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  ficcion > Ciencia FicciónMadhí, capítulos 26 a 30

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se publicó en la web el 18 de Agosto del 2008

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  Categoría: ficcion > Ciencia Ficción
  Titulo:

26 Los soldados de Chris dispararon contra Calcetines, pero entre la armadura que llevaba y su dura piel ni una sola de las balas logró hacerle daño. El golem, furioso, puso los ojos en blanco, alzó los brazos al cielo y lanzó un grito que hizo estremecer a todos. A continuación cogió un camión que tenía a su derecha y lo lanzó contra los soldados. Después cogió una viga de hierro que había por ahí y la usó como arma para derribar al resto de los soldados de élite. Todos murieron. Chris Anger miraba a la bestia sorprendido, al igual que Galdian. Era increíble el cambio que se había producido en el pobre Calcetines. El Duque y el loco Raúl, únicos supervivientes de la escuadra de Chris, se refugiaron detrás de su amo. Calcetines se volvió hacia Patrick que estaba tumbado en el suelo con Barf a su lado. Archacón estaba de pie mirando a Chris como esperando su oportunidad para matarlo. Entre jadeos, Patrick hablaba. -¡Rápido chiquitín, o me desangraré como un cerdo! -¿Quieres callarte estúpido mono?- Dijo Barf- Ya he usado mi poder para sacarte las balas y ahora estoy conteniendo tu sangre para que no salga, pero como sigas así te dejaré morir, y no sentiré lástima, estúpido humano maloliente. -A saber si en vez de salvarme estás aprovechando para matarme poco a poco… -¡Amo! ¡Estar vivo!- Dijo Calcetines girando la cabeza hacia Patrick -Sí, sí, pero no vengas a abrazarme que entonces de ésta no salgo…- Dijo el irlandés. -No preocuparse, amo, ahora ser yo quien proteger. Patrick vio que la horrenda expresión del golem cambió. Por primera vez, no vio estupidez en su rostro, sino determinación. Calcetines volvió a girar la cabeza para mirar a Chris pero éste, en ese momento, sacó una de sus uzis y le disparó en la frente. Por fortuna, la bala no atravesó el casco de Calcetines y sólo logro echarle la cabeza hacia atrás y enfurecer más a la bestia. Calcetines gritó de nuevo y cargó contra Chris dando grandes zancadas. El Duque y Raúl se alejaron corriendo y Anger metió la mano tras su nuca y sacó la espada de estilo medieval de dentro de su abrigo. Chris no se asustó por enfrentarse al golem y cargó contra él. Se produjo un gran choque pero Chris no retrocedía ante la fuerza de Calcetines y éste pegaba puñetazos fuertes, pero lentos, y Chris lograba pararlos aunque sus contraataques eran inútiles por no poder cortar la armadura y la piel del golem. Calcetines arrasaba con todo lo que pillaba a su paso: vehículos, cajas,… Chris saltaba por entre los restos esquivando las embestidas de Calcetines y de vez en cuando tratando de entrar a matar intentando buscar una zona donde la piel fuera más débil. Era realmente un combate de titanes. Galdian se preguntó cómo era posible que alguien tan poderoso como Calcetines hubiera sido tan cobarde. Para Calcetines su vida entera había sido una continua lucha. Nacido en Italia, su familia era muy pobre y desde niño tuvo que trabajar para mantener a su familia. A pesar de todo, era un niño brillante y despuntaba en sus notas académicas. Cuando se hizo mayor y llegó la hora de ir a la universidad no fue extraño que le dieran una beca. Aun así al joven Calcetines le sabía mal tener que irse de su pueblo para ir a estudiar y así dejar de trabajar quitando una parte de ingresos a su familia. Pero su familia no le obligó a quedarse con ellos y de esa manera Calcetines asimiló una deuda que nunca podría pagar, por lo que siguió adelante y se marchó a estudiar medicina. Una vez terminados sus estudios se hizo un médico de mucho renombre y reputación y así pudo sacar a su familia del arroyo y solucionar aquella deuda que tenía con ellos. Calcetines tenía tal prestigio en la medicina que recorría el mundo dando conferencias y charlas sobre sus avances y así fue como conoció a su futura mujer, de una belleza e inteligencia increíbles, con la que se casó y tuvo dos hijos. Pero Calcetines pensaba que tenía que aprovechar su inteligencia y talento para el bien del mundo. Era como si fuera responsable por estar tan bien cualificado, se sentía obligado a hacer algo con ello, así que se dedicó más aún a sus investigaciones hasta que logró grandes avances en la cura del cáncer. Avances que salvaron tantas vidas en el mundo que le llevaron hasta a ganar el Nobel de medicina. Ahora