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  eroticos > HeteroMi primer trio, mi primer incesto, mi primera enculada

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se publicó en la web el 14 de Octubre del 2005

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  Categoría: eroticos > Hetero
  Titulo:

Sentado en el sofá, viendo las noticias del mediodía en televisión, mi sobrino nos observaba a su madre y a mi charlando sobre la falda que me acababa de hacer, sin prestarnos gran atención. -Saqué el patrón de ésta revista –dije, señalando una de moda – y me encantó. Mira, no es tan difícil hacerla. Si quieres te hago una -No sé, no te creas que a mi me gusta tanto –dijo mi hermana -No sé, la tela, las tablitas esas...no me veo Me volví hacia mi sobrino -¿Y a ti te gusta? -Bah,-dijo él – eso es ropa de vieja. No entiendo de eso Claro, a mis 45 años tampoco es plan de oir que soy una vieja, aunque te lo diga un niño de 18 años. -Qué sabrás tú. Todo lo que no sea ir enseñándolo todo es ropa de vieja -Mira tía, no me hagas hablar. Eso es ropa de vieja. Yo la haría un poco más larga, con una blusa a juego, color malva, una cuerda en la cintura, y ya tendrías el hábito completo. Incluso mejor, si lo haces en negro Le tiré un cenicero a la cabeza. Y le dí. Lástima que fuera de plástico. ‘Habráse visto, el mocoso este’. -Cuando quieras comprarte ropa ‘way’ de verdad, por poca pasta, y dejar los hábitos a un lado, te llevo yo a un par de sitios. Pero si hasta mi madre, que tiene 10 años más que tú te está llamando antigua Eso fue un golpe bajo. Bueno, un golpe. Es verdad. Mi hermana, con 55 años, no se había mostrado entusiasmada, desde luego. ¿Y si el chiquillo tenía razón, y estaba muy anticuada? Desde luego, la culpa era de mi marido. 5 años mayor que yo, que tampoco es mucho, pero pasaba completamente de mi. Ese si que era un carrozón. 50 tacos, aparentaba casi 60 y tenía mentalidad de 80. O más. Me estaba llevando a su terreno. Fui a quitarme mi falda recién estrenada, hecha con mis manos, y me puse la que tenía anteriormente. -¿Te has cambiado, o es la misma en otro color? –dijo, con tono sarcástico -Mira, menos guasa –la verdad es que el niño me estaba tocando ya las narices -No te enfades, tía. Lo que pasa es que te hace falta retocar tu fondo de armario. Un poquito de alegría, algo de color, yo que sé. Mi sobrino había sembrado ya la semilla de la duda. Y empezaba a brotar. Vaya que si brotaba, y rápido. Me daban ganas de arrancarme la falda, hacer con ella una horca y colocar el cuello de mi sobrino en ella. Me fui a casa. Vivíamos muy cerca de mi hermana y su familia, y la verdad, nos visitábamos muy a menudo. Fui a cambiarme de ropa. Miré en mi armario: 8 faldas, el mismo largo, todas oscuras. Camisas y blusas. Todas claras. Vestidos de fiestas: 2. Los dos, en tonos pasteles. ‘¿Será posible que el mocoso de mi sobrino sea capaz de captar mi falta de vestuario y ni yo misma lo sea? ¿y mi familia, qué? ¿nadie se fija en mi? Me miran, pero no me ven’ ¿Cuánto tiempo hacía que no me compraba ropa? ¿era capaz de recordar la última vez que fui de tiendas? ¡Si podía haberme encontrado con Eva Perón la última vez que lo hice! Me entró complejo de vieja inmediatamente. ¿Cuándo era la última vez que había ido de fiesta, que no fuera una boda, fin de año o las fiestas de mi pueblo? ¿Cuándo era la última vez que había hecho el amor con mi marido? Ostia. Ni me acordaba de eso. 3 meses. No, más. 4 quizás. Pero si es que no me ponía nada. Si no se quitaba ni los calcetines. Si solo conoce dos formas de hacerlo. Él encima de mi o yo debajo de él... Esto había que solucionarlo. Lo de la ropa, quería decir. Lo otro, bueno también, pero no era tan urgente. Mi sobrino decía que conocía alguna tienda de ropa ‘way’.. A lo mejor era buena idea llevarse al niño. Por lo menos pasarían una tarde divertida. La alternativa era pasarme la tarde en casa viendo capítulos atrasados de la telenovela de moda, que tenía grabados en vídeo. Además, hacía mucho tiempo que no le hacía un agujero a la Visa. Así que descolgué el teléfono y marqué el número de mi hermana. -¿Está Victor? -Hola, Patri. Sí, por aquí anda, tirado en el sofá -Que se ponga Pasaron unos segundos -¿Sí? -Hola Victor, soy tu tia Patri. ¿No decías que estabas dispuesto a aconsejarme para renovar? -¿Qué? ¿Te has decidido a que la falda esa valga por lo menos para trapos de limpieza? Lo mismo puedes hacer un mantel con ella...o unas cortinas -No te pases, sobrinito, no te pases. ¿Hace una de tiendas? -Yo iría, pero es que he quedado dentro de 2 horas -Anda ya. Te estás rajando. Si decía