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  fantasia > RolLa Venganza de Noah

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se publicó en la web el 29 de Abril del 2006

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  Categoría: fantasia > Rol
  Titulo:

Noah era un chaval de dieciseis años sano, fuerte y ágil. Tenía el pelo largo y oscuro, los ojos castaños, alto y con un peso de un chico de su edad. Vivía con su madre y su abuela, su padre murió cuando el apenas tenía dos años en la ya famosa batalla de Izmir, donde se enfrentaron los rebeldes con el corrompido rey que dominaba la parte Norte de todo el territorio. Noah vivía en la ciudad de Ribagorza. Aquí comienza su historia Me desperté a las ocho de la mañana, bajé rápido a desayunar, mi abuela me había preparado una tostada y un vaso de leche como siempre. Desayuné con algo de prisa, pues le prometí a Arlen que iría con el a cazar. Me despedí de mi madre y de mi abuela, cogí el arco que me regaló mi abuelo, mi espada corta por si las cosas se ponían feas y me monté en Tsartas, mi caballo blanco. Me reuní con Arlen a las afueras para dirigirnos hasta los pequeños montes que rodeaban la ciudad. Arlen tenía un año mas que yo, era alto y bastante robusto, tenía los ojos color azabache y el pelo negro y corto. Nos saludamos y nos fuimos hacía los montes. El cielo estaba nublado en la sierra, pero no parecía que fuera a llover. Terminamos al atardecer con un ciervo y un jabalí abatidos. Cabalgamos hacía el centro, pero al entrar nos quedamos de piedra. Todas las casas estaban destrozadas o ardiendo y un rastro de cadáveres asolaba la ciudad. Un escalofrío me recorrió el cuerpo y conduje a Tsartas velozmente hacía mi casa. Una cabeza humana estaba incrustada en un palo que estaba hundido en la tierra. Me derrumbé en el suelo al comprobar que era la de mi madre. Con lágrimas bañándome la cara busqué el cuerpo de mi abuela por todo la casa, por desgracia no lo encontré. Salí a la calle en estado de shock y me desmoroné en la fría tierra. Me desperté con los ojos rojos e hinchados y juré que me vengaría de quién hubiera hecho esto. Cogí un saco, comida y algo para beber, me monté en Tsartas y me dirigí hacía la herrería y pillé algunas dagas y flechas. Monté de nuevo en Tsartas, no sabía a donde dirigirme, pero ansiaba la sangre de aquellos asesinos. Al fin encontré unas huellas que se dirigían hacia el Este,- quizá hallan ido hacía el Lago Sur para dar de beber a los caballos y recuperarse- pensé, - me llevan un día de ventaja pero podré sorprenderlos mientras descansan en el Lago. Galopando día tras día llegué hacía el Lago Sur y efectivamente allí se encontraban esas ratas, lavándose las manos después de haber matado a cientos de personas. Dejé a Tsartas al lado de unos arbustos y me dirigí hacia mi primera victima, estaba de espaldas a mi de modo que le mataría de una forma deshonesta pero me daba igual. Levante mi espada cautelosamente pero...-¡¡Arghh!! Una flecha me impactó en la pierna derecha, mi gritó alertó al hombre, este se giró y me lanzó un puñetazo en el estomago con tanta fuerza que caí al suelo. Me revolvía encogido en la hierba, todos los hombres se empezaron a reír de mi, comprendí en el suelo que no me mataban porque sabían que yo no suponía ningún peligro. Me levanté dolorido y me senté apoyándome en un árbol. Un médico me vendo la pierna después de quitarme la flecha, el hombre que me golpeó se quitó el casco. Era un hombre de casi cuarenta años, alto y fuerte. Tenía el pelo rojizo, ojos claros y barba poblada. Se disculpó y me dijo, - sabemos a quién buscas, los hombres que destruyeron Ribagorza han escapado, son las huestes del rey, que como sabes vive en Árandur, el rey les da permiso para que se diviertan y arrasen ciudades del Sur cuyos gobernadores no son aliados del rey. Nosotros somos los rebeldes, lo siento por tu familia muchacho, si quieres venganza únete a nosotros-. Por supuesto accedí. A la mañana siguiente nos dirigimos hacia el Desierto de la Desesperación. Cogí un bollo de pan, mi arco y la espada y monté a Tsartas. El ritmo de la marcha era rápido, pero sería difícil atraparlos en el Desierto. Tras cinco días cabalgando sin parar se podían divisar en el horizonte las siluetas de los hombres de Árandur. Ellos parecían saber que les seguíamos y, sin previo aviso, se pararon de golpe y se colocaron en posición, nosotros hicimos lo mismo, había llegado la hora. Las huestes del rey llevaban un estandarte con el escudo de Árandur, podrían ser cincuenta hombres, pero lo que me desmotivó de verdad fue ver que...¡Tenían pumas! Eran cuatro fieras y parecía que llevaban días sin comer. Sir Wallace, (el hombre del pelo rojizo), ordenó a los arqueros que dispararan una tanda de flechas, y eso hicieron, las flechas volaban raudas hacia su destino y al parecer consiguieron llegar, ya que los gritos de los hombres eran desgarradores. Pero ahora les tocaba a ellos, sacaron a las fieras de sus jaulas y estas se dirigieron precipitadamente hacia nosotros. Desgraciadamente no pudimos hacer nada, esos pumas tenían la fuerza de cinco hombres. Mis compañeros gritaban aterrados, mientras las fieras les mordían y arañaban. Una de ellas se quedó mirándome fijamente y en un instante se abalanzó sobre mi, pero fui rápido y me tiré a un lado, el monstruoso puma se quedó desconcertado, ya que no sabía donde estaba, aproveche ese momento para mi espada en la nuca, el animal se desplomó en el suelo. Cuando estaba inmerso en la lucha con los pumas, los hombres del rey corrieron hacía nosotros y nos embistieron con los caballos sin compasión, me quedé aturdido, no veía nada, solo sangre y camaradas en el suelo, estaba a punto de perder el sentido cuando divise a la izquierda un grupo de hombres a caballo, tenían yelmos plateados y armaduras doradas, galoparon velozmente hacía el flanco izquierdo de las huestes Árandur y se lanzaron hacía ellos. A los hombres del rey les pilló por sorpresa el ataque y no pudieron hacer nada. Cuando me desperté me dolía la cabeza y una mujer me estaba limpiando las heridas, me percaté de que era una elfa y los hombres que nos habían salvado también. Eran quinientos o más. La muchacha que tenía al lado me dijo, :-has tenido suerte de no morir, has luchado bien-. Parecía que la chica era importante, ya que la gente la trataba con respeto, tendría diecisiete o dieciocho años, el pelo largo y oscuro y unos ojos azules preciosos. Me levanté con cuidado y observé extraño lo que había a mi alrededor. Solo quedábamos diez hombres y la mayoría de ellos sufría heridas importantes. Le pregunté a la chica elfa hacía donde se dirigían y me contestó, :- Vamos hacía Árandur, tenemos tantas ganas como tu de vengarnos del rey, está haciendo de las más importantes y bellas ciudades elfas ciudades corruptas. Por eso vamos a por el. Si no tienes a donde ir puedes venir con nosotros-. Como ya suponéis fui con ellos. No sabía lo que me encontraría en Árandur, pero tampoco quería saberlo. CONTINUARÁ


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