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  ficcion > SnuffLas 6 Balas de mi Vida {5ª Bala}

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se publicó en la web el 24 de Noviembre del 2004

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  Categoría: ficcion > Snuff
  Titulo:

Allí estaba el arma, humeante, caída en el suelo y cubierta de barro. Del mismo barro donde había caído. Estaba muy oscuro. De muy leve forma se podía escuchar un pequeño sollozo. Se oía lejano pero sin embargo estaba muy cerca. Era Curtys. Había disparado el arma, la quinta bala. Ahora solo había silencio. Un silencio roto por el chasquido ensordecedor de la culata del arma al caer en el charco embarrado. Empezaba a llover. Curtys lloraba agachado, con las rodillas clavadas en el suelo hundiéndose en el barro. Se maldecía a si mismo. Ha estado meditando mucho desde la primera vez que tocó el Mágnum y parece ser que en este día, tomó una decisión. No se podía deshacer del arma, sabía que moriría, y no iba a dejar la pistola a merced de cualquiera. Un arma nunca es buena en manos de alguien. Simplemente quería vivir en paz, sin tener que preocuparse de la fecha en la que iba a morir. Eso lo mataba poco a poco por dentro. Quería deshacerse de ella, olvidarse, pero no podía, y ni siquiera dejándola abandonada se sentía a gusto. Llevaba años pensando, pero nunca tanto como ahora, meditando en como acabar con aquella furia que no lo dejaba tranquilo. El encuentro con el hombre misterioso o lo que fuera… tenia que ser con el precisamente. Ojalá hubiese sido un sueño, pero cada vez que miraba el arma, se despertaba de su imaginación y volvía el dolor que se comía su carne. Dejó de llorar y se levantó. Estaba sucio, el agua caía ahora de forma pesada. Se le habían abierto los ojos. Buscó donde estaba el Mágnum. Ya no se veía. Había sido enterrada en el barro. Curtys se tiró desesperadamente buscándola, apartando con sus manos todo el barro posible. Aquel paraje era inmenso. No había nada más que llanura a lo largo y ancho de la zona, no se divisaban árboles ni edificios lejanos. Era difícil encontrarla. Su cara lo decía todo, las cejas apuntando hacia arriba mostraban el miedo a perderla. Después de minutos, la lluvia caía como kilos de piedra, las gotas se convirtieron en granizo el cual llegó a mezclarse con nieve. -No tuve que haberla dejado- se maldecía una y otra vez. Como consecuencia del temporal y del tiempo sin encontrar, Curtys se levantó y puso en alta su cabeza para gritar hacia el horizonte…: -Ya se lo que quieres maldito bastardo!! Pero nunca lo tendrás!!!- Gritaba llorando al unísono del viento, su voz y un trueno cercano. Siguió en su búsqueda y así pasaron las horas. El no cesaba aunque estar así podía suponer una pulmonía. Era de día ya. No llovía. Solo un panorama nevado y claro se dejaba ver. Un hombre muy abrigado que pasaba por aquel paraje paseando y disfrutando de la nieve pisó algo blando. Se apartó rápidamente y miró a ver de qué se trataba. Era Curtys, cubierto por nieve. Estaba helado y con la cara morada del frío. -Dios mío!-decía el hombre dándole la vuelta al cuerpo e intentando desenterrar toda la nieve que le cubría. Estaba casi literalmente tieso. Los orificios nasales los tenía tapados y llenos de nieve. El hombre le limpió la cara y la nariz, tratando de despejarle la salida al aire. Aun latía su corazón. Empezó a levantarlo tirando de el para que se desenterrara lo que quedaba de el. De repente la mano derecha contenía un objeto brillante y algo grande Era el arma. Lo había encontrado y no lo soltaría por nada del mundo. Pasaron las horas y Curtys abrió los ojos. Su visión era la de un dormitorio caliente y una manta que le tapaba del frío. Seguidamente se levantó sulfurado y confuso. Abrió la puerta y llegó al salón de la casa. Allí se encontraba Marcus, el hombre que lo había sacado de la nieve. -¿Quiénes son ustedes? ¿Qué hago aquí?