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  fantasia > EpicaMedio Pollo (B)

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se publicó en la web el 15 de Febrero del 2008

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  Categoría: fantasia > Epica
  Titulo:

Medio pollo (b) Era un viernes por la tarde. Beatrice estaba como cada fin de semana, preparándose para salir con sus amigas. Con sumo detenimiento y calmal, se observaba cerca del espejo de su tocador, mientras iba maquillándose con cuidado. Su padre la miraba en silencio. Cada día estaba más hermosa y la inteligencia de sus ojos, resaltaba la radiante belleza de su rostro. Por un lado la veía con ternura y orgullo, pero por otro se entristecía y preocupaba al mismo tiempo. Si hija lo notó al instante: - ¿qué te ocurre papá? - Nada. ¿por qué lo preguntas? - Me miras de una forma triste, como otras veces. ¿no te parezco bonita? - Mucho y lo sabes. De todos modos, soy tu padre y sería incapaz de verte de otra forma - ¿entonces por qué me miras así? - No estoy seguro. Quizás porque me preocupas - ¿preocuparte yo? – respondió con una risita algo pícara - Si - ¿por si me acuesto con alguien, como pasa con todos los padres? - No exactamente. Te eduqué de forma que pensaras que no tiene nada de mala la sexualidad. - ¿entonces qué te ocurre? - Temo que te entregues por amor y no por placer Beatrice, dejó por un momento de maquillarse y le miró extrañada, reflexionando. Por fin dijo con lentitud y quizás una cierta sorpresa - Esa respuesta no me la esperaba. ¿acaso no es como debieran ser el amor y el sexo? ¿algo que va siempre unido? - No a tu edad, hija mía. Ese es el problema. Muchas chicas no se entregan únicamente por placer o deseo. Lo hacen porque creen dar algo especial a quien aman. - ¿qué tiene eso de malo? - A partir de cierta edad nada. Pero ahora no sabéis realmente lo que es el amor y lo confundís con deseo. Mucha gente lo hace toda su vida. Pero cuando os dais cuenta de que vuestro chico no os amaba, vuestro mundo se derrumba y podéis llegar a odiar a los hombres. - ¿es que son todos tan malos, papá? – dijo ella conteniendo una lágrima - No es que sean malos, sino que no saben lo que quieren y a esa edad les vence el deseo. En cambio, los que son sensibles y buenos, no tendrán el suficiente atractivo porque carecerán de seguridad. Una persona enamorada se muestra débil y respetuosa. Alguien que sólo ve a la mujer como un objeto, demuestra seguridad, precisamente porque la chica no le importa lo más mínimo y puede prescindir de ella si se equivoca. - Lo que dices es muy triste papa – Una lágrima descendió por los preciosos ojos de Beatrice, estropeándole el maquillaje que la hacía brillar de juventud. - Lo lamento hija, pero ahora eres joven y no sabes determinadas cosas. Tu juventud es fresca e intensa y eres el centro de todas las miradas y deseos. Puedes aprovecharlo y divertirte al máximo, pues no habría nada de malo, salvo opiniones mezquinas y envidiosas. Pero también ocurrirá que tu juventud se acabe y que vivas el amargo don de la belleza. - ¿el amargo don de la belleza? - Si - ¿qué es lo que quieres decir? ¿desde cuando la belleza es un amargo don? Su padre pesó las palabras que iba a decir, para que nada sonara cruel o estúpido: - El problema de ser hermosa, es que muchas veces, los hombres sólo ven belleza. Una presa a la que conquistar y sin mayor valor añadido. También es cierto, que la belleza a la mujer (como al hombre) le afecta y le embriaga. Esa mujer deja de fomentar otras aptitudes y muchas veces destruye su vida por eso. Estar siempre rodeada de gente, siendo el centro de atención y viéndose colmada de halagos, lleva a un estado en que todo lo demás deja de tener importancia. Pero esa belleza se acaba y la amistad y el amor, que se pudieron encontrar durante esos años, no están para ayudar. De ahí que las chicas que no son tan guapas, encuentren parejas más estables, aunque muchas veces, todo hay que decirlo, estén con alguien por falta de capacidad de elección. Desgraciadamente para muchas personas que son conscientes de su belleza o de su inteligencia, es que consideran como denigrante estar con alguien que no esté a su altura en ese sentido y se condenan a la más absoluta infelicidad. - ¡Yo no haré eso, papá! – gritó ella con desesperación y se puso a llorar desconsoladamente. Su padre se acercó a ella, lleno de impotencia y culpa por no haber sabido decirle las cosas de otra forma. - ¿por qué tienes que ver siempre el mundo así, papá? – dijo Beatrice mientras levantaba la mirada para cruzarla con la de su padre. - El mundo es así, hija mía, pero no por ello deja de ser hermoso. - ¿entonces por qué me cuentas esas cosas tan horribles? - Porque forman parte de la vida, pero conociéndolas bien, se pueden llegar a controlar y entonces, no es tan difícil ser feliz. - Pues tal como lo dices, pareciera que todo en esta vida es superficial y carente de sentido – sollozó, mientras su padre intentaba secarle las lágrimas a ese rostro, tan poco curtido por la vida. - Eres una chica inteligente y preciosa. Si juegas bien tus cartas, conseguirás encontrar al amor de tu vida y muchas más cosas si te lo propones - ¿tu crees papá? - Si, por supuesto. Es mi mayor sueño, verte feliz. ¿queda mucho para que salgas?- le dijo mientras la sonreía con ternura. - Un par de horas - ¿ y por qué te maquillabas tan temprano? - Para estar ya preparada - ¿quieres dar un paseo con tu padre? - Por supuesto, dame un minuto y estaré lista – dijo ella con una espontánea y radiante sonrisa Al poco rato, caminaban por la gris ciudad, fuertemente agarrados del brazo. Su padre no paraba de contarle las mismas historias de siempre, de antes de la guerra. Los sitios donde jugaba, donde creció y maduró. Ella ya se las sabía todas, pero no dudaba en preguntarle como si fuera la primera vez. Amaba a su padre por encima de todas las cosas y quería verle siempre feliz. Cualquiera al verles hubiera pensado que eran un matrimonio. Llegaron al puente. Había músicos tocando en él, mientras la gente pasaba. Se iba poniendo el sol en aquella tarde de invierno. Padre e hija se miraron con cariño y observaron el maravilloso sol, reflejándose en el río, mientras era eclipsado por la luz de las farolas y la Luna.


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