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  ficcion > Ciencia FicciónMadhí, capítulos 11 a 15

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se publicó en la web el 01 de Agosto del 2008

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  Categoría: ficcion > Ciencia Ficción
  Titulo:

11 -¿Por qué el mismísimo presidente de los Estados Unidos se toma tantas molestias en hablar con dos simples ex-soldados?- Preguntó Patrick -Os necesito. La Alianza Occidental os necesita. Nos enfrentamos al mayor desafío desde que estalló la guerra- Dijo Ember mientras se sentaba de nuevo en el sillón. -Y ese desafío se llama Chris Anger- Dijo Galdian -¿Cómo lo sabes? ¿Le has visto? -Sí. Nos encontramos con él en Italia y en los Alpes. -Entonces me ahorraréis muchas explicaciones- Ember juntó las manos y se inclinó sobre el caro escritorio- El general Anger nos ha traicionado. Ha creado una guerrilla con un grupo de soldados de élite también traidores y se dedica amasar una enorme fortuna. -¿Y qué pintamos nosotros en todo esto?- Preguntó Patrick mientras se cubría bien el brazo derecho del que le asomaba un poco la sierra por debajo de la capa. -Chris es el soldado perfecto. Tú Galdian eres el más parecido a él. Eres el único que puede enfrentarlo en igualdad de condiciones- Dijo Ember -Lo dudo. Él siempre ha sido el mejor- Galdian recordó cuanto admiraba al general, cómo deseó tantas veces saber luchar como Chris. Ember sonrió -Ten fe. Eres tan bueno como él. -¿Y qué tiene que ver que ese hombre se haga rico? Mejor para él, a nosotros nos da igual-Dijo Barf. Patrick y Galdian pensaron igual, aunque este último se mostraba dubitativo. -En parte Barf tiene razón. Ya no somos soldados y no luchamos por la Alianza. -El motivo por el que os afecta es muy sencillo: es muy probable que con ese dinero Chris cambie el poco orden que queda en el mundo. No podemos permitir que estando el mundo como está se hunda en una crisis mayor que la que ya tiene por culpa de la ambición de un traidor. Si eso ocurre este mundo será peor tanto para toda la Alianza como para vosotros. Galdian rió. -Ahora lo veo claro. Es sólo por miedo. ¡Tienes miedo de que alguien te quite el poder! ¡Que alguien te destrone tanto a ti como a las personas que te han hecho presidente! Lo siento, pero no vamos a ser tus peones, Flamestrike. -Bien dicho, chaval- Dijo Patrick -Estúpidos humanos…-Dijo Barf Al decir esto los tres se dieron la vuelta para salir por la puerta. Galdian cogió por uno de sus enormes dedos a Calcetines, que estaba mirando los cuadros de la sala, y se dispusieron a marcharse. Cuando iban a salir John se puso delante de la puerta. -Creo que aún no habéis oído todo- Dijo -John tiene razón-Siguió Ember- Hay otro motivo por el que deberíais ayudarnos. Pensad en todos los países, gobiernos y ciudades que Chris saquea. Al llevarse el dinero condena a muchas personas a la miseria, a no tener comida, no tener recursos…les condena a una muerte segura, o peor aún, una vida miserable que les haga desear estar muertos. -La expresión de Galdian cambió por completo. Tenía razón ¡maldita sea, tenía razón! Chris estaba condenando a muchas personas a la muerte ¿Cuántos niños morirían de hambre por quedarse sin recursos? ¿Qué tipo de persona sería si se negaba a solucionar eso? -Eso es chantaje, Flamestrike. Usas nuestra conciencia para que hagamos lo que a ti te interesa- Dijo Patrick señalando al presidente con tono acusador. -Yo sólo os expongo datos objetivos. Y bien, ¿nos ayudaréis? Galdian miró a Patrick que asintió con la cabeza, luego miró a Barf que le devolvió la mirada con unos ojos inexpresivos. -Muy bien Ember, te ayudaremos, pero por los inocentes, no por ti. Flamestrike se pasó la mano por su flequillo engominado sonriente, luego acercó unos papeles que tenía sobre la mesa a Galdian, que los recogió. -¿Y esto?- Preguntó -Es el plan. La trampa para cazar a Chris. -¿Trampa? ¿Qué te crees, que es un ratón?- Preguntó Patrick -Vamos a atraerle con dinero. Mañana viajaréis a Japón. Es el único país de la Alianza en el que hemos podido reunir una gran cantidad de dinero en poco tiempo. Anger irá allí, le estaremos esperando y entonces le atraparemos. -¿Cómo sabrá Chris que hay tanto dinero en Japón?- Preguntó Galdian -Es evidente que Chris, seguramente a través de su grupo de desertores, tenga una red de informantes o espías en el ejército. Nos hemos encargado de hacer que todo el ejército sepa que en Japón hay tanto dinero. Estoy convencido de que Chris ya lo sabe y seguro que irá hacia allí- Dijo Ember- Es más, hemos hecho la prueba con pequeñas aldeas en las que hemos llevado considerables sumas de dinero para comprobar esta teoría y acertamos. -Parece un buen plan- Dijo Galdian mirando los detalles de la trampa en el informe. -Lo es- Dijo Ember- Hemos reunido todo el dinero del país en tiempo récord para tender la trampa, y además-añadió con malicia- contra antes lo atrapéis antes devolveremos el dinero a los pueblos para que la gente siga con su vida… Ember metió el dedo en la llaga. De nuevo otro motivo para que no se negaran. -¡Esto es inaudito!