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  eroticos > OtrosMANOSEADO EN EL METRO

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se publicó en la web el 19 de Abril del 2005

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  Categoría: eroticos > Otros
  Titulo:

MANOSEADO EN EL METRO DEL DF Este es un mail que le mandé recientemente a una persona muy especial. Le pedí permiso para publicarlo y no me dijo que no, así que decidí compartir este relato con quien lo quiera leer. Es algo real que me pasó aquí en la Ciudad de México. Tal vez a tí te haya pasado algo parecido... "...Antes que nada una disculpa por la tardanza, pero de verdad que me ha sido imposible escribirte. Espero que no me pagues con la misma moneda… Pasando a lo del relato, no recuerdo que me hallan pedido nombre para mi relato pero sí la categoría y lo clasifiqué como “sexo tumultuario”. Pero no comas ansias que mejor aquí mismo te lo cuento a ti solito. Trataré de ser lo más apegado posible a la narración que publiqué. Tu pregunta era si alguna vez lo había hecho con varias personas, y yo te contesté que había vivido una experiencia similar, pero vamos a ver que nombre tu le pones. Espero no decepcionarte o que me creas enfermo mental. No es muy sofisticado pero bueno, pues ahí te va… Antes que nada déjame describirme un poco. Tengo 27 años, mido 1.64, bien proporcionado. Soy de piel clara, pero apiñonada. Tengo el cabello semi-largo, color café oscuro. Y de cara, me dicen que soy guapo. Tengo ojos cafés claro, nariz recta y labios muy gruesos y carnosos. Pero mi mayor orgullo han sido siempre mi estrecha cintura en contraste con mis bien formadas nalgas y piernas, resultado de años de ejercicio en el gimnasio y algunos deportes ocasionalmente. (Con decirte que en ocasiones he experimentado con ropas femeninas y mi mejor amiga –único testigo de estos juegos- quedó impresionadísima la primera vez que me vió en una minifalda de mezclilla gris ajustadísima, medias y zapatillas negras y una blusa-ombliguera negra. Me dijo: ¡Wow! ¡Que cuerpazo te cargas! ¡Ya quisiera yo tener esa cinturita! ¡Si fuera lesbiana te comía! entre otros piropos). En fin ese es otro rollo que si después de leer esto tu todavía quieres seguir siendo mi confidente, te contaré otro día. Por el momento es solo para que puedas imaginarme mientras te voy contando lo que me pasó. Eran como las seis de la tarde y hacía calor. Yo tenía que tomar el metro de un lado al otro de esta Gran Ciudad de México(¡horror!). Por el calor llevaba solo un pantalón remangado bombacho de rayón delgadísimo transparentoso, encima de una tanga blanca (que admito sabía que se alcanzaba a ver a través de la tela del pantalón), zapatitos negros de agujeta y no llevaba calcetines (digo zapatitos porque calzo del cuatro y medio o cinco) y una chamarra holgada con cierre (chaqueta) de pana negra. Debajo nada. Entré al metro a empujones pues era hora pico, y por la prisa como pude me metí al vagón mas repleto, pero más cercano. Era un mar de gente. (Tal vez sepas que en horas pico los andenes y vagones son seccionados en área de hombres y área de mujeres.) Ya había escuchado -y vivido- los famosos tallones de miembro masculino en el metro, pero lo que me pasó en esta ocasión llegaría mucho más lejos. Fui de los últimos en lograr entrar al tren, y detrás de mi solo entró un hombre más. Tuvo que hacer uso de toda su fuerza para meterse. Se apoyó con sus manos en la parte de arriba de la puerta y lanzó su cuerpo hacia adentro. Para su suerte era mucho muy alto y fuerte. Un poco gordo. Así que su peso le ayudo. Quedó justo detrás de mí y con su espaldota recargada en la puerta. Al fin las puertas se cerraron y el tren comenzó a moverse lentamente. Todos tratábamos de acomodarnos evitando tocarnos los unos a los otros pero era imposible... Así me encontraba entre codos, hombros, sudor y tensión cuando de pronto empecé a sentir una temblorosa mano que impaciente buscaba mi nalga derecha. Quise