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  eroticos > VoyerismoLook at me 2

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se publicó en la web el 14 de Septiembre del 2004

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  Categoría: eroticos > Voyerismo
  Titulo:

Mi vecino tiene 17 años aunque llega a aparentar unos 12, estudia y vive con sus padres, su madre y yo nos conocemos de “hola” y “adiós” y a su padre nunca me he molestado en conocerlo... Mi habitación está enfrente de la suya, nunca está por la tarde, como yo no estoy por la mañana, sólo coincidimos al despertar y en la noche... Algunas veces, cuando la persiana no esta echada del todo, mientras ve un video porno lo veo masturbarse, es algo tan surrealista, estas contemplando el pasado de tu chico, la adolescencia de un probable rollo, ahora sabes lo que el padre de tus hijos hacía por las noches...¿Yo? Me quedo como una idiota, fumando a oscuras, mirando en secreto e intentando comprender mi estúpida fascinación por mi vecino, por el chico que algún día me pedirá que le compre condones por que le da vergüenza y no tiene hermanos mayores. Algunas veces me pregunto si sabe que yo lo espió, si gime, si abré la boca, si cierra los ojos, por que yo estoy mirando. Tengo la sensación de que si alguna vez fuera a su casa en mitad de su paja, ya no sería mi vecino, sino el chico con el que me acuesto. Digo tantas tonterías, puede que el chico sea gay, puede que sea más virgen que la Spears, o puede que solo le gusten la silicona que ve en los videos, en los pechos, en los labios, en los pómulos, tal vez él desee un rollo de plástico, sexo con una muñeca, una muñeca que no dirá no, que no exigirá y que siempre estará disponible a fingir orgasmos. Sus masturbaciones son tan irregulares como el saldo de mi móvil, había semanas en las que ni siquiera se tocaba, en las que dormía casi vestido y en las que me parecía estar contemplando a una de las hermanas Lisbon transformada en hombre, en cambio, había meses en los que todas las noches se convertía en un actor porno, en las que todas las noches gastaba un par de pañuelos de papel, en que se mataba a pajas y se convertía en un idiota sin chica y tenía que consolarse solito. Algunas veces me daba miedo la velocidad a la que llegaba, ¿no se haría daño en el brazo? ¿no tendría calambres? ¿Sé notaría la diferencia muscular entre su brazo derecho y el izquierdo? Supongo que cuando se cansaba con la derecha lo hacía con la izquierda y que como él mismo, las velocidades a las que llegara serían irregulares. Una vez se masturbó con tanta celeridad con la mano derecha que gritó, el semen cayo al suelo y aún seguía masturbándose, lo recuerdo por que su madre tocó a la puerta y por que me hizo mucha gracia. El viernes pasado quedamos bastantes amigos para cenar a las diez de la noche, a las nueve y media salía de mi apartamento y en el pasillo me crucé con Adrián, mi vecino. Me saludó con un “hola” y yo le sonreí, llamé al ascensor y cuando entró en su casa yo salí disparada para la mía. Me quite los zapatos, cogí mi cámara de video y me convertí en Gran Hermano, sólo que sin comunismo extremo (me refiero al libro) y sin Mercedes Mila (me refiero al programa de Televisión). Esperé durante diez, veinte, treinta y cuarenta minutos, entró en su habitación, cerró con pestillo, se desnudo y en vez de cambiarse se quedo desnudó y puso una peli. La verdad es que cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo, grabar a mi vecino mientras se masturbaba completamente desnudo en su habitación, me dio un corte increíble, no tengo vergüenza ninguna... y eso me gusta. Yo, a oscuras, sobre el escritorio, sujetando temblorosa la cámara de video lo contemplaba desnudo, sentado en la cama, absorto en el sexo televisivo y en sus manos, estaba cachondo, realmente cachondo por que se corrió en menos de un minuto, su semen salió disparado en un chorro que cayo