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  eroticos > LesbianasLAS AVENTURAS DE SARA Y VERONICA

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se publicó en la web el 02 de Enero del 2007

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  Categoría: eroticos > Lesbianas
  Titulo:

Aquellas vacaciones no pudimos ir al viaje que organizaba nuestro instituto debido a nuestras malas notas; solo nos habían quedado dos, pero eso era suficiente para nuestros padres. Esto no nos hizo mucha gracia a Sara, mi mejor amiga, ni a mí, ya que las dos siempre estábamos ansiosas por vivir aventuras. En su lugar, nos pasaríamos las vacaciones en mi cuarto. Esto fastidió mas a Sara, una chica fuerte y atlética a la que le encantan las escursiones al campo y los viajes en plan mochilera. Estaba claro que esas vacaciones no viviríamos ninguna aventura; o al menos eso creíamos. Porque, a veces, no es necesario viajar para teniendo imaginación. Una tarde, mientras estábamos en mi cuarto aburridas pensando en que hacer, a mí se me ocurrió una idea y no dudé en proponérsela a Sara. Saqué un viejo cuaderno que tengo guardado en donde suelo escribir algunos relatos y le propuse que podríamos imaginar las aventuras que nos gustaría vivir y escribirlas. A Sara le entusiasmó la idea y, rápidamente, nos pusimos a trabajar en ello. Ambas nos encerramos cada tarde en mi cuarto y dábamos rienda a nuestra imaginación, imaginando que éramos otras personas y viajábamos a distintos lugares del mundo. Pronto, nuestras aventuras se convirtieron en auténticos relatos. Sin embargo, la aventura más emocionante estaba por llegar. Una noche que ella se quedó a dormir en mi casa, Sara me propuso una aventura algo especial, la cual se le había ocurrido tras ver una película de esas que echan de madrugada. Me susurró al oído la idea y, la verdad, no me pareció mal. Nuestras aventuras comenzaban a ser repetitivas y era hora de darles un enfoque nuevo. Las dos no tardamos en ponernos a realizarla. La historia comenzaba en Sudamérica, en lo más profundo de la selva amazónica. Yo era una joven arqueóloga sin experiencia en el trabajo de campo que había ido allí en busca de un antiguo templo perteneciente a una civilización extinguida hace miles de años. Según cuenta una leyenda, allí se encontraba un ídolo que perteneció a los emperadores de aquella civilización y que se cree que tiene poderes. Yo, a pesar de mi poca experiencia, encabecé una expedición y di con el templo y el ídolo. Sin embargo, cuando me disponía a regresar, mi expedición fue atacada y yo fui capturada por unos individuos que me cubrieron la cabeza con una bolsa. Cuando me pude ver libre de esa bolsa, ví que me encontraba dentro de lo que parecía un bunker atada de píes y manos a una silla. Frente a mí, había una mujer vestida con un uniforme nazi y, tras ella, había varios tipos encapuchados y armados con metralletas. La mujer dijo llamarse Smilla y pertenecer al IV Reich, una organización secreta fundada por antiguos miembros de las SS que escaparon de Europa tras la II Guerra Mundial. Estos querían el ídolo; pero no por su valor –estaba hecho de oro -,sino porque, según ella, su poder podía hacerles dominar el mundo. Afortunadamente, había tomado la precaución de esconder el ídolo antes de ser capturada. Pero, aquella mujer estaría dispuesta a hacer cualquier cosa para hacer hablar. Tras preguntármelo unas cuantas veces con amenazas, cogió una porra llena de púas y, con una sádica sonrisa, se dispuso a torturarme. En esos momentos, una de las puertas del bunker se echó abajo y en el umbral apareció ella, vestida con unos pantalones cortos y una ajustada y escotada camiseta sin mangas que llevaba anudada al estómago y armada con dos pistolas. Verla me llenó de esperanza. - ¡Sara! –grité. En unos segundos, Sara acribilló a los encapuchados antes de que estos pudiesen reaccionar. Smilla, sin embargo, logró esconderse de los disparos y, cuando a Sara se le acabaron las balas, fue a por ella. Pero Sara, con unos rápidos movimientos de artes marciales, logró reducirla y romperle el cuello. Una vez pasado el peligro, me desató y yo, aterrada, me abracé fuertemente a ella. - Tranquila, Verónica –dijo ella mientras me consolaba -. Ya no podrán hacerte