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  terror > vampirosLa pintura

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se publicó en la web el 18 de Noviembre del 2008

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  Categoría: terror > vampiros
  Titulo:

Cuando cumplí 23 años decidí mudarme a Guadalajara, ya que siempre sentí una atracción muy fuerte con la pintura y, ya que conocía algo de ella gracias a mi padre, comencé a hacer mis propios bocetos y ya que no eran tan malos los vendía para sostener los gastos de mis estudios y las rentas de la habitación que rentaba, ya que Ralph el cobrador se encargaba de hacerme la vida imposible si no obtenía el dinero en un mismo momento. Un día, al volver a mi habitación algo tarde y algo cansado, me dispuse a dormir, pero de repente algo me despertó, me dirigí a ver mi reloj y las manesillas apuntaban a las 2 de la madrugada, y ahí justo en la ventana pude ver una silueta, pero sinceramente, me resultó algo aterradora, ya que la luz de afuera hacia verla algo grande, me armé de valor y pude ver que era una mariposa tratando de salir, así que abrí la ventana y dejé que se fuera. Volví a mi cama tratando de dormir pero sin ningún resultado, y así, sin más, me llegó a la mente una visión a lo que yo llamé inspiración; tomé el gis negro y empecé a pintar, primero pinté ganchos colgados en una pared, después en los ganchos puse cabezas de cerdo y sangre escurriendo por doquier. Después, un hombre con un delantar sucio de sangre, una mesa delante de él con cuchillos. Todo lo que una carnicería podría tener y después, con un toque espelusnante, comensé a pintar un cuerpo. Primero una pierna, después un vestido cubierto de sangre en el suelo. Con tanta inspiración, no me pude dar cuenta de que ya había salido el sol y eran las 10 de la mañan. Alguien llamó a mi puerta, la abrí, había un hombre alto delgado con arrugas. Resultaba un poco asqueante a la vista, irreconosible, era el jefe de policía. Me preguntó qué hacía aquí, y sin preguntarle, me dijo que sabía que yo hacía bocetos y quería saber si podría hacerle uno. Le dije que sí, pero al ver aquel boceto, me dijo que si lo vendía, le contesté que por supuesto, 'y en cuánto lo vende', replicó. Le dije que en 1200.00, y sin más, sacó de su bolso los billetes y dijo 'aquí están'. Le dije que todavía no estaba terminado y contestó que cuando lo terminara, le avisara y así, sin más, se fue. Intenté mil formas de pintar al personaje oculto que se encontraba en ese vestido, pero de nuevo, alguien tocó mi puerta, la abrí, y era el insoportable Ralph que, al ver mi dinero en la cama, se avalanzó sobre él. Yo tan lleno de furia, le arrebaté el dinero de sus asquerosas manos, lo empujé hasta conducirlo a la puerta y le cerré la puerta en la cara, y como un loco comenzo a gritar 'es mi dinero, es mi dinero', y tan espontáneo que abrí la puerta, le arrojé un fuerte golpe en la cara que salió rodando por las escaleras. Al escuchar el alboroto salieron mis vecinos, yo sólo me metí en mi habitación y, tras sentir tanta adrenalina, sentí que podía terminar el boceto, pero escuché pasos corriendo por el pasillo y se detuvieron justo en mi puerta, comenzaron a golpearla y gritaron diciendo 'abra en nombre de la ley'. Algo le había pasado a Ralph. Tal vez murió dándose un golpe en la cabeza, o simplemente hizo un escándalo diciendo que yo lo mataría. Simplemente no lo sabía. Pensé en escapar por la ventana, pero no pude por el maldito vértigo que le tenía a las alturas. Desanimado, decidí abrir la puerta, y sin decir nada, dos hombre altos me esposaron hasta llevarme a su auto. Le dije 'pero qué he hecho', y uno le dijo al otro 'mira, pregunta qué ha hecho' y soltó una carcajada tan fría y no pude evitar desmayarme. Al despertar, estaba sentado en una silla y frente a mí había dos hombres. Era muy baja, pero la apariencia de aquel hombre flaco y asqueante era inconfundible. Era el hombre a quien había vendido mi boceto; pasaron unos segundos y comenzaron a interrogarme. 'Usted sabe de quién es este boceto', al mismo tiempo que sacaba un cuadro y me lo enseñaba. Yo le contesté que era mío. ¿Y por qué lo dibujó?, preguntó el otro oficial. Le respondí 'no lo sé, simplemente lo hice' y me preguntó '¿es un tema imaginario o es real?, contesté 'no, es imaginario, simplemente me llegó a la mente'. Se quedaron callados. Un oficial me levantó y me condujo a mi selda, no pude evitar refleccionar, me senté rodeando mis rodillas con mis manos y transcurrió el día. Me desperté, un oficial me condujo a mi selda, me informó que el jefe de policía quería que viera algo, abrió la selda y me llevaron a la correpcional más importante, donde están los asesinos más dementes. Me llevaron a una sala donde el jefe de policía me esperaba y me condujo a un cuarto; Justo ahí había una camilla con alguien recostado, al quitar la sábana que cubría a aquel cuerpo vacío sin vida, mi corazón se agitó y mi cuerpo se puso helado, no podía creer que aquella mujer que yo había dibujado estuviera ahí frente a mí. El oficial simplemente me miró, y al quedarme mudo, me dirigieron a mi selda donde me quedaría tal vez el resto de mi vida. Mi selda era fría, era tan siniestra que no podía sentirme tan helado. Pasó el día, llegó el domingo y los rayos de sol entraron por una pequeña ventana y dejaba entrar el bullicio de un pequeño mercado que se encontraba al lado de mi pared. Había gente comprando, el aire daba tan fresco que era tan inevitable sentir el rastro de vida,... todo parecía perfecto para las personas que caminaban por entre los puestos, pero en particular, no pude evitar observar a un hombre con esa misma complexión, ese mismo aspecto y esa misma locura. Mis ojos se llenaron de miedo, porque frente a mí, estaba el carnicero, ese mismo que había dibujado, ese mismo que está incrustado en el boceto. Mis manos comenzaron a sudar y, al pensar que yo iba a quedarme aquí enserrado por una muerte que yo no había causado y él estaría fuera disfrutando de la libertad de la vida, me puse a pensar en las mil maneras de cómo salir de aquí y culparlo; como rebusqué por todos lados y por suerte estaba ahí mis gis negro, en mi bolsa de pantalón comencé a dibujar, y esta vez no faltaba nada, ningún rasgo. Le hablé al policía que cuidaba mi selda, le dije que le hablara al jefe de policía, que era importante, era una declaración. El hombre, al ver mi boceto, tuvo que salir corriendo. El jefe de policía llegó más rápido de lo que yo pude imaginar, y al ver el boceto incrustado en la pared, le dije 've este hombre? está ahí en el mercado, es el tercer puesto de la izquierda'. El jefe mandó dos policías a arrestarlo, y yo me quedé sentado, cansado de tanto agetreo. Se oyeron resonar los pasos del carnicero por todo el pasillo y éste, al ver el boceto, se quedó helado, sólo se le escucharon decir unas palabras, dijo 'pero cómo, quién me pudo haber visto en la noche?' Y así, al resultar todo como debía, al volver a mi habitación, me recosté en mi cama y no pude evitar pensar qué era todo esto, que acaso era una simple visión. No pensé que fuera una revelación.


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