sobre sus manos. El espectáculo acabo cuando se metió en el lavabo de su habitación, limpio todas sus secreciones y se vistió. Me calce, metí la cinta en el video y aunque había borrado mi colección de tíos buenos que había captado andando por la calle la excitación no decayó y contemple mi video de un minuto cuarenta y seis segundos. Lo vi una vez y después lo volví a ver toma a toma, segundo a segundo, parando cada vez que creía ver algo que jamás antes había visto. Vi que sus calzoncillos eran unos simples slip de lo más normal, su culo prieto y su miembro de no menos 16 centímetros en excitación. Su lacio y castaño cabello caía sobre su cuerpo con el honor de ser el único pelo de todo Adrián, a excepción del de las axilas, su blanca y pálida piel convertían su cuerpo en un deseo extraño e irresistible. Pone el video, se sienta y sin dar tiempo a que las imágenes aparezcan en la televisión comienza a masturbase, rápidamente y con la maestría de un acostumbrado pajillero. Sus brazos apenas albergaban músculo alguno y su cara se convertía en un delicioso chiste, pues no tenía razón de ser que cerrara los ojos con esa prontitud, que dejara la boca entreabierta, como deseando que sus propias babas tocaran sus genitales, y que pusiera aquellas extrañas muecas de placer al correrse. Debería empezar a grabar mis masturbaciones, así sabré si yo también pongo esa cara de tonta ante el placer. Llame a mi amiga Amalia y le dije que me era imposible ir a la cena, que me disculpasen y que ya quedaríamos otro día para tomar café. Fui al lavabo y frente al espejo, con mi consolador, tal vez demasiado grande para compararlo con un pene masculino, o tal vez más grande que ninguno de los penes que yo pueda introducirme en la vagina, me masturbe. Mi cara no era tan descarada, ni siquiera una milésima, aunque he de confesar que mi cara era la de una chica frente a su reflejo en un espejo, sintiendo placer, gocé y con pequeños destellos de súbita alegría manifestados en un labio inferior mordido intensamente. Me di una ducha lenta y pausada y envuelta en una toalla me quede dormida contemplando una y otra vez la belleza aria, pero tan mediterránea, de Adrián en su mayor esplendor. Cuando desperté, una imagen congelada en televisión, las manos de Adrián llenas de semen, algunas gotas de sudor cayendo de su pecho ha su estómago, su boca abierta, el pelo en los ojos entreabiertos y otra vez su estúpida y orgasmica cara. ¿Hasta que grado de felicidad se puede llegar con un orgasmo? ¿Con una paja? ¿Con una masturbación? ¿Con un video porno? Salí de casa con la cámara a cuestas y dispuesta a grabar chicos guapos, no es un hobby muy sano, pero la belleza es algo que ahí que intentar captar, atrapar y tener siempre cerca de uno mismo, además, había borrado a un par de chicos bastante monos por la paja de Adrián. Mi vecinito es muy diferente a otros tíos que conozco. Tiene 17 años y nada de barba, tal vez por eso aparenta ser un preadolescente, tal vez por eso es un bebecito, sin ningún pelo sobre su cuerpo, disfrutando de los placeres de la vida y deseando que una mano experta y madura lo acoja entre sus brazos y le dé mimos y protección. ¿Pero que digo? Yo tampoco soy tan vieja como para pensar así... Grabe a un camarero guapísimo y a un dependiente de Zara, unos chicos se escondieron haciendo el gilipollas y un tío me dio su número de teléfono. Hoy es miércoles, llevo cuatro días gravando a Adrián y la diversidad de muecas producidas por su cara parece una fuente inagotable. A veces yo me masturbo a la vez que él, cuando puedo intento correrme cuando él lo hace y aunque nos separan menos de diez metros nunca hemos intercambiado más de dos palabras seguidas, aunque yo sé tantas cosas de él, que podrían asustarle. Creo que esta madurando, madurando sexualmente. Se ha comprado un vibrador rojo, de al menos veinte centímetros de largo y no sé cuanto de grosor, lo pone entre sus piernas, cerca