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  eroticos > Lluvia doradaLa otra Ducha

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se publicó en la web el 15 de Junio del 2005

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  Categoría: eroticos > Lluvia dorada
  Titulo:

Después de una noche loca y desenfrenada con mi novia, nos despertamos sudados y pegagosos de tanto flujo vaginal, saliva y semen entre las piernas, las manos, trasero, boca, y decidimos que lo mejor era tomar una ducha para comenzar el día. Tras reirnos un rato de vernos aquellas pintas y esos pelos, nos metimos juntos en el cuarto de baño, y sin comentarlo, nos metimos en la ducha. Al principio, el agua helada nos hizo abrazarnos y sentir la piel de ambos como se erizaba. Comprobe que sus pezones se endurecían y mi pene que estaba algo erguido se contrajo y olvidó su cometido delante de una mujer. Si al principio me dio algo de corte que estuviera algo tiesa, ahora me avergonzaba que se quedara arrugadilla, pero una sonrisa cómplice de ella me hizo olvidar aquello pronto. Ya comenzaba a salir agua caliente y separamos nuestros cuerpos. Dediqué unos segundos a observar a la preciosa mujer que tenía delante, menuda, con ese cuerpo mojado, y esa cara tan bonita con el pelo pegado a la cara. No pude aguantar para abrazarla y besarla bajo el agua durante un largo instante, mientras acariciaba su cuerpo ya caliente, mientras el agua jugueteaba entre nuestros labios y nuetros cuerpos fundidos. Alcancé el gel y eché una buena cantidad en mis manos, para luego pasarla en su cuello, y su nuca. Trasladé el masaje a sus grandes pechos, acariciandolos por debajo, llamándome la atención el suave deslizamiento de mis manos sobre aquel par de monumentos, que repetí varias veces, era una sensación única. Tropezaba con sus pezones, y los froté como si los estuviera sacando brillo, en broma, y eso hizo que ella se encogiera, y se retorció y se puso de espaldas, pegada a mi cuerpo. Mi pene ya había recuperado su estatus rígido anteriormente por el continuo roce con su cuerpo. Aproveché que estaba de espaldas para comenzar a jabonarle su bariguilla, y el pubis, del cual salió mucha espuma al roce con el vello. Continué con su vulva, y eso hizo que se estremeciera y dio un culazo a mi porra que hizo que el glande saliera completamente del escondite de su prepucio completamente, y al dejar la piel tirante, dí un quejido. Ella cayó en la cuenta y comenzó a consolarla, dándole masajes con el jabón. Sus manos se deslizaban con una facilidad pasmosa, de arriba abajo, tropezando sus uñas con los testículos, abajo arriba. Aunque la noche anterior había sido movida, me estaba poniendo a cien, y no pude reprimirme y pedirle que se abriera de piernas, y viendo que ella era más baja que yo y no podía penetrarla, de un salto se agarró a mi cuello y me envolvió con sus piernas. En esta posición, me fue muy facil localizar su abertura e introducir mi pene, que con el jabón no tuvo ningún obstáculo. Tras varios y suaves vaivenes de su cuerpo me confesó que se estaba haciendo pis y que no le apetecía salir de la ducha, y me preguntó qué podía hacer. ?Tu verás lo que haces!?, le contesté. Ella me dijo ?Espera?? y se quedó quieta aún entrelazada a mi cintura con sus piernas, y no pude salir de mi asombro cuando sentí un río caliente sobre mis huevos, muy caliente, que salpicaba mi pubis y que chorreaba a lo largo de mis piernas. Interminable aquel rio, ciertamente se estaba haciendo pis encima mía. Me pareció muy excitante, pero asombroso, porque no lo esperaba de ella, y como consecuencia, sentí que mi pene perdió algo de dureza, pero solo de mi sorpresa por este nuevo acontecimiento. Ella sonreía y sin cortarse un pelo, me dijo : ? A qué esperas, te toca a tí!? Fue una doble sorpresa y dudé en un principio, por aquello de que a lo mejor no era saludable el orinar dentro de su vagina. Pero pensé que si ella lo había hecho, yo debía corresponder. Aún seguía ella agarrada a mi cuello y entrelazada a mi y sabía la dificultad de orinar con la erección pero como estaba mi pene totalmente desconcertado, podría ser algo más fácil. ?Espera?? le replique, como ella me dijo antes, y confieso que me costó algo, pero tras un pequeño esfuerzo y tomar aliento, y ayudado con el ruido del agua cayendo, comenzé a desahogarme dentro de ella. Comenzó a abrir la boca de asombro con los ojos muy abiertos, una mezcla de sorpresa, gustazo, asombro y placer, dando un pequeño grito que duró hasta que yo acabé, terminando con un largo suspiro. ?He sentido que me quemaba por dentro!? me confesó. Dio un salto para ponerse en pie y al sacar mi pene de dentro de ella, soltó su coño como un buche de líquido, como un estornudo, eran los restos de mi lluvia dorada que aún quedaba dentro de ella. Normalmente puede pensarse que es algo asqueroso pero confieso que fue maravilloso en ese momento. Ella se puso agachada en frente mía sin pensarlo y comenzó a masturbarme rápidamente, y se volvió loca con mi pene, que estaba rojo como un pimiento. Me cogió algo desprevenido, y mi sexo entre la noche anterior, y las dos sorpresas de antes estaba peor que yo y aunque costó algo llegar al orgasmo, sus movimientos de mano rítmicos, y su pecho al compás de un lado a otro temblorosos, consiguieron una explosión del pene, y que mi semen se estrellara sobre su pecho, pero ella seguía ordeñándome a la misma velocidad, yo retorciendome, y ella golpeando al mismo tiempo su puño contra el escroto, como si quisiera clavar mi miembro entre los huevos. Tras unos segundos, ella lo liberó y observé como mi aparato estaba palpitando de arriba abajo pidiendo clemencia, con el glande amoratado, las venas retorcidas para reventar, y con un hilo de semen colgando de la punta. Daba pena verlo, mientras ella se reía de cómo lo había destrozado. Totalmente hecho polvo, y ella cansada de tanto ejercicio, decidimos terminar la ducha, pero esta vez de forma más relajada, solo con caricias muy gratificantes, y con nuestros órganos muy sensibles a cualquier roce, por lo que fue una larga ducha. Gabi.


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