yo...mucho hablar, mucho hablar, pero se te va la fuerza por la boca -Mira, si yo te daría unas lecciones de moda con mucho gusto. Pero de verdad, he quedado... -Bah, en dos horas da tiempo de sobra -¿Una mujer, comprando ropa, dos horas? Ni con muletas. Ni sin dinero El niño me iba a fastidiar el plan, después de que me había decidido. -Mira, vente, dos horas nada más. Después te largas. Y además, por las molestias, te compro algo a ti –un silencio al otro lado de la línea -Dos horas, ni un minuto más, eh. Pero ¿cómo vamos? Donde yo digo es en un centro comercial que hay en las afueras, y hay que ir en coche por cojones...Tu no tienes carnet y yo no tengo coche -Espera un momento Miré por la ventana. La monovolumen estaba aparcada justo en la puerta. Y las llaves...miré en un cajón, en otro, y ¡bingo! Unas llaves de repuesto -Bueno, tenemos el coche de tu tío. ¿Tu no dices siempre que te gusta la Voyager? Pues hoy la puedes conducir, claro, si te atreves Diez minutos más tarde, estaba tocando el timbre de la puerta.. Llegamos al centro comercial, y me dirigió directamente a Zara. Anduvimos revolviendo trapos. Desde luego no era mi estilo para nada. Pero de eso se trataba, de cambiar de estilo. Tomé 4 o 5 prendas, y me fui a los vestuarios. Nada quedaba a mi gusto. Me veía fatal. A mis 45 años todavía estaba delgada. Había ensanchado algo de caderas, pero mantenía, mas o menos la figura. Salí del probador con cada prenda, y el hacía un gesto. Regular, bien, mal, esos eran los calificativos. Pero no nos convencía la ropa que había elegido para probarme. Entonces empezó él a traerme cosas. Mas vistosas, mas coloridas, mas atrevidas. Me trajo un pantalón pirata . -Tía, te queda divino. -Pero esto es para quiceañeras, no para mi -Mira, esto te quita lo menos 10 años de encima. Además, tienes cinturilla, como para lucirlo. Ahora necesitamos una camiseta que te deje el ombligo al aire -A ver si me vas a vestir de puta, a mis años -Pero si te queda genial. Cuantas quisieran tener ese tipito, y no digo a tu edad, digo en general. No sabía yo que mi tia estaba tan buena... Yo no me veía, pero la verdad, me quedaba bien. Además, este capullo de sobrino me había conseguido sonrojar. Seguramente lo decía por cumplir, pero me estaba halagando. Me trajo otros pantalones vaqueros. -Alcánzamelos –le dije yo desde el probador Corrió la cortina un poco para darme los pantalones. Yo me había quitado los anteriores, y estaba en bragas. Se quedó mirando -Como le dijeron a Brigitte Jones, ¡Vaya pedazo de bragas! -Cierra la cortina –recriminé yo, bajando la voz -Pero si te puedes hacer unas cortinas con ella – se quedó dentro del probador con las cortinas cerradas – No sé como te vas a probar estos. Eran de cintura baja. Me los puse, y claro, se veían mucho las bragas por arriba. Me bajé la parte de arriba de las bragas, lo suficiente para que no se vieran por el pantalón. La verdad, había que bajarlas mucho. Pero el pantalón me quedaba genial. Me ajustaba perfectamente, y me hacía un culo precioso. Me traía también una camisetita, que dejaba el ombligo al aire. Victor seguía en el probador. Si le echaba iba a parecer una mojigata, así que me quité la blusa, y que quedé en sujetador. Él lo miró y no dijo nada -¿Qué? -Nada, nada, no digo nada -¿Qué? Dilo, a ver -Pues que hay armaduras medievales menos compactas que ese sujetador acorazado que llevas -Pero es que yo tengo mucho pecho, y necesito algo que mas sujete bien –dije yo, agarrándome las tetas -Las tienes grandes, pero yo tengo amigas que las tienes así y no llevan ese tipo de sujetador. Vamos a tener que ir a renovar también tu vestuario interior, eh La verdad, hacía mucho que esas cosas no me preocupaba. Solo buscaba funcionalidad. Bueno, ya casi ni eso. Me compraba la ropa interior en los mercadillos. 5 Euros un sujetador. 3 pares de bragas, 10 euros. Mi sobrino, de nuevo tenía razón. Bueno, no me era cómodo ir a comprar ropa interior con un chico, pero tampoco tenía muchas opciones. Podría ir con hermana, tan anticuada como yo. Podía ir con mi marido, que habría salido corriendo hacia el bar más próximo con cualquier excusa. O con mi sobrino. Estaba hecho. Si quería seguir probándome la ropa que sugería él, era necesario un cambio de ropa interior. Me decidí por el pantalón de cintura baja y la camiseta del ombliguito al aire, y salimos de allí en dirección a una tienda de lencería, Woman Secret. Empezamos a ver conjuntitos: tangas, culottes, sujetadores con tirantas transparentes. Entré al probador con un conjuntito discreto, seleccionado por él: culotte y sujetador a juego. Le dije a la dependienta que me