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  criticas > LiteraturaLos revolucionarios me producen escozor en el ano

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se publicó en la web el 12 de Enero del 2005

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  Categoría: criticas > Literatura
  Titulo:

Me escuece profundamente el ojo del culo (y no consigo aun averiguar por qué) cada vez que leo la alarmante cantidad de sandeces que puede llegar a decir la gente. Y lo digo francamente. Francamente lo digo y además puedo constatar que jamás pensé que pudiera llegar a escocerme tanto tanto el ojete. Por Dios, si parece como si hubieran insertado un cactus prendido en llamas en el ojo de mi culo y algún bastardo tirara de él con estricta alevosía. Por favor: ¿cómo se puede ser tan paquete? Por que la gente escribe tanta mierda consagrada!? ¿Y por qué las más de las veces el argumento se amolda, cual crisálida en el capullo, a determinaciones moralistas contagiadas por la convicción (ah! Convicción) propias de aquel que anda por el mundo defendiendo jodidas ideologías? ¡Las odio a todas! Especialmente a las supuestamente antagónicas y revolucionarias, las otras sencillamente las ignoro. Puñetera rabia me da que de la gente de pronto, sin ton ni son, brote una preocupación exacerbada por los conflictos mundiales, las desigualdades sociales, la ecología y tantos argumentos utilizados por la ética revolucionaria como punto de apoyo para confirmar sus conjeturas. ¡A cuantos conoceré que contengan incrustado en sus mientes la estructuración de su comportamiento perfilada por las reglas de un conjunto de ideas presuntamente loables! Y en su presuntuosidad, pretender demostrarme que son, cuando menos, dignos de admiración por ello. Entonces es cuando más me escuece mi delicado, e inmaculado: Bufete! Sí, bufete digo. Y lo digo por qué quisiera saber si soy el único, a parte de mi familia, que utiliza esta palabra para designar ese lugar tan curioso de nuestra anatomía. Bu-fe-te. He oído a otras personas utilizar en su vocabulario esta grandiosa palabra pero desconozco si lo hacían concibiendo la misma acepción que yo concibo al pronunciarla. Pero, ahora que el enérgico escozor ha declinado, puedo sin temor retomar mi alegato contra los pequeños cheguevaras (porqué todo sujeto reinvicador de pacotilla sufre la transformación necesitando del soporte de saberse bien encaminado si actúa como pudiera haberlo echo alguien profundamente respetado – y digo al puto che como a cualquier otro necesitado ideólogo que anda buscando fervilmente dar a entender al mundo la magnificencia de su persona – ). Pero, cuidado! Comienza nuevamente a escocerme el ano y no puedo más. Joder que daño! Por más que lo intento no puedo impeler que, a cada vez que pienso en esto, resurja (cual ave fénix) el insoportable dolor que asta la mismísima rabadilla (cual plaga) se esta extendiendo. Está bien, confieso. No es odio, ni desprecio ni rabia ni envidia ni celos, lo que hacia esta gente siento. Pero es claro que a mi ano no le gusta que anden blandiendo con tal firmeza algunos conceptos, tan solo palabras, para sentirse más fuertes y luego, en el fondo no ser más que lo mismo que todos: jodidas personas dándose de hostias contra todo quisque para hacerse hueco en la cola que lleva hacia donde se reparte el pastel de mierda. Mierda hipersaturada. ¿Qué buscas tonto? En el fondo del pastel hay lo mismo que en su corteza, rascala y lo constataras. Pero mientras sigues pensando, como te aconsejan tus conocimientos, que ahí dentro hay algo valioso, algo en ti se va pudriendo. Y no es otra cosa que el tiempo que te queda de vida. Y mientras, mi ano no puede reposar tan tranquilo.


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