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  ficcion > FuturistasKía y el paraíso

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se publicó en la web el 19 de Abril del 2006

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  Categoría: ficcion > Futuristas
  Titulo:

“In the deep hold of my thought Your hand can touch me You are always in my love dreams Like a woman who wants for be real Later, when I wake up The machine is in my mind You, only you, and always you…” Koyi k Utho Los jóvenes llenos de suciedad e ignorancia, se reunían alrededor del edificio “cyber corp.”. Allí podían adquirir novedosos juguetes electrónicos y mecánicos, salidos del ingenio y la psicología de masas. Ya no existían barreras comerciales, el neoliberalismo había llegado a su máxima expresión… Arthur llegaba nervioso a la enorme edificación, luego de un agitado día de escuela, era la primera vez que salía a “divertirse” como decían sus amigos, pero él hasta ahora no se había “divertido” ni un poco. -Aquí solo entran mayores de edad- dijo autoritario el anfitrión de un cuarto del edificio. –Tra….tra…traemos dinero- dijo nervioso el líder del grupo de Arthur. -¿cuánto?- preguntó el señor barbado de la entrada -100 aurios- dijo el líder. Ante esa cantidad el hombre de la entrada les dejó pasar a la sala, hizo un ademán con el brazo y dijo susurrando –Estos niños, ¿de dónde sacaran tanto?.... El mundo era diferentemente extraño a esa sala, decorada con tapices púrpuras y alfombras rojas, llena de computadores situados en mesas redondas, de los cuales salían millones de cables, que se enredaban tanto como la mente de Arthur y sus 4 acompañantes. Zeto, el líder del grupo, tomó una meza y se sentó como si conociera el lugar, llamó a una especie de camarero robot y ordenó –Pedimos esta computadora, 5 conexiones orales, cinco mentales, 10 botellas de vodka y…. 5 cyber píldoras….- Arthur no entendía nada de lo que su amigo hablaba. Los 5 chicos, venían de los suburbios de la sucia ciudad de Mechatronía, donde la mayoría de la población vivía en extrema pobreza, tal vez por eso el chico de pelo sucio, de color rojizo por la grasa, y ropas obscuras por el smog, había decidido ceder a las molestias de sus amigos, e ir a ese lugar que los adultos preferían no nombrar, y que entre los jóvenes era lo más cautivante. Llegó el mayordomo robot con las diez botellas, como si supiera las cantidades debidas, colocó dos en cada puesto de la mesa redonda, puso una pequeña computadora sucia sobre la mesa, y a cada lado del pentagónico CPU, conectó dos cables, uno amarillo, y el otro rojo., el rojo se insertaba en la boca y producía un efecto como de tabaco, y el amarillo, era para después… acabadas las botellas de licor, con el último sorbo, todos tomaron la temida pastilla… Arthur sintió por primera vez ese placer, un viaje multicolor por toda la Tierra, conoció lugares nunca vistos, su cabeza giraba y su cuerpo temblaba agitándose como un mar en tormenta, casi inconciente, insertó el cable amarillo en la ranura de su nuca, y por arte de magia, los circuitos buscaban un nervio y subían al cerebro. Así el viaje se completaba en una sublime explosión, pero… la pastilla entró a la segunda fase, la mejor según contaban sus amigos, la fase erógena… El mar de colores cambió y ahora se trataba de un hermoso campo verde, nunca había visto algo así Arthur por lo que se emocionó demasiado, una muchacha de cabellos negros recogía flores cantando, -hola…- atinó a decir el joven en medio de su ilusión, la chica respondió con una voz suave –¿Qué tal?, me llamo Kía – -ii….yo me llamo… Aaaa…Arthur Alexander Gamma Demoland- contestó el chico demasiado nervioso, mientras en lo profundo de su mente se daba cuenta que ni con drogas se quitaba la timidez, -Quieres comer algo, tienes un nombre muy largo y feo ven a mi casa- dijo la chica, y Arthur entre sueños repuso rápidamente –está bien, estás muuuuy bonita- y la mujer río. Arthur comía como en una fantasía, hasta percibía los sabores, aunque él creía que esto no era tan erógeno como decían sus amigos… poco a poco el joven despertó... en medio de la sala, que a sus ojos ahora se veía asquerosa, horrible, sus amigos le hablaban para que volviese a la realidad, pues ellos recibían menos efecto por su experiencia en el asunto, -¿qué tal la comida Romeo?- chilló Zeto en medio de la ruidosa respiración de unos fumadores del lugar, a eso siguieron las risas de todos en el antro, incluso de los camareros, Arthur había hablado en voz alta durante toda la alucinación. Salieron los jóvenes del lugar, un poco tontos, ya entrada la noche. Arthur llegó a su casa, no se podía sacar de la mente a la hermosa Kía, se acostó sin cenar, su estómago proletario estaba acostumbrado a dormir así. Al siguiente día, se levantó y vio unos cuantos aurios en la meza del comedor, sin pensarlo mucho los tomó sin ser visto y se despidió de sus padres… supuestamente iba a la escuela pero en realidad ese camino por el que Arthur corría, servía para llegar a cyber corp., el joven llegó al antro del día anterior y pagó la entrada con el dinero robado, pidió una computadora con enchufe cerebral y sin