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  ficcion > FuturistasMundos Paralelos - La Creacion

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se publicó en la web el 20 de Octubre del 2005

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  Categoría: ficcion > Futuristas
  Titulo:

Mundos Paralelos – La Creación La tapa metálica del Diseminador de Moléculas comenzó a resquebrajarse; un pequeño hilo de humo, un chispazo, y, de repente, la vacía oscuridad se apoderó todo en el exterior de la cabina. - Solicito un informe sobre el estado de situación. – requerí urgentemente. - Los controles no funcionan, el Diseminador de Moléculas está averiado y el Sincronizador Temporal se quedó sin energía, - me contestó Dana, revisando la pantalla de mando. - ¿Cuál es nuestra ubicación en el tiempo? - pregunté. De inmediato comenzó a examinar un mapa intentando trazar las coordenadas de nuestra posible ubicación. No pronunciaba ni una palabra, pero el gesto adusto en su rostro servía de suficiente respuesta, aún así, elevando el tono, repetí la pregunta, y su mirada de preocupación se conjugo con unos imperceptibles susurros de angustia: - No... no puede ser – dijo. - ¿Qué es lo que no puede ser? – pregunté ya impaciente y acercándome a ella para corroborar sus datos. - No estamos en ningún lugar – contestó, y, luego, se sentó agobiada en la silla de mandos. - ¿En ningún lugar?, eso es imposible – afirmé. - El diseminador de moléculas no logró terminar la conversión, estamos perdidos entre La Tierra, y Danktor – replicó inmediatamente. Apenas Dana terminó de decir esto, una luz brillante comenzó a cubrir todo el exterior de la cabina, poco a poco, las formas fueron dibujándose en el vacío, los sonidos retumbando por los rincones, y los cientos de aromas empalagando el aire. Al ver que ambos mundos aparecían definitivamente, le ordené que repitiera los cálculos, pero el resultado obtenido fue exactamente igual al anterior; estábamos varados en la inexistencia misma, pues podíamos convivir con los dos mundos a pesar de no estar en ninguno de ellos. Parecía como si La Tierra y Danktor estuvieran sincronizados temporalmente, rompiendo, de esta manera, todas las reglas conocidas de la matemática temporal. Cabe aclarar que el viaje que realizamos aquella tarde no había sido entre distintos planetas ni hacia el futuro o hacia el pasado, sino que el viaje se había efectuado entre dos mundos que coexistían en el espacio, pero cuyas diferencias en la duración del tiempo hacía que fueran imperceptibles entre si, - diez dinastías de Danktor habían sucedido en un sólo segundo de La Tierra -. Desde mis inicios en Ingeniería Temporal me había dedicado por completo al estudio de estos mundos paralelos, que eran infinitos, y, entre aquellos que había podido catalogar, Danktor, tenía la particularidad de manejar estratos sociales completamente distintos a los conocidos en La Tierra, y, por ello, la curiosidad científico-social nos había llevado a su destino como primer experiencia en viajes de alteración de tiempo. Pasamos varias horas estudiando, tomando notas, filmando aquello que sucedía; las ansias de conocimiento científico superaba la notoria peligrosidad de estar varados en medio de la nada , quizás, teníamos la esperanza de ver que, de repente, aquello se normalizaba y, por efecto de la naturaleza, éramos devueltos a nuestra realidad de origen. La espera fue larga, y, esto, no sucedió. Le pedí a Dana que me acompañara, pues deseaba continuar la investigación en el exterior de la cabina. Fueron varias las sensaciones extrañas que descubrimos desde el mismo descenso, desconocidas por obvias o nuevas, pero realmente extrañas: pisar el suelo, respirar el aire o rozar el éter con el movimiento de las manos; experiencias tan invaluables que nos hacían sentir extasiados, y únicos. Caminamos unos metros alejándonos de la cabina, pero ,deslumbrados de emociones, no nos percatamos de que, a cada paso, las imágenes comenzaban a distorsionarse, desapareciendo poco a poco, mientras que una alfombra de granito revestía el suelo y la nada se volvía más y más real. Al advertirlo intentamos volver, pero era tarde, y el efecto el mismo: todo lo existente desaparecía, y la vacuidad se apoderaba de esos mundos dando paso a nuevas formas. Dana, tomó mi mano y me invitó a continuar el viaje hacia el horizonte que se dibujaba en un infinito no muy lejano, fueron kilómetros a pie y las distancias se hacían cada vez mas grandes, y, a cada instante, aparecían otras nuevas formas: montañas, arroyos, bosques. Hasta que todo se estabilizó, y, de pronto, el silencio se rompió con el choque del viento en las florecientes ramas de los árboles. Luego el cielo se oscureció sin estrellas y dos lunas nos iluminaron el camino que recorríamos. Momentos después, Dana detuvo su marcha, se sentó en una piedra, y, con lágrimas en los ojos, me invitó a contemplar la pronta alba que teñía de rojo el horizonte nuevo, y, abrazados, recibimos los primeros haces de luz de aquel día.


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