voltear a ver quien se estaba agasajando conmigo, y sin permiso, pero no tenía manera de ni siquiera voltear mi cabeza hacia atrás, pues si aún nos costaba trabajo respirar de lo apretados que íbamos. Sin embargo el tipo debió notar mi incomodidad pues se detuvo por un momento. Llegamos a la siguiente estación y todo mundo trataba de entrar o salir, pero por mas que todos pujaran hacia afuera y hacia adentro, la gran muralla de hombres a mi alrededor -todos más altos que yo- no permitieron que nadie entrara ni saliera del vagón. Nuevamente las puertas se cerraron y el tren comenzó a avanzar otra vez. Ya muchos estaban desesperados pues íbamos a vuelta de rueda. Para colmo, en medio de un túnel, un apagón nos dejó a oscuras por completo, aunque la fuente alterna de energía se activó casi de inmediato y nos quedamos a media luz, sin poder ver muy bien dentro del vagón. Sólo se distinguían las siluetas de todos esos hombres, agotados y ansiosos por llegar a casa. Con todo esto ya casi se me había olvidado lo de la mano vengadora, cuando de pronto la sentí otra vez. Se deslizó por toda la redondez de mi nalga, con nuevo entusiasmo, buscando el pliegue donde se juntan la nalga y la pierna. Me puse muy nervioso por lo que me estaban haciendo, y traté de zafarme pero me di cuenta de que era inútil tratar de reclamarle a nadie, pues ni siquiera estaba seguro de donde venía esa caliente manota. El tipo insistió e insistió y de pronto la verdad empezó a gustarme lo que sentía. Decidí no batallar más y aprovechar la ocasión dejando que el tipo me manoseara. ¿Qué podía pasar? Sin embargo unos minutos después, entendí que eso no se iba a parar ahí, en una simple manoseada. El tipo continuó y a mi me gustaba cada vez más lo que me hacía. Entonces no pude evitar que saliera de mi boca entreabierta un gemido de excitación y sorpresa cuando sentí que ya no era una mano, sino dos, y que recorrían mis firmes nalgas de arriba abajo. Trataban de llegar tan adentro entre mis nalgas y tan abajo por mis piernas como pudieran. Ya para este punto de plano mi trasero se le ofreció instintivamente. Lo restregué contra esas gruesas manos y procuré sentir esa verga seguramente erecta, atrapada en sus pantalones. Definitivamente estaba respondiendo a las caricias de esas manos vigorosas procurando excitar a ese abusivo recíprocamente. Sentí esas manos moverse hacia arriba y sin darme cuenta, ya estaban por debajo de mi chamarra subiendo por mi espalda. Me acarició la espalda en movimientos circulares y sentí que mis cabellos se paraban de punta. Avanzó hacia mi pecho por debajo de mis brazos. Lo empezó a acariciar con suavidad. Sus dedos largos y gordos abarcaban mi pecho y pellizcaban mis pezones haciéndome sentir algo totalmente nuevo y delicioso para mí . Bajó esos dedos suaves y tibios por la piel de mi abdomen hasta llegar al botón de mi holgado pantalón. ¡No se cómo lo desabotonó! ¡El tipo era un experto¡ Ya plenamente identificado por mí, y como tu habrás imaginado, se trataba del enorme ropero ambulante de hombre que había hecho lo imposible por subir exactamente detrás de mí. (Sospecho que desde antes de abordar ya le había echado el ojo a mi cuerpecito). Me sentía nervioso y un poco temeroso y procuré no hacer ruido. Pero me alteré aún más al comprender que lo más intenso todavía estaba por pasar. Probablemente fue la respiración entrecortada del tipo, o mis inusuales movimientos de caderas, que nos delataron con los otros pasajeros de lo que estaba ocurriendo. Creo que en medio de la cachondeada que me estaban metiendo, hasta había yo cerrado los ojos y no me percaté de que los hombres alrededor ya se habían dado cuenta de que el tipo me estaba metiendo mano por todos lados, pero al ver esto me excité aún más. Sentí una mezcla de vergüenza y delirio que nunca había sentido antes. Ya lo que me estaba pasando era bastante inusual pero aunque usted no lo crea, todavía no pasaba ni la mitad... Habiéndose percatado, los hombres alrededor comenzaron