-Chilló Barf, mientras todos se volvieron hacia el mutante. -¿Qué te ocurre?- Preguntó Galdian -¡Son capaces de dejar sin dinero a miles de personas con tal de atrapar a una sola! ¿¡Y todo para qué!? ¡Para evitar que les quiten el poder! Si son capaces de hacer eso a su propia especie, ¿qué les harán a los de la mía? -Cálmate, chiquitín, esto es por un asunto de fuerza mayor- Dijo Patrick Barf levitó hasta ponerse a la altura de Ember. John metió la mano en la capa blanca en busca de un arma, pero Flamestrike le hizo un ademán para que no la sacara. La cara de Barf, horrenda de por sí, lo era todavía más cuando se enfadaba. -No te preocupes Barf, acabaremos con esto cuanto antes para que ese dinero vuelva con quien debe- Dijo Galdian poniendo sus brazos contra los pequeños hombros del sapiens y devolviéndolo al suelo- Te lo prometo. -A mi no me importa lo que les pase a los humanos, es sólo que viendo esto no veo esperanza para los mutantes sapiens. Las ideas de mi maestro nunca podrán realizarse… Tras unos segundos de tenso silencio, Ember habló: -Mañana emprenderéis el viaje. Recuerda Galdian, eres tan bueno como él. Los cuatro compañeros salieron del despacho y el bigotudo y el de las ojeras les llevaron a sus habitaciones. Cuando Ember y John se quedaron a solas, el agente de la CIA se acercó a un armario del que sacó un maletín de color negro que le entregó a Ember. El presidente apretó un botón en el reposabrazos de su sillón y una pantalla de televisión bajó del techo colocándose delante de la cristalera. Mientras el presidente daba la vuelta al sillón para ver el monitor, éste se encendió mostrando a un grupo de gente sentada en torno a una gran mesa. Ember puso el maletín sobre sus rodillas, lo abrió y enseñó su contenido a los demás. El maletín estaba repleto de billetes. -Muy bien señores, -dijo- empecemos 12 Un avión del tipo Hércules llevaría al grupo hasta Japón. En el avión, los cuatro compañeros viajaban con John y con los otros dos hombres de la CIA. Como no podía ser de otro modo, Patrick se resistió a viajar sin Algodón, y aunque el caballo se mareaba durante el viaje, el irlandés lograba calmarlo un poco con sus chistes. A Galdian le sorprendió que en el avión no viajaran más tropas, pero John le respondió que para qué; como Chris era el soldado perfecto, si quería podria matar a todos sin despeinarse así que pare eso mandaban solo a Galdian y a los suyos. Ya sacrificarían tropas de los japoneses si era necesario, no tropas americanas. -Por que yo soy el único que es tan bueno como él, ¿no?-Dijo Galdian parodiando las palabras de Ember. -Exactamente por eso- Respondió John. Durante el viaje aprovecharon para prepararse y revisar sus equipos. El de las ojeras ofreció a Galdian munición para su pistola pero la rechazó. Pensó que las cinco balas que le quedaban eran como un talismán de buena suerte y no quería que esa suerte cambiara. El bigotudo le ofreció en cambio una espada nueva pero también la rechazo. Estaba ya acostumbrado a la tosca hoja de chapa e incluso le había tomado cariño. Eso sí, durante el viaje Galdian aprovechó para limar un poco los bordes oxidados e intentar que el filo quedara algo mas recto, aunque el filo era tan irregular que pronto se dio cuenta que era una pérdida de tiempo; en su lugar prefirió rascar la pintura que quedaba en la chapa. Era curioso, a pesar de tener cariño por esa chapa no sabría decir si era parte de un vehículo, de un edificio o de cualquier otra cosa. Patrick por el contrario se separó un poco de Algodón para engrasarse el brazo sierra y hacerle algunos ajustes con un pequeño kit de herramientas que llevaba oculto en un estuche cosido en la capa. Además se recogió la melena pelirroja en una coleta ya que, por lo que dijo, era una pequeña manía que tenía antes de entrar en combate. Ni Galdian ni Patrick quisieron uniforme ni ropas nuevas; hasta Galdian quiso quedarse el manto de lona de tienda de campaña quemado por los bordes que se hizo hace tanto tiempo. Barf en cambio sí aceptó un traje de cuero ajustado hecho a medida de su pequeño cuerpo porque así se protegía del frío y de cualquier cambio de temperatura que afectara a su frágil salud. El sapiens se pasó el viaje entrenando la mente, intentando componer hombres con piezas o cajas que había por el avión pero no lo lograba, no llegaba todavía al nivel de su maestro. Sí que intentó también enseñar a jugar al póker a los agentes de la CIA, pero eran tan formales que ninguno quiso aprender. Calcetines, por su parte, era evidente que no iba a luchar, pero tampoco era plan dejarlo solo así que les acompañaría de todas formas. Tampoco era un problema porque debido a su dureza saldría bien parado de cualquier circunstancia. A Patrick simplemente le daba igual como acabara. Horas después llegaron a su destino. Tras aterrizar en los restos de una base de la Alianza en Japón (a pesar de estar medio en ruinas seguía siendo operativa) John, siempre acompañado de sus gafas de sol, les guió al lugar donde tenderían la trampa. Para ello él montó en un caballo negro mientras Patrick montaba a Algodón junto con Barf y Galdian iría sobre el hombro de Calcetines. El bigotudo y el de las ojeras se quedaron a hacer unas gestiones en la base. -¿Dónde vamos exactamente?