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  terror > EspiritismoLa mancha de la muerte

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se publicó en la web el 27 de Noviembre del 2008

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  Categoría: terror > Espiritismo
  Titulo:

Esta noche podría ser la noche más larga de mi vida, la anterior ya la ge, y la otra, pero hoy tengo realmente miedo de la noche. Parece que todo empezó hace unos ocho meses, cuando me vine a vivir al barrio de San José en Barcelona. Mi nombre, Isidro de treinta y nueve años de edad y natural de Hospitales. Tardé unos tres meses en darme de alta de la luz, pues al vivir solo, me las tuve que apañar para trabajar y realizar las tareas de la casa. La vivienda no era muy grande, unos treinta metros cuadrados, se trataba de un altillo, rodeada del terrazo colindante a la vivienda. Durante el tiempo que estuve sin luz, pude experimentar ciertas anomalías dignas de nombrar; a determinadas horas, justo después de las once de la noche, se apreciaba un ligero tintineo de los vasos de güisqui que descansaban sobre una bandeja muy próximos entre sí. Este fenómeno se repetía de tres a cuatro veces al día, duraba lo justo como para llamar mi atención. A lo que incrédulo de mi atendía diciendo; -"Llegó la hora del aperitivo"-, sirviéndome un flamante licor. Cuando al fin tuve luz, la recibí con tremendo entusiasmo; -"Bienvenido a la modernidad"-, me dije. Luego intenté imaginar como serian las personas que allí vivieron. El último inquilino no se supo muy bien porque se marchó. Unos decían que se había quedado sin trabajo, otros que se había separado de su novio; - "por lo que deduje, era gay"-, y al quedarse solo se ge a otro lugar. Otros vecinos apuntaban "y es lo mas lógico", que dejó de pagar el alquiler, transcurrido un tiempo, lo desahuciaron dejándolo en la calle y que, por eso estaban allí sus pertenencias y el porque de que se presentase forzada la puerta principal. Mi versión es que allí sucedió algo que quien lo vivió tuvo que marcharse de allí, pues ninguna versión decía la verdad. ¿Qué fue de los anteriores inquilinos?. Nadie me dijo nada. Solo un vecino compañero de mi amigo Arturo, me dijo que vivió una señora mayor que hacía de portera y que vivía sola. - Pero...¿qué fue de ella? - le pregunté. - Nada. Sencillamente, murió. Justo sobre el suelo de la habitación, entre la entrada y el pasillo que hacía a la vez de vestíbulo había una mancha marrón en el castigado suelo de adoquines. Probé con varios productos pero la mancha no se iba. Transcurrieron los meses y los días. Un día en la taberna, daba vueltas al vaso en el sentido de las agujas del reloj, observando como el vino quedaba impregnado en el vaso, mientras hacia ganas para ingerir el siguiente trago. El ruido ensordecía mi cabeza, mi vista se levantó pero no encontré ninguna cara conocida, así que, pagué y me fui. Ya en casa, me repetía "cuatro noches sin dormir", al entrar en la habitación se sucedieron los golpes en las paredes. Aquellos golpes se habían ido sucediendo, noche, tras noche, eran los causantes de mi actual situación. Con la furia de quien maneja una tempestad, bajé al piso de abajo. Aquella linda vecina, joven y guapa que tantas veces había ignorado mis cartas era la causante de los golpes, a veces fuertes como producidos con un martillo, otras débiles con el puño. Y con el puño repiqué la puerta a la vez que hacia uso de su desgastado timbre. La puerta se abrió y discutimos a causa de los orígenes de los golpes que me quitaban el sueño. Ella negó insistentemente en su locución y ejecución. ¿Cómo era posible? Esa noche la pasé con miedo, ruidos por todas las paredes e incluido el techo, en medio de la vivienda trataba de pasar la noche metido en un saco de dormir. - "Ya estaba, la vecina era médium" y me estaba mandando espíritus para que abandonase la vivienda. ¿Y si necesitase ayuda? Creo que le podría ayudar y no me lo quiere pedir. Me ganaría su amor y sería un héroe para ella. Así fue como empecé a ponerme en contacto con los espíritus que tanto me acosaban, pronto entré en un estado de estrés, pues todos me hablaban a la vez. Unos habían muerto repentinamente, otros los habían matado, otros habían sido alcohólicos, mendigos, ladrones, etc. Llegó el amanecer, había limpiado con repetidas oraciones la casa. Por la tarde intenté dormir sin resultado, aquellos obscenos gemidos, ya no sabia que hacer, estaba desesperado. Llegó la noche. Y volvieron a por mí. Mi cuerpo temblaba, el cuchillo penetró mi estómago, solo noté el ardor, ele el mango hacia arriba. Sangraba, sudaba, temblaba, la sangre cayó justo encima de la mancha. A todos los que intenté ayudar me miraron, vi el terror reflejado en sus rostros. Entonces comprobé, que ya no estaba solo, ahora pertenecía a aquellos rufianes que se dedican a molestar a los que andan solitarios por el mundo.


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