diera su opinión, pero no me convenció. Solo quería vender. Todo me quedaba estupendo. Así que, con algo de apuro, le dije a mi sobrino que pasara al interior del probador y me diera su opinión. Antes le expliqué a la dependienta: ‘es mi sobrino y es gay’ para evitar malentedidos. Victor me dijo que lo de ‘gay’ me lo podía haber ahorrado. Me dijo que me quedaba estupendo. Empezó a colocarme las tirantas del sujetador, a colocarme bien la braguita. Bueno, tocaba más de la cuenta. Pero era mi sobrino. Y además, el roce de sus manos jóvenes, suaves, me estaba gustando. -A ver, traéme alguna otra cosa- le dije, para no salir en pelotas por la tienda Seleccionó una braguita tanga y un sujetador sin tirantas. ‘Con algunas camisetas te quedaría bien sin ellas’ me dijo. Entraba y salía del probador con descaro. Yo ya ni me molestaba en cerrar la cortina. Total, estábamos los tres solos en la tienda: la dependienta, mi sobrino y yo. No obstante, mi sobrino, muy discreto, esperaba a que me hubiera puesto la ropa, y no entraba hasta que yo lo decía. Pero ya no me daba corte estar en ropa interior delante de él. Una de los sujetadores era muy transparente. Se veían perfectamente mis pezones, a pesar de que, por ser yo de piel muy blanca, son muy claros. Se lo hice ver a mi sobrino. -Este no, que se ve todo -¡Y que? Más probo. A tu marido le gustará -Mi marido ya no se fija -Pues que tonto, con lo que tiene para ver. Además, este te hace un canalillo muy interesante – y pasó su mano por el canal entre mis tetas – Joer, te has ‘empitonao’, me dijo, refiriéndose a mis pezones, que rápidamente respondieron, poniéndose enhiestos -Si no tocaras lo que no debes... La dependienta vino con otro sujetador, más transparente todavía -Mira, este realza mucho el pecho. Tiene un refuerzo en la parte de abajo que sube el pecho un poco, y hace que por arriba tenga una forma mas redondeada por arriba. Es tipo WonderBra, pero es más natural. – miré el sujetador, pero no me convencía. –Es parecido al que llevo yo, y es muy cómodo. ¿El chico es gay, verdad? -Esto...sí, sí. Se alzó la camiseta de tirantas que llevaba, justo cuando pasaba mi sobrino para traerme algo más. -Le decía a tu tía que este queda muy bien, que realza mucho el pecho – mi sobrino se quedó mirando, tratando de parecer natural -Si, pruébatelo Dejó el modelito y se marchó. Cuando se retiró al mostrador, dije a mi sobrino: -¿Ves? Por decir que eres gay, le has visto las tetas a la chica -Le he visto el sujetador, y además me gustan más las tuyas -Anda, anda, ¿cómo vas a preferir las tetas de una vieja como yo antes de un bomboncito como ese? -Si, si, vieja... – me dijo él, mirando con descaro mis pechos envueltos en el sujetador anterior. El comentario me halagó. Estaba resultando entretenida la tarde, más de lo que yo había pensado. Sin pensármelo demasiado, porque si lo pienso no lo hago, me quité el sujetador, con la intención de probarme el modelo que me había traído la dependienta, pero con la intención no declarada de que mi sobrino me viera el pecho desnudo. Se quedó mirando fijamente. Tardé un poco en colocarme el sujetador, para que pudiera mirar todo lo que quisiera -¿Qué? -Pensé que lo tendrías más caído -Bueno, las tengo grandes y por el peso se van un poco hacia abajo. Pero de caidas, nada de nada -Ya veo, ya veo. Y sigues empitonada, y yo no estoy tocando nada, eh Era verdad, estaba excitada. No quería reconocerme a mi misma que me estaba poniendo a tono la situación, pero debía estar mojando las ‘pedazo de bragas’, que decía mi sobrino. Miré entonces, institivamente su paquete. La tenía tiesa, el muy descarado. Mucho bromear, mucho aparentar que era inmune a la excitación y que la escena le parecía tan normal, pero allí estaba, con su pene delator haciendo tienda de campaña en su pantalón vaquero. Mis instintos de hembra que lleva mucho tiempo sin follar se apoderaron de mi mano. Le agarré el pene, bromeando. La tenía durísima -Yo tendré los pezones de punta, pero a ti se te ha puesto tiesa -Y que quieres, como una hembra como tú delante – Ya no sabía si controlarme, o descontrolarme del todo. Me apetecía hacer una locura, pero no era plan. El lado bueno de mi mente luchaba a brazo partido con mi lado perverso. Solté el pene, mirándole fijamente y sonriendo -Como vuelvas a hacer eso, te toco las tetas –me dijo Mi mano, como si tu viera un resorte volvió a coger su pene, apretándoselo, retándole. No sería capaz...Pero lo fue. Casi de forma inmediata, puso su mano en una de mis tetas, y empezó a masajearla. A diferencia de mi, que tenia su pene cogido de forma brusca, él agarró uno de mis pechos