-Preguntaba parado y tajante ante la extraña situación. -Tranquilo- respondió Marcus- Estabas enterrado en la nieve, inconsciente. Suerte que yo te encontré, sino ya no te contarías entre los vivos. Esa explicación fue suficiente para recordar que todo lo anterior y ocurrido era cierto. Había quedado tumbado entre la lluvia, la nieve y el barro. Tumbado hasta encontrar lo que buscaba, el arma. Pero… ¿donde estaba el arma? -Realmente no sabe lo agradecido que estoy… pero, por casualidad ¿no recogió ningún objeto cercano?- Preguntó sigilosamente. -Y tan cercano. Lo llevabas pegado a tu mano. Está ahí en el cajón de la mesa que tienes enfrente de ti. Es un arma muy cara. Valiosa y que no creo que tengas licencia para ella.- Dijo tranquilamente Marcus. Un poco extrañado por los comentarios de la persona que lo había rescatado, Curtys comprendió que no era el momento de discutir. Aunque sabía que de una forma u otra se debería llevar el arma. A la vez, otro problema acababa de relucir a la luz. El hombre había tocado el revolver. ¿Qué sería lo próximo? De un momento a otro caería enfermo hasta la muerte. ¿Cómo decírselo? Mejor no decir nada. -Puedes estar tranquilo.-Seguía hablando Marcus- Te veo un buen chico. No diré nada a la Ley sobre tu arma si la tienes bien guardada y haces buen uso de ella. Una pistola de tal calibre y ya cualquier otra, sea de la forma que sea, es un arma, y por lo tanto deberíamos de estar mentalizados a que su uso sea el mínimo posible. -Es cierto lo que dice, amigo.-Respondió cabizbajo Curtys. -La puedes coger. Ya sabes donde está. Hay claridad en el día. Te puedes ir cuando quieras tranquilamente.- Respondió Marcus. Así sin más abrió el cajón y la cogió un tanto nervioso pero con discreción. La metió en su mochila y la cerró bien. Seguidamente se dirigió a la puerta para marcharse dando repetidas gracias por su miramiento. -No hay de que muchacho. Y puedes estar tranquilo. No he tocado el arma.la coloqué en el cajón gracias a tu guante el cual estaba pegado a ella por el frío. Solo te digo una última cosa…. Piensa mucho y paciente en como son las cosas de verdad. La vida puede ser larga o corta, eso depende de cada uno, no nos la pueden arrebatar así como así. Medita y vence a tu mal interior, Mal que todos tenemos de una u otra forma. Más tarde o más temprano. Piensa y actúa conforme a lo que creas mejor. Así tu destino será- Dijo acabando Marcus sin levantarse de la silla. Curtys no habló. Solo lo miró. En ese momento no había entendido ni una palabra de lo que el hombre le había dicho, pero sabia que era algo muy importante. Finalmente con una mirada de gratitud cerró la puerta y siguió su camino de regreso hacia su casa. “Debo de pensar” se decía a si mismo. Mientras andaba hacía su casa se paró en una librería curiosa que le llamó la atención. En su escaparate un libro abierto titulado, “El poder de la mente” mostraba en una de sus páginas una ilustración de sombras caídas de las cuales salía su luz hacía el exterior. Eso le llamó mucho la atención. Sin saber porque se sentía atraído a entrar y comprarlo sin apenas saber de que se trataba. Era un libro grande. Llegó a su casa. Su mujer no estaba. Se dio una ducha. Se tumbó en la cama y abrió el libro. Era bastante interesante, al menos para el. Entre páginas de pronto sintió un pinchazo en su sien. Se apretó para aliviarse el dolor. Había recordado que la quinta bala la había disparado contra el mismo, pero no había llegado ni siquiera ni a rozarle. ¿Acaso sabía porque? Solo recuerda un impacto y un llanto entre la lluvia y la nieve. Ahora el Mágnum 44 volvía a estar en el cajón de siempre. Tenía una lectura que para el era muy importante y nadie podía pararlo. Solo pensaba y meditaba en algo que se tenia muy guardado. No había mucho tiempo para distraerse. Solo quedaba una bala en el cargador y no sabia cuando debería usarla. {Fin de la Quinta de las Seis Partes}


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