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  humor > FabulasLa hipotenusa golosa.

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se publicó en la web el 19 de Abril del 2006

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  Categoría: humor > Fabulas
  Titulo:

Federico era un niño que vivía feliz en la casa de su abuela, en la montañosa región de Zamoranbia. Todas las mañanas Federico iba a por agua a un pozo cercano, donde entre jadeos y sollozos conseguía el preciado líquido. (¿?) El resto del día lo pasaba Federico realizando las tediosas labores de la granja de su abuela, mientras que ésta remendaba los infinitos calcetines y calzoncillos que el rey Constantino le enviaba sin parar, ya que él rey Constantino destrozaba toda la ropa interior que se ponía. Os preguntareis el porqué de llevarle a la pobre anciana toda aquella ropa interior. “¿Es que no había otra que supiera coser los calzoncillos? Pues no querido niño gordinflón. No había nadie más en el reino de Zamoranbia que supiera remendar calzoncillos y calcetines con tanta gracia como la abuela de Federico. Y, ¿Por qué rompía el rey tantos calzoncillos y calcetines? Pues la respuesta a la pregunta que hace mi querido niño-bufa es muy simple. Porque el rey de Zamoranbia era un triangulo equilátero de agudos y cortantes ángulos. Y ahora cállate, sino quieres que mate a tus ancestros. Bueno, como iba diciendo, Federico, cansado ya de ver como su abuela se dejaba día tras día la vista en sus arduas tareas, decidió ir al palacio del rey a pedirle por favor del bueno que dejara en paz a su abuela. Dicho y hecho. Federico se encamino rodando hacia el palacio con solo un Donut por alimento, ya que no podía comer otras cosas. Lo que ignoraba el petete era que en esos momentos, el reino estaba sufriendo el acoso de una terrible bestia mutante llamada “la hipotenusa”, que reducía a las figuras geométricas del espacio hasta su mínimo exponente, dejándolas sin aristas ni lados. “Pero eso no puede ser” ¡Cállate gordo cerril! Ejem… Bueno, pues eso…Que la temible bestia parda hipotenusa deambuló a sus anchas por el reino alimentándose sin cesar de todas las aristas y los ángulos que veía aquí y allá. Los rombos y los dodecaedros estaban aterrorizados, y corrían despavoridos a recoger sus escasas pertenencias que guardaban en una caja de caudales. (Que, por esta razón el señor Caudales se hizo tremendamente rico y se compró un globo sonda con el que se marchó a dar la vuelta a las islas paralelas. Pero esta es otra historia.) De pronto se puso a llover, sacando muchos polígonos sus ángulos para resguardarse de la lluvia. Esto provocó una gran gula en la temible hipotenusa, que al ver a tanto polígono con sus ángulos tendidos al viento decidió acometer una matanza de segundo grado con una incógnita. La incógnita era que no sabía conde estaba el rey triángulo. El polígono más sabroso de todo el espacio tridimensional, según las malas lenguas. Los caballeros del rey, los pentágonos de la tabla octogonal, decidieron tender una trampa a la hipotenusa. La trampa consistía en construir una gran bisectriz con sus ángulos, que catapultaría grandes valores absolutos contra la bestia en cuestión. La hipotenusa, que no era tonta. Vio desde el aire como los pentágonos construían aquella temible arma y, ni corta ni perezosa, se precipitó contra ellos, simplificándoles con su aliento de incógnitas. La desolación más absoluta se sumió entonces entre las gentes de Zamorunbia o zamorania o como sea… dejando sus hogares vacíos y emprendiendo una gran peregrinación hacia lugares del espacio más seguros, como Santiago de número pí, o Fátima al cuadrado… Algunos valerosos determinantes llegaron al reino con intenciones de detener a aquella bestia con sus espadas divisorias, pero resultaron ser de segundo y tercer grado, devorándolos la hipotenusa al instante. El rey triángulo estaba desesperado. Ya no sabía que hacer para parar a aquella monstruosidad que aterrorizaba a las gentes de bien con sus problemas y polladas. Ete aquí. ¿? Ete aquí, que llegó el niño Federico a la ciudad vacia. Y mosqueose mucho de verla así. Eso fue al principio, porque luego entró a todas partes de gratis, comió lo que le apeteció sin pagar, y recorrió todas las carreteras del reino sin pagar peaje. Fue en una de ellas donde encontró a la terrible bestia devorando a una vaca rectangular. -¡Deja en paz a ese animal! – dijo Federico. -¿Mu? – dijo la vaca. -¡No te digo a ti, vaca!.- dijo Federico otra vez. La hipotenusa emprendió el vuelo, lanzándose en picado hacia el sorprendido Federico que solo tuvo que rebotar para librarse de tan despiadado ataque. La hipotenusa exclamó. ¡Oh, sielos! No tiene aristas, ni ángulos ni nada… En efecto queridos niños. Federico era un círculo, y no pudo ser devorado por la bestia galiana, que decidió seguir la pauta de la distancia máxima entre dos rectas que se cruzan, abandonando el país en patera. Cual fue la sorpresa días después, cuando la guardia civil interceptó aquella patera en aguas de Cádiz y vio en ella a tan terrible mamotrenco. -"Pero, pero... ¿Ya se ha terminado la historia? ¿Oiga? ¿Y todas esas aristas que le salen de los lados? OH, NO, NOOO.." Si bufilla si... YO SOY LA HIPOTENUSA chan chan chan chananan chananaaaaa chan chan chan cha na na cha na naaa


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