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se publicó en la web el 29 de Agosto del 2006

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  Categoría: criticas > Generales
  Titulo:

Hacía ya 3 años que Marco se había inscrito en el seminario católico de Roma, y desde entonces se había visto resignado a atender: siempre escuchando, nunca escuchado. Había de tomar apuntes de todas esas doctrinas o no estaría de acuerdo con ellas, y era tarde para echarse atrás. Que fuera caritativo y humilde le decían; pero en su cuarto, antes de dormir, reflexionaba en cómo practicaban ese mandato los que ya ejercían... y no supo conseguir un ejemplo. Otro día le enseñaron a perdonar siempre sin condición, y le vinieron a la mente ciertos relatos bíblicos en los que ni el propio Dios consentía en olvidar: Adán y Eva, El Diluvio Universal, las pestes y pandemias... Pero quizá lo que más cavó en su espíritu fue el origen del mal. Si bien estaba de acuerdo en que no hay daño bueno, discrepaba absolutamente en lo que ellos llamaban pureza: virginidad del cuerpo y el pecado. Estos primeros cursos solo le habían servido de escuela para latín y asignaturas menores, pero según parecía, esta vez iba en serio. Y cada clase era un paso más que avanzar entre el fango y la mentira ( pues ello le parecía ). Cuestionaba a los maestros con la excusa de que Dios le había provisto de preguntas: nadie nace aprendido y es esto para que aprenda según su verdad - Decía. Cierta ocasión tuvieron algo así como una lección de sinónimos y antónimos. Seis horas duró ese día la clase pero con un único propósito: subrayar los conceptos, unirlos con flechas, aplicarlos y condenarlos: Pecado-Penitencia, cualquiera sea - Infierno- si acaso ya vendría el perdón. Sexo-Mancha-Lujuria-Posesión de Satán. Amor-Hombre y mujer (como Dios los hizo para “encajar“)- Practicarlo sin vicio - solo para Procrear. Rezos-Si se acompañan de limosna mejor-Lo más es Alabar, y siempre rezar tal como se dicta, palabra por palabra, o Dios no te podrá oír. La mente de Marco era un cenagal hediondo y podrido sobre el que flotaban las ruinas de un templo. Todo cuanto había creído: la justicia, la igualdad... se había desmoronado y hecho añicos. Un niño en su primera comunión tendría más noción de la religión en ese momento. Marco era homosexual y se sintió como si su Dios lo hubiera desterrado, allí lo desconocían, pero de saberlo lo habrían sacado a patadas como a un animal (quienes claro, creían, no tenían alma ni más fin que alimentar). Bastaría una orden del cardenal y aún en exceso del propio Ratzinger. Pero no se cayó lo que pensaba y habló: La gente cree en un Dios - Les dijo - que ama a todas sus criaturas y les escucha con solo llorar, que les coge de la mano y les guía en su caminar, que abofetea al malvado y besa al honrado, que da luz donde amedentra la oscuridad y calor al que tiembla, que regala alas de algodón y despecha una risa más allá del dolor. Que da y poco pide, como en verdad hace un padre. Quiero creer que es así, no necesito un libro por prueba ni más milagro que cuanto me rodea: ese jardín, los primeros brotes de la primavera, cada latir infatigable, el sol inconsumible, las eternas estrellas... Es así y puedo sentirlo, mi dios es agua, fuego, aire y tierra. Vive en cada respiro y en las buenas obras, todas las del mundo y las almas que lo conforman. A la mañana es rocío y a la noche sueño, en el desierto oasis y en la muerte cielo. Esa es su verdad: que su reino es el nuestro, que no somos huérfanos, que me allana el destino y corrige si lo ruego. La poesía, una flauta dulce, el murmullo del mar son sus voces. Es hombre y mujer y se enamora sin prejuicios, pues la belleza es su cuerpo y el amor su credo. Sus fines son inescrutables pero sus sendas blancas, y aunque a menudo hay sombras, cual niebla marchan. Nos canta desde un altar de piedra y su corona es de madera; su carne pluma y los cabellos hierba... Éste es mi Padre Bueno, mi Madre “Naturaleza“. Y parece increíble que por primera vez en la historia, gobernantes y gentes de todo el mundo entiendan mejor esto que la propia Iglesia. Debería usted preguntarse si la gente no a creado ya su propio Dios y acude aquí sólo porque no tiene otro templo donde rezarle. Debería escucharles y aprender de ellos, pues no es un mesías lo que necesita la humanidad, sólo una persona que se atreva a proclamar bien alto la verdad y reunir las ovejas descarriadas en una gran familia que nadie se atreva a denominar “secta”; ¿pues acaso no se denominó así a la primera congregación de apóstoles y a ellos dais gracias por los testamentos? Quizá la historia tergiversara la poesía que fueron sus palabras y el veneno de algunos diablos las hicieran enfermar, quizá el auténtico significado se perdiera como un rumor o leyenda mal contada, e incluso que otra religión de ésta se disfrazara. Aunque puede ser, incluso, que en todo esto me equivoque, que la gloria tenga precio y la paz un solo nombre. Puede ser que usted, monseñor, tenga razón; y aún siendo así, quiero creer y creo en otro Dios. - Marco fue expulsado inmediatamente del seminario y acabó trabajando de guía en un museo los fines de semana. No obstante la lástima no le acongoja ni se arrepiente tampoco. Sigue pidiendo perdón en confesionarios aunque primero se disculpe con quien debe. Sigue rezando cada noche pero ha olvidado el Padre Nuestro. Y sigue también frecuentando la Iglesia pues aún quedan curas cuya palabra es cierta. Reconoció el amor donde antes se le prohibía y ahora, juntos, planean adoptar en Mayo. Muchos piensan que Dios le penará por ser diferente, él sabe que le tendió una mano y la estrechó para siempre.


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