desnudos con delicadeza, sobándolo, masajeándolo, entreteniéndose acariciando el pezón. Yo rebajé la presión que ejercía en su verga, y la acaricié. -Si tu sueltas, yo suelto-me dijo Yo no tenía ninguna intención de soltar. Empezamos a oir los pasos de la dependienta -Si tu sueltas yo suelto- insistió Los pasos se acercaban, y ambos éramos cabezotas. Ninguno quería acabar aquello. Los pasos sonaban justo al lado del probador -Que tal le queda? – dijo la dependienta retirando la cortina, casi a la vez que ambos nos separábamos. -Un momento, que todavía no me lo he probado -dije, ante la mirada extrañada de la dependienta. Tenía mucho calor. La sangre se había agolpado en mi cara, en mi cerebro...y en mi sexo. Notaba los latidos de mi corazón. Como pude, me coloqué el sujetador. No me quedaba mal. Era casi transparente, pero ciertamente, realzaba mucho mi pecho. Mirando a mi sobrino, dije: -¿Que tal me queda?¿Te gusta más que el otro? -Me gusta más cuando te lo quitas –dijo, y retiró la tela del sujetador dejando uno de mis pechos al aire. Se agachó ligeramente, metiéndose mi pezón en la boca y acariciándolo con su lengua -No sigas, que yo el pecho lo tengo muy sensible- dije, con los ojos cerrados, disfrutando de la boca de mi sobrino en mi pecho –No hagas eso –repetí, viendo que hacía caso omiso a mis súplicas. Aparté como pude mi teta de su boca, y empecé a quitarme el sujetador, dispuesta a dar por terminada aquella sesión de sexo prohibido. Era una escena sin sentido: estábamos en un probador de una tienda, era mi sobrino, el hijo de mi hermana, y yo estaba casada, insatisfecha a muchos niveles, pero casada. No podía ser, había que poner fin a esa locura. Al bajar mi mano, todavía con el sujetador que me estaba probando y en busca, toqué algo caliente y húmedo. Sentí una fuerte sensación en la boca del estómago y una excitación totalmente desconocida, o al menos olvidada: mi sobrino se había sacado la polla. Tomando mi mano, hizo que la rodeara con mis dedos -No me parece justo que yo te toque tu pecho desnudo, y tú tengas que tocarme a mi por encima del pantalón. Así estaremos más empatados -No hagas eso –dije, sin ninguna convicción. Empecé a masajearle el pene, a masturbarle. Mi mano subía y bajaba, mientras mis ojos no se separaban de aquel pene joven, robusto, grueso. Descubría su glande, le masturbaba despacio. Oíamos a la dependienta pasar una y otra vez por detrás de la cortina. De repente, me hizo ponerme de cara a la pared, con brusquedad, dándole la espalda. Yo no quería pensar, estaba dispuesta dejarme llevar. Subió mi falda. Arrimó su pene a mi culo, y desde atrás, comenzó a besarme el cuello, comerme la oreja, masajearme el pecho. Mi excitación era total. Besándome la espalda, bajó su cara hasta mi trasero. Lentamente, se deshizo de mis bragas. Acariciaba mi culo con una delicadeza y una dedicación totalmente desconocidas para mí. Subió besándome de nuevo la espalda hasta mi cuello, y colocó su polla en mi culo, haciendo que resbalara por toda mi vagina. Cada vez que tocaba el clítoris con su glande, me hacía vibrar. Todo esto era una locura, me decía, pero una locura maravillosa. De repente, sonó el móvil. Busqué en mi bolso. Era mi marido. Me avisaba de que este Miércoles, igual que otros muchos, se quedaría tomando algo con los compañeros de la oficina. De vez en cuando lo hacía, y volvía tarde. -Te noto agitada -Es que en la tienda en la que estoy no debe funcionar el aire acondicionado, y hace un calor de miedo -Bueno, un beso, llegaré tarde La llamada me devolvió a la realidad. Sin decir nada, me puse la blusa, metí mi sujetador y mis bragas en una bolsa, llevé hasta el mostrador las prendas que me había probado, pagué con una sonrisa circunstancial y saqué a mi sobrino de allí. -Súbete la cremallera, por lo menos –le dije, para rebajar un poco la tensión -Buah –me dijo con fastidio, mirando al reloj – Había quedado con mi amigo Luis en casa y se me ha olvidado avisarle -No te preocupes, déjame allí, y vuelvo a casa andando –dije, aliviada porque la situación que se me escapaba de las manos estaba a punto de resolverse. Galileo y Celeste34 se conocen Llevaban cuatro días coincidiendo en el chat. Habían sintonizado muy bien. Desde el primer momento, cuando Celeste34 le abrió un privado, la conversación había sido muy fluida y entretenida. Galileo prefería esperar a que le abrieran un privado, más que lanzarse él a hacerlo. Eso demostraba cierta predisposición por parte de ella. Así era más fácil. Celeste34 era separada, o al menos eso decía. 