Calcetines había llegado a lo más alto y había hecho un buen uso de sus capacidades, estaba orgulloso, por lo que se compró una gran y lujosa casa y se fue a vivir allí con su familia. Pero el dinero y el lujo hicieron que su mujer se volviera mezquina e hicieron que sus hijos, ya mayores, se volvieran vagos y materialistas y no pararan de enfrentarse a su padre en una discusión tras otra. Para Calcetines era irónico ver cómo había salvado al mundo de la enfermedad pero no era capaz de salvar a su familia. Y así estaba su situación cuando la guerra estalló. La familia entera se refugió en su lujosa casa pensando que no era probable que la guerra llegara hasta un barrio rico de una tranquila ciudad italiana, pero todo el mundo piensa que esas cosas nunca les van a suceder, y una noche toda la ciudad fue arrasada por bombas y por armas químicas. Pocos sobrevivieron y los que lo hicieron unos cuantos intentaron sobrevivir entre las ruinas de la ciudad y otros huyeron con lo poco que les quedaba. La familia de Calcetines decidió huir para escapar de los efectos de las bombas químicas, aunque ahora estaban arruinados y lo perdieron todo. La mujer y los hijos culpaban a Calcetines por no haber querido huir y salvar todos sus bienes. Para Calcetines, las bombas habían destrozado algo más que su casa: habían terminado de desmoronar su familia. Aunque en aquellos días Calcetines no tenía ánimos para discutir con ellos, pues pronto empezó a encontrarse mal. Vomitaba, le asaltaban fuertes dolores, y se le comenzó a caer el pelo. Poco a poco su brillante intelecto se desvanecía y con él su memoria, a la vez que su tamaño aumentaba y sus músculos se hinchaban y se atrofiaban. Sus piernas estaban cambiando en el momento en que la familia de Calcetines, que se asustó por la mutación, decidió que lo mejor era abandonarlo, pues lo daban ya por perdido. La familia se marchó y dejaron al incipiente golem allí, tirado en el suelo, con las piernas mutándole que le impedían andar tras ellos, A Calcetines aún le quedaba razón y mente humana suficiente para comprender que sus seres queridos lo estaban abandonando. Por eso, hasta que su transformación fue completa y hasta que su mente se simplificó al más mínimo nivel, se pasó los días llorando. Un día trabajadores de lo que quedaba del gobierno italiano lo encontraron y se lo llevaron para trabajar como animal de carga, comenzando así su nueva y triste vida, así hasta el día en que Chris asaltó los camiones donde el golem trabajaba y fue rescatado por Galdian y Patrick. Ahora parecía que Calcetines hubiera cambiado de nuevo. Salvaje, destructivo, toda la zona de batalla estaba arrasada y el golem no daba muestras de cansancio. Chris estaba jadeando. Había sido toda una proeza aguantar tanto rato contra el golem luchando solo con su espada. Aun así Chris no estaba convencido de poder ganarle a pesar de ser el soldado perfecto, por lo que bajó la espada y sonrió. -Galdian, hagamos un trato. Para a esta bestia y a cambio os sacaré de aquí con vida. A Galdian le pilló por sorpresa y no supo qué contestar. Patrick gritaba desde el suelo. -No te fíes de ese cabrón, ¡seguro que es una trampa! -¡No te alteres, estúpido mono, o la sangre saldrá de nuevo!- Dijo Barf Galdian pensó que si rehusaban y morían en esa base su lucha habría sido en vano. Era mejor arriesgarse y vivir otro día para detener los planes de Anger. Podían negarse, confiar en que el golem matara a Chris y luego esperar a ser rematados por los orientales, pero Galdian había estado en la guerra con Chris y sabía que tarde o temprano lograría matar al golem. Galdian miró a Casiopea y ésta sintió con la cabeza. -Calcetines, detente por favor. Va a sacarnos de aquí. -El golem miró a Galdian pero parecía que su rabia no remitía. Aulló y se preparó para atacar otra vez a Chris, pero esta vez Patrick, que al ver que Galdian quería acepta la propuesta de Chris, cambió de opinión y alzó la voz. -No lo hagas Calcetines. Mira, tranquilízate, yo estoy bien y ahora vamos a salir de aquí vivos. No sigas… Calcetines vio como Patrick se levantaba y parecía que estaba relativamente bien, gracias a que Barf impedía que se desangrara con su poder. Finalmente Calcetines se relajó, sus ojos dejaron de estar en blanco y se calmó. -Bien, ahora vayamos a mi avión- Dijo Chris. 