criticas (886)
    Criticas de Cine (145)
    Deportivas (37)
    Duras (222)
    Generales (252)
    Juegos (27)
    Literatura (50)
    Musica (76)
    TV y Famosos (77)
   eroticos (3048)
    Anales (115)
    Desvirgaciones (403)
    Dominación (116)
    Fantasías Eroticas (210)
    Gays (497)
    Hetero (787)
    Lesbianas (161)
    Lluvia dorada (28)
    Orgías (164)
    Otros (332)
    Sadomaso (35)
    Transexuales (57)
    Voyerismo (67)
    Zoofilia (76)
   fantasia (2148)
    Epica (233)
    Fantasia General (543)
    Poesia (424)
    Rol (182)
    Romantica (766)
   ficcion (1044)
    Ciencia Ficción (192)
    Futuristas (102)
    Narrativa Libre (660)
    Ovnis (27)
    Snuff (67)
   humor (1088)
    Asi soy yo.... (60)
    Bromas (28)
    Chistes (398)
    Citas y Frases (42)
    Fabulas (45)
    Hechos Reales (186)
    Parodias (197)
    Piropos (67)
    Sexuales (65)
   terror (2722)
    Asesinos en serie (160)
    Espiritismo (124)
    Hechos reales (724)
    Pesadillas (256)
    Teorias (69)
    Terror General (790)
    vampiros (599)
 
 Top 5
    Como escapados de un ..
    Solo se ...que me sie..
    Las cosas que nunca t..
    De repente oscuridad
    Valiente Guerrero, Mo..
 
Recomendamos
Relatos Cortos, la mayor web de relatos te trae relatos de terror, eroticos, humor, ficcion, fantasia y criticas.
     

  ficcion > Narrativa LibreLógica ilógica

------------------------------------------------------------------------------------
 
se publicó en la web el 16 de Marzo del 2009

Desde entonces este relato ha sido leido 2,656 veces desde que apareció en www.relatoscortos.com, y ha recibido 21 votos.

Los visitantes han dejado escritos 0 comentarios

------------------------------------------------------------------------------------
  Categoría: ficcion > Narrativa Libre
  Titulo:

