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  eroticos > OrgíasKaty

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se publicó en la web el 19 de Noviembre del 2007

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  Categoría: eroticos > Orgías
  Titulo:

Tras varios días hablando del tema debido a las fantasías de los dos, nos decidimos a llamar a una señorita de esas que se anuncian en los periódicos en la sección de relax. Buscábamos una que sólo se dedicara a parejas; y la encontramos. Me acuerdo perfectamente del anuncio : “KATY. Estudiante de 18 años, 110 de pecho. Parejas. 75. Sólo domicilios”. Para dar más morbo a la situación, fue mi mujer la que se puso en contacto con la señorita. Le comentó que era lo que queríamos y Katy accedió, pero con una ligera subida de precio que nos pareció aceptable. Quedamos con ella ese Sábado por la noche a las 11:30h. Después de hablar con Katy, fuimos a hacer la compra para darnos una cena especial. Compramos, marisco y un par de botellas de vino blanco. Estabamos en un estado de éxtasis poco habitual. No hacíamos otra cosa que pensar en la cita de la noche. Nos aseguramos que aquella noche nadie nos iba a molestar. Dijimos a nuestras familias y amistades que ese fin de semana no íbamos a estar en la ciudad, pero por si acaso, ya habíamos pensado en quitar el teléfono. Aquella tarde, después de comer y debido a situación, mi mujer me sorprendió con un secreto. Se sentó encima de mí, frente a frente, con las piernas abiertas para rozarse contra mi, empezamos a besarnos y ella comenzó a besarme el cuello y el lóbulo de la oreja izquierda. Yo cerré los ojos mientras notaba como iba creciendo mi polla a la par de mi excitación y ella se frotaba. Me empezó a hablar al oído y oí el sonido del vídeo cuando se pone en marcha, no le di importancia hasta que percibí el sonido de unos jadeos que provenían de la televisión. Me asomé para ver de qué se trataba. Resultó ser una película porno, me sorprendí y más cuando ella me susurró que era una película que se compro el mes pasado y con la que alguna vez se había masturbado. Aquello acrecentó mi excitación. La empecé a besar de forma salvaje y la única idea que pasaba por mi cabeza era follarla. La tiré contra el sofá, me abalance contra ella quitándola la ropa y lamiendo todo su cuerpo. Ella me dijo que la chupara el clítoris, que la iba a estallar, que mi lengua seguro que apagaría el fuego que de su interior brotaba. Dirigí mi cabeza a su entrepierna, ella se abrió para que pudiera contemplar su sexo. Lo tenía arreglado, como siempre, sin pelos en los labios y con una pequeña mata de pelo recortado en forma de triángulo en el pubis. Mientras mi lengua saboreaba cada milímetro de su chorreante coño ella comentaba la película; en ese momento era una escena lésbica con juguetes. Entre su respiración profunda entrecortada y su voz de lujuria y placer, yo cada vez me calentaba más; me quité la ropa, intentando no dejar de degustar su cuerpo y empecé a masturbarme, pero a ella no le gustó, quería que la follara. Hice lo que me dijo; metí mi polla en su agujero con total facilidad, estaba muy bien lubricada, hasta el fondo. No pudo reprimir un pequeño grito de satisfacción. Hicimos el amor como salvajes, al tiempo de fondo oíamos a las dos mujeres de la película jadeando mientras se introducían mutuamente consoladores. Estaba a punto de correrme, cuando me dijo que lo hiciera en su cara, nunca antes me había propuesto esto, al pensarlo casi me corro antes de sacar mi polla. Hice lo que me dijo y luego cuando salió todo, me la chupo. Se la metió hasta el fondo de su garganta. Sin duda este había sido uno de los mejores polvos que nos habíamos echado hasta entonces. Después de estar un rato tumbados reponiéndonos empezamos a preparar todo para la noche como si de un ritual se tratara. Preparamos la cena; nos duchamos juntos, frotándonos cada centímetro de nuestro cuerpo y nos vestimos. Aquel día la ropa era un poco distinta. Habíamos acordado que uno lo compraría al otro la ropa interior que deseaba que llevara para ese día. Ella me regaló una especie de tanga de color negro, que sólo me cubría los testículos y la polla quedaba al aire; por detrás, sólo un diminuto hilo. Yo le regalé un vestido y un tanga negro de látex. Me puse la ropa y ella el vestido, estaba impresionante. Tuve una erección con solo verla. Además del vestido se había engominado el pelo y se lo había echado todo para atrás. Cenamos tranquilamente, con nuestra mente puesta en la 11:30. Hablamos de otra cosa para intentar no