27 Chris Anger guió al resto hasta su avión. Junto a él iban el Duque y Raúl y detrás iban Galdian y los demás. Patrick iba en brazos de Calcetines y Barf seguía usando su poder para contener la sangre del irlandés. Raúl volvía la mirada cada dos por tres hacia atrás y miraba a Galdian con una expresión de odio. A Galdian le dolía ver a su antiguo amigo convertido en eso. En una de sus odiosas miradas, Calcetines le llamó la atención. -¡Tú! Deja de mirar así a Galdian o tú verás… Patrick, en los brazos del golem, se dio cuenta de que algo había cambiado en él. Ahora parecía menos estúpido, era como si hubiera despertado de un letargo. A Patrick no le gustó la idea porque pensaba que sería más difícil quitárselo de encima. Por la base de Perro del desierto todavía se oían disparos y gritos. Era de suponer que aún quedaban miembros vivos de los Reales Hostigadores. Galdian se apenó por ellos. Estaban condenados. Galdian pensó que era todo culpa del traidor, y cuando lo descubriera haría que se acordara de todos esos soldados que estaban muriendo por su culpa. Finalmente llegaron al avión de Chris, que era un avión de carga, algo más pequeño que aquellos en los que Galdian y el grupo habían viajado últimamente. Dentro del avión había dos filas de asientos pegadas a las respectivas paredes del fuselaje y en los asientos habían sentados varios de los hombres con pasamontañas de Chris y una veintena de civiles, algunos de ellos vestidos con batas de laboratorio. -Cerradle las heridas- Dijo Chris a un grupo de esos hombres y luego señaló a Patrick. Una pareja de hombres se acercaron con un botiquín y cerraron las heridas de bala con unos cuantos puntos. Por fortuna el irlandés no perdió apenas sangre gracias a Barf y pronto se recuperaría. -Supongo que debo darte las gracias- Dijo Patrick al sapiens Barf hizo una mueca como si no le interesara y se encendió un puro. -¿Quiénes son esos?- Preguntó Galdian a Chris. -Son científicos e ingenieros que trabajaban para Perro del Desierto. Se puede decir que se los he alquilado. -¿Y para qué? Chris rió -¡No deberías tomarte tantas familiaridades por tu situación, amigo! Sólo debería preocuparte el por qué os he salvado. -Te daba miedo el golem y porque quieres llevarte a Archacón. Los dos hombres miraron a la asesina que seguía sin perder de vista a Chris. El avión comenzó entonces a despegar y enseguida se estabilizó en el aire. Desde una ventana de su base, Perro del Desierto vio despegar el avión de Anger. Ahora que tenía de nuevo dinero la guerra continuaría. Se arrodilló en su esterilla y se preparó a agradecer a Alá por ello. Afuera, los últimos fusiles de los Reales Hostigadores dejaron de sonar. Chris se acercó a Archacón y Galdian lo siguió. El resto los miraron. -Querida, eres la única mujer con mis genes…la mujer más cercana a la perfección…-Dijo Chris -¿Y qué?- Replicó Archacón. -Debes venir conmigo. Tu destino es ser mi compañera, la compañera del Salvador. Y cuando erradiquemos a la humanidad corrupta del mundo y sólo quedemos los genéticamente perfectos, serás la madre del nuevo mundo, de la que descenderán las siguientes generaciones con genética perfecta y de la que descenderá, por supuesto, mi hijo el nuevo redentor. Galdian se horrorizó. En parte por las retorcidas ideas de Chris y por otra parte por celos. Archacón miró fugazmente a Galdian y notó su turbación. Luego miró a Anger, sonrió y en décimas de segundo sacó un cuchillo de su manga y lo lanzó contra el pecho de Chris, pero éste, aun estando a tan pocos centímetros, agarro el cuchillo en el aire y luego le devolvió la sonrisa. -¡Hereje! ¡Ha osado atacar al Salvador! ¡Matadla! ¡Matadlos a todos!- Gritó Raúl levantándose de su asiento. Chris lo tranquilizó y luego se dirigió a Archacón. -No voy a obligarte a venir conmigo.-Dijo- Quiero que tú misma te convenzas. Y tú también, Galdian. Quiero que vengáis a participar de mi nuevo mundo por voluntad propia. Ahora que sabéis que tenéis parte de la genética perfecta pocas verdades os quedan por conocer, aunque no quiere decir que sean menos importantes… -¿A qué te refieres con eso?- Preguntó Patrick -No tengas prisa, ya os enteraréis. -No vamos a unirnos a ti, ya lo sabes- Dijo Galdian -Bueno. –Dijo Chris con lástima- Estoy seguro de que al final vendréis conmigo…Ahora pues os dejaré en tierra- Se levantó y fue a la cabina del piloto. Tras hablar con él volvió. -Vamos a aterrizar enseguida, aquí hay un desierto de sal bastante llano y podemos aterrizar con tranquilidad- Dijo Chris Los desiertos de sal eran porciones del océano que se habían evaporado por acción de bombas caloríficas empleadas en la guerra. En consecuencia sólo quedaba la sal del agua formando desiertos blancos. Aquel en concreto se encontraba en el Mediterráneo. El avión se inclinó hacia abajo y aterrizó sin dificultad en un espacio amplio entre las dunas de sal. Una vez abajo, se abrió la compuerta trasera y por ella descendieron Galdian y su grupo. Desde arriba, Chris Anger los miraba. Todos le devolvieron una mirada tensa, hasta Calcetines lo hacía, ahora consciente de la situación. -Ya veréis como acabáis viniendo conmigo.