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  eroticos > OtrosLa puta de mi esposa se confiesa 3

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se publicó en la web el 20 de Octubre del 2008

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  Categoría: eroticos > Otros
  Titulo:

Hola todos. En los dos relatos anteriores les conté sobre cuando descubrí que mi entonces novia (ahora esposa) me engañó por primera vez con un vecino suyo y de la primera vez que él se la cogió por el culo. Ahí también les conté que yo la había perdonado con la condición de que ella me contara toda la verdad, con detalles de las veces que me había sido infiel. Pues luego de que me contó lo de estas dos ocasiones, le pregunté que con quién más me había sido infiel y al principio sólo atinó a decir: - Con varios. - ¿Con quiénes? -Insistí yo. - Pues con un compañero de la escuela -respondió-, con un amigo que conocí por internet, con un chico de Estados Unidos (que había conocido allá durante un intercambio estudiantil de un trimestre), con el veterinario de mi gato (luego me enteré de que así le pagaba sus servicios), con un maestro de derecho fiscal (ella estudió contaduría), con Eduardo (el novio de una ex amiga suya con la que se había peleado por un chisme), con un amigo de mi hermana también, y con Carlos. - ¿Cuál Carlos? -Pregunté ya bastante afectado por la amplitud de la lista. Sin embargo, todo se me cimbró después cuando escuché su respuesta. - Tu amigo. - !¿Carlos el de la escuela?! - Sí. - Pe... pe... pero ¿cómo? ¿cuándo? -Balbuceaba yo, ya que era mi mejor amigo y a quien incluso le contaba mis problemas con ella. - Pues en varias ocasiones -respondió-, durante algún tiempo. - ¿Desde cuándo? - Poco después de que me lo presentaste. - ¿Pero cómo empezó todo? - ¿Te acuerdas de la fiesta de cumpleaños Cinthya? - Sí -Respondí recordando que en esa ocasión nos habíamos emborrachado bastante, pero más yo. - Recordarás entonces que en esa ocasión Carlos te fue a dejar a tu casa en su carro y luego a mi a la mía porque tú estabas muy borracho para manejar. - Sí. - Pues la verdad es que no me fue a dejar a mi casa, sino que luego de dejarte en tu casa fuimos de regreso a la fiesta donde seguimos tomando y bailando. De hecho, cuando bailábamos él se me repegaba mucho y me tocaba discretamente las piernas y el trasero, por lo cual yo comencé excitarme. Y es que la verdad es que desde que me lo presentaste me gustó mucho, por lo cual yo no hacía nada al respecto. Luego le pedí por favor que me llevara a mi casa, porque ya me sentía muy borracha, pero la verdad es que quería estar a solas con él. Y de camino a mi casa él me iba diciendo cosas muy bonitas. - ¿Como cuáles? - ¿Recuerdas que yo llevaba minifalda esa ocasión? - Sí -Respondí yo, pensando que esa ocasión y siempre, porque ella usa vestidos cortos, minifaldas o pantalones ajustados. - Pues comenzó por decirme que me veía muy linda con esa faldita -continuó- y yo correspondía a sus cumplidos relajándome en el asiento de tal manera que se me subiera un poco más la falda. En un determinado momento él puso su mano sobre mi muslo, por lo que volteé a verlo y él me preguntó: - ¿Te molesta? Le dije que no, que por el contrario, me gustaba, que hiciera lo que quisiera. Entonces él comenzó a acariciarme las piernas mientras manejaba. Luego comenzó a acariciarme en la entrepierna por encima de mi tanguita, con lo cual llegué a un grado de excitación irreversible. Entonces me propuso que nos fuéramos a mi casa, o si no, a la suya. Ya ves que vive sólo. - Sí -Respondí muy alterado. Pues nos fuimos a su casa y ya te imaginarás -dijo como queriendo concluir su narración. - ¿Qué pasó? ¿Qué hicieron? -Le pregunté. - Pues no recuerdo con detalles