- Preguntó Patrick -Vamos a un castillo que hay en una colina al pie de un acantilado a unos 10 Km de aquí. Es un lugar perfecto para una trampa, en cuanto lo veas lo comprenderás. Durante la cabalgata pasaron por un pequeño pueblo arrasado por la guerra. Harapientos japoneses salieron de sus ruinosas casas para ver pasar a aquel extraño grupo. Lo mas curioso era que estaban muy interesados en los mutantes. -¿Por qué señalan tanto a Barf y Calcetines? ¿Es que no han visto nunca mutantes?- Pregunto Galdian -Aquí a los sapiens los consideran seres demoníacos y los matan o los expulsan- Dijo John -Estúpidos humanos…Que intenten hacer algo conmigo, esos mal nacidos. Conocerán de lo que somos capaces los sapiens- Dijo Barf indignado. Entonces Barf hizo levitar una piedra ante los ojos de una niña que se apretaba a los faldones de su madre. La pobre niña huyó llorando a su casa mientras Barf se carcajeaba. -No deberías hacer eso…no es conveniente buscar problemas- Dijo John -¿Por qué no? Ellos son culpables de que mi raza sufra. -Ya están bastante enfurecidos por haberles quitado el dinero para la trampa, no es conveniente enfurecerlos más. Barf refunfuñó, se encendió otro de sus puros y se calló. -Mi no ver gente como yo…-Dijo Calcetines -Es sencillo, por eso están tan interesados en verte. A los que son como tú se los comen- Dijo John -¿Se los comen?- Los ojos azules de Patrick se abrieron sorprendidos. Galdian se mantuvo serio escuchando. -Sí. Por lo visto el hambre les ha hecho descubrir que la carne de los golem es bastante sabrosa- Respondió John. Un grupo de japoneses observaba a Calcetines con una mirada aviesa. Uno de ellos, uno que llevaba media cara quemada, afilaba un enorme cuchillo. En ese grupo eran todos hombres fornidos y cubiertos de cicatrices. -Esos hombres mirarme mal…-Dijo el golem preocupado. -Es normal. Son cazadores de golems. Se dedican a buscarlos, a matarlos y a vender su carne- Respondió John. -¡Qué miedo!-Exclamó Calcetines. Galdian le dio una palmadita en su cabeza calva. -Tranquilo, no te harán nada. Además no creo que tengas buen sabor. -Mi estar contento-Respondió el golem aliviado. Continuaron el viaje y pasaron por un bosque calcinado. No quedaba ni un solo árbol sano y se podían ver cráteres producidos por las bombas. Pronto el aroma del mar llegó al grupo, que saliendo de los restos del bosque llegaron a un acantilado. Allí solitario se alzaba un castillo japonés. Era evidente que había sido reparado de los daños que sufrió en la guerra, pero aun así resultaba imponente. En cuanto lo vieron comprendieron las palabras de John al decir que era el lugar perfecto para una trampa: el castillo estaba sobre un pequeña península, rodeado por el acantilado y el mar. Sólo se accedía a él por un pequeño camino, que servía de conector con esa pequeña península. El plan era evidente: en cuanto Chris y los suyos entraran en el castillo, un grupo de hombres cerraría el camino y quedarían atrapados en el castillo, donde un pequeño ejército con Galdian a la cabeza acabaría con el traidor. Al parecer por como contaba el plan, John también tenía mucha fe en que Galdian era el único que podía parar a Chris. El resto de los soldados, que no tenían posibilidades ante Anger, servirían para eliminar a los demás traidores y para entorpecer al propio Chris. Galdian estaba muy determinado. Era consciente de que no podía permitir que Chris saqueara los recursos de la gente y aun así parte de su orgullo de soldado de élite de la Alianza Occidental salió de nuevo a flote, ya que saber que todo ese dinero iría para los islamistas de Perro del desierto, sus antiguos enemigos, también le enfurecía. Una vez en el castillo fueron recibidos por un grupo de soldados japoneses de la Alianza, que se llevaron a Algodón y al otro caballo a los establos. Un japonés menudo, con bigotito y con una armadura de samurái sobre las ropas militares les salió al encuentro. -Éste es el comandante Kimura, oficial al mando del castillo Fuhinawa, donde nos encontramos- Dijo John. Kimura, con dos katanas al costado, hizo una reverencia y tanto Galdian como Patrick y John lo imitaron. Barf no se dignó a ello y Calcetines le miraba sonriente. -Es un honor servir a la Alianza y es un honor combatir con dos soldados de élite- Al parecer, Kimura ya había sido informado de que Galdian y Patrick eran soldados de élite. -Es un placer capitán- Respondió Galdian. El comandante habló con su voz grave, curiosos contraste a pesar de su menudo tamaño. -Un batallón de doscientos hombres aguarda entre los muros del castillo, en cuanto Anger entre será inmediatamente acribillado-Kimura se golpeó la palma de la mano con el puño- Además cincuenta hombres bloquearán el acceso al castillo para cortar su retirada. Por favor, pasemos a la sala central y allí entraremos en detalles. El grupo se adentró en el castillo. De nuevo, la tensión antes del combate, de nuevo la emoción de no saber si estarían vivos al acabar el día. Entre todas estas emociones, Galdian olvidó que realmente se mantenía vivo por encontrar a su hermano. Ahora no era por eso. Se mantenía vivo para salvar el futuro de mucha gente que se vería hundida en la miseria, se mantenía vivo para ser un héroe en un mundo de caos y villanos. Aunque en realidad, y en el fondo así lo sabía, desde que despertó tras el ataque a su base sólo se ha mantenido vivo para matar a otros. 