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  eroticos > DesvirgacionesLa pija de mi hermano

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se publicó en la web el 17 de Noviembre del 2005

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  Categoría: eroticos > Desvirgaciones
  Titulo:

Cuando yo era una nena, había visto a mi hermanito, dos años mayor que yo, completamente desnudo, y, fuera de la curiosidad natural de todo chico, no me había atraído de forma especial su cuerpo. Cuando yo tuve 12, recién cumpliditos, y por lo tanto mi hermano todavía 13 y estaba cerca de cumplir 14, una vez lo descubrí en el baño, desnudo y masturbándose. Les cuento cómo fue. Mi casa tiene un living y comedor al frente. Después, un largo pasillo, en donde están: primero el dormitorio de mis viejos; enfrente de éste, el dormitorio mío y de mi hermanita; después, el baño; enfrente, el cuarto de huéspedes, y al final del pasillo, el dormitorio de mi hermano Mauro y, enfrente de él, una habitación de depósito de cosas. De modo que mi casa es bastante grande, y cómoda. Bueno, prosigo: mis viejos trabajan de lunes a viernes de 9 a 19, y llegan después de las 20. Mauro y yo íbamos al colegio a la mañana. Y mi hermanita tiene 9 años menos que yo, así que cuando yo tenía 12 ella era una beba que mi mamá dejaba en una guardería. Entonces, durante toda la tarde, después de comer el almuerzo que mi mamá nos dejaba en la heladera, teníamos todo el tiempo para dormir, estudiar o hacer lo que quisiéramos. Tanto Mauro como yo nos íbamos a dormir la siesta, y a escuchar música con los auriculares. Una tarde de mucho calor yo me levanté para ir al baño: llevaba puesto mi baby-doll, con nada más que la bombacha debajo. Pero el baby-doll no era transparente, así que no se veía demasiado abajo. La puerta del baño estaba entornada, y me metí con apuro para orinar. Y mi hermano estaba ahí, con la pija parada (era la primera vez que yo veía una pija parada), y tenía la mano derecha rodeando ese hermoso miembro, y se lo estaba sacudiendo. Al verme, se sorprendió, y sé que quiso parar de pajearse. Pero no pudo, se ve que el envión ya era imparable. Y siguió por un momento meneándosela, hasta que vi un chorro de líquido blancuzco salir de la punta de su pija y proyectarse hasta el lavatorio. Cuando terminó de eyacular, respiró hondo y abrió la canilla del lavatorio, se lavó bien la mano y, con la mano llena de agua, se bañó la pija, que estaba como colorada y congestionada, y ya había empezado a ablandarse, a encogerse. Yo me quedé emocionada, conmovida ante ese espectáculo inesperado, que tocaba las fibras más íntimas de mi ser de mujercita de 12 años, y que despertaba mis deseos más escondidos. Me fui corriendo a mi pieza, y me tiré en la cama. Hasta me había olvidado de mis ganas de orinar. En ese momento, a mi pieza entró mi hermano, todavía desnudo. Y se paró junto a la cama, y me dijo que necesitaba hablarme. Me dijo que los chicos tienen una naturaleza diferente que nosotras, y que ellos necesitan vaciar sus testículos cada tanto. Me dijo: -Éstos, ¿ves? Éstos son los huevos, o también las llaman las bolas. Son las que fabrican la leche, y se van llenando. Cuando están repletos, necesitan vaciarse un poco, y para eso necesitamos coger con una piba. Entonces la leche nos sale de las bolas, y entra en la conchita de la chica. O en la boca, porque es otra linda posibilidad, la de que la piba nos chupe la pija y reciba la leche en la boca, y se la trague, porque no es mala sino que es un gran alimento. Mi hermano siguió explicándome: -Cuando uno no encuentra a una piba que se deje coger, o que no quiera chuparnos la pija y tragarse la leche, entonces no tenemos más remedio que hacernos la paja. Que es lo que vos viste en el baño. No es un vicio. Es una necesidad. Hay que soltar el excedente de leche. Y la mano hace las veces de conchita o de boquita para menear la pija y hacer que salte la leche. Me gustó la explicación, y empecé a mirar a Mauro con otros ojos. Le miré las bolas, que ahora debían estar un poco menos repletas, y le miré la pija, que estaba semiparada, sin duda porque mi hermano se excitaba porque yo se la estaba mirando. Y entonces me pidió que le