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  ficcion > FuturistasMISCHA

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se publicó en la web el 29 de Enero del 2007

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  Categoría: ficcion > Futuristas
  Titulo:

Miré a Mischa. Ella parecía no haber advertido que la estaba mirando; o, tal vez sí y no le importaba. Se encontraba al otro lado del vehículo, comprobando su armamento, con todo su pensamiento puesto en la misión. Yo no podía dejar de mirarla, pero tenía que hacerlo para evitar que alguno de nuestros compañeros se diese cuenta. Llevaba enamorado de ella desde el instituto, pero ella siempre me había visto como un amigo. Nunca me atreví a confesarle lo que sentía, porque sabía que nunca sería correspondido. Ella era la chica mas guapa y siempre estaba rodeada de pretendientes, pero a ninguno les hacía caso. Solo le interesaba una cosa, su carrera militar. Yo era consciente de eso, pero nunca dejé de amarla. Por ello, no dudé en seguirla cuando se alistó en el ejército e, incluso, me sometí a las duras pruebas para poder ingresar en esta unidad de elite porque ella lo hizo. Nos dirigíamos hacia Nexos 24, una de las colonias espaciales de la Tierra. Era un planeta desértico, sin apenas vida y difícilmente habitable. En él, se había establecido una colonia minera de la cual se había perdido el contacto hacía varios días y, según una grabación que pudo llegar a la Tierra, el lugar estaba siendo atacado por una especie desconocida. Por ello, no dudaron en enviarnos a nosotros, para muchos los mejores. Mischa disfrutaba con cada misión; para ella era un modo de superarse cada día. La verdad es que era la mejor, ninguno de nosotros podía superarla en combate. Yo, sin embargo, temía por mi vida y la de ella con cada misión, aunque siempre debía ocultarlo a los demás –especialmente a ella -, porque se suponía que no teníamos miedo a nada. Se encendió la luz roja que indicaba que estábamos llegando. Nos preparamos para el combate; Paul, uno de los pocos hombres que quedaban que aún creía en la religión, besó el crucifijo de oro que llevaba al cuello. Yo miré a Mischa de reojo. Se encontraba ansiosa por salir sin despegar los ojos de la gran puerta de acero. Esta se abrió y salimos. Con nuestras armas a punto, nos replegamos y formamos un perímetro. Solo éramos nueve –cinco hombres y cuatro mujeres contando a Mischa -, pero éramos suficientes. En poco tiempo aseguramos la zona. El lugar estaba completamente desierto y la maquinaria que había allí tenía signos de llevar muchos días sin ser utilizada. Una vez asegurado el perímetro, Jackson, nuestro comandante, nos reunió ante la entrada a la mina. Entramos en ella sin dejar de apuntar en todas direcciones y con todos los músculos de nuestro cuerpo en tensión. No veíamos nada. Bajamos al segundo nivel y seguíamos sin ver nada. Aquí, el túnel se dividía en varias direcciones, por lo que tuvimos que dividirnos en tres grupos de tres personas. Jackson me puso junto a Mischa y Roland, uno de los mejores amigos que había hecho cuando ingresé en el ejército; Jackson siempre me ponía con ellos porque formábamos un buen equipo. Los tres nos introdujimos por uno de los túneles. Pronto, un insoportable hedor nos envolvió. Era tan fuerte que daban ganas de vomitar. A medida que avanzábamos, el hedor se iba haciendo mas fuerte. Roland y yo nos quejábamos, pero Mischa no. Supuse que a ella le resultaba tan repulsivo como a nosotros, pero no quería que nadie la viera quejarse. Pronto, llegamos a una parte completamente oscura y tuvimos que usar los visores de infrarrojos para poder guiarnos. Así nos dimos cuenta de que nos habíamos metido en el infierno. Multitud de cadáveres devorados y a medio devorar yacían a nuestro alrededor. Tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para no vomitar. - Parece que hemos encontrado su despensa –dijo Mischa con una serenidad que asustaba. Pronto, algo pareció moverse a nuestro alrededor. Los tres comenzamos a mirar en todas direcciones con nuestras armas preparadas para disparar en cuanto viésemos algo. Durante unos segundos que se nos hicieron eternos no pasó nada. De pronto, una forma surgió de la nada y se lanzó contra Roland. Mischa reaccionó