de sus genitales y juega con él y sus vibraciones, probablemente le saque más uso que a su teléfono móvil aunque no recibe llamadas, se abré de piernas y pasa el vibrador por sus tobillos, las rodillas, la entrepierna para acabar en sus labios, no es muy frecuente pero a veces lo acerca a su culo y allí esta algunos minutos. También ha comprado cuerdas, no son muy anchas y apenas son un par, con ellas se ata a la cama, a los armarios y prueba posturas imposibles cada noche. Tenía varias fustas, condones de diferentes tamaños y colores, lubricantes, pañuelos y tantas cosas que no alcanzaba a ver en la oscuridad de la noche. Tras varios días de espionaje comprendí él por que de sus actos, se preparaba para el sexo real, adiós a la soledad de las pajas y hola a la compañía, que no fue otra que la de una puta. Supuse que una prostituta porque llevaba las botas rotas, nunca la había visto con Adrián y por que ambos se comportaban fríos y distantes el uno para el otro hasta que fueron a la habitación. Él cerro como otras tantas veces con pestillo y ella se quito el sostén, de un golpe le bajo los pantalones y la ropa interior, y sin tiempo a que su flacidez se convirtiera en erección, comenzó a lamerle la polla, la chupaba como un pirulo, como un chupa chups, antes de comerla y hacerla desaparecer en su boca. Como pudo él se sentó mientras ella seguía de rodillas, acariciando sus tobillos y sus piernas, ella le miro a los ojos, y aunque permanecían entreabiertos como siempre, se corrió enseguida. Ella escupió y se limpio de semen, el se quedo tocándole las tetas y creo que le dio veinte euros a la chica, para después si te he visto no me acuerdo. Aquella noche me metí desnuda en la cama, sobre un colchón blando y almohadas de ensueño, bajo mantas que irradiaban su calor por todo mi cuerpo. Por la mañana temprano, cambie las sabanas. Ahora mismo es Jueves, no tengo nada que hacer y de verdad que Adrián me atrae, creo que le debo algo, creo que debemos estar en paz, ya que él es como una actriz porno y yo un tío que ve sus pelis gratis, y eso no esta bien..., he cogido la cámara y me he ido al pasillo de mi apartamento. He metido la cámara bajo mi vestido naranja, bajo mis bragas, ha recorrido todo mi cuerpo y tras grabar la cinta he visto y contemplado lugares remotos que nunca había imaginado poseer en mi cuerpo. He visto pecas donde es inusual ver algo, he metido el teleobjetivo en lugares que se han humedecido y se han endurecido, mis pechos se han grabado desde cien perspectivas y mis pezones nunca fueron tan duros, lejanos, grandes, anchos y observados. La piel se me ha puesto de gallina y tal vez conozca ahora lo que siente el que es visto por el voyeur. He ido a mi habitación, he sacado todos mis videos, mis juguetes y todo lo que se pueda usar para practicar el sexo, para hacer el amor, para desatar la pasión o atarla fuertemente. Lo he grabado todo, he utilizado mucho y se han llenado los 45 minutos de la cinta. En la noche volví a contemplar a Adrián, la simpleza de sus movimientos, la dureza de cada instante, el goce absurdo que se puede obtener de tu propio cuerpo, la liturgia y lo casi ceremonial para tan solo cinco minutos, pero lo cierto es que ya ha llegado a un punto en el que resulta relajante, místico, agradable y excitante el ver a Adrián cada noche, frente a mi ventana, sobre mi escritorio y con mi cámara encendida. Son las siete de la mañana, aún faltan bastantes horas para que empiece a trabajar, pero ya estoy despierta, duchada y vestida. Abro mi ventana y llamo a Adrián. Esta durmiendo y le cuesta despertar, son quince minutos de lenta reacción, se levanta de la cama, sube la persiana, abre la ventana y antes de que me pregunte lo que quiero le lanzo la cinta, bajo la persiana y me voy a tomar un whiski. Sí, vale, son casi las siete y media de la mañana, pero tengo hielo y un mueble bar...


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