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  ficcion > Ciencia FicciónLa Entelequia Nocturna

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se publicó en la web el 11 de Diciembre del 2007

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  Categoría: ficcion > Ciencia Ficción
  Titulo:

Allá me encontraba, sentado creo, aunque lo cierto es que no estoy muy seguro porque una claridad dolorosa me deslumbraba y confundía mi postura... Allí estaba yo, semi desnudo; solo un lienzo de tela enroscado en mí cubría mi cuerpo, o eso sentía mi tacto entre mi torso y el pubis; además, un frío metal contraía la piel de mis nalgas, que sentí como cualquier separación voluntária por una de entre dos personas que no se soportan. Y esa sensación me desconcertaba, y conseguía distorsionar mi visión de la estancia. Allí estaba yo; a la espera de cualquier suceso macabro, porque mi mente no era capaz de concebir otra cosa que no fuera dolor. Poco a poco alcancé mi particular enfoque; entonces llegué a ver unas líneas separatórias que cuadriculaban el lugar dotándolo del asepticismo de un baño cualquiera. Entonces, allí debía estar yo, esperando una barbaridad decantada hacia el mal humano. Como mínimo mi entumecida amigdala me dictaba esa sentencia como preclara; como premonitoria. Mis musculos no respondían. Mis nervios hacían caso omiso de la voluntad del que agoniza. ¿debía esperar una muerte lenta? ¿debía tal vez resigarme al olvido y perecer por inanición? ¿o por asepticemia? No, eso no, el lugar olía a limpio en mi subconsciente... Una sombra se proyectó lejana, en lo que entendí como el final de la sala. Era cuadrada y longilínea. Rectangular. Una puerta quizá; aunque me faltó el chirriar de las bisagras para que todo fuera lo esperado por el miedo. Entonces, la forma color miel apareció de repente mientras me esforzaba por enfocar la visión. Era una serpiente semi humana... o no... Sí, debió ser una puerta, pues percibí una presencia nueva allá donde estuviera. No conseguí enfocarla en nigún momento. Pero se acercaba silenciosamente; al contraste del dictado de mis sentidos, aquella presencia era seductora, e imaginé mil momentos de dulce placer antes de la muerte. ¿Era posible? forcé la vista hasta casi desmayarme por lo intenso de mi curiosidad; debía ver la cara de mi verdugo como mínimo. Debía... Y entonces conseguí la pintura deseada. Hallé el fausto olimpo, pues presencié la existencia de la mágia como una dulce dedicatória a mi ser. Ella... La belleza impregnada de lo eterno. La hermosura al contraste de la nada para que no consiguiera enturbiar ni siquiera un poro, un ápice... Esos ojos ambarinos penetraron e incluso me atrevería a decir que hurgaron en todo cuanto era yo. Me sentí violado, pertrechado y dulcemente indispuesto. Sentí la anulación de un espíritu que jamás sabré si poseí. Sí, por supuesto que estuvo; un día... antes de ahora. Ahora no soy nada. Su cuerpo era difuso; tal vez como penitencia, pues un mortal no podría soportar el todo del ser parafísico. -Seguro que no, pensé-... Estaba cerca. Demasiado. Mi corazón latía fuerte. Una buena muerte, para aquel de antemano sentenciado... Sus labios ardían; y lo noté en mi entrepierna. Como ofrenda a aquella diosa del placer mundano de los mortales, mi sexo se erizó, se contrajo duramente. Miró directa a mis ojos, miró directamente a cuanto era, a cuato había sido. Y no le importó nada; eso, consiguió una presión en mi entrepierna mayor. Ella se acercaba más... Mi pubis era todo cuanto yo había sabido ser. Era infranqueable para todos menos para ese ente; rígido. Y ella se acercaba... No había oído su voz, aunque prefería que no fuera así. El placer hubiera acabado demasiado pronto... Una mano larga, huesuda, de movimientos curiosamente artísticos y seductores acarició mi pecho. Aquel que convulsionó a su contacto. Aquel que sirvió de distracción mientras noté una dulce y húmeda lengua recorriendo mis muslos, mi sexo, mi debilidad ahora... La miré inquieto, preocupado por la contención; aquella criatura me desafió introduciendo todo mi sexo en su boca. Despacio, mirandome a los ojos... Una suave punzada me recorrió desde la rabadilla hasta la nuca. Debió ser un mordisco pasional... Mejor no pensarlo... Mejor no mirarla... No pude reistirme, y puse mis ojos en su nuca...No debí hacerlo, porque parecía haberme intuido, y volvió a poner sus ojos ambar absoluto, todo esencia sexual en los míos. Una expresión dubitativa se reflejó en ellos... ¿Disfrutas? pareció preguntarme... Decidí contestar, aunque antes de hacerlo, en un solo pestañeo su mirada cambió por completo por la de un ente mucho más seguro de lo que hacía, mucho más agresivo; y con sus labios apoyados en la zona más sensible de mi sexo y sin dejar olvidar ese contacto murmuró... -Sé que te gusta... mucho.- En ese insante todo se apagó; aquella estáncia, aquel lugar. Aquella nada. Pues nada en el mundo, nádie, ningun mortal hubiera podido sobrellevar aquella situación. Noté como los músculos de mi rostro se contraían en un rictus animal. Sentí como toda mi energía se concentraba en mi entrepierna. En mi sexo... Cuando oí algo que prolongó el mayor placer de mi vida -mírame- susurró, pero no pude. No pude hacerlo pensando que quizá la proxima vez, un escalofrío me recorrió de nuevo. Toda mi piel se contrajo, y pensé que pronto sería mi turno, en el cual solo intentaría darle una pizca del placer que ella me había dado. Deseaba saborearla... Deseaba penetrarla. Deseaba... Pues ahora sabía que ese dulce no puede ser dado a probar solo una vez... Desperté solo en algún lugar físico, mi cama creo, pero mi mente se quedó para siempre en aquella estancia, donde vivo y muero en lo mas profundo de un simple sueño. Esa creo, será mi tortura eterna, porque jamás existiría tan siquiera la primera vez; con ella.


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