daño. La miré con los ojos húmedos y ella me respondió con una sonrisa. Tenerla cerca me reconfortaba. Nos quedamos mirando unos segundos hasta que ocurrió. Nuestros labios se juntaron en un largo y apasionado mientras comenzamos a acariciarnos. Me llevó hasta una habitación contigua, la cual debía ser el dormitorio de esa puerca nazi, puesto que había una enorme cama y varios muebles de dormitorio. Allí nos sentamos las dos y continuamos besándonos y acariciándonos. Luego nos arrodillamos en el centro de la cama, la una frente a la otra. Poco a poco, ella fue quitándome mi traje de exploradora hasta dejarme en ropa interior a la vez que ella se fue desnudando, también lentamente. Se quitó la ajustada camiseta mostrando sus firmes y abultados pechos; luego comenzó a quitarse los pantalones cortos sin dejar de mirarme ardientemente. Yo, cada vez más excitada, me mordía el labio inferior y comenzaba a acariciar mi cuerpo y a estrujar mis tetas con las manos mientras la contemplaba. Cuando se quedó con sus botazas como única indumentaria, volvió a besarme en los labios mientras sus manos me quitaban el sujetador. Una a una, fue acariciando, besando y lamiendo mis pechos –mas pequeños que los de ella, pero bonitos - mientras yo, cada vez más caliente, gozaba. Estaba tan excitada que a penas noté cuando ella me hacía caer sobre el colchón de espaldas de un suave empujón. Después se colocó sobre mí y comenzó a lamerme y acariciarme sin dejar un solo centímetro de mi piel sin tocar. Mientras su boca y una de sus manos jugueteaban con mi busto y mi cuello, una de sus manos se fue deslizando lentamente hacia mi entrepierna, introduciéndose por debajo de las bragas. Dí un fuerte gemido, que rápidamente se convirtió en jadeos de placer, al sentir sus dedos penetrándome y deslizándose hacia los lugares donde me producían mas placer; pronto, su mano entera se metió dentro de mí. Sara continuó lamiéndome y acariciándome mientras su juguetona mano se iba introduciendo mas hondo proporcionándome más placer hasta hacerme explotar envuelta en un fuerte alarido de placer. Mi amiga sacó su mano de debajo de mis bragas completamente mojada y la restregó por todo mi vientre y mis tetas para después limpiarlos a lengüetazos. También restregó su mano por mi boca para que yo pudiera relamerme y probar mis propios líquidos. Después, volvió a colocarse a mis pies y terminó de desnudarme quitándome las mojadas bragas. Metió la cabeza en mi entrepierna y su lengua continuó con el trabajo que habían hecho sus dedos poco antes. Mis jadeos fueron mayores y mi disfrute mayor hasta que volví a explotar dejándole la cara perdida. Ella hizo que me incorporara un poco y, con una maliciosa sonrisa, acercó su empapada cara a la mía para que yo pudiera limpiársela con mi lengua, cosa que hice. Saborear mis fluidos sobre su suave piel me produjo un placer increíble. Las dos volvimos a besarnos y, tras lamernos y acariciarnos un poco, nos preparamos para empezar con el número final. Arrodilladas en la cama, la una frente a la otra, con nuestros ardientes cuerpos muy juntos, ella cogió una de mis manos y la acercó a su entrepierna. Gimió de placer cuando le metí los dedos. Ella hizo lo mismo y, mientras nos dábamos placer la una a la otra, nos acariciábamos con nuestras manos libres y continuábamos besándonos, lamiéndonos y frotando nuestros cuerpos. La excitación que sentí en esos momentos no se puede describir. Al acabar, ambas dimos un fuerte alarido y caímos sobre el colchón muy juntas. Desperté bruscamente. Volvía a estar en mi cuarto y eran ya altas horas de la noche. Estaba completamente desnuda tumbada de lado sobre mi espalda, sudorosa y muy mojada. Sara se encontraba detrás de mí, pegada a mi espalda y rodeándome con sus brazos. También estaba desnuda y tan mojada como yo. A diferencia de mí, ella dormía con una amplia sonrisa de satisfacción. No me costó nada adivinar lo que había sucedido. Ambas nos habíamos dejado llevar por nuestra imaginación y habíamos acabado por recrear la aventura; o, al menos, la mejor parte. Me acomodé más en los brazos de Sara mientras comenzaba a imaginarme como sería nuestra próxima aventura. Aquello no había hecho mas que empezar.


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