-Dijo Chris a modo de despedida- Por cierto, decidle a mi viejo amigo Ember que muy pronto nos veremos. El avión despegó y se quedaron allí, en medio de la sal. A Galdian le enfurecía aquella seguridad que tenía Chris sobre su futuro. ¿Qué se sabe él de lo que iban a hacer en el futuro? -Bueno, por lo menos estamos vivos…Esta estúpida excursión no ha servido para nada- Dijo Barf Archacón estaba furiosa -¡La misión ha sido un completo desastre y hemos perdido muchos hombres! No merecemos llamarnos soldados de élite… Se sentó en el suelo abatida y Galdian la tocó en el hombro. -Vive hoy, lucha mañana. Esto nos ha enseñado en que hay que centrarse en el informador que Chris tiene en la Alianza. Archacón miró a Galdian, y éste no supo si lo hizo con odio, con indiferencia o con simpatía. El rostro de la asesina era carente de emociones y su tatuaje le daba un aspecto siniestro. -Pero la misión… -No te preocupes- Dijo Patrick con alegría- Si yo no me preocupo, y eso que he sido cosido a balazos, nadie tiene motivos para ponerse así. -¡No podéis quedar impunes tras tantas ofensas al redentor! Una voz gritó a sus espaldas y todos se volvieron. Allí estaba Raúl, con su mirada de loco. -¡Has ofendido al Señor innumerables veces!- Dijo señalando a Galdian- ¡Mereces morir! ¡Prepárate! -No quiero luchar contra ti.- Dijo Galdian a su antiguo amigo.-¡Sí que lo harás! ¡Por que te voy a retar a un duelo!- Dijo Raúl. 28 -¡Tú mismo te lo has buscado! ¡Sé un hombre y acepta el duelo! Raúl estaba muy nervioso y comenzaba a desquiciarse más que de costumbre. -No voy a luchar contra ti…-Dijo Galdian. -¡Entonces os mataré a todos!- Raúl se abrió el chaleco militar y mostró que su pecho estaba cubierto de granadas.- ¡No me gustaría hacerlo porque mataría a la futura madre del nuevo mundo, pero si no luchas conmigo lo haré! -¿Por qué quieres matarle?- Preguntó Patrick, mientras se sujetaba su pecho vendado, que aún le dolía. -¡Porque no haces mas que ofender al salvador y humillarlo no queriendo unirte a él! Galdian pensó que lo mejor era aceptar, así protegería a sus amigos y dejaría fuera de combate al pobre Raúl y listo. -Muy bien, acepto- Dijo descolgándose la espada-chapa de la espalda. -¡De espadas nada!- Dijo Raúl- ¡Será un duelo a granadas y pistola!- A continuación se descolgó una bomba del pecho y le la lanzó deslizándola por el suelo de sal. -No puede ser. Yo soy el retado al duelo, a mí me corresponde elegir arma- Dijo Galdian. -¡De eso nada! ¡Yo elijo todo!- Raúl se abrió de nuevo el chaleco mostrando sus granadas, advirtiendo de que no le contradigan o las haría explotar. Galdian estaba atrapado. Ya no había vuelta atrás. Tendría que participar es ese macabro juego en el que tal vez tuviera que matar a su viejo amigo. -Es muy sencillo.-Explicó Raúl mientras se acercaba por las dunas de sal- Nos ponemos espalda con espalda, luego damos veinte pasos y lanzamos la granada. Puedes quitarle la anilla mientras das los pasos si quieres. No puedes usar la pistola antes que la granada. La pistola sólo se puede usar si la granada ha fallado. -De acuerdo- Dijo Galdian a mala gana. Se pusieron espalda contra espalda y a la orden de Raúl comenzaron los pasos. Galdian estaba concentrado en el duelo, aunque le era imposible que no le vinieran recuerdos pasados, recuerdos de una vida con un Raúl mentalmente sano, siendo amigos y riendo, compartiendo sus sueños de futuro. Ya llevaba cinco pasos y Galdian decidió quitar la anilla de la granada. El olor a la sal inundaba el desierto y una leve brisa hacía pequeños remolinos de sal entre las dunas y las pocas rocas que por ellas asomaban. Por fin los diez pasos. Galdian se giró preparado para lanzar la granada pero Raúl fue más rápido y la lanzó antes. Su granada iba directa hacia Galdian describiendo un arco en el aire. Galdian se lanzó hacia un lado pero fue innecesario, pues la granada explotó en el aire sin hacerle ningún daño. Al parecer Raúl quitó la anilla demasiado pronto. Barf, con toda la tranquilidad y calma del mundo, levantó en el momento de la explosión un muro de sal para proteger al resto de los efectos de la granada. Galdian aprovechó el instante en que caía al suelo tras apartarse para lanzar su granada. La lanzó más recta y más directa que la de Raúl