarlo ya. Las borracheras de su padre y las brutales palizas. Las burlas en el colegio. La presión de los estudios. ¿Qué había hecho ella para merecer tanto sufrimiento? Lo de esta noche no era la razón de tan drástica decisión sino la gota que colmó el vaso. Ha estado pensándolo y decide cumplir su decisión. Se levanta y camina hacia el salón. Abre la cristalera que da al balcón y sale. El viento sopla con fuerza. Tiene frío. La calle está vacía. Se sienta en la barandilla y pasa las piernas por encima. Se retira el pelo de la cara y mira al enorme vacío bajo sus pies descalzos. La altura del décimo piso le hace vacilar pero el pensamiento de la humillación, el desconsuelo, el sufrimiento y toda la rabia acumulada puede con su vértigo y la impulsa a llevar a cabo su plan. Respira hondo y se suelta de la barandilla. Mientras cae piensa en Héctor. Él siempre ha estado a su lado y la ha tratado bien. Es su mejor amigo y sabe que nunca le perderá. Entonces, ¿por qué hace sólo unos minutos se sentía tan sola y desamparada? Quiere subir, volar hacia arriba, estar de nuevo en su piso. Llamar a Héctor. Darle las gracias por estar siempre a su lado. Y decirle que le quiere. Astrid mira hacia arriba. Apoyado en la barandilla está Héctor, que a través de sus ojos húmedos la ve caer… … nunca pierdas la esperanza


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