tocara la pija. Que se la acariciara. Y yo lo hice. Se la acaricié con amor y con deseo. Y la pija se fue endureciendo, poniéndose como madera. Y entonces me pidió que me la metiera en la boca. No podía decirle que no. Yo estaba tan excitada como él. Y me la metí en la boca, y sentí la más hermosa sensación que puede sentir una chica. ¡Y yo lo estaba haciendo a los 12 años, recién cumplidos, una nena que hasta ese momento jugaba con la Barbie! Mi hermano eyaculó en mi boca. Y yo recibí su leche, que al principio me pareció desagradable. Pero que enseguida aprecié, como lo más hermoso que podía darme esa pija: lechita tibia, fragante, sabrosa. Mauro se fue a su pieza, y yo me quedé atolondrada. Gozosa, porque lo que había pasado me encantó. Pero también con miedo, porque yo sabía que todavía no era una mujer, y ya estaba haciendo cosas que las mujeres hacen todos los días, pero una chica de 12 no hace nunca. A la tarde siguiente, Mauro se vino directamente a mi pieza. Venía desnudo, y con la pija dura. Yo me arrojé a tocársela y chupársela: el impulso fue incontenible, ya nunca más podría ver una pija sin tirarme a chuparla y hacerla acabar. Y se repitió lo de la tarde anterior: se la chupé frenéticamente, y él me llenó la boca con su lechita, que me tomé toda y me relamí de gusto. Se acostó al lado mío, y descansó un momentito. Me fue sacando el baby-doll, y después me quitó la bombachita. Y ahí se largó a acariciarme y besarme todo el bajo vientre, y en especial la conchita. Me pidió que lo dejara cogerme. Y yo le dije que tenía miedo, porque podía quedar embarazada. Y él me dijo que a los 12 años no era posible, y entonces si él me cogía yo iba a gozar como loca y él me iba a poder llenar la concha de leche sin que pasara nada. Y, al contrario, la leche me iba a hacer desarrollar mejor mis curvas y mis tetitas, porque la leche recibida antes de que la chica se haga mujer es fuertemente feminizante. Le pregunté si me iba a doler, y me dijo que no me preocupara. Se montó encima de mí, y empezó a trabajar. Ubicó su pija bien parada en la entrada de mi conchita, y empezó a empujar. Despacito, hasta que yo pegué mi primer gritito, porque se había empezado a romper la membrana del himen. Y después siguió, lentamente pero con persistencia, hasta que su pija entró enterita en mi vagina. Ahí mi dolor se mezcló con el placer, y poco a poco la sensación de goce fue ganando y superando al primer dolor. Y me cogió durante un rato. Salía y entraba, salía y entraba su pija en mi concha, y yo volví a sentirme en el paraíso. La sensación que tenemos las chicas de tener una pija adentro de la concha es una sensación incomparable, imposible de describir, una sensación de estar alcanzando la mayor dicha posible, de que ninguna otra cosa importa, que estamos ante lo mejor del mundo, y todo debe ir hacia una finalización espectacular, un paroxismo de dicha y goce y completamiento, inútil de comparar con nada. A mí, que el chuparle la pija a mi hermano me había parecido lo máximo, debo reconocer que el recibir su pija en mi concha fue mejor. Aunque una cosa no quita la otra, y hoy, a mis 21 años, nunca dejo que un pibe me coja si antes no me deja chuparle la pija durante un ratito, y si es posible que me largue su leche en mi boca. Como siempre cojo con pibes jóvenes, en seguida se reponen y se excitan de nuevo, y me cogen y me llenan de leche la concha. Y entonces con cada chico tengo la dicha completa. Si quieren saber cómo siguió la cosa con mi hermano, se las puedo seguir otro día. Pero sepan que cogíamos y yo se la chupaba todos los días de la semana (menos los fines de semana, que estaban mis viejos y mi hermanita). Cuando cumplí los 13, seguimos cogiendo, pero empezó a usar forros, porque dijo que ahora sí podíamos correr peligro de embarazo. Y me di cuenta de que el forro quita un alto porcentaje del placer de la cogida, pero ¡no hay otro remedio! Por eso, me felicito de haber comenzado a coger a los 12, cuando pude disfrutar del placer de recibir la leche en mi concha, directamente, con esa sensación de contacto y de intimidad que sólo da el piel a piel. Romina Gavea Malfi nenitachupchup@hotmail.com


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