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  fantasia > Fantasia GeneralLos libros magicos: El escudo blanco Cap 2

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se publicó en la web el 01 de Septiembre del 2008

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  Categoría: fantasia > Fantasia General
  Titulo:

CAPITULO 2 Paloma blanca La primera carta con el sello dorado llego una madrugada cansada y nauseabunda. Habíamos arrojado todos los cuerpos al mar, pero la sangre de aquellos repugnantes trasgos era excesivamente olorosa. Recuperamos Bulgaria casi hasta su frontera Oeste. Meses atrás se construyo aquel frente, cerca de los desiertos turcos. Los ejércitos de Mani asediaron una última vez, pero defendimos el lugar. Miles de hombres de toda Grecia repelieron las sombras de la luna. Un jinete que vestía las ropas reales de Sol apareció en las fronteras cabalgando aparentemente desde Yugoslavia. Un joven delgado y sin importancia era quien acarreaba la carta, horas antes de que el astro de calor se decidiese a mostrarse. Pasaron algunos minutos antes de que el jinete llegase hasta la avanzada, sin embargo Vadirr decidió esperar ahí, a la entrada de la ciudadela. -Señor.- Dijo el joven descendiendo del caballo. Era apenas un adolescente, catorce años sería exagerado, que osadía. El chico permaneció callado hasta que Vadirr diese un paso al frente. El joven se limito a quitarse el casco, hacer una reverencia y entregar la carta. Su rostro estaba limpio y su piel impecable, estaba seguro que nunca había tenido una sola batalla. -Denle agua y alimentos. Que se marche en cuanto el caballo esté en condiciones de hacerlo.-Los hombres de Vadirr asintieron y condujeron el caballo así como a su dueño adentro de las caballerizas, mientras el subió hacia las murallas exteriores. Miro las montañas, y las desérticas planicies bajo la noche. Hacía bastante frio pero aun conservaba el calor de la batalla, la adrenalina aun corría con fluidez por sus venas, calentando cada musculo de su cuerpo. Respiro el aire frio que circulaba en esas alturas, donde el olor a la sangre de sus enemigos no alcanzaba a trepar. Un asedio al norte seria suicidio, el estaba consciente de que podía detener a cuantos enemigos le asediaran, pero ir hasta su propia madriguera…. Su padre había fallecido en el intento, aun junto con el ejército blanco de los Álfar y ahora que la cantidad de ellos era menor…. Su ejército regresaba de los acantilados donde habían arrojado a los enemigos. Cruzaban ya los vados de trigo, que se mecían con el aire nocturno y fresco, le provocaba una sensación de paz y libertad en su interior. Seguramente su padre soplaba aquel viento desde las altas montañas nevadas, donde observaba las bastas tierras del mundo. Abrió la carta, esta llevaba una fina y estética letra que solo podía proceder del mismo rey Álfar en Roma: “Es esta nuestra bienvenida, por muy poco ceremonial que parezca. Muchos rumores y voces han caminado por las estepas hasta los bosques de mi reino. Llevan tu nombre y el estandarte del gran héroe de las montañas áridas. Y tras tus victorias, también los rumores han llegado a los enemigos con tanta rapidez como el invierno. Sus tropas ahora evitan atravesar por las montañas blancas de Grecia. Rodean los bordes hasta el noreste y el centro del imperio, por los bosques, donde los Ixonidas han defendido con gran empeño, sin embargo el número de enemigos no decrece, y cada vez envían a sus mejores elementos. Es aquí donde necesito de tu ayuda. Folo, el rey de los Ixonidas al este ha enviado un mensajero urgente hacia mí, y así entonces pedimos de tu ayuda. Deberás cortar el avance de los enemigos que marchan por los altos bosques, al norte de Austria. Pero un ejército de humanos por más astutos y fuertes jamás podría resistir a la antigua magia que habita en esas tierras. Acude Quirón, el líder de los Ixonidas del extremo árido. Sabios y poderosos son los Ixonidas del este, inmunes a la magia de Mani. Pide su ayuda. Dependo de que encontraras la forma de persuadirlo para que vaya contigo y detenga el paso de los enemigos que intentan embestir las fronteras de Folo. Sera complicado, Quirón es especial, pero cuento con tus habilidades, hijo de Faltyr. Que