13 Los seis entraron en la sala principal del castillo. Era una sala enorme que había sido vaciada para la ocasión, a excepción de que en el centro había apilados varios sacos y cajas. Galdian supuso que allí estaba el dinero. Alrededor de la sala había una balconada de madera, a la cual se accedía por veinte puertas dispersadas a lo largo de toda ella. Estaba sujetada por varias columnas de madera que junto al suelo de la balconada hacían un porche que rodeaba la planta principal. -Allí, en la balconada se posicionarán los soldados- Dijo el comandante Kimura- Veinte puertas la rodean, por ellas entrarán los doscientos hombres de mi batallón en cuanto Anger y los suyos se acerquen al dinero. -¿Van a acercarse hasta aquí?- ¿No les cortaremos el paso antes de llegar al dinero?- Preguntó Galdian -No. Dejaremos que se confíen- Respondió Kimura- Diez voluntarios se colocarán en los pasillos que llevan a esta sala para que Anger y los suyos los encuentren y así no sospechen de que es una trampa. -Pero esos hombres… ¡morirán!-Respondió Patrick. -Es cierto, eso no puede permitirse.-Dijo Galdian Kimura se puso serio y miró a los ex soldados con seriedad. -Esos hombres saben que van a morir y lo hacen con gusto por la causa. Es un honor morir sacrificándose por los demás y es un honor morir en combate. Recordadlo, estáis en Japón. Aquí lo primero es el honor. Kimura lo dijo tan convencido que nadie se atrevió a reprochárselo. Además verlo así vestido con su armadura de samurái y con sus dos katanas parecía que le daba mayor peso a sus razones. -Será mejor que no protestéis y hagáis lo que se os ordena- Dijo John. -Bueno, de acuerdo,-dijo Galdian sin querer ya discutir y deseando acabar cuanto antes con esto.- ¿Y si fracasara el plan? ¿Chris se llevará el dinero tan tranquilo? Debería haber un plan B. -Y lo hay. Observa- Kimura sacó de uno de los bolsillos de su traje militar un mando a distancia y apretó un botón. El dinero estaba colocado sobre un elevador que descendió hasta que el dinero se perdió de vista. Mientras el dinero descendía una plancha de acero cerró el hoyo. El grupo se acercó a donde había estado el dinero. -En el peor de los casos, el dinero descenderá a un búnker nuclear donde es imposible acceder. Chris se irá vivo, pero con las manos vacías- Dijo Kimura. -Interesante…- Dijo Patrick -Ahora hablemos de las posiciones: en el caso de que Chris sobreviva al fuego de mis hombres, tú, Galdian, deberás atacarle cuerpo a cuerpo. Recuerda que eres el único que puede parar al soldado perfecto. Galdian asintió cansado de las veces que había oído ya esa afirmación. -Yo y diez de mis hombres, los mejores, los soldados de élite, aguardaremos tras esa puerta- Kimura señaló un puerta que había en la planta baja. La puerta se abrió y entraron diez soldados japoneses con el símbolo de la épsilon cosido en el brazo.- Tal y como te he dicho, nosotros, y tú, Galdian, entraremos sólo si las balas no han matado a Chris. -¿Y nosotros?-Preguntó Patrick -Tú irás al mando de otros cincuenta hombres y te ocultarás entre las rocas que hay junto al camino que lleva al castillo. En cuanto veas pasar a Chris cerraréis el sendero para coger a todos los que intenten huir. Llevarás esto- Kimura entregó un pequeño comunicador igual al que usaba John y los agentes de la CIA- Está sintonizado con el mío. En cuanto Anger entre en el castillo, nos avisarás. -De acuerdo-El irlandés cogió el aparatito y se lo puso en la oreja. -¿Y los mutantes?- Preguntó Galdian. -John les llevará a una sala apartada del combate. Allí pueden esperar a que todo acabe- Dijo Kimura Calcetines suspiró aliviado. -Mi estar contento. -Bien, ahora ¡en macha! Pronto anochecerá y sabemos que es a esas horas cuando Anger actúa. Tal vez no vengan hoy, ni mañana, ni nunca, pero hay que prepararse. Y recordad: luchad y morid con honor- Kimura hizo el saludo japonés y luego hizo reaparecer el elevador con el dinero. Patrick se fue a la entrada del castillo a reunirse con su escuadrón. El comandante y sus soldados de élite se fueron a la habitación donde se ocultarían. Galdian se iba a ir con ellos pero Barf le agarró por el brazo. -Desconfía de todo lo que dice Kimura sobre el honor. He leído su mente y no es de fiar. No se decirte que piensa, pero no me gusta lo que he visto en su cerebro. La cara de Barf, con su boca sin labios que siempre mostraba los dientes y sus ojos saltones