y éste tuvo que echarse también al suelo por que le iba a la cara. La bomba explotó y levantó una cortina de humo y sal. Galdian se tumbó en el suelo y sacó su pistola de cuatro balas, aguardando a que el humo y la sal se disiparan. Cuando por fin lo hizo, no vio a Raúl. Galdian se extraño y pensó que tal vez la explosión lo hubiera lanzado detrás de la duna, ocultándolo a la vista. Miró a sus compañeros pero se encogieron de hombros indicando que tampoco habían visto nada. Al final Galdian se levantó y con cuidado se acercó a inspeccionar. Cuando llevaba unos cuantos pasos Raúl, que estaba escondido debajo de la sal, saltó y disparo tres veces con su pistola. Galdian volvió a echarse a un lado y, mientras caía, le disparó. Esta vez no fallo, y la bala le dio en la frente, matándolo al instante. Ahora su pistola marcaba tres balas. El grupo se acercó al cuerpo. Galdian se puso algo triste por ver en qué había terminado su antiguo amigo. -No hay tiempo que perder- Dijo Archacón, fría y hermosa como siempre.- Llamaré a John y que nos vengan a recoger- Se tocó en la oreja donde llevaba un comunicador como los de los agentes de la CIA y se alejó para hablar. Galdian se acercó y le cerró los ojos al pobre Raúl, sintiendo de repente un profundo duelo por él. Barf hizo palpitar su cerebro y la sal que estaba bajo el cadáver se apartó lentamente formando un hoyo. Cuando Raúl estaba abajo, la sal volvió a cubrirle. -Gracias- Dijo Galdian. Barf hizo un ademán con la mano y se alejó a encenderse un puro. Un par de horas después un helicóptero llegó y de él bajó John, con su traje negro y la capa blanca. Todos subieron al aparato, pasando por delante del agente de la CIA sin decirle nada. Todos guardaban rencor a la Alianza por no mandar a nadie a rescatarles en Nueva Persia. En el fondo comprendían que su decisión había sido la más acertada, pero aun así ahora no estaban para hablar de nada. Archacón iba más dolida por fracasar que por cualquier otra cosa y hasta Calcetines miró mal a John, haciendo que éste se sorprendiera por ese pequeño y nuevo destello de inteligencia en el golem. Cuando Galdian pasó a su lado se detuvo y le miró los ojos ocultos tras las gafas negras. -¿Fracaso, no?- Preguntó John. -Chris dijo que pronto vería a Ember.- Dijo. Después subió al aparato. John se quedó con una expresión de terror. Parecía que le daba a esas palabras un sentido que Galdian no entendía. -Entonces hay que ir a Washington inmediatamente- Dijo. Hicieron escala en Chipre y cambiaron de avión. Allí Patrick se reencontró con su querido Algodón y tanto el caballo como el irlandés se pusieron muy contentos de reencontrarse. De allí tomaron un avión hasta una base de la Alianza al sur de Francia donde tomarían otro avión de largo recorrido para ir a Washington, donde estaba entonces Ember Flamestrike. Para Galdian y los demás era una nueva oportunidad de detener a su enemigo, y esta vez no se podía fallar. Aquella noche la pasaron en la base al sur de Francia. Galdian no podía dormir, el remordimiento de matar a su viejo amigo era muy fuerte. Decidió que saldría a dar un paseo nocturno. No llevaba más que un poco del pasillo recorrido cuando oyó pasos a su espalda. Se volvió y vio a Archacón. Iba cubierta con una manta para protegerse del frío, pues esa noche hacía bastante. -¿Qué haces aquí?- Preguntó el soldado. -Sabía que no podrías dormir y que saldrías… Sobre todo después del día que hemos pasado… Archacón se le acercó hasta pocos centímetros de su cara. Estaba más guapa que nunca allí a la luz de la luna que entraba por la ventana, y sus ojos no tenían la mirada tan fría que de costumbre, aunque el tatuaje de la cara no le quitaba el aspecto feroz. Galdian se empezó a poner nervioso. -¿Y por qué me esperabas? -Porque no he dejado de pensar en lo que me dijiste en el avión antes de empezar la misión…lo de que solo vivo por las misiones y todo eso… No dejé de pensar en eso y por eso creo que no pude cumplir mi misión. -¿Y en que piensas exactamente? Archacón se acercó un poco más -Quiero que me enseñes a vivir… Ella se acercaba cada vez más a sus labios. Galdian deseaba aquello desde el primer momento en que la vio. Aun así, la reacción de ella le pilló por sorpresa y la retuvo unos segundos. -Archacón… -No. Llámame Casiopea. Y ella dejó caer su manta al suelo y lo besó. 29 A pesar de pasar la noche juntos, Casiopea volvió a ser fría como siempre. Cuando Galdian despertó, ella ya se había ido, por lo que se vistió y se reunió en el comedor con sus compañeros. Allí estaba ella, sentada sola. Galdian se le