importarle las miradas reprobantes de los adultos dentro y fuera del túnel, entró en el vuelo, los niños al nacer en mechatronía, recibían un implante en la nuca, con entrada a puerto USB, servía para que le sean transmitidos los conocimientos mediante cables a su cerebro, este puerto era mal usado en actividades como esta, Arthur volaba como el día anterior y se encontró con Kía otra vez: -hola- dijo el joven y ella le hizo la conversación, poco a poco se le iba quitando su timidez, pero en lugar de buscar los hábitos asquerosamente erógenos y desesperados de sus amigos, Arthur usó a Kía como un instrumento de desahogo, contándole su vida, sus frustraciones, mientras la hermosa ilusión le prestaba atención a todo lo que la horrible realidad no le importaba. El viaje terminó en la tarde y Arthur se acordó de las clases, fue a la escuela, pero estas habían terminado, Zeto encontró a su pequeño amigo y admirado le pregunto donde estuvo todo el día, medio drogado Arthur le contó a breves rasgos su aventura, mientras Zeto ponía cara de asustado, -no te debí llevar al antro, es bueno solo una vez, no te vuelvas adicto Arthur, eso te llevará a la tumba- y Arthur respondió con desgano: -no llores hombre, no es malo, tengo cara de que la he pasado mal?, es lo mejor del mundo, ahora trabajaré de lo que sea para estar con mi Kía- Zeto se despidió y aunque nadie lo vio, derramó una lágrima de tristeza. Arthur encontró un trabajo de esclavo de un viejo gordo solitario, que solía golpear al joven, el neoliberalismo extremo permitía eso: explotar adolescentes por ser estos menores de edad, pero el muchacho hacía cualquier sacrificio por ver a Kía, los encuentros se hacían diariamente, poco a poco Arthur necesitaba más potencia y necesitaba pagar más, días no iba a dormir en su casa, a sus padres trabajadores de sol a sol no les importaba, o amanecía tirado en un callejón durmiendo con 2 o 3 adictos más. Sentía el cuerpo enfermo pero nada importaba, solo su Kía que le aliviaba los dolores. Un día, Kía le preguntó a Arthur: -Oye, ¿tú me amas?- y el joven vaciló un momento y respondió –sssí, sabes creo que soy adicto a ti, eso dicen…-, entonces ella lo tomó por el cuello y lo besó en los labios, Arthur despertó en el almacén del viejo gordo, sin saber como llegó allí –trabajo asqueroso holgazán- dijo el dueño descargando una dolorosa patada sobre la espalda del adicto. El sueldo de Arthur iba bajando, hasta que este no le alcanzó para alimentar su vicio, un día fue a las afueras de la escuela a pedir dinero, veía todo con ojos tristes, miraba el uniforme de todos, a pesar de que era sucio, se veía mejor que sus ropas que olían a vómito y alcohol, a lo lejos apareció Zeto, más radiante que nunca, y empezó a llorar al ver a su antiguo amigo, corrió a abrazar a Arthur… -han pasado 4 años, eres tu ese Arthur que se sabía los ejercicios de matemáticas mejor que nadie?- Arthur sin mirar a los ojos a Zeto, solo dijo con voz baja y como con miedo de sí misma: -no creí que fuera tanto, solo dame dinero, lo que tengas- Zeto abrazó a su enfermo amigo y le dijo, -Arthur, regresa a la escuela, mírate, sucio, desordenado, enfermo, y desnutrido, crees que esas ilusiones tuyas te querrían así- el drogadicto pensó en silencio y respondió gritando: -que te importa, Kía me quiere como soy, siempre me lo dice, en cambio tu…- y salió corriendo del lugar, necesitaba un cambio en su vida, y después de 4 años de gastar su juventud, regresó a su antiguo hogar y se llevó una sorpresa horrible: su hermano y su madre habían muerto, su padre había viajado a otro país, por lo tanto estaba solo… se tendió en una vereda y lloró, de la nada apareció Zeto, puso su mano en el hombre del lagrimoso enfermo y le dijo dulcemente –ven a mi hogar, no te quedes aquí-... Poco comprendió la gente en la obscura metrópolis, al enfermo joven que pasó a ser un viejo solitario, mórbido cada vez más muerto, vivió como pordiosero con desgano en las calles, solo recordaba a sus amigos de aquella época buena, Zeto en cambio se convirtió en constructor de máquinas y viajó a otro país dejando a Arthur su casa, un día, aquella alma sola y destruida vendió la residencia en pocos Aurios y dejando todo se metió a aquel Antro de hace más de 20 años, pagó una computadora, la última, se conectó con su horrible olor a sucio… y encontró a su Kia, la única mujer a la que no le importaba la vejez de Arthur, ni su olor, ni su pobreza, ella siempre tenía esa sonrisa adolescente, y un pastel para brindarle a su novio, de pronto, Arthur no distinguió la realidad de la ficción y su cuerpo pensó que tal vez esa era el escenario, Kía, el amor, los campos y no la oscuridad, la pobreza el mundo que trataba a aquel alma joven como un adicto, y decidió quedarse ahí con su Kía, para siempre, por toda la eternidad… Al día siguiente encontraron el cuerpo muerto por sobredosis de un horrible pordiosero deformado de unos 40 años, en un antro de Mechatronía, había caído por paro respiratorio provocado por la sobredosis, pero en medio de esas facciones monstruosas, los agentes descubrieron una sonrisa, la sonrisa del paraíso…


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