no era un rostro que pudiera cambiar con las emociones ni era fácil ver si su expresión era alegre o triste, pero a pesar de todo Galdian percibió una seriedad nunca antes vista en el sapiens, por eso comenzó a preocuparse. Aunque realmente el ver a Barf hablar sin sarcasmo por una vez ya era un síntoma de que algo raro pasaba. A lo largo de esa noche no pasó nada. Galdian pasó la guardia hablando con Kimura sobre el honor, oyendo cómo contaba sus hazañas durante la guerra y de cuántas supuestas gestas llevó a cabo contra los orientales islamistas. Galdian hacía como si le escuchara ya que tras la advertencia de Barf no se tomaba muy en serio todo lo que el japonés contaba, en lugar de eso pensaba en dónde podría encontrar a su hermano y en cómo crecía su rabia contra Chris, por traidor, por pasarse al bando de Perro del desierto y se sentía mal consigo mismo por haber admirado tanto a aquel traidor. Patrick en cambio pasó la noche vigilando sin sobresaltos y John, Calcetines y Barf se alojaron en una habitación del castillo; allí John volvió a negarse a querer jugar al póker así que Barf intentó enseñar al golem pero con escasos resultados. Pasó un día más y nada ocurrió, aunque como suele decirse, a la tercera va la vencida y el escuadrón de Patrick divisó la presencia de un grupo de personas. Patrick, oculto entre las rocas junto al sendero, observaba con unos prismáticos (los manejaba con el brazo izquierdo, aun ahora llevaba cubierto el brazo sierra para que al mostrarlo durante la pelea fuera más impactante ) y miró hacia el bosque calcinado: un pequeño grupo de gente se acercaba. En efecto, allí estaban Chris, que caminada junto al Duque y quince hombres. Pero iban con algo más… El irlandés y los japoneses miraban incrédulos. -¡Joder!, no contábamos con esto- Dijo Patrick mientras activaba el comunicador. Pero el comunicador no funcionaba. -¿Qué demonios pasa?- Dijo pulsándose varias veces en la oreja, cada vez con mayor fuerza. -¡Mire señor! ¡Llevan un inhibidor de frecuencias de radio!- Exclamó un soldado que también miraba por unos prismáticos. .Patrick tomó los suyos y miró al grupo de Anger. Uno de sus hombres llevaba una mochila de la que salía una antena. No había duda, era un inhibidor. Con eso todas señales de radio quedaban anuladas y los transistores inutilizados. El irlandés pensó en enviar a un soldado dentro del castillo para informar al resto, pero el grupo de asaltantes estaba ya tan cerca que hubieran revelado su posición. Los asaltantes llegaron al sendero que unía el continente con la península donde se alzaba el castillo Fuhinawa. Allí, Chris se detuvo y se volvió hacia el Duque. Patrick y los suyos contemplaban atónitos a los refuerzos que el traidor trajo consigo. -Tú te quedarás con cinco hombres para evitar que alguien entre en el castillo- Dijo Chris al Duque. -Como ordenéis- El Duque, impecable con una camisa blanca y sus espuelas relucientes, seleccionó a cinco de los soldados de élite para que se quedaran con él. -El resto, iniciemos la operación “demonios de la noche”- Dijo Chris En ese momento, los diez soldados que le acompañaban echaron mano a sus mochilas, de las que sacaron un manto rojo con el que todos se cubrieron, incluido Chris. También sacaron algo que colocaron sobre sus pasamontañas y además descolgaron de sus espaldas unos enormes escudos rectangulares de acero, parecidos a los usados por los antiguos romanos. Desde su posición Patrick y los suyos no pudieron ver qué era aquello que se colocaron en la cara. A una orden de Chris, un soldado voló con un lanzacohetes las puertas del castillo. Los once mas sus refuerzos entraron dentro, vestidos de aquella forma tan peculiar. Mientras entraban, Patrick oyó la última orden de Chris: “una vez dentro se la inyectaremos para desatar su furia” -Espero que nuestros compañeros sepan ser fuertes- Dijo un soldado Patrick miró apesadumbrado hacia el castillo. -Por su bien, eso espero yo también. 14 Galdian y Kimura seguían aguardando en la habitación. Ambos hombres miraban por sendas mirillas que había en la puerta hacia la habitación de la balconada pero todo seguía igual. Cada vez Galdian estaba más convencido de que no iba a pasar nada. Pero entonces se oyó un fuerte estruendo que hizo temblar el suelo, y cada vez ese estruendo se escuchaba más y más cerca. Kimura y Galdian se miraron por unos instantes sorprendidos y luego volvieron a asomarse por las mirillas. El estruendo se acercaba cada vez más hasta que llegó un momento en que se mostró lo que lo provocaba: reventando la puerta y la pared, cuatro mutantes golem enormes, mucho mayores que Calcetines, entraron aullando y dando golpes en la sala de la balconada. Tras ellos llegó un pequeño grupo de hombres. Aunque en realidad parecían demonios. Los hombres iban vestidos con mantos rojos y llevaban grotescas máscaras, máscaras de demonios de las que se usan en Japón para los teatros y también máscaras como las que antes llevaban los samuráis a las batallas. Cada vez que los desquiciados golems se volvían a