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  humor > Asi soy yo....Lucía

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se publicó en la web el 30 de Agosto del 2006

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  Categoría: humor > Asi soy yo....
  Titulo:

Lucía está en el banco que hay al lado del porche, en el patio. Llueve sin morir y ella está empapada. Hay una cortina de agua y casi no se la dista. Hoy se había puesto su vestido preferido, se había incluso maquillado. No entiendo por qué se ha puesto su ropa preferida ni por qué se ha preocupado tanto por si misma para luego destrozarlo de esta forma, sólo para salir al patio y remojarse. Ayer la noté un poco extraña, más allí que aquí, más debajo del agua que debajo del porche. Creo que puede estar pasando por una crisis, no es normal que actúe de esta forma. Le he preguntado si es qué yo había olvidado alguna fecha importante para ella, como si se hubiese preparado para mí y al ver que yo no tenía ni la más mínima idea de la tan importante fecha para ella, decepcionada, haya decidido romper sus prendas preferidas de esta forma. Tan significativa para ambos y rompiendo esta confidencialidad que nos une pero que al parecer no ha sido así. Se ha levantado, se ha duchado y arreglado; ha caminado preciosa hacia la ventana y ha visto caer el agua durante unos minutos sin mediar palabra. No sé si es que pudo estar decepcionada por el tiempo que hacía, si quería ir a algún sitio; si tenía alguna cita que se había anulado en el momento de ver caer el agua. Luego, bajó y se sentó en uno de los bancos del patio a remojarse. Hace calor y podría ser ese el motivo pero, ¿Por qué ponerse ropa, por qué ponerse su ropa preferida? Muchas noches hemos bajado al patio, desnudos hemos disfrutado de la lluvia y hemos sentido como cae el agua, es algo que nos gusta hacer tanto como viajar; nos relaja. Nos sentamos y reposamos la cabeza en el banco luchando contra la gravedad de nuestra visión, con los ojos cerrados. A veces incluso abrimos la boca y dejamos que el agua relama toda nuestra cara y, con la boca llena y rebosante, sentimos como se precipita el agua por todo nuestro cuerpo. Es la sensación parecida a cuando me tiraste el refresco por encima en una terraza del pueblo, Lucía, en verano cuando ya no soportaba más el calor. Pero prolongada por más tiempo, que sensación tan gratificante. Y si le sucede algo a Lucía es por ese motivo que está allí. Necesita escapar de ese algo de aquella forma para no sentirse nada más que agua sin tener que pensar en nada, tan sólo estar mojada como una piedra lo está. Haciendo ver que no es nada más que eso, una de tantas piedras que forman parte del paisaje que no necesitan ser distadas individualmente, que están pero que a la vez no están. No me ha dado ningún motivo aparente, se marchó de la habitación como el que se va a trabajar, como el que sabe que tiene que hacer algo por costumbre, con esa cara de tranquilidad, como si nada fuera de lo corriente pudiera suceder. Te observo por la ventana del dormitorio mientras el humo del cigarrillo se entremezcla en mi nariz junto con el gris del cielo y el cristal de la ventana. No se escucha más que el continuo chapoteo de la lluvia chocando contra el techo, las pequeñas cascadas que nacen de éste caen por delante de la ventana y acaban mezclándose en esa cortina de agua hasta terminar aglutinándose por todo el suelo. Te contemplo desde aquí como si estuvieses encerrada en una jaula, sin saber jamás el motivo que hace qué yo esté a este lado y tú al otro, de aquella forma. Cuando se supone que nada malo puede suceder. ¿Qué otros motivos ocultos pueden haber detrás de hacer algo que tanto me choca, por no ser de un comportamiento racional o humano? Estoy tras esta ventana observando como cuando uno mismo en su mente practica mientras encerrado observa al mundo girar, ansiando querer saber por qué las cosas son así y qué decisión las ha llevado a ser lo que son y por qué motivos han querido estar ahí. Quizás ella tenga razón sin tan sólo mediar palabra; la tiene y quizás sea yo el que está enjaulado. Ahora recuerdo que hace unos días tuvimos una discusión que terminó siendo una excusa para otros temas de discusión y que se habían guardado en el cajón comodín; ese en el que ponemos todo aquello que no sabemos dónde poner, que acaba albergando cualquier cosa. Desde un cepillo de dientes viejo a algunas fotos descuidadas de viajes; pañuelos por doquier, bolígrafos y demás. Objetos que quemarías pero sin saber por qué los escondes en ese cajón y así todo lo que teníamos guardado que al parecer desconocíamos acabó siendo parte del acta de aquel día. Ella por detrás de cualquier excusa o situación tenía un motivo, yo únicamente estaba molesto por cosas que según ella eran banales y que pienso que así son. A mí tan sólo me preocupaban cosas que tenían fácil solución, mientras que ella estaba expresando un conflicto