Aquello no tenía lógica ninguna y al pensar en la palabra lógica, más aún se angustiaba. José estaba en aquella habitación, frente a aquel extraño individuo que le sonreía a pesar de lo mal que se lo estaba haciendo pasar. - Hay un indio limpio, pies blancos, que siempre dice la verdad y un indio sucio, pies negros, que siempre miente. Solo puedes hacerle una pregunta a uno de ellos para saber quién es quién - dijo el tétrico individuo que se encontraba frente a él. Era de mediana edad, llevaba gafas con cristales muy gruesos y, a pesar de que, cuando lo vio por primera vez, le pareció el típico empollón, ahora pensaba que debía ser un “friki” al que se le había ido la cabeza totalmente. Solo sabía que estaba allí, amenazado de muerte por un loco, y que de sus respuestas dependía prolongar su vida un poco más. Sudaba copiosamente e intentaba controlar su ritmo respiratorio para pensar mejor, pero era muy difícil. Se encontraba con la muerte en los talones... y, entonces, se le vinieron a la cabeza una serie de ideas, de esas que llamaba “ideas felices”, y que tan bien le habían ido en otros momentos. Con la muerte en los talones, Cary Grant, Charada y allí estaba Audrey Hepburn, en la película, con ese acertijo. Recordó cuál fue la respuesta de la actriz - mirándole los pies - , pero la sonrisa que se le acababa de iluminar en su cara desapareció cuando recordó también la frase de Cary Grant - llevan mocasines -. Todo empezó cuando recibió un correo, de un antiguo compañero de facultad, con un anuncio de un concurso. Aquellos compañeros de Matemáticas con los que no había perdido el contacto en todos esos años no eran precisamente los típicos empollones que respondían al estereotipo de matemático, sino gente que disfrutaba haciendo otras cosas que no tenían nada que ver con los números tan directamente: un ajedrecista, un vicioso de los juegos de rol, un crupier de casino y un futbolista frustrado. Precisamente era por eso por lo que le gustaba aquel grupo y seguía carteándose con ellos, porque le recordaban los mejores momentos de sus siete años de estudios. El mensaje era del ajedrecista, con el cual siempre había mantenido una sana competencia mental y una adicción por los juegos de lógica. En el anuncio se ofrecía una suculenta cantidad por ganar un concurso de lógica y para poder inscribirse, había que rellenar un cuestionario, a través de internet, con cien preguntas que determinarían si se tenía el nivel mínimo exigido. No creyó que consiguiera ganar el concurso en sí, pero aceptó el reto de su amigo, de ver quién obtenía mejor puntuación, y abrió el enlace que le indicaba. El cuestionario era difícil y no contestó todas las preguntas porque se le acabó el tiempo. Le resultó muy gratificante encontrar en el listado de problemas unos cuantos psicotécnicos de su programa informático ASKER, el cual había desarrollado en su tiempo libre unos años atrás con el fin de preparar unas oposiciones. Estaba muy orgulloso de ese programa, y ver sus algoritmos reflejados le gratificó bastante. Unos días después, recibió un mensaje de un remitente desconocido que le indicaba que había sido seleccionado para el concurso y que le enviaba los billetes de avión para estar en Madrid la semana siguiente. Llamó a su amigo, el ajedrecista, y confirmó que también se encontraba entre los afortunados, pero que acudiría un día antes que él a Madrid. Se picaron entre ellos nuevamente para ver quién obtendría mayor puntuación y estuvieron comentando algunas respuestas del cuestionario que no habían podido resolver. La noche previa al viaje a Madrid volvió a llamar a su amigo varias veces, pero su teléfono móvil se encontraba fuera de cobertura siempre que lo intentaba. Le extrañó un poco, pero no le dio importancia. Ahora dudaba si el ajedrecista estaría muerto por no responder las preguntas del loco. Todo había sido un engaño. - “Uno siempre miente y el otro dice la verdad, por lo que, si le pregunto a cualquiera de los dos quién es, la respuesta será la misma, que él es un pies blancos” -. José seguía pensando y el reloj de arena de la mesa ya había vaciado la mitad de su contenido. Si se le acababa el tiempo moriría a manos de aquel ser sin escrúpulos que le miraba sonriente desde el otro lado de la mesa. - “Si pudiera invertir el reloj... invertir, pregunta inversa; Si le pregunto a cualquiera de ellos qué me diría su compañero... el que dice la verdad me dirá que su compañero diría pies blancos, pues sabe que miente, y el que miente, al mentir, me dirá que su compañero diría pies negros. ¡Qué lío! Estoy seguro. Sí. Con la pregunta inversa, cada uno me dirá quién es él”. José respondió y el loco aplaudió: - Acaba usted de superar a su amigo, el ajedrecista. Él no supo responder y lamentablemente ya no se encuentra entre nosotros, aunque me gusto mucho conocerle - dijo en voz baja. Era la primera vez que había superado a su amigo en algo y no estaba contento por ello. En la facultad siempre había ido a remolque de sus compañeros y había aprobado exámenes por suerte, como aquel día que vio el examen de Análisis Matemático V en la mesa del profesor y lo memorizó sin saber qué significaba. A pesar de la ventaja, aprobó por los pelos. Otras veces había tenido “ideas felices”, como José las llamaba, y se le habían venido a la mente fórmulas matemáticas que le resolvían un problema determinado y que nadie más había pensado en la clase - todo es lógica - era su frase favorita. El individuo apuntó una cruz en el cuestionario con su nombre que tenía sobre la mesa y leyó una nueva frase: - ¿Cuál es el mayor número que puede escribirse con cuatro unos? - y giró nuevamente el reloj de arena. - Recuerde que si no contesta en cinco minutos, me veré obligado a eliminarle, y sería una lástima con lo lejos que ha llegado. Otra vez ese sudor frío le recorrió la espalda. El loco había vuelto a recordarle su primera frase. - Esto es muy importante para mí. No se trata de un concurso ni de dinero. Busco a alguien que posea la mejor mente lógica y, si no es usted…, será eliminado. - Mientras pronunciaba esas últimas palabras en un tono muy marcado, daba vueltas a un revólver sobre la mesa. - “Cuatro unos” - rápidamente se le vino a la cabeza 1.111, pero no le pareció que fuera una respuesta tan sencilla. Tenía que tener truco. Cogió el lápiz y escribió los cuatro unos, después formó un cuadrado con las cuatro líneas y empezó a remarcarlo nerviosamente. Volvió a dibujar los unos y miró el reloj de arena. Quedaba muy poco tiempo. Pensó en binario, unos y ceros, pero en este caso sin ceros. Escribió 1*23+1*22+1*21+1*20=15. No, era menor que 1.111. Miró el papel, desesperado, y lo vio. Se trataba de cómo escribirlos y allí estaba el uno pequeño del exponente, 21. Escribió 1111, -“No, esto es 1"-, escribió 1111 y pensó - “11*11 son 121, y por 11..., no tengo ni idea, pero seguro que esto es mayor que 1.111”.—Escribió 1111 y lo tachó rápidamente, ya que pensó: - “Esto es 111. No perdamos el tiempo y no nos pongamos nerviosos. Es 1111” - y así respondió. Esta vez el aplauso del loco fue mucho más duradero. - En efecto, hay muchas posibilidades, pero 1111, o lo que es lo mismo, 285.311.670.611, es el mayor número que se puede formar con cuatro unos - Marcó nuevamente su hoja, lo miró fijamente a los ojos e hizo una pausa antes de hablar - Ésta es la decimoquinta y última pregunta. Ha llegado usted más lejos que nadie y creo que puede ser la persona que busco: tenemos una tarta redonda y queremos dividirla en ocho porciones iguales, pero sólo puede hacer tres cortes, ¿cómo lo haría? José lo miró sorprendido. Su vida dependía de una tarta y su habilidad con los cortes. El loco hablando de tartas y se imaginó una fiesta. - “¡No! El ajedrecista estaba muerto. No había nada que celebrar" - Debía concentrarse. Dibujó un círculo y sobre él, líneas simulando los cortes. Conseguía seis trozos iguales con tres cortes, así que pensó nuevamente en que había algún truco. Se imaginó con un cuchillo de grandes dimensiones cortando la tarta y, aprovechando un descuido, cortando la yugular del loco con un golpe certero y… entonces, se le vino a la cabeza la idea. Dibujó la tarta en tres dimensiones y trazó tres líneas, una que cortaba la tarta, a media altura, horizontalmente y dos que cortaban en forma de cruz verticalmente con lo que quedaban los ocho trozos con tres cortes y así se lo indicó a su temido compañero de habitación. - Me sorprende muy gratamente su respuesta. No sólo es correcta, sino que ha dado una alternativa a la que creía era la única respuesta. Siempre había pensado que había que dar dos cortes en cruz y después apilar los cuatro trozos unos sobre otros para dar un último corte. El premio y el trabajo son suyos. ¿Cuándo quiere empezar? José empezó a llorar. Había salvado su vida y ahora el loco quería que trabajara con él - yo no soy un asesino - dijo intentando que su voz fuera firme - no podría hacer lo que ha hecho usted. - ¿Asesino? ¿Qué se supone que he hecho? Amigo, no entiendo que quiere decirme - dijo sorprendido el loco. - Jugar con la vida de la gente por unos acertijos. ¡Mató a mi amigo el ajedrecista! - gritó José, presa de la ira. - ¿Matarle? ¿Qué le ha hecho pensar eso?- dijo el loco con cara de extrañeza. - Usted mismo. Dijo que me eliminaría si no contestaba sus malditas preguntas mientras jugueteaba con su revólver - respondió José con miedo, sin apartar su mirada del arma que ahora se encontraba empuñada en la mano de su oponente. El loco se rió - disculpe usted ese despiste. No creí necesario decirle que el revólver es de fogueo. Lo uso para marcar cuándo se acaba el tiempo en cada prueba. A lo de `eliminar´, creo que su imaginación le ha jugado una mala pasada. ¿Usted leyó las condiciones del concurso? - No. Rellené el cuestionario por un enlace que me dio el ajedrecista - José estaba ahora desconcertado sin saber qué decir. - El concurso era para buscar a alguna persona con grandes dotes para la lógica y el razonamiento abstracto, que nos ayudara en nuestra labor de crear un sistema para ordenadores que no se basara solamente en el cálculo numérico, pero tras esto que me está diciendo, me estoy pensando el darle el puesto - y el que ahora no parecía tan loco se rió nuevamente. Nota del Autor: Relato corto presentado al Concurso de Relatos Cortos Villa de Mijas 2008 con el seudónimo Matemátiko.


------------------------------------------------------------------------------------
Vota este relato
0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10

------------------------------------------------------------------------------------
Comentarios



Busca relatos



InicioAgregar a favoritosPoner como página de inicio
siguenos en feedsiguenos en facebook.comsiguenos en twitter.com


¡Tu también nos puedes enviar tus propios relatos!
[Enviar relato]








Web desarrollada con Iwcms.com
Impresiones Web, SL. C/ San Bernardo, 123, 7ª Planta;28015, Madrid (España).Tlf: +34 911 61 01 13 E-Mail : info@impresionesweb.com
Inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, Tomo 19602, Folio 112, Sección 8ª, Hoja M-344480, con CIF B-83844787.