a tiempo y lo acribilló antes de que pudiera alcanzarlo. Yo me había quedado petrificado, pero ninguno de los dos lo advirtió; fue una suerte, me hubiera muerto de vergüenza si Mischa me hubiera visto así. La forma calló al suelo inerte. Nos acercamos a ella con cuidado por si no estaba muerta del todo y vimos que era. Con los infrarrojos no podía verse bien, pero pudimos apreciar que era algo que no habíamos visto antes. Era algo de aspecto humanoide, pero cubierto por una membrana viscosa. Poseía unas extremidades semejantes a las de un felino que lo hacían muy ágil y fuerte; además, poseía dos enormes mandíbulas provistas de afilados dientes. También nos dimos cuenta de que sus ojos estaban adaptados para poder ver en la oscuridad, lo que le convertía en una verdadera amenaza en aquel lugar. Antes de darnos cuenta, otras dos figuras se movieron a nuestro alrededor. Soltamos unas cuantas ráfagas hacia todos lados, pero las cosas se movían a gran velocidad. Tratamos de comunicarnos con los otros equipos, pero solo escuchamos gritos y disparos al otro lado de las radios. - ¡Larguémonos de aquí! –gritó Roland alterado. Los tres salimos corriendo de allí, pero pronto nos metimos en un laberinto de pasillos que dificultaba nuestra huida. Aquellas cosas seguían acechándonos. Podía sentirlos y, seguramente, Mischa y Roland también. La miré. En ningún momento mostraba miedo ni se dejaba llevar por la situación; creo que yo temía mas por ella que ella misma. Uno de esos seres salió de la nada y se lanzó contra mí derribándome. Roland, que se encontraba mas cerca de mí, trató de quitármelo a patadas, ya que no podía usar su arma por si me daba a mí. El ser le mordió la pierna y se fue corriendo mientras Mischa le disparaba. Cuando desapareció, ella comenzó a correr persiguiéndole. - ¡Mischa! –grité. - ¡No nos dejarán en paz!¡Tu saca a Roland de aquí! –gritaba mientras se alejaba desapareciendo en la oscuridad. Yo quise correr detrás de ella, pero no podía dejar a Roland allí. La herida de su pierna sangraba mucho y parecía bastante grave. Le hice un torniquete y, tras apoyarlo en mi hombro, comenzamos a huir buscando la salida. El sonido de unos disparos provenientes de por donde se había ido Mischa me hicieron temer lo peor. Mientras huía con Roland colgado de mi hombro no paraba de pensar en ella. Por muy buena que ella fuese se enfrentaba a un peligro al que no se había enfrentado antes. Si no fuera porque tenía que sacar a Roland de allí hubiera ido corriendo a buscarla; no podía dejarla allí sola. No obstante, algo captó mi atención. De nuevo la sensación de que algo nos estaba acechando. Era la otra bestia. No había seguido a Mischa, si no a nosotros. Dejé a Roland en un rincón y me puse a apuntar en todas direcciones con mi arma. Aquella cosa se movía a gran velocidad y me costaba poder encañonarla. Disparé varias ráfagas pero ningún proyectil impactó en él. Finalmente, logré darle cuando pasaba frente a mí. Me acerqué cuidadosamente al cuerpo inerte para comprobar si estaba muerto. Tuve mucho cuidado, pero me di cuenta de que había sido una trampa demasiado tarde. El ser se levantó inesperadamente y se abalanzó sobre mí derribándome. Mi arma cayó demasiado lejos y no pude cogerla. El cuerpo pesado de aquella cosa estaba sobre mí inmovilizándome. Sus garras se hundían en mis brazos y piernas provocándome un gran dolor y pude ver como acercaba sus fauces a mi garganta. Conseguí agarrar su cuello con una de mis manos e intenté frenarle, pero aquel bicho era demasiado fuerte y a penas podía detener su cabeza. Mi única esperanza era coger mi cuchillo, el cual llevaba insertado en el cinturón. Pero era muy difícil, ya que la criatura me sujetaba el otro brazo. Poco a poco, logré agarrarlo y lo hundí en su costado. El ser soltó un fuerte alarido y noté como se apartaba de mí. Momento que aproveché para arrastrarme hacia donde estaba el arma. La agarré y encañoné al ser, el cual se disponía a contraatacar. Apreté el gatillo y una lluvia de proyectiles lo atravesó. Murió al instante, pero yo estaba tan alterado que no dejé de apretar el gatillo hasta que el cargador se vació. Respiré hondo mientras miraba el cuerpo de aquella cosa desangrarse. Luego miré a Roland, quién estaba medio inconsciente, pero