conmigo, con la situación y con ella misma. Algo de lo que has de romper si tanto deseas. Pero de eso hace ya unas semanas, ¿Sería posible que haya estado cargando con todo aquello hasta ahora y ser ese el motivo de romper con su vida, de querer ser agua sin más en estos instantes? Ni tan sólo se mueve, está ahí sentada como muerta. Conozco esa sensación. Parece que estés pero no estás y sientes pero no quieres sentir. Es dejar de lado todas las experiencias y los sentimientos arraigados a éstas, cuando pasas a sentir únicamente una sensación y una que además es extrahumana y extraordinaria a la vez. Que se percibe si realmente dejas todo lo que eres y pasas a ser algo qué es inaudito en tu interior. Una sensación que te arrastra a las puertas del universo y que te hace tan grande que el mundo y la vida son insignificantes, que no existen verdaderos motivos ni beneficios, que eso está por encima de todo, que te cae y choca contigo, que si quieres lo sientes y si no estás perdido porque allá en ese descanso, obtienes la verdadera comprensión; la de aquí, la de este mundo empírico, es despreciada por esas sensaciones libres como el agua cayendo ahora mismo, libre de ser poseída y de forma, adaptable a su entorno, sin ser perjudicial. La verdadera felicidad si el proceso me permite el descomedimiento. Y así me siento bajo el agua cuando me siento agua también, con esa libertad. El significado de libre albedrío se cumple sin hipocresías de por medio, todo es puro y sincero, no me siento humano ni soy engañoso para el resto. Parece que poco tiempo te queda de estarte allí. Ocurrirá que has de enfrentarte al problema cara a cara cuando el agua cese y te seques del todo, es algo que puedo entender ahora al observarla. Lo mismo que me sucede a mí al buscar algo que me impugnará más tarde, algo de lo que se disfruta durante, ni antes ni después, como la vida misma. La crueldad de no formar parte del todo, la dádiva de no sentirme humano por unos instantes y luego vuelta a la realidad ficticia: el ser y no querer ser, algo de lo que lo contrario no seria posible y que a la vez es posible pero que se desconoce. Me queda esto Lucía, únicamente un recuerdo engañoso de felicidad, que luego al volver a la realidad encierro en mi mente para que no se escape y así pretendo continuar sin sentido con esta existencia que me da paso a pocos ratos de placer y que sin saber por qué, sin gustarme el pastel entero, me lo comería todo únicamente porque la guinda me deja ese placer tras ese sabor que sólo se alberga en un punto del pastel. Un recuerdo diminuto que pretende anular y quitarme el sabor amargo de ese pastel creado que no me sabe gustoso porque un día no quise acostumbrarme al sabor real del proceso. La guinda es bonita pero es engañosa y venenosa. Bien podría gustarme el pastel y odiar la guinda pero de eso predigo. El ser humano esta hecho para ser algo aparte del proceso real, lo antagónico al proceso por no haber más opciones de realidad posibles, ya que el éste posee el resto en su realidad tan abrumadora que tan poco nos gusta por ser humanos y por estar apartados de éste. Parece que sea Lucía quién me dicte las palabras. Lucía estas ahí sentada y te susurro al oído telepáticamente. He tenido que abrir la ventana para respirar otro aire, uno más fresco por ser diferente al de hasta ahora. El humo del cigarrillo se escapa atraído por una perfecta combinación de fuerzas exactas que lo absorben. La neblina se marcha y se entremezcla todo con lo que hay tras la ventana. Morir es escapar de la celda en la que he estado encerrado, que para mí mismo fue harto eterno. Sin recordar el antes y sin hallar el después. Mientras, me estás ahogando y permanezco humo en estado de pausa hasta que se abran las ventanas y me funda con el entorno, perteneciendo a éste finalmente. La tortura se acabará y entraré en la realidad que canaliza el proceso de este universo. Lucía estas ahí sentada esperándome y ahora lo veo con más claridad. Eres estado puro y perteneces a ese proceso y esperas que yo, que sigo en mi tortura, salga disparado con esa fuerza y me funda contigo finalmente y con el resto de las cosas. Te echo de menos a este lado la vida, además, esto es un vacío sin ti. Te recuerdo como guinda del pastel que tan rápido digerí, que tan intenso sabor posee y que al desvanecerse descubrí el sabor amargo del pastel, al que no quiero acostumbrarme por ser humano. Eso es estar encerrado aquí y sin ti. Ansiando todo aquello que no soy y que tu eres, todo lo que eres y a todo a lo que perteneces ahora. Allí sentada me esperas por siempre. Te veo cada día y nunca lo hice como hoy. Ahora entiendo porque te fuiste para ser agua, porque has querido tomar ese pastel y convertirlo todo en guinda y me has dejado ese sabor amargo porque todavía yo no soy libre como tu, como agua que eres ahora. J. Ejercicio uno: La apología Experimental, “Bipolar”.


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