pero sí sé que hicimos de todo. - Cuéntamelo, insistí. - Pues llegamos y yo llamé a mi casa para decirle a mi mamá que me iba a quedar en la casa de una amiga y luego le hablé a mi amiga para avisarle, que no me fuera a delatar. Luego Carlos y yo nos fuimos a su cuarto y ahí comenzamos a besarnos y a desvestirnos. Estando ambos de pie, él me metió la mano en la entrepierna y me estuvo acariciando en la vagina, a lo que yo correspondí acaricíándole su pene. Luego él me metió un dedo y comenzó a masturbarme suavemente mientras me besaba el cuello y los senos. Recuerdo que ahí tuve un orgasmo. Luego yo comencé a darle besitos en su cuello también y en su pecho. Luego lo volteé de espalda hacia mí y mientras le besaba su espalda le acariciaba su pene. Luego regresé a su pecho con besitos pequeñitos y fuí bajando por su abdomen hasta que llegué a su pene, me lo metí en la boca y comencé a hacerle sexo oral. - ¿Y luego? - Después de un rato, él me acostó en su cama y comenzó a besarme todo el cuerpo hasta que me abrió las piernas y se entretuvo un rato con mi vagina chupándola. Luego me volteó bocabajo y se echó encima mío me abrió un poco las piernas y sentí como poco a poco comenzó a introducirme su pene, haciéndome con ritmo lento al principio, luego más rápido y más fuerte. Yo ahí tuve otro orgasmo muy bueno. Luego me volteó bocarriba y me lo hizo de misionero durante un buen rato. Y ya para finalizar se acostó bocarriba él y me pidió que lo montara yo. Así lo hice y él aprovechó para masajearme y besarme los senos mientras me penetraba. Así estuvimos un rato hasta que noté que su respiración se alteraba mucho, como jadeando, por lo que adiviné que estaba a punto de venirse; así que le dije: "Puedes venirte dentro, no importa porque tomo anticonceptivos". Unos momentos después lo hizo, se vino dentro de mí. Luego nos quedamos acostados platicando y fumando por un buen rato, como de una hora. - ¿De qué platicaban? - De muchas cosas. - ¿Como cuáles? - Pues me decía que se sentía mal de haberlo hecho conmigo porque, a pesar de que yo le gustaba mucho, sentía remordimiento porque tú eras su amigo. - ¿Y qué le dijiste tú? - Pues que mientras tú no te enteraras no tenía por qué sentirse mal. Luego nos seguimos besando y le volví a hacer sexo oral, con lo cual se volvió a poner erecto y aprovechamos y lo volvimos a hacer. - Y supongo que siguieron cogiendo en ocasiones posteriores -dije yo enojado. - Sí. - ¿Como cuántas? - No sé. Como 20, 25. Fue durante como un año o año y medio que nos seguíamos viendo. - ¿Cuándo se veían? - Cuando tú estabas trabajando, o me llamaba y yo iba a su casa por las mañanas, o cuando me iba a dejar en su carro a mi casa, lo hicimos algunas veces en su carro. ¿Recuerdas de la ocasión que no pudiste ir a una excursión que me gané a las grutas del cobre porque no te dieron permiso en tu trabajo? - Sí -Respondí yo, ya advirtiendo un poco por dónde venía la situación. - Pues la verdad es que no vendí el boleto que sobraba. El fue conmigo. - Hijo de puta. Me dijo que estuvo en Monterrey todo ese tiempo -Espeté yo. - Pero querías saber la verdad ¿no? - Sí. - Y cogieron todas esas noches, supongo. - Si -Me respondió. En ese momento pedí la cuenta del café que nos estábamos tomando y le dije que nos fuéramos. Yo necesitaba asimilar el coraje que me había provocado todo lo que había escuchado. Pero la verdad es que no sólo era coraje. También excitación. Ella me pidió que no le reclamara a mi amigo, porque habían quedado en no decirme nunca nada. Yo acepté y hasta el momento nunca le he reclamado nada, incluso en las ocasiones que salimos juntos después (Carlos, su novia, mi esposa y yo). Espero que les haya gustado.


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