acercó y hablaron, pero estaba como siempre, parecía como si lo que pasó la noche anterior no hubiera sucedido nunca. Al final, Galdian se sentó en la mesa con sus compañeros. Como el avión a Washington no partía hasta tarde, decidieron salir a estirar las piernas hasta un pueblo allí cercano. Tras el desayuno, Patrick montó a Algodón, que ya necesitaba estirar las piernas un poco y Barf montó a la grupa, no sin quejarse antes de montar con el “estúpido mono.” Galdian subió al hombro de Calcetines como siempre. El golem había cambiado. Seguía con sus limitaciones pero parecía más despierto, menos infantil. Incluso participaba en las conversaciones del resto, a su manera, pero de una forma más seria. Ya no daba la sensación de no saber donde se encontraba en cada momento. Caminaron un par de horas y llegaron al pueblo. Pueblo es lo que era ahora, pues en tiempos fue una pequeña ciudad bastante próspera, pero ahora sólo quedaban las típicas ruinas tras la guerra, como en otros tantos sitios. La gente malvivía allí como podía, también como en el resto del mundo. Algunos se sorprendieron ver a aquellos extraños, pues era raro ver forasteros en aquellos tiempos, y menos unos que tenían caballo propio y encima iban con dos mutantes. Algunos se escondían por miedo a ellos pero otros, sobre todo los chiquillos, se acercaban a verlos de cerca. Barf se encendió un puro y Patrick le gritó porque tenía miedo de que le quemara la espalda o que le cayera ceniza a Algodón. Barf le gritó admitiendo que un estúpido humano no era quien para decir a un sapiens lo que debía hacer y así empezaron a discutir de nuevo. Galdian y Calcetines se miraron, con una mirada queriendo decir que todo seguía como siempre. Patrick harto de discutir, volvió la vista al frente y llamó a Galdian. -¡Eh, fíjate en esa chica! ¡Qué buena esta! Galdian vio a una joven que llevaba unas jarras, por lo que dedujo que iría a buscar agua. Era realmente muy guapa, con una larga melena rubia, y no debería llegar aún a los veinticinco. Galdian sonrió pero hizo intención de pasar de largo aunque Patrick detuvo el caballo para verla mejor. Cuando Barf se fijó en ella, su horrenda y medio esquelética cara puso una mueca de asombro y su cerebro empezó a palpitar, no como cuando usaba sus poderes, sino de una manera similar a cuando se acelera el corazón. Su puro cayó de su boca y levitó hasta ponerse frente a la chica. Los dos se miraron y ella se puso a llorar, tirando las jarras al suelo. Galdian pensó que ya la había asustado, pero para sorpresa de todos, en especial de Patrick, ambos se fundieron en un largo abrazo. La chica lloraba de alegría y lo más sorprendente: Barf lloraba como un niño. -¡Míralo! Qué listo,…Si esa era su novia, vaya cabrón que está hecho…- Dijo Patrick -Acerquémonos a ver- Dijo Galdian. Se acercaron y Barf y la chica se soltaron. -¿Os conocéis?- Preguntó Galdian. La chica hizo un ademán de no entender, al parecer sólo hablaba francés. -Sí…-Dijo el mutante -Vaya coincidencia, ¿no?- Dijo Patrick. -Bueno, sí,…Os lo contaré.- Dijo Barf.- Yo nací en Francia, como os podéis imaginar, ya que nos conocimos en este país, pero no vivía en esta ciudad…En mi ciudad natal, por lo que recuerdo, hubo un terrible bombardeo. Huí de allí con ella pero las armas químicas me transformaron en lo que soy…Ella sufría por mí, pero no estaba dispuesta a abandonarme, y yo sufría por verla así… Barf se puso triste. A Galdian le sorprendió mucho ver al cínico mutante en esa situación. Barf siguió con su historia. -Un día oí una voz en mi cabeza. Esa voz me animaba a estar tranquilo y pretendía guiarme hacia una colonia donde vivían más como yo. Así pues, pensando en que con mi partida ella estaría más feliz por no ver continuamente en qué me había convertido, le dejé una nota diciéndole que estaría bien, que me iba con los míos, y me marché. Un sentimiento extraño me guió hasta las montañas, y allí conocí al Maestro y me uní a la colonia de los mutantes sapiens, la que conocisteis. El resto ya lo sabéis: luchasteis con las criaturas del Maestro, me dio la misión de estudiar a los humanos… Cuando me conocisteis, llevaba seis meses allí. Seis meses en la ciudad de los sapiens y tres que pasé antes vagando por ahí. No hace ni un año que soy un mutante. Y por lo que me ha contado ella, vagó hasta llegar aquí donde se instaló definitivamente. En fin, eso es todo. -Es curioso…Este me hace pensar en algo…-Dijo Patrick. -¿En qué?