34 años, seguramente alguno más, trabajaba como vendedora en una inmobiliaria. En los 4 días que llevaban chateando habían profundizado mucho la relación. En el chat todo va muy rápido. Cuatro días es como toda una vida. Ya sabían sus gustos mutuos, sus aspiraciones, sus ilusiones. Se habían confensado sus fantasías, incluso las sexuales, por supuesto. La última conversación había sido muy caliente. Ella le contó como había sido su primera vez, qué postura prefería, el tamaño de sus pechos, el color de su ropa interior. Le contó también que una vez había tenido una pequeña aventura lésbica, en el instituto, y que una de sus fantasias era repetirla. Galileo le contó las suyas: hacerlo con dos chicas a la vez, hacerlo con alguien de otra raza, practicar por primera vez el coito anal. -¿No lo has probado nunca? –escribió ella – Bueno, a mi no es que me vuelva loca, pero si a la vez que me la meten me tocan el clítoris, me masturban con la mano, me gusta, llego a correrme. Al principio molesta un poco. Pero para eso está la vaselina y la destreza del que me la mete... Galileo le propuso hablar por teléfono, por primera vez. Tenía un teléfono especial para estas cosas, uno que su mujer no conocía. Se habían vuelto a comentar sus fantasías, sus mejores experiencias. Ella le contaba que una vez lo hizo en la playa, con su exmarido, de forma disimulada, pero que la excitó muchísimo. Desde entonces, la excitaba mucho hacerlo en lugares públicos, donde el riesgo de ser descubiertos añadía un morbo adicional. Galileo le contó como una vez estuvo a punto de quedar con una pareja para montar un trío. Al final, no se atrevieron, y tuvo que conformarse con masturbarse pensando en ello. También le contó como una vez se lo había hecho con una compañera de trabajo en los servicios. Ambos terminaron corriéndose al teléfono. Después de aquello, esperó hasta el miércoles. Ese día solía salir a veces con los compañeros de la oficina, a tomar algo, aunque hacía ya más de un año que no lo hacían. Pero para él, era una excusa perfecta, y nada sospechosa ante su mujer. Las tres veces anteriores que había conseguido quedar con alguien lo había hecho ese día, y todo había resultado totalmente creíble ante Patricia, su mujer. Llamó por teléfono a Celeste34 y le propuso quedar. Después de algunas dudas, Celeste34 aceptó. Quedarían para cenar y para charlar, nada más, eso pareció quedar muy claro Quedaron en el restaurante de un conocido hotel. El cogió varios preservativos y los metió en la cartera. Ella prescindió de las bragas, aunque por las dudas se colocó un sujetador sencillo pero provocativo. Eligió un vestido ajustado, que marcara bien todas sus formas. Se había cuidado, y llegaba a sus 34 supuestos años en todo su esplendor. Antes de entrar en el restaurante, él tuvo la precaución de llamar a su mujer. Le dijo que regresaría tarde, que tenía Miércoles de empresa, es decir, se quedaría hasta tarde tomando algo con los amigos. Ni siquiera pasaría por casa. Ya comerían algo por ahí. En el restaurante del hotel, la cena ya fue muy caliente. Sobre todo cuando Celeste34 le dijo a Galileo que no llevaba nada debajo de la falda. Él deslizó su mano bajo su vestido, para comprobarlo. La comprobación duró lo suyo. Mientras aparentaba degustar un bocado de su ensalada de endibias con roquefort, degustaba en realidad el dedo que entraba y salía de su ya muy lubricada vagina. Veía como se marcaban sus pezones en el vestido. No llegaron a los postres. Pidieron la cuenta y se fueron a la recepción, casi sin hablar, de forma automática. Ambos estaban muy excitados. Subieron a la habitación, pero en el ascensor se fundieron en un largo y sensual beso. Galileo metía la mano por debajo de su vestido, buscando su sexo húmedo. Con la otra mano tocaba su pecho, notando su pezón firme, tieso y duro que no dejaba duda sobre el estado de excitación de su dueña. Ya dentro de la habitación, él subió su falda. Su coño semirasurado apareció como una imagen divina. Solo un hilito central de pelo. Empezó a comérselo allí, de pie, junto al televisor, mientras ella cerraba los ojos. Un gemido. Si continuaba comiéndoselo, se iba a correr allí mismo. No quería hacerlo en la cama: eso ya lo hacía con su mujer. Quería otras cosas. Celeste34 era una maestra indiscutible. A saber donde habría aprendido a hacer esas cosas. Se arrodilló, y dijo: ‘Ahora me toca a mi’. Y empezó a mamar. Ni siquiera se entretuvo en andar besándole el glande. Retiró el prepucio y mamó con auténtica dedicación. Sacaba y metía la polla de la boca, acompañando sus movimientos con la mano. Le comía los huevos, sin dejar el ritmo suave y constante de su mano. Con la otra mano le apretaba el culo. Empezó a