vivo. Creí que el peligro había pasado, pero, de nuevo, volví a equivocarme. Fui un estúpido al no haber recargado el arma enseguida, puesto que otro de esos seres salió de las sombras y se lanzó contra mí a gran velocidad. Aquel era mi fin. Solo podía pensar en Mischa durante los segundos que me separaban de mi fatal destino. “Ojala le hubiera dicho que la amaba –pensé cuando el ser estaba a punto de alcanzarme. Pero, en esos momentos, una lluvia de proyectiles acribilló a la bestia antes de que pudiera alcanzarme. Miré hacia el lugar de donde provenían los disparos y la mujer que ocupaba mis pensamientos estaba allí, erguida, con su arma en las manos con el cañón aún humeante. Estaba cubierta por la sangre de esos seres y tenía varias marcas de arañazos. Sin embargo, parecía serena. - ¿Estás bien? –me preguntó. Yo asentí porque me había quedado sin palabras. - Cógele –dijo mientras señalaba a Roland -. Hay muchos mas. Tenemos que salir de aquí. Entonces, abrí los ojos como platos cuando ví a varios de esos seres surgir de las sombras tras ella. Iba a gritar para avisarla pero ella debió adivinarlo y, antes de que pudiera decir algo, se volvió bruscamente y comenzó a acribillarlos como si fuera lo único que hubiera hecho en su vida. Las criaturas caían bajo sus disparos. Era como si ella, instintivamente, adivinara sus movimientos. De repente, su cargador se agotó cuando aún quedaban dos en píe. Estos se lanzaron contra ella. Pero Mischa, sin perder la calma, desenfundó su cuchillo y desgarró la garganta de uno mientras golpeaba con la culata de su arma al otro. Este se aturdió un poco, pero enseguida reaccionó y se lanzó contra ella. Pero no llegó a tocarla, ya que le lanzó el cuchillo contra él clavándoselo entre los ojos. - ¿Pero como…? –pregunté asombrado mientras recargaba mi arma. - Son rápidos y astutos –decía ella mientras se acercaba a Roland para comprobar como estaba -, pero, si te fijas bien, sus maniobras son siempre las mismas. Si combates contra ellos y sobrevives lo suficiente puedes adivinar sus movimientos. Era increíble. Incluso en una situación como esa ella era capaz de controlar la situación. Yo, sin embargo, solo podía pensar en como salir de allí y si ella estaba bien. Me había enamorado de una mujer nada corriente. Volví a cargar a Roland en mi hombro y reanudé el camino mientras ella nos cubría. Finalmente, conseguimos encontrar la salida. Jackson, Paul y una de las mujeres, Erin, nos esperaban fuera. Todos estaban heridos levemente y ensangrentados. - ¿Dónde están los demás? –preguntó Mischa mirando en rededor. Jackson, cabizbajo, meneó la cabeza. Ese gesto era mas que suficiente. - Nos vimos sorprendidos –decía Paul entre sollozos con su crucifijo muy bien agarrado -, eran cientos… - ¿Qué hacemos ahora? –preguntó Mischa. - Irnos de aquí cuanto antes –respondió Jackson –. He pedido un ataque aéreo. Arrasarán la mina por completo. Regresamos a la aeronave y nos alejamos de allí a toda prisa. Varios cazas se cruzaron con nosotros en el camino. - No creo que eso los destruya –dijo Mischa a Jackson -. Esas cosas provienen de las entrañas de este planeta. - Lo mas seguro es que el planeta sea puesto en cuarentena –dijo Jackson mientras curaba la pierna de Roland -. Acabamos de descubrir una especie demasiado hostil. Ella se encogió de hombros y regresó con nosotros. Se sentó en uno de los costados del vehículo reposando la espalda en la pared de metal. Yo, sentado frente a ella, la observaba. A pesar de estar llena de arañazos y cubierta por la sangre de esos seres –la cual, vista sin los infrarrojos era de un color verde oscuro, casi negro –estaba preciosa. Encendió un cigarrillo y comenzó a fumar mientras se relajaba. Me miró y sonrió. - Esta vez la misión ha estado mas animada que las otras veces ¿no te parece? –dijo antes de soltar una pequeña carcajada. Yo hice como que me reía, pero me puse serio en cuanto ella me dejó de mirar. Ella disfrutaba con este trabajo mientras yo lo odiaba. Para mí era como estar en el infierno. Cada día que pasaba deseaba dejarlo. Pero, la sola idea de estar lejos de ella me aterraba mas que esas criaturas que habíamos dejado atrás. Mi amor me tenía prisionero en aquel lugar.


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