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  fantasia > EpicaMedio Pollo (C)

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se publicó en la web el 15 de Febrero del 2008

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  Categoría: fantasia > Epica
  Titulo:

Medio Pollo (c) El invierno se acabó y fue llegando la primavera. Beatrice, como cualquier adolescente, adoraba esa estación, tan llena de colorido y vitalidad. Podía además, ponerse mucho más guapa y sentirse mejor consigo misma. Su padre le había comprado un vestido precioso, lleno de flores. Aunque lo normal era ir con pantalones vaqueros, ella disfrutaba con ese toque de diferenciación, de estilo retro. El vestido moldeaba su figura, sugería más que provocaba y sabía, que aún así, podía volver locos a los hombres, pues a una chica guapa, todo le sienta bien. En las clases, observaba de refilón quien la miraba. Unos como queriendo comérsela, con decisión. Otros con cierta timidez. Como cualquier otra chica prefería a los valientes y decididos, los que no se avergonzaban de mirar a una mujer, pero no podía evitar sentir un cierto cariño por quienes la veían como algo misterioso e intangible. Era buena estudiante, había dado solfeo desde los 7 años, los chicos giraban en torno a ella y sin embargo sentía un enorme desasosiego. Seguía faltándole algo. Los estudios no le suponían un reto y veía tan fáciles a los chicos que tampoco la tentaban. El pasado de su padre seguía siendo un misterio y sobre todo no sabía nada de su madre. La mujer que la había traído al mundo, que debería haberla educado y amado. Que la hubiera enseñado a ser mujer. Cada día le reconcomía más todo esto y decidió un día averiguarlo de una vez por todas. Como su padre apenas tenía vida social, era casi imposible hacer algo en casa a menos que estuviera en el trabajo. Decidió ausentarse un día de clase, para poder hacer averiguaciones con calma. Su padre ya se había ido una hora antes a trabajar y era libre de hacer lo que quisiera en casa. Se dirigió sin dudarlo a su despacho. Allí tenía una enorme mesa de cajones con cerrojo. Primero buscó la llave. Sabía, que lo más lógico era, que estuviera en la misma habitación. Buscó entre los libros más cercanos a la mesa y tras una tediosa revisión de cada uno de ellos, por fin encontró la llave. Abrió el cajón con nerviosismo y encontró diferentes papeles. En ellos, se podía leer una maraña burocrática de adopciones y pruebas de la legitimidad del padre sobre un recién nacido. Figuraba el nombre de una madre, de origen extranjero y como declaraba quien era el padre y le encomendaba la custodia. Todos estos documentos estaban firmados por ella y constataban que deberían ser tramitados en caso de su defunción. Hasta ahí nada parecía extraño, salvo que su padre y su madre no debían estar casados. Casi se alegró pensando, que sencillamente fue un accidente en una noche de fiesta. Pero siguió indagando y encontró un sobre, bastante arrugado al igual que la carta que contenía. La carta la escribía una mujer, que contaba un poco como empezó su vida y como terminó. Lo que la estremeció fue leer nada más empezar, que era el destinatario quien la había matado*. Se estremeció de dolor, pero siguió leyendo con lágrimas en los ojos. Tardó poco en descubrir, que su madre había sido una espía, una asesina, que quiso redimirse y fue asesinada por su padre. Rompió a llorar amargamente y sus lágrimas destiñeron algunas letras de la carta, como ya lo hicieron las de su padre, tantos años atrás. Ahí se quedó, arrodillada al lado de la mesa, sin parar de llorar, sin entender nada. Su padre llegó del trabajo y al llegar a su despacho, entendió de golpe lo que había ocurrido. Los dos se miraron en silencio, pero ella esta vez le transmitió una mirada distinta, en esos inmensos ojos salpicados por lágrimas. Era una mirada de odio. Se levantó con lentitud y pasó al lado de su padre sin decirle nada, encerrándose en su cuarto. Pero no se quedó quieta, pues esa noche había quedado con todas sus amigas para salir de fiesta. Se puso más guapa que nunca, sugerente hasta enloquecer a