atacar a los demonios, gemían de miedo y los ignoraban para seguir dando sus gritos desquiciados. En el momento en que los invasores llegaron, entraron los soldados de Kimura sobre la balconada y comenzaron a disparar a las moles y a los demonios. Pero estos iban preparados, y se agachaban tras unos grandes escudos de acero rectangulares que les cubrían mientras que a los golem pocas balas lograban atravesar su piel. Entre ráfaga y ráfaga de los japoneses los demonios rojos azuzaban a las bestias para que destrozaran los pilares del porche que hacía la balconada. De esta forma los soldados de la Alianza caían al piso de abajo donde los golem o los demonios los mataban a placer con sus rifles y espadas. -¡Es increíble! ¡Han venido perfectamente equipados!- Exclamó Kimura mirando por la mirilla. -Da la impresión de que y sabían que era una trampa- Dijo Galdian con rabia- Además, ¿por qué Patrick no nos ha avisado de esto? -No es Patrick lo que me preocupa… ¿No lo hueles? Galdian reconoció el olor. Aun así el humo empezó a entrar en la sala de la balconada. -Fuego ¡Están quemando el castillo! Galdian vio por la mirilla cómo algunos de los demonios lanzaban bombas incendiarias que ardían rápidamente gracias a toda la madera destrozada de la balconada. Muchos de los japoneses que luchaban sin opción de ganar morían pensando que en efecto eran diablos. Pero Galdian sabía que eran hombres y su determinación no cesó. -Comandante, ¡haga salir a sus soldados de élite y contraataquemos!- Dijo Galdian -¡No! Es una locura, moriremos… -¿¡No era usted un hombre de honor?! ¡Demuéstremelo ahora!- Mientras gritaba, Galdian echó mano a su espalda y cogió la espada-chapa. Sin perder más tiempo salió de la habitación camino al combate. Kimura se negó a parecer un cobarde y, desenvainando una de sus katanas, guió a sus soldados de élite hacia la lucha. Galdian entró en el salón, donde ya había una gran cantidad de humo y el fuego se propagaba rápidamente. La balconada estaba destrozada y de los doscientos soldados que había sobre ella pocos quedaban con vida. Tres de los furiosos mutantes estaban muertos pero el que quedaba y los demonios seguían matando como locos. Frente a Galdian estaba el montón con el dinero y delante del montón uno de los demonios estaba quieto. Galdian no sabía si miraba al dinero o lo estaba mirando a él, aunque enseguida el demonio echó mano a su nuca y sacó de su espalada una pesada espada medieval. Después lentamente se quitó la máscara. Tal y como pensaba Galdian, aquel hombre era Chris Anger -Qué aburrimiento…-Dijo Barf bostezando. El sapiens, Calcetines y John estaban instalados en una sala del castillo, sentados en el suelo ante una mesita, esperando que todo acabase. Calcetines se sorprendió al ver aquellas puertas que tenía el castillo, las típicas japonesas correderas, tan frágiles y extrañas y se entretenía abriéndolas y cerrándolas, aunque las rompía casi todas. -No te quejes tanto, hubiera sido peor estar ahí abajo peleando- Dijo John, mientras se apoyaba en la pared envolviéndose con su capa blanca y recolocándose las gafas de sol. -Estúpidos humanos…-Dijo Barf mientras jugueteaba con su baraja Entonces comenzaron a oír las explosiones y los disparos. Los tres se sobresaltaron -Parece que ya ha comenzado…-Dijo Barf Estaban expectantes escuchando los sonidos, como si con ellos pudieran adivinar quién iba ganando. Aunque pronto la habitación comenzó a llenarse de humo. -¡Están incendiando el castillo!- Dijo John mientras comenzaba a toser. -Debemos salir de aquí o nos asfixiaremos- Dijo el sapiens mientras levitaba levemente sobre el suelo. -Esto no pinta bien…Es muy seguro que Galdian, Patrick y todos hayan muerto…-Dijo John -No…no ser posible…amo no morir…no…¡noooooo!- Calcetines se puso a llorar y se lanzó contra una de las puertas correderas, haciéndola saltar en mil pedazos para luego echar a correr pasillo abajo hasta desaparecer entre el humo. -¡Ese bicho está loco! ¿Qué pretende, salvar a su amo o simplemente tiene miedo?- Dijo el agente de la CIA. Barf no dijo nada -Deberíamos salir de aquí ya. Sígueme, conozco una salida- Continuó John. -No. Yo seguiré al golem. -¿Estás loco? ¡Morirás tú también! Barf se giró hacia John y puso una de sus sonrisas sarcásticas. -Por esto somos superiores a los humanos- Dijo mientras salía de la habitación detrás de Cañcetines. Entre el humo y el fuego estaba el líder de los demonios. Chris, con el manto rojo puesto, miraba a Galdian con sus ojos azules. -Vaya, esto es cosa del destino- Dijo -Déjate de cuentos y terminemos con esto, asqueroso traidor- Dijo Galdian poniéndose en guardia con la espada-chapa. Pero Chris no le hizo caso y usó su espada para señalar a sus hombres y al golem que aún luchaban. -¿Has visto qué bien lo he planeado? Para mi grupo de soldados de élite, fue fácil capturar a los golem. Al entrar en el castillo les hemos dado una potente droga que los pone en este estado. Nosotros nos hemos disfrazado así para asustarles y que no nos ataquen. -Siempre te ha gustado oírte hablar, ¿no Chris? Galdian cargó rápido como un rayo contra su antiguo general. Esta vez castigaría al traidor. -No deben de tardar mucho.