masajear su esfínter con el dedo. Él protestó, pero ella dijo: -Déjame hacer. Además, ¿no eras tu el que me la quería meter por el culo? Pues tú también tienes, así que déjame hacer Si eso significaba que por fin iba a probar el sexo anal, podía hacer lo que quisiera. Pero ella era una experta, una verdadera experta. Después de lubricar ligeramente con saliva, metía su dedo mientras imprimía un ritmo muy adecuado con la boca. Seguía de rodillas. Él apretaba el culo mientras se sentía penetrado. -Si te quieres correr en mi boca, hazlo, pero te advierto que luego me la vas a tener que meter, a mi no me dejas así Sus dos manos y su boca eran demasiado. La corrida fue tremenda, inundando de semen la boca viciosa de Celeste34. Se tragó una parte y escupió el resto en la papelera. -Ven a la cama y reponte un poco. Mastúrbame mientras, que yo ya estoy que exploto. Me lo puedes comer de nuevo o me puedes hacer una paja con la mano, lo que prefieras. Después me la vas a meter hasta los huevos, sin piedad, y cuando esté a punto, si te apetece, me la metes por el culo. He traído la vaselina, por si acaso. Seguro que consigo que te corras de nuevo en mi culo. Y si no, en mis tetas, en mi coño, o en mi boca de nuevo. El amigo de mi sobrino De regreso a casa, no hablábamos. Iba conduciendo él. Mi excitación se estaba transformando en arrepentimiento. Él iba tranquilo, cambiando la emisora de radio. Intentaba charlar, y bromear. Yo le miraba y sonreía, pero ni siquiera le escuchaba. -Tía, no pasa nada –me dijo- No hemos hecho nada, así que no te enfades conmigo -No estoy enfadada contigo, de verdad. Ni mucho menos –atiné a decirle – Pero me he sentido tan...rara. Metiéndome mano allí, en el probador, yo que te he visto nacer. No sé que me ha pasado de verdad -Pues no te ha pasado nada. Eres una mujer, y además estás muy buena. Y estás muy desatendida, digas tu lo que digas. Es un desperdicio. Llegamos a la casa y en la puerta estaba su amigo Luis esperándole. -¿Dónde te metes? Llevo aquí casi una hora, llamando al timbre, y no hay nadie. No sabía si irme o esperarte. ¿Es tu tía? –dijo mirando hacia mí. Ante mi asentimiento añadió: - Joer, es igual que tu madre, pero en guapo. El comentario, claro, me halagó. El chico era una monada. Rubito, alto, ojos claros. Una auténtica monada. A ver si ahora resulta que me estaban empezando a gustar así, yogurines. Pero no, siendo objetiva, el chico era muy guapo. -Lleva un botón desabrochado –me dijo Miré mi blusa. No llevaba sujetador, y tenía no uno sino dos botones desabrochados. Se me veía casi toda una teta -Uhi chico, que cosas-dije yo, abrochándome y sonrojándome un poco Entramos en la casa y me fui directa al baño. Me refresqué un poco. Con papel higiénico limpié un poco mi coño, totalmente mojado todavía. No llevaba bragas: me las había dejado en las bolsas de la ropa que había comprado. Cuando regresé los dos chicos estaban hablando -Joer como está tu tia ¿no? Le he visto casi toda la teta. Mira como me ha puesto –supuse que le estaba señalando la erección a mi sobrino – Iba sin sujetador, y tiene unas tetas, que la quitaba yo esa blusita a bocados. Oye, ¿tu les has visto las tetas? -No te pases que es mi tía -¿Pero se las has visto o no? En ese momento entré yo, sin dar pie a que mi sobrino respondiera. Haciéndome la distraida pregunté: -¿De que hablabais? -Tonterías nuestras, no te preocupes tía -¿Qué habéis comprado? –preguntó Luis -Yo nada, mi tía se ha comprado unas cuantas cosas. Es que está algo anticuada, y me la he llevado a ver si la renovaba un poco -¿Puedo ver lo que habéis comprado? – y antes de que pudiera responder ya estaba husmeando en las bolsas Sacó la camiseta de tirantes. -Mola, está bien. ¿Que tal le queda? -Ajustadita, le queda muy bien. Le marca mucho el pecho, pero lo queda bien -Esto es para llevarlo sin sujetador, ¿no? -Bueno, bueno, sin sujetador lo llevarán las chavalitas de vuestra clase. Yo tendré que llevar uno -¿Por qué no se lo prueba? Estaba un poco apurada. No era cuestión de hacerle un pase de modelos a los chicos, pero me lo había comprado para ponérmelo. Estábamos a puerta cerrada. Podría tener una opinión sincera. Miraba a ese chico. Por Dios, que guapo era. Fui al baño con la camiseta, y me la probé. Se marcaban las tetas perfectamente, sobre todo los pezones. Como tardaba en regresar, mi sobrino vino al baño -¿Qué pasa? ¿Te da corte venir así? -Un poco -No te preocupes, de verdad, es de confianza -Es que se me marca todo. Da igual ir con ella o sin ella –dije, subiéndome la camiseta. Miré a la puerta y allí estaba Luis. Yo estaba con la camiseta subida -Joder, que tetas