cualquier hombre. Ninguna podría rivalizar con ella en esa noche. Salió por la puerta sin preocuparse siquiera dónde estaba su padre, se encontró con sus amigas y a pesar de su palidez, saludó y sonrió a todas. Se dirigieron a una de las discotecas más populares de la ciudad. Allí había muchos chicos del instituto con los que habían quedado. Como en otras noches, sus amigos habían pillado medio gramo de coca, para cada uno, o como lo llamaban coloquialmente, medio pollo. Siempre le habían ofrecido y siempre lo había rechazado. Quizás por cómo la había educado su padre o por su concepción de la vida, consideraba algo realmente triste buscar la diversión y la felicidad de forma tan artificial. Sentía náuseas al ver a sus amigos y amigas comportarse de forma tan ridícula y poco natural, comprobando lo envenenadas que estaban sus cabezas. Las reacciones de violencia o llanto, que eran provocadas por los fantasmas interiores de cada uno. El cambio que suponía en esas personas, a las que apreciaba y que sacaban lo peor y más oscuro de sus corazones. Pero esta noche ya todo le daba igual, ya había muerto todo aquello en lo que creía. Se fue enzarpando con toda calma, mientras las luces y la música rebotaban en su cabeza. Iba bailando con cada vez más fuerza, más sensualidad. Los chicos la rodeaban. Jugaba con ellos, les provocaba con miradas y salvajes movimientos de cadera y pelvis. Sabía que les tenía a su merced, se iba excitando mientras ellos la agarraban de la cintura y la miraban tan fijamente a los ojos. También observaba de cuándo en cuándo a los infelices que no se había atrevido a sacarla a bailar, que miraban con envidia e incluso con cierta tristeza, pues le constaba que estaban perdidamente enamorados de ella, no sólo por su belleza. Pero su moral había muerto. Ya todo le era indiferente y le hacía gracia. Tenía el mundo en sus manos, controlaba a los hombres, al igual que había hecho su madre. El alcohol, la coca, el baile, la música, las luces, la lujuria, desbordaban su mente… De repente, sintió que todo eso no valía nada, sintió náuseas de sí misma al ver lo que estaba haciendo, se sintió sucia y como un objeto que solo luce su brillo. Se le atravesó como un rayo, la imagen de su padre, apuntándola directamente a la cabeza, desde una ventana. Vio claramente su rostro, lleno de dolor y decisión, mientras apretaba el gatillo. Cayó de rodillas en medio de la pista de baile, con un grito de dolor y saltándole las lágrimas de los ojos. La sacaron rápidamente de la pista, pensando que se había metido demasiado. Ella rápidamente recuperó la cordura y les dijo que no pasaba nada, pero que necesitaba irse. Les pidió a todos que se quedaran. Ninguno insistió, pues preferían seguir con la fiesta y ella había perdido automáticamente todo su atractivo. Quizás alguno de los chicos más reprimidos hubiera querido, pero no se atrevió. Salió de la discoteca, con el cuerpo envuelto en sudor, el maquillaje corrido por las lágrimas y una inmensa taquicardia. Se dirigió andando hacia su casa y poco a poco se fue relajando. Caminaba por esas calles vacías y oscuras, pensando en todo y en nada. No conseguía materializar una idea. Sólo se le aparecían imágenes a gran velocidad. Llegó a casa. Su padre parecía no estar. Quizás fue a dar uno de sus paseos, aunque este fuera tan tarde. La verdad es que no le importó. Fue al servicio. Se miró en el espejo. Por un momento se preguntó si se parecería a su madre… Con un repentino impulso, rompió el cristal con su cabeza. Cogió uno de los cristales y se cortó las venas a lo largo del brazo. Mientras la sangre brotaba, caminó por la casa con la mirada perdida. Encontró el piano, que su padre compró para que aprendiera. Se puso a tocar “Claro de Luna” de Beethoven. De su frente caía un hilo de sangre, que se mezclaba con las lágrimas. A su vez, las venas abiertas de sus brazos, iban salpicando las teclas del piano, sin que ella se inmutara. La cabeza le daba cada vez más vueltas, pero seguía tocando. Cuando llegó al final de la pieza, cayó inerte al suelo. * Léase Sniper(C)


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