- Dijo el Duque observando el castillo desde el acceso que llevaba hasta él. El Duque y sus cinco hombres observaban cómo las llamas lamían el castillo, que poco a poco se iba desmoronando a medida que el fuego ganaba altura. No tuvo mucho tiempo más para admirar tan grandiosa hoguera, ya que desde unas rocas cercanas salieron unas ráfagas de disparos. -¡Nos atacan! ¡A los escudos!- Gritó el Duque. Dos de los soldados de élite murieron pero los otros tres descolgaron de sus espaldas los amplios escudos e metal y se agazaparon tras ellos. Tras las ráfagas los cincuenta japoneses desenvainaron sus espadas y cargaron. De pie sobre las rocas, Patrick descubrió su brazo-sierra, que con un chasquido se puso en marcha. A pesar de la superioridad numérica, el Duque y el resto de sus hombres no cedían, demostrando ser auténticos soldados de élite, y mataron a muchos enemigos. Finalmente el Duque vio al irlandés sobre la roca. -Vaya sorpresa…-Dijo el Duque con su acento francés elegante- Supongo que no has venido para unirte a nosotros- Rubio, pálido y de rasgos nobles, el Duque no daba la impresión de ser un veterano de guerra. El irlandés le miró con sus ojos azules y sonrió -Supones bien. Ahora terminemos lo que tenemos pendiente. Patrick se lanzó contra el Duque, que paró su embestida. El florete era tan resistente como de costumbre y no retrocedía frente al brazo-sierra. Por otra parte, el irlandés tampoco se acobardaba de las embestidas del Duque, bloqueando y contraatacando con fiereza. En un momento de descuido, el Duque agarró a Patrick por la coleta, lo puso de rodillas de espaldas a él y le colocó la hoja en el cuello. -¡Se acabó!- Gritó el Duque Pero entonces el suelo comenzó a temblar. El Duque levantó la vista y vio salir corriendo del castillo a una enorme mole de fuego. Era Calcetines, al que le había caído un tizón ardiente encima que le habría prendido fuego a la espalda. El golem iba corriendo como loco tratando de apagar el fuego de su espalda a manotazos. Cuando el mutante llegó al sendero que unía la península donde estaba el castillo con Japón, los soldados se apartaron. El Duque, viendo cómo Calcetines se le venía encima, soltó el pelo a Patrick que continuaba arrodillado y también se echó a un lado. El irlandés no pudo esquivar al golem, que chocó contra Patrick llevándoselo por delante. En el momento del choque, Calcetines desvió su trayectoria un poco a la izquierda, desviándose del camino y dirigiéndose hacia el acantilado, arrastrando con él a su amo. Sin poder evitarlo, ambos cayeron al mar, perdiéndose en las oscuras y agitadas aguas. 15 La marea los arrastró hasta una pequeña playa, metida entre las rocas del acantilado. Patrick despertó aturdido, intentando recordar por qué estaba en esa situación. Cuando se volvió hacia Calcetines, que estaba inconsciente en la arena, lo recordó todo. ¡Ese estúpido retrasado no hacía más que buscarle problemas! Patrick se acordó de su infancia en Irlanda. ¡El golem era muy parecido a muchos humanos a los que conoció! De niño Patrick era muy enclenque y debilucho, era como es Barf ahora. Era tan débil que rápidamente se convirtió en el juguete de todos los niños grandes y fuertes. Aquellos niños vigorosos y altos eran como monstruos para el joven Patrick y le pegaban, le humillaban y hacían que salir de casa o ir al colegio fuera un infierno, pues siempre estaban allí, acechando. Además Patrick lo tenía comprobado: todos aquellos gigantones eran rematadamente estúpidos. En la escuela Patrick los adelantaba con mucha facilidad, lo que añadía otro motivo más para que fueran a por él. El ser mucho más listos que ellos era la victoria que permitía al joven Patrick seguir adelante, pero eso no lo libraba ni de sufrir ni de los maltratos. ¿Es que siempre aquellos gigantones le iban a dar problemas? ¿No saben hacer nada que sea de utilidad? Con los mutantes golem pasaba exactamente igual. Eran grandes, fuertes y, sobre todo, muy tontos. En concreto Calcetines, que era el ser más inútil que nunca se había encontrado. Vale, puede ser que no tuviera culpa de haber mutado, pero por las pintas seguro que cuando era humano era igual de tonto, o incluso más. Patrick miró de reojo al golem. Era el momento perfecto para abandonarlo “¡Que se pudra aquí! Si sigue con nosotros solo hará que nos maten” pensaba. Estaba decidido pues, se iría y lo dejaría allí. El irlandés se quitó la capa, la escurrió y se la puso otra vez, pero justo cuando se iba a marchar oyó unas voces. Patrick se asomó por detrás de una roca para observar. Era posible que fueran sus aliados japoneses buscándole pero también podía ser que fueran los soldados de elite del Duque, así que no convenía arriesgar. Cuando se asomó vio a un grupo de japoneses, pero eran civiles. Estaban recorriendo las rocas buscando comida, ya que algunos recogían cangrejos y otros iban zambullendo arpones en el agua tratando de pescar. Aquellos