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  ficcion > SnuffLas 6 Balas de mi Vida {4ª Bala}

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se publicó en la web el 24 de Agosto del 2004

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  Categoría: ficcion > Snuff
  Titulo:

-Necesito que alguien me explique como ha ocurrido este error. Nunca ha ocurrido nada igual, A ver, ya me estáis buscando una explicación- Decía el encargado de la perrera a sus trabajadores Todos callaban, no encontraban respuesta. No sabían a que se debía el fallo eléctrico que había hecho abrir las celdas de todos los perros. Nunca antes pasó nada igual. Cuando se iba el tendido eléctrico, el sistema estaba preparado para mantener cerradas las puertas de cierre automático de los animales. -Tendremos que dar un informe, ¿Y que leches decimos? ¿Qué se ha escapado una manada de mas de 30 perros en los que 3 de ellos están rabiosos?, ohh, no se preocupen que si los ven por la calle no les van a morder… ¿Decimos eso?! –Decía el dueño con ira y guasa a la vez demostrando así el estado de locura al que estaba apunto de llegar. Todos se dirigieron a sus puestos y siguieron con lo suyo mientras los que debían dar parte lo hacían a la vez que otros preparaban los medios para hacer algo favorable en la situación. Mientras, seguía amaneciendo en todo el pueblo restante. -Cariño, ¿Por qué no me preparas hoy esas tortitas con mermelada tan ricas que tu sabes hacer?, hoy se me ha antojado- Decía humorísticamente Curtys. -¿Es que estas embarazado cariño como para tener antojos? Eso déjanoslo a nosotras. Sabes que tendrás tus tortitas siempre que las pidas.- Decía su mujer -Que buena eres mi vida, la verdad es que no se que habría sido de mi sin ti, nada de esto estaría ocurriendo ahora, y lo que es peor… no te podría mirar como lo hago ahora, porque ni siquiera te conocería. ¿Qué haría yo sin ti?- Decía seriamente y reflexionando Curtys. -Bueno, no hace falta ponerse tan serio amor. Nos conocimos y aquí estamos. Si estábamos hechos el uno para el otro fue porque en el momento de conocernos algo nos dijo a los dos que teníamos que estar juntos, al menos a mi si. Yo sentí algo por dentro que me lo decía.- Contestó su esposa sentándose en su rodillas izquierda. -La verdad es que nunca hablé de esto contigo, pero es cierto que a mi también me pasó algo parecido. Al verte sentí algo especial, una especie de temblor interior que te invade el cuerpo, ya sabes, la tontería esta del querer y el tener miedo de la otra persona no sienta lo mismo.-Dijo feliz y recordando Curtys. De pronto se calló. Y cerró los ojos. Su esposa lo miraba con rareza y de repente de la boca de el salieron nuevas palabras. -…O quizás el tener miedo porque la otra persona sí sienta lo mismo. Es verdaderamente extraño, pero yo tenía miedo ahora que recuerdo de que tu sintieras lo mismo que yo.- Decía divagando Curtys. -¿Miedo por eso?- Preguntaba extrañada la mujer. -Bah, no hagas caso, a veces no se ni lo que digo.-Dijo Curtys intentando esquivar posibles preguntas nuevas. Algo le había parado, algo que le hizo reflexionar y meditar. De tal forma que se levantó de su sillón obligando así a su esposa que se levantara de su rodilla a la vez. Después salió a la calle a dar una vuelta. La calle estaba aun húmeda del rocío de la noche. Pero ya casi deslumbraba el sol. Mientras paseaba, solo pensaba y se hablaba a sus adentros. Se hacía muchas preguntas. -¿Es quizás todo casualidad o lo que me pasa esta premeditado por alguna razón?- Se decía así mismo. El encuentro con el personaje oscuro y extraño que tuvo desde niño, le obligaba a hacerse este tipo de preguntas de vez en cuando. Así se recordaba a si mismo que todo lo que había pasado era verdad. Había tenido una vida movida desde que era niño, y eso no lo olvidaba. El encuentro con el extraño a veces lo veía como un regalo de Dios, porque le había cambiado totalmente la vida. Pero por otra parte, lo veía como una especie de maldición, porque todo lo que había pasado con el revolver, era de gran importancia y muy negativa. La pregunta de siempre era saber ¿porque a el? Aunque no hablaba de ello, pero pensaba en el Mágnum día a día. Aunque siempre lo acababa viendo como un tema sin importancia, como algo normal. Y así llevaba casi toda su vida viviendo. Seguidamente hizo lo que solía hacer un día de fin de semana al levantarse, entrar a su bar favorito y tomar un café. Los mismos de siempre para no variar y en sus distinguidos sitios, los cuales estaban ya marcados por los culos de los “dueños”. Curtys también tenia el suyo y ya sin ni siquiera pedir nada le ponían el café que el quería. Solo largo. Al estilo puro Español. -Ey Fred! Pon los deportes hombre, que ya estamos hartos de tanta noticia, siempre dicen lo mismo- Gritaba uno de los clientes al dueño que repartía cafés para cambiar la televisión. Rápidamente cambió cuando todos miraban a la