a disfrutar del espectáculo descaradamente y para entonces ya tenía yo encima las miradas lujuriosas de casi todos alrededor. Hombres jóvenes mayormente, y uno que otro adulto mayor, según recuerdo. Percibí un ambiente como pesado. La respiración de todos se oía alterada. Tal vez por la falta de oxígeno en un tren en medio de un túnel, o tal vez por el deseo al ver como este señor me fajaba sin recato. A mi lado derecho había uno de esos hombres, que me comían con la mirada. Era joven como de treinta y cinco años de edad. Vestía un pants deportivo, tenis y una playera sin mangas pegadita. Era muy moreno y se le veía muy buen cuerpo, musculoso. Parecía fascinado con lo que alcanzaba a ver de mis nalgas y de mi cintura descubierta. Dándose cuenta de que yo ya no me negaría a nada, se decidió a apretar su cuerpo contra el mío. Pude fácilmente sentir su verga paradísima y durísima a través de la delgada tela de su pants. Empezó a frotarse contra mí y hasta se podía escuchar el rechinido de ese pants cuando se restregaba contra el costado de mi nalga. Parecía un perrito frotándose contra alguna cosa. Puso sus brazos alrededor de mi cintura y se abrazó jalándome hacia el. Después de un rato de esto yo ya estaba hecho una piltrafa del deseo. No sentía fuerza ni en mis brazos ni en mis piernas. Al ver esto, el hombrazo detrás de mí, finalmente se decidió a intentar penetrarme como debe de ser, pero el espacio era demasiado pequeño como para poder bajarme el pantalón completamente. (¡como deseé en ese momento que los tres estuviéramos desnudos!) Según pude percibir, sacó el tenso miembro de su pantalón de traje ejecutivo y comenzó a buscar mi suplicante ano. (¡estábamos en el metro!) Le costaba trabajo atinarle a mi hoyo, pero yo ya estaba tan increíblemente caliente, que al menor muñequeo que aplicaba sobre mis caderas, los dedos de mis pies obedecían la orden y me ponían de puntitas, elevando mi culo unos centímetros con el fin de facilitarle el acceso a ese caliente fierro entre mis nalgas. Casi casi me cargaba el hombre. entonces me atreví a tocar ese trozo de carne ardiente con mis ya debilitadas manos, pero no me fue posible. No había espacio. Con toda esa tela de por medio, el tipo empezó a clavarse entre mis nalgas hacia atrás y hacia delante, simulando una cogida real. Me ahogaba de deseo. ¡Que desesperación no poder sentir la suavidad de esas dos vergas sobre mi piel! Seguía yo gozando de esa mezcla de vergüenza, e incontenible deseo cuando apareció en escena un tercer lujurioso más. A mi lado izquierdo había un tipo que tenía intereses más allá de mi bien formada parte trasera. Al ver toda la acción , no se quiso quedar atrás y como si no hubiera nadie más metiéndome mano por todos lados, se fue directamente hacia mis partes más íntimas, que ya de por sí estaban casi al aire. Me palpó allí y me acarició con su mano abierta sobre el pantalón. Después bajó el cierre de mi pantalón, tomó mi miembro entre sus manos y empezó a juguetear con el con una habilidad envidiable. Lo hacía tan bien como si hubiera estando masturbándose el mismo. ¡Esto ya era un semi-orgía en un vagón del metro! Mi mente ya no razonaba bien por la calentura y lo mismo me hubiera dado que en ese momento me hubieran puesto un pastor alemán por detrás y me hubiera cogido. ¡Lo que quería era que me cogieran! ¡Me moría de ganas! El tren siguió moviéndose muy lentamente y eso favoreció la situación. Como seguía repleto, nadie había podido entrar ni salir en ninguna estación. Aunque para esto ya habíamos avanzado varias estaciones y ya habíamos salido a la superficie, era de noche y estaba totalmente oscuro afuera. Además las luces internas del tren nunca se reestablecieron por completo, así que el momento se alargo por bastante tiempo. Por lo menos un poco más de media hora. Lo último fue el colmo. ¡Un cuarto hombre se les unió a los otros tres! Este hombre solo un poco más alto que yo, inicialmente había quedado dándome la espalda, y trataba de ver