- Preguntó Galdian. -El Maestro ese guiaba a Barf hasta su refugio… ¿Y cómo hizo Chris para guiar a todos los soldados que recibieron el virus hasta las puertas de tu casa? Galdian se quedó sin palabras. No se había planteado eso…Lo que estaba claro era que Chris no era un mutante sapiens… ¿Acaso le ayudaba alguno? Habría que meditar más en ello. La chica le sacó de sus pensamientos al volver a abrazar a Barf. Éste se dejó abrazar de nuevo y comenzó a sollozar. -Anda que menuda suerte tuviste…Echarte a semejante tía de novia…-Dijo Patrick a Barf. -No es mi novia. Es mi madre.- Dijo el sapiens. Todos se sorprendieron. Hasta Calcetines comprendía que eso era imposible. -¡No puede ser! ¡Es muy joven!- Replicó Galdian. -Me tuvo con solo diecisiete años… -Entonces…-Preguntó Patrick como intuyendo la respuesta. -Eso es.- Dijo Barf.- Tengo tan solo seis años. 30 Era una sorprendente revelación: ¡Barf tenía tan sólo seis años! Aunque como el mismo explicó, como su mente estaba muy desarrollada se comportaba y razonaba al mismo nivel que un adulto. Era realmente sorprendente. El cínico e irónico fumador de puros y adicto al juego Barf no era más que un niño de seis años. Tras hablar con su madre y por lo que luego contaría el propio Barf, ya que hablaban en francés y no pudieron entender casi nada de la conversación, la madre estaba bastante bien instalada allí, así que Barf seguiría con su viaje, volvería a informar a su Maestro y luego regresaría para ver a su madre. Con lágrimas en los ojos, ambos se despidieron pues ya se hacía tarde y el avión no tardaría en partir a América. Durante el camino, Patrick no hizo ni un solo comentario. No hizo ninguna de sus bromas ni trató de provocara Barf como hacía siempre. Más tarde le diría a Galdian que le daba reparo meterse con un niño pequeño. Barf, que se dio cuenta del cambio de su amigo, debió de leerle la mente porque murmuró uno de sus habituales “estúpidos humanos”. De nuevo en la base, subieron a un avión en el que les esperaban John y Archacón. Al parecer la asesina iría de refuerzo a la casa blanca también. -Ahora la nueva misión es permanecer cerca del Presidente- Dijo John- Aguardaremos la venida de Chris y le daremos caza. Sabemos que el espía habrá informado de nuestras medidas de seguridad a Chris, así que lo mejor será permanecer en la Casa Blanca y defendernos allí. -¿No será mejor huir a un lugar más fortificado? A fin de cuentas, si cambiamos de escondite el espía se lo dirá a Chris, por lo que podemos hacer que vaya a donde nosotros queramos.- Dijo Galdian. -No. Defenderemos la Casa Blanca y lo que contiene a cualquier precio.- John se dio cuenta de que había hablado demasiado y los demás se extrañaron. -Barf se preparó a leerle la mente, pero le fue imposible. Los agentes de la CIA estaban entrenados para bloquear su mente y debió intuir que Barf intentaría leer sus pensamientos. Una vez en el aire, Galdian se acercó a Archacón. La asesina estaba más receptiva a hablar, aunque se centró sólo en temas tocantes a su nueva misión. Aun así a Galdian le pareció que algo en ella, en su mirada y en sus palabras era diferente. Era como si algo dentro de ella hubiera cambiado, aunque muy ligeramente. Horas después el avión sobrevolaba Washington. Como otras tantas capitales en las que Galdian había estado, ésta igual permanecía intacta y no sufrió los estragos de la guerra, por lo que era un refugio para todos aquellos que conseguían llegar a ella. Del aeropuerto militar fueron a la Casa Blanca. La mansión presidencial era ahora un fuerte. Centenares de soldados patrullaban el recinto y había unas cuantas baterías de cañones instaladas afuera. En la puerta del edificio, el grupo se reencontró con los agentes de la CIA compañeros de John: el bigotudo y el de las ojeras. Seguían como siempre, con traje negro y capa blanca. Les guiaron por dentro del edificio donde había más soldados y algunos otros agentes de la CIA. Galdian observó la épsilon tatuada en algunos de los soldados. -¿Éstos soldados de élite…?- Preguntó. -No. Estos no han sido tratados por el virus replicante. No te preocupes, en cuanto venga Chris no nos traicionarán.- Respondió John. Llegaron al despacho oval. Allí estaba Ember Flamestrike, hecho un manojo de nervios. Saltaba a la vista que estaba muy asustado. -¡Galdian! ¡Por fin alguien capaz de plantar cara a Chris! Dime qué te dijo exactamente ¿Que vendría pronto? ¿Que vendría a atacar? ¿¡Qué te dijo?!