hombres le sonaban a Patrick…uno de ellos llevaba media cara quemada… ¡claro que sí! ¡Ya lo recordaba! Eran los cazadores de golem, los que se dedicaban a cazarlos para venderlos como alimento. En unos segundos llegarían donde estaba tendido Calcetines. Era obvio que en cuanto lo vieran dejarían de pescar y de buscar cangrejos. Patrick volvió a mirar al golem y le volvieron a venir imágenes de su pasado. Con los años aquellos matones gigantones se quedaron atrás y Patrick hizo un gran esfuerzo para demostrarles que era más listo que ellos. Salió adelante en sus estudios llegando a un buen puesto como soldado de élite en el ejército. “¿Quién es la víctima ahora? ¿Quién se ríe ahora?” Patrick pensaba esto mientras recibía el grado de soldado de elite y mientras le condecoraban por méritos de guerra tras perder su brazo. “¡Que vengan ahora a hacerme la vida imposible! ¡Soy más listo que ellos, ahora estoy en forma y derrotaría a todos esos inútiles con una sola mano!” Así llegó a la campaña en oriente y conoció a su comandante, el hombre que le hizo perder su optimismo. Los cazadores de golems se acercaban. Patrick seguía agazapado tras la roca sin decidirse a marcharse. Estaba claro que Calcetines iba a morir, pero ¿no le daba igual? ¿No iba a abandonarlo de todas formas? El mundo ganaría si no hubiera seres tan estúpidos mancillándolo. Mientras el irlandés pensaba esto, los cazadores de golem llegaron a la pequeña playa y vieron a Patrick apoyado contra la roca. Se mostraron sorprendidos y empezaron a hablar con él, pero Patrick no entendía el japonés y no supo lo que le decían. Al instante vieron a Calcetines inconsciente y se pusieron a dar saltos de alegría y a hablar con un tono muy alegre. Hasta los inútiles que Patrick conoció se darían cuenta de lo que iba a pasar. Los cazadores tiraron su pesca a la arena y sacaron los cuchillos y las hachas para trocear al golem. Patrick corrió abriéndose paso entre ellos y se puso delante de Calcetines impidiéndoles hacerle daño. Se acordó de su antiguo comandante y poco le falto para marcharse de allí. En Arabia su superior era como aquellos que hicieron sufrir tanto a Patrick en su infancia: era grande como un toro pero tonto como una piedra. Sus decisiones militares les llevaban a derrota tras derrota. Eran estrategias absurdas, sin sentido, que no llevaban a ninguna parte. “¿Cómo es posible?” se preguntaba Patrick “¿Por qué alguien como él ha llegado tan lejos? ¡No se lo merece!” Patrick no entendía nada, comenzó a entender que sus esfuerzos no dieron fruto. No pudo marcar la diferencia. Al parecer quizá tuvieran razón y no fuera más que una persona débil que servía como juguete de otros más grandes y tontos que él. Entonces comprendió que en eso se basa la vida de un soldado, y que incluso en la guerra donde las habilidades de cada uno son muy importantes, eso no acaba contando nada para ascender. Un día en una cena de oficiales y soldados de élite en la tienda del comandante, éste comenzó a hablar de su vida, de su infancia y sus correrías. Patrick no se sorprendió al oír sus historias, el comandante dejó claro que desde niño era una persona dotada para el mando, ya que no paraba de mandar a los demás y de hacer que otros chicos más débiles hicieran lo que él quisiera. Era igual que los matones del pasado de Patrick. El irlandés no pudo con tanta frustración, así que se levantó, pegó, pegó un puñetazo que dejó sin sentido a su superior y se largó de la base, convirtiéndose en un desertor. Tras eso conoció a Galdian. Los japoneses gritaban al irlandés y le hacían señas para que se apartara. Como no se movió comenzaron a amenazarle con el cuchillo. Patrick intentó activar el brazo-sierra pero el agua de mar lo había estropeado. No hay problema, para eso se entrenó en multitud de artes de combate. Comenzó a repartir patadas y puñetazos a aquellos cazadores. No era una lucha tan desigual, pensaba Patrick, solo cinco contra uno. Dos cayeron sin sentido tras varias patadas en la cara, a otro le hizo una llave que lo lanzó contra el cuarto cazador. Finalmente solo quedaba el de la cara quemada, que lanzó su cuchillo al suelo y comenzó a hacer reverencias y a disculparse. Al ver que Patrick no le iba a hace nada reanimó a sus compañeros y se marcharon corriendo por entre las rocas. Cuando Calcetines despertó vio a su amo sentado en la arena arreglando su brazo con el kit de herramientas que llevaba oculto en la capa. Al verse perdido y recordar el fuego y la caída, el mutante se puso a llorar y a berrear. Patrick se puso nervioso, y apretando los dientes se volvió hacia golem. -¿¡Quieres callarte ya, engendro inútil?! ¡Vas a hacer que vengan todos los hombres del Duque! Calcetines dejó de berrear y se quedó sentado, sollozando, secándose las lágrimas. Patrick, malhumorado, volvió a concentrarse en arreglar su brazo. Se sentía mal, “¿por qué se había molestado por salvar a ese bicho imbécil?” -Como diría Barf, “estúpidos humanos”- Dijo en voz baja.


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