de reojo lo que ocurría, pero posteriormente se volteó por completo hacia mi y se dispuso a disfrutar el espectáculo con descarada lascivia Se humedecía los labios con la lengua como saboreándose al verme fijamente a los ojos. De pronto, sin más ni más, dejó caer su portafolios al piso y se lanzó sobre mí, como queriéndome taclear. Con los ojos más cerrados que abiertos lo ví aventarse hacia mi de frente hasta que sentí en mis labios su espeso bigote. Abrió mi boca con su lengua y la metió hasta lo más profundo de mi garganta. Me quería comer a besos. Mordisqueaba mis labios y metía y sacaba su lengua de mi boca frenéticamente. Al mismo tiempo que hacía esto, forcejeaba con las otras manos alrededor de mi cuerpo para abarcar mi cintura abrazándome. No podía creer que tantos hombres pudieran ser tan envidiosos y tan generosos al mismo tiempo. En ese momento sentí que me venía. La conexión interna entre mis genitales, mi culo y mi boca desencadenaron lo que creo que hubiera sido el orgasmo de mi vida. Nunca en mi vida había gozado así, y estaba a punto de estallar cuando el maldito tren hizo un movimiento brusquísimo y todo mundo se detuvo por unos segundos. Unos momentos después todos regresaron a sus labores, pero ya declinando la intensidad lentamente. Fue como si todos se hubieran venido en el sobresalto del jalón. Seguí sintiendo manos por todos lados y escuchando jadeos y hasta murmullos. Podía sentir piernas abriéndose paso entre las mías, apretujándome todavía más. Creo que algunos me decían cosas, pero yo casi no entendía sus palabras. Eran invitaciones y piropos. ¿puedo estar contigo? ¿te la meto? ¿cómo te llamas? ¡qué ricas nalgas tienes! y cosas así me dijeron durante ese rato. También seguí sintiendo en mi cuello los labios del tipo de enfrente, y en mi nuca la respiración profunda del hombre de atrás. Como todos éramos una auténtica lata de sardinas, y todos eran mucho más altos que yo, realmente a ninguno se le dificultó aprovechar un pedacito de mí. Llegamos a la terminal y mis semi-amantes tuvieron que separarse discretamente (el qué dirán, ya sabes) Las cosa se fueron aclarando poco a poco y empecé a tomar más conciencia de lo que había pasado en esa menos de una hora. Fue como salir de un delicioso sueño… Las puertas del tren se abrieron y la avalancha de hombres se desbordo hacia fuera. Aproveche la confusión de la salida para abrocharme el pantalón y acomodarme la chamarra. Fui de los últimos en salir. Empecé a revisarme y por fortuna casi todo estaba en su lugar. Al revisarme mis ropas y al tomar un poco mas de control sobre mi cuerpo, sentí mi pantalón húmedo y tibio entre mis nalgas y a mi costado. ¡Los desgraciados sí se habían venido! Y a mi que me dejaron todo caliente y tembloroso, como si hubiera salido de un gran susto o algo así. De todas maneras me sentía satisfecho sobre todo por haber podido encender el deseo de tantos hombres a la vez ¡y con un mínimo esfuerzo! Sale sobrando decirte que llegué a mi casa a masturbarme en la regadera como loquito. Mientras lo hacía, imaginaba ese mundo de cuerpos pegados. Esas manos masculinas recorriendo la piel de mi cuerpo. Las piernas entrelazadas. Las miradas enardecidas de esos hombres que si hubieran podido me hubieran cogido todos uno a uno, viniéndose en mi ano y en mi boca. Seguramente dada la oportunidad me hubieran sometido a sus bajos deseos y lo más rico es que ¡yo me hubiera dejado! Pero todo eso solo me lo puedo imaginar, desgraciadamente. He entrado al metro otras veces esperando que se repita la experiencia, pero no se ha dado nunca más. Creo que tendrían que juntarse un montón de hombres jariosos en el mismo vagón, al mismo tiempo, en el mismo metro por metro cuadrado, y yo tendría que atinarle a estar allí . Otra vez en el momento justo en el lugar justo. Pero será muy difícil que se repita. SI TE GUSTO MI RELATO O TE GUSTRIA VIVIR ALGO ASI ESCRIBEME A alixortiz@hotmail.com Mexico


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