el destino mire a nuestro favor, y te cobije en aquellas tierras frías. Forset” Se encontraba adolorido y cansado de la última batalla. Sus hombres aun estaban embriagados de placer por la última victoria. Así que debía partir solo. No podía perder demasiado tiempo si pretendía cortar la línea del ejército de Mani. Su caballo se acerco con un silbido, y Vadirr le monto sin miramientos. Cabalgo por la pequeña ciudadela hasta el lugar donde moraba. El lugar estaba vacío, puesto que solo el habitaba ahí. Fríos muros, frías columnas de roca y mármol, eso no era un hogar. Tomo algunas cosas para el viaje, y tras atar su capa a su espalda, escribió una breve nota para el capitán Helenus. El entendería. Salió con el caballo por un pasaje escondido, así el resto de sus hombres no lo verían irse. Pues la confusión los llevaría a la decepción y a la tristeza, ellos debían estar rebosantes y poderosos, en caso de que Mani y sus hombres, osaran de nuevo mirara hacia Grecia. Así entonces, monto a Skinfax el caballo de su padre, y cabalgo casi alado por las planicies que se extendían en la noche. Siguiendo la constelación brillante que conducía hasta la morada de Quirón y los antiguos centauros de arena. El desierto estaba siendo duro con él, aun y cuando había protegido aquellas planicies de las sombras, aun seguía imparcial, sofocando con su calor al joven viajero que atravesaba por el lomo del desierto con el fin de encontrar las montañas de roca roja, donde habitaran los Ixonidas. Varias historias había escuchado ya sobre aquellas míticas criaturas. Poderosos y orgullosos los Ixonidas del este eran, cuentan las leyendas. Sabios, al no poder estudiar la naturaleza, se dedicaron a espiar los cielos durante generaciones, desarrollando así una gran habilidad astronómica. Sin embargo nunca les agradaron los humanos, pero tomar la forma de un Centauro, seria aun más peligroso, pues si llegaran a enterarse de que era un disfraz causaría una gran ira en sus corazones. Y si las palabras de Forset eran ciertas, iban a necesitar las habilidades de aquella raza para cumplir esa misión. Quirón asesina a los extranjeros según dicen, los repele metros antes de pisar en sus suelo, no importando la raza que fuese. Los Ixonidas de arena eran tan fieros que habían logrado mantenerse independientes de Sol y Mani durante décadas. Relegados en los desiertos. Despues de que Sol pasase de un extremo al otro por encima de él, Vadirr detuvo a Skinfax para poder encontrar un lugar donde pasar la noche. La fogata ya había comenzado a arder, una tímida flama que sin embargo era de gran ayuda en aquel lugar, puesto que las noches eran mucho más heladas que en Esparta. ¿Estaba actuando como un títere más de Forset? Corriendo a satisfacer las necesidades de su mandato, y sin embargo no podía hacer nada más, algo en su corazón le decía que era lo correcto. La situación ahora era distinta, quizás se estaba precipitando. Anteriormente había acabado con sus enemigos por el único motivo de que habían intentado atravesar por la fuerza en las tierras griegas, pero ahora se trataba de un lugar ajeno a él y su pueblo. Si iba a regresar era el momento de hacerlo, el día siguiente cruzaría los ríos secos de Ilus y entraría a los terrenos de salvajes del paramo Turco. Las estrellas iluminaban con claridad el camino serpenteante hacia la morada de Quirón mientras los fantasmas del frio comenzaban a arribar con más odio que en las primeras horas de la noche. Las criaturas lo observaban desde las dunas, con sus ojos brillantes como joyas. El desierto sabía que él estaba ahí. Las criaturas levantaron sus cantos como aullidos, creando una extraña sinfonía asimilada al silbido de un ave. Tras varias horas de pensar, mirando las estrellas, buscando en ellas alguna señal que lo pudiese ayudar a decidir, se puso en pie. De inmediato las corrientes de aire helado asestaron en su rostro como pequeños aguijones mientras las dunas cantaban las oraciones hacia Mani, rogando que fuese compasiva con ellas. -Padre…..