televisión. A Curtys le pareció ver algo extraño en milésimas de segundo al cambiar. -Fred! Pon lo que estaba antes. Un solo segundo por favor- Decía extrañado Curtys. “Un segundo” decía con la boca pequeña el que había pedido los deportes y que no se negó porque se llevaban bien en aquel local. Había un buen ambiente, por eso solía ir allí. De pronto las caras de todos cambiaron, estaban viendo la calle central como era grabada en directo,. Justo al lado suya. Eran cámaras desde helicóptero. ¿Qué pasaba? El dueño subió el volumen rápidamente. -“Ahora mismo van por la zona Norte, o sea que van subiendo hacia la calle principal” “Supuestamente esto no debería de ser un peligro, pero en cierto modo lo es, los perros que se han escapado proceden de un laboratorio de ciencias y el cual 3 de los 30 escapados tienen la rabia” “Es muy peligroso salir ahora a la calle, la noticia ha pillado muy de repente y casualidad que pasábamos por aquí, las patrullas de perreras y policía están preparadas intentando llegar”- decía la televisión. -Bueno, pues voy a cerrar las puertas y que no entre ninguno por aquí, nos quedaremos un rato entre todos hasta que detengan a esas bestias.- Decía el dueño dirigiéndose a la puerta con la intención de cerrarla con llave. Curtys se levantó y del impulso casi tira al dueño sin dejarlo de terminar hablar. “Mi mujer esta en casa y no sabe nada” dijo y se fue corriendo. Cuesta arriba sin parar, asfixiado. De repente se dio cuenta que aparte de su gemido se oía el de un can que estaba muy cerca suya. Miraba a todos sitios hasta que vio que estaba a su derecha. Corría al par de el, pero no ladraba. “Los perros cuando persiguen suelen ladrar, que raro” se decía a si mismo extrañado. Sin mas se unieron a la carrera unos 13 perros con el. Todos callados y corriendo. La pregunta era entonces si alguno de esos 13 eran algunos de los que tenían la rabia. De pronto y sin poder aguantar mas sin oxigeno, Curtys paró de correr jadeando para tomar aire. Pero para extrañeza suya los perros siguieron corriendo y pasaron de largo dejándolo a el en medio. No se lo explicaba. Estaba llegando a su casa, ya la veía y siguió con la carrera. Seguidamente vio como todos los perros se unieron, parecía como si hubiesen salido de la nada. Todos corriendo en una misma dirección. Carretera arriba. Estaban a punto de pasar su casa y Curtys solo podía mirar mientras corría sin parar. “Que pasen de largo, Que pasen de largo” se decía preocupado. Y así fue. Pasaron de largo. Absolutamente todos. De pronto uno se quedó parado y se dio media vuelta mientras los demás seguían camino arriba. Era un gran RottWeiler. Echando babas como es típico en los perros rabiosos. Premeditadamente dio unos pasos llegar a la altura de su casa. Y para mas conmoción entró por el jardín rompiendo de un porrazo con su cuerpo la pequeña puerta de entrada. Sin pensarlo mas, Curtys corrió tanto como pudo, como nunca antes hizo. Lo que no quería que pasara, estaba pasando como si de un sueño se tratara. Rápidamente entró al jardín y allí no estaba el perro. La puerta principal estaba abierta. Se temía lo peor. Como alma que lleva el diablo entró de un bote gritando el nombre de su esposa y así alarmando al perro de donde estuviera, para así atraerlo. Un leve grito de su esposa le advirtió que estaba en el pasillo a los dormitorios. El perro enorme la acechaba y gruñía con total ira y desprecio como un perro loco. Y estaba parado justo para dar el salto que todos esperaban y morder a la victima. “Tengo que hacerlo ya” dijo Curtys después de haber entrado en su habitación y abrir el cajón que contenía el revolver maldito. “No puedo fallar” “Que sea al primer tiro por favor” Rogaba así a Dios. El RottWeiler se abalanzó hacia su esposa y Curtys gritó como un loco para atraer su atención. Así, el Perro rabioso lo miró con ojos de asesino y se dirigió a el después de haberse dado la vuelta. Curtys apuntaba a la cabeza, no quería fallar, por eso con sangre fría dejaba que se acercara mas, esperando el momento cumbre, si fallaba significaría su posible muerte. Saltó. Disparó. Acertó. El Perro calló encima de el debido al salto. Le había dado en su gran cabeza, Se jugó la vida así de esa forma. El Rottweiler aun jadeaba en su penumbra de angustia. Miraba a Curtys como si fuera una persona quien miraba, su rostro de perro tenía una sensación extraña que enmudecía aun más al propio Curtys. Se lo quitó de encima y quedó en el suelo el perro. En su ultimo aliento de vida hasta que falleció. Luego soltó la pistola humeante que acababa de sentenciar con la cuarta bala y seguidamente miró a su esposa y ella se acercó a el y lo abrazó con lagrimas en los ojos. Después de rato juntos y sin decir palabras ante aquel clímax, Curtys dijo a su esposa muy al oído… -“No sabes el miedo que he tenido de perderte”- {Fin de la Cuarta de las Seis Partes}


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