- Dijo Ember levantándose de su sillón, casi histérico y acercándose a Galdian. -Me dijo que te dijera que pronto os veríais. -Joder, sabía que esto iba a pasar… -No se preocupe señor presidente. Nuestra misión es protegerle y eso haremos- Dijo Archacón. Galdian pensó que hablaba como una soldado todavía fiel a la Alianza, no como Galdian y Patrick, que estaban allí por las circunstancias. Además, después de saber que experimentaron con ellos sin su consentimiento, su confianza en ellos era mínima. Pero aún iba a decaer más, porque dos días después de su llegada a Washington, la vida de todos cambiaría para siempre. Los dos días siguientes a su llegada, Galdian y su grupo montaban guardia ante las puertas del despacho oval. Galdian intentaba hablar con Calcetines y hacerle despertar recuerdos de su vida humana, aprovechando que ahora el golem no era tan estúpido. Hasta salió del propio Calcetines la voluntad de luchar, y él mismo dijo que ya no se escondería nunca más. Barf y Patrick pasaban el rato jugando a las cartas. Aunque a Patrick le daban reparos provocar a un niño de seis años, pronto dejó esa idea de lado y las discusiones entre ambos volvieron a ser frecuentes. Archacón estaba sentada ante uno de los ventanales, inmóvil, como esperando a su presa. A veces hablaba con Galdian pero seguía tan fría como siempre para pesar de éste. A veces al hablar ella le rozaba la mano o el brazo y Galdian no sabía decir si era sin querer o lo hacía aposta. Ember pasaba los días metido en su despacho con John, el bigotudo y el de las ojeras. Una vez al día, John entraba en el despacho con un misterioso maletín. En una ocasión a Patrick le picó la curiosidad y se acercó a la puerta para intentar oír algo. Sorprendido, se retiró de allí diciendo que había oído hablar a varias personas desconocidas y con acentos extranjeros. Era realmente curioso, en palabras de Patrick. Por fin, a las cinco de la tarde del segundo día. Comenzaron las explosiones. Dos helicópteros de combate se pararon ante la Casa Blanca y se pusieron de lado. Por las puertas laterales salieron los encapuchados de Chris con lanzacohetes. En pocos segundos hicieron volar las baterías de cañones y a la mitad del destacamento de soldados. Tras eso, un helicóptero se acercó a tierra y saltaron de él seis hombres. En cabeza iba Chris, con su espada en una mano y una uzi en la otra, seguido del Duque y otros cuatro hombres. Galdian y los demás entraron en el despacho de Ember. El presidente estaba junto a los tres agentes mirando por los ventanales. Galdian y los demás se acercaron a mirar. Chris, que iba en cabeza, despachaba sin dificultad a todo aquel que salía a su encuentro. Daba la impresión de que el Duque y los demás solo estaban allí como el séquito de un rey, porque no hacían nada por combatir, pero tampoco era necesario que lo hicieran, pues en apenas dos minutos desde que Chris tocó tierra, ya había matado a por lo menos cien hombres. Y lo que es peor, se acercaban directamente a los ventanales del despacho oval. Cuando estaban ya cerca de los ventanales, dos de los encapuchados se acercaron y dispararon con sendas escopetas a los cristales. Los disparos hicieron saltar los cristales y todos se protegieron instintivamente ante los disparos, aunque Barf fue más rápido y paró los cristales en el aire haciéndolos descender después con suavidad hasta el suelo. Chris y su séquito entraron al despacho por los ventanales. Galdian y los suyos se pusieron en guardia. Galdian se descolgó la oxidada espada-chapa, Patrick descubrió el brazo-sierra y lo activó con un chasquido, Barf extendió sus manos y Archacón sacó dos cuchillos y se preparó en una pose como preparada para saltar. Hasta Calcetines dio un paso al frente y se puso en guardia. Ember se colocó tras el grupo y los tres agentes le rodearon para cubrirle. Ember gimoteaba. -¡Cuánto tiempo sin verte, viejo amigo! –Dijo Chris dirigiéndose a Ember.- Supongo que sabes a qué he venido. -¿Cómo lo has sabido?- Balbuceó el presidente. -¿Crees que hay algo imposible para Chris Anger, el soldado perfecto?- Replicó Chris, y su voz adquirió un cariz de odio- ¡Me bombardeasteis! ¡Intentasteis replicarme! ¿Acaso creías que esto no pasaría? -¡Tú te prestaste voluntario al proyecto del virus replicante!- Chilló Ember. -¡Sí! ¡Pero si hubiera sabido lo que ibais a hacer, nunca habría aceptado! -¿De qué coño habláis?- Peguntó Galdian. -¡Te lo dije, Galdian! –Dijo Chris- ¡Te dije que al final acabarías uniéndote a mí! ¡Ahora te contaré toda la verdad, y cuando lo sepas, compartirás mi idea de erradicar a esta humanidad corrupta! -¿Qué verdad?- Preguntó Patrick -La verdad tras la guerra y tras el experimento del virus replicante- Dijo Chris. Continua en http://cortedelosespirituspuros.blogspot.com/


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