- Un relámpago estalló en silencio a lo lejos. Al norte de aquel lugar. Una tormenta se tragaba alguna ciudad entera en la lejanía. Los hombres de Mani no iban a detener su paso, acabarían con todo frente a ellos, irían a cada rincón del imperio de Sol. Aquel enfrentamiento era algo inevitable. El caudal del rio estelar se extendía a dos días en cabalgata normal, pero Skinfax llegaría mucho antes de lo estipulado. Si lograba acabar con aquella misión, podría regresar a Esparta con tranquilidad. Volvería a nadar en sus mares, en el agua clara y azul de sus playas. -Hermano….-Vadirr acaricio la crin de Skinfax, y este despertó. Le miro con ojos somnolientos, casi suplicantes. -Lo lamento, pero debemos llegar lo antes posible. Sol no será tan complaciente con nosotros mañana al mediodía.-Skinfax relincho resignado y se puso en sus cuatro patas, permitiendo que Vadirr le montara. -Sigue el rio en el cielo.-Skinfax sin respuesta, echo a andar a una velocidad increíble. La arena en sus costados brincaba como si corriesen sobre agua. Las patas del animal no se hundían sobre la espesa superficie. Despues de algunas horas, justo cuando Sol se asomaba por las dunas, las nubes de tormenta habían cubierto el cielo aun estrellado sobre de ellos. La brisa fresca y helada de agua comenzó a caer sobre el árido terreno. Pronto estas cubrieron cualquier destello de Sol. Si esa era una señal. Las batallas por venir definirían el destino de sus épocas. La arena mojada paso a ser lodosa rápidamente. Y las patas de Skinfax trotaban torpes sobre aquel material. Vadirr desenvaino su espada, y con la roca brillante en su mango despejo la insistente arcilla que como cientos de brazos intentaban detener el paso del caballo, quien sin distracción, daba todo su empeño por seguir adelante, aun a pesar del resbaloso y espeso suelo. Así continuaron durante horas, luchando contra la naturaleza, y la oscura y mística magia de la alianza entre los cielos y la tierra. Un joven y un caballo, que atravesaban aquel océano de lodo creciente, sin saber si quiera cual era su destino ya, puesto que las nubes habían cubierto el rio estelar que conducía hacia la morada de los Ixonidas de arena. Skinfax estaba cansado, sus músculos no respondían como hacía ocho horas, y sin embargo seguía avanzando con furia atreves de las dunas liquidas. -¡Vamos hermano, no desistas, sigue adelante…!.-Vadirr conjuraba con el fragmento del callado de su padre, sin embargo su magia no era tan poderosa como la furia de aquellos colosos, que parecían tener el único objetivo de tragárselos. La lluvia había humedecido y enfriado cada parte de su cuerpo hasta casi perder la sensibilidad. Skinfax comenzaba a escurrirse por los costados de las dunas, dirigiéndose hacia la fosa de arena liquida. -¡No!¡Vamos, camina!- Vadirr descendió del caballo. De inmediato la arena ascendió hasta la parte baja de su pecho. La corriente de lluvia era muy poderosa y la arena inestable, pero el caballero empujaba con todas sus fuerzas, mientras Skinfax aun cansado intentaba subir de nuevo hacia la cima de las dunas. Descendieron inevitablemente, mientras la arena cubría hasta su cuello, se hundía aun mas por el peso de Skinfax, a quien intentaba alejar de la profunda fosa de arena. Una luz cruzo los cielos. De un blanco tan divino, como el infinito pensamiento del universo. Parecía aletear sobre los cielos. Una especie de ave sobrevolaba el lugar. La arena ascendió, hasta cubrir su nariz, era ya imposible seguirse moviendo a tal profundidad, sus pies dejaron de tocar firme, y se hundió en el espeso mar de arena, mientras sus manos lentamente se alejaban del torso de Skinfax. Un último relinchido pudo escuchar el caballero en su lejana conciencia. El oxigeno había dejado de pasar por sus pulmones, y el flujo de su sangre comenzó a hacerse más lento. ¿En qué historia, se había sabido de un desierto tan frio como en el que ahora se sumergía? Sus huesos ardían por la temperatura tan baja, o era quizás, que el calor de su cuerpo estaba partiendo de ahí, pero aun sentía la áspera arena aun mezclada con el agua, rosar su rostro casi con maldad. -Pensé que había muerto señor.- Oni lo miraba aliviado, mientras su ejército replegaba las hordas de Mani fuera del alcance de la avanzada.-Cuando desapareció, y se interno en el centro de las filas enemigas, jamás pensé que lo lograría. -Si lo hubiese pensado, probablemente ya no estaría aquí….


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