Me bajé rápidamente la camiseta, pero mi sobrino, cogiendo mi mano, empezó a subírmela de nuevo. Se metió en la boca uno de mis pezones, ante los ojos alucinados de su amigo. Sin poder evitarlo, éste puso la mano en mi teta libre y empezó a masajearla. El chico era una monada, y mi sobrino me estaba comiendo de nuevo. Yo seguía excitadísima desde lo de la tienda de ropa, y...me dejé hacer. Me abandoné completamente. Luis se metió la teta en la boca y metió su mano por debajo de la falda -¡No lleva nada! –dijo asombrado Pero ya no hablábamos. Oveja que bala, bocado que pierde. Yo tenía los ojos cerrados, disfutrando de la comida de tetas simultánea que me estaban haciendo. Decidí dejar de pensar, dejar que la naturaleza siguiera su curso. Yo estaba deseando que...no sé...que me follaran, sí. Estaba deseando que me tocaran, que me penetraran. -No sigas, por favor... Dejamos el cuarto de baño y fuimos al salón. Me terminaron de desnudar, y se desnudaron ambos. ¡Que pollas! Ni en mis sueños mas calientes habrían aparecido nunca dos ejemplares así, los dos para mi sola. Me tumbaron en el sofá. Luis empezó a comerme el coño con auténtica maestría. Y tenía la polla de mi sobrino para mi, para comérmela, pajearla. Él se dejaba hacer, mientras yo le colocaba en una postura más cómoda para todos. Luis se hacia una paja mientras me comía el coño. Sacándome la polla de la boca y mirándole a los ojos, dije a mi sobrino: -Metémela Cambiamos de posición. Mi sobrino se tumbó. Su puso un preservativo. Yo me inserté en ese pene grueso, no muy grande, pero grueso, y me dispuse a deleitar mi boca con la polla de su amigo. Intenté hacerlo lo mejor posible, no quería quedar de mojigata. Se la comía, se la succionaba. Noté que el chico se iba a correr -No te corras en mi boca –intenté decirle – Me avisas cuando estés a punto Pero fue demasiado tarde. Se estaba derramando totalmente allí. No me atrevía a sacarla, y aguanté toda la corrida, sin inmutarme. El semen me caía por los labios, mientras mi sobrino, atento a lo que estaba ocurriendo, no paraba de meterla y sacarla. Me comía las tetas de una forma única, inigualable. Entonces me corrí. Por fin me corrí. Fue un orgasmo monumental. Un orgasmo después de muchos meses, muchísimos meses, sin llegar. Un orgasmo de catálogo. Y con una polla todavía en la boca. Paramos un poco para reponernos. -Tía, dejame metértela por el culo. Nunca lo he hecho -Por el culo, uff, no me gusta mucho. Duele. Tu tío insiste mucho, pero yo no quiero -Mira, si te duele, paramos. Pero nunca lo he hecho por ahí. Me gustaría correrme en tu culo. Y si no te importa, de verdad, sin preservativo Lo pensé un poco mientras me acariciaba el clítoris. -Si yo digo que pares, paras, ¿vale? - le dije –Además, otra condición. Teneis que hacer una cosa que yo no he visto nunca, y que me pone a cien solo de pensarlo. Se miraron -Si nos dejas a los dos que te demos por el culo, lo que quieras –dijo Luis – Lo que quieras – repitió -Que os hagais una paja delante de mi. Tu a él, y él a ti. Me pone mucho pensar en dos hombre haciéndoselo. Nada más que eso Los dos se miraron, se encogieron de hombros, y empezaron a masturbarse. Al principio, con algo de corte. Pasados unos minutos, con dedicación. Estaban a punto de nuevo. Si los dejos seguir, habrían acabado corriéndose. Nunca lo reconocerán, pero les gustó pajearse. Me puse a cuatro patas. Luis primero, mientras mi sobrino se la tocaba. Le estaba gustando eso de verme follar. Ensalivó un poco mi culo, pasó su glande varias veces por mi esfínter y apretó. La polla resbaló y acabó penetrándome por el coño de nuevo. Se la saqué. Mejor si apuntaba yo -Despacio- le indiqué Y despacio la empezó a meter. Metió la cabeza, y la sacó. Metió un poco más, y la sacó de nuevo. A la tercera, metió la polla entera. Empezó a meter y sacar. Tomé la mano de mi sobrino y la llevé a mi clítoris -Esta mano aquí –le indiqué Me estaba masajeando muy bien. Yo concentraba mi mente en el clítoris, para evitar pensar en el dolor. Al cabo de unos minutos, la polla de Luis entraba con toda libertad. Mi culo estaba totalmente dilatado. Pensaba en mi marido. Cuantas veces me había pedido darme por el culo, y yo me había negado. ‘No es lo mismo’ me decía a mi misma, ‘no es lo mismo mi marido, que va a su bola, que estos dos adolescentes, complacientes y cuidadosos, que me están haciendo enloquecer’. No le dejé que se corriera. Saqué mi culo y me moví. Tumbé a mi sobrino de nuevo, en el suelo, y encima de él, de espaldas, me la fui metiendo, sin ningún esfuerzo. Me movía, y marcaba yo el ritmo. Empecé, simultáneamente a pajear a su amigo. Que guapo era. Tan rubito, esos ojos. Y que pene. Le pajeaba, y me pajeaba yo, con la mano libre. Esa polla era pura belleza. Solo verla me estaba encendiendo y... Primero se corrió Luis, en mi cara. De nuevo abundante, como la primera. Después me corrí yo, ahora gritando y gimiendo sin limites, pues ya no tenía su polla en la boca, como en el primer orgasmo. Después, solo unos segundos después, sentí como mi culo se inundaba de la leche caliente de mi sobrino. De regreso a casa Cuando se despidieron Galileo y Celeste34, eran casi las 2 de la mañana. Había estado genial. Que follada. Comprobó que no quedaban restos de carmín, de pelos, ninguna señal delatora. Había pagado la cena y el hotel con dinero en efectivo. Tiró la factura. Apagó y escondió el móvil en la guantera del coche, en un rinconcito que había descubierto. Lo dejaría apagado por lo menos dos semanas, para evitar que Celeste34 pudiera llamar. Ya habían conseguido el objetivo, y había resultado fantástico. No era cuestión de estropearlo todo, volviendo a quedar y arriesgándose a tener una aventura continuada que diera al traste con su matrimonio. Y no es le que importara mucho. Pero todos los trámites de una separación, el arreglo de la cuestión económica, todo eso no compensaba. Mejor estos polvos esporádicos, que le mantenían a uno vivo. Recordó que ni siquiera le había preguntado el nombre. ¿Para qué? Seguramente le habría dicho uno falso, igual que él si se lo hubiera preguntado ella. Llegó a casa y su mujer estaba en la cama. Lo normal. Procuró no hacer ruido, pero ella estaba despierta. -¿Qué tal la cena? -Muy bien, muy divertida como siempre. ¿Y tu? ¿Compraste muchas cosas? -Un par de conjuntitos muy modernitos, y algo de ropa interior. Me acompañó mi sobrino. -Mejor, yo no tengo paciencia para esas cosas. Ya mañana me los enseñas, ¿vale? –añadió, de forma mecánica, con total desinterés No hablaron más. Él se dio media vuelta y ella también. Él se durmió pensando en la mamada y la enculada que acababa de hacerle a Celeste34. Joder, no le había preguntado ni su nombre. Qué mas daba. Seguramente le habría dicho uno falso. Estaba agotado, totalmente seco. Ella se durmió sin conseguir apartar de su mente aquellos dos chicos, comiéndole las tetas, penetrándola, metiéndosela por el culo. Todavía tenía el sabor del semen en la boca. Ni siquiera quiso lavarse los dientes esa noche. Luis llegó a su casa casi en el momento en que Patricia, la tia de su amigo, se acostaba. Qué experiencia. No se los creía. Se la había follado, le habían hecho una mamada terrible, la había dado por el culo. Le había hecho incluso una paja a su amigo. No podía evitar seguir todavía muy excitado. Estaba tumbado en la cama y miraba su erección. Le dolía un poco, pero estaba pensando en masturbarse de nuevo. Oyó la puerta de la calle: era su madre, que volvía a casa de una reunión. Esperaría un poco para masturbarse, después de que todos se hubieran acostado Amparo Villaseca, muy conocida en el chat como Celeste34, 43 años, directora financiera de una conocida empresa de transportes, casada, con dos hijos de 15 y 18 años, entró en su casa. Todavía se sentía húmeda, y aún notaba el esfínter anal muy dilatado. -¿Qué tal ha ido la reunión? –dijo su marido -. Tu hijo Luis ha llegado hace un momento -Uff, mañana te cuento. Muy larga, pero muy productiva Pensó para sus adentros: ‘Pues eso si que es verdad’. Fue a su cuarto y se quitó la camisa. En sujetador, fue a ver a su hijo Luis, que tenía todavía la luz encendida. Siempre lo hacía, y todos en la familia solían pasear por la casa en ropa interior. -Suerte con el examen de mañana –le dijo. Estaba en calzoncillos, tumbado en la cama, hojeando sus apuntes. No pudo evitar mirar su paquete. ¡Que barbaridad, estaba empalmado! ¡Y qué generosa parecía haber sido la naturaleza! ‘Cuantas alegrías va a repartir por el mundo, con esa herramienta’, pensó. Y fue a la ducha a limpiar los restos que pudieran quedar de su tarde-noche loca, y a masturbarse en la ducha pensando en ello. Aunque sus pensamientos empezaron a mezclar la polla que acababa de perforarla, con la erección que acababa de ver en la habitación de su hijo Cuando las luces de la casa se apagaron, Luis empezó a masturbarse. Pensaba en Patricia, pero su mente empezó a jugar con la imagen de su madre en sujetador y la de las tetas de la tía de su amigo. Ya no era capaz de distinguir una de otra. Su mano seguía un ritmo frenético, sin conseguir apartar la idea de las tetas de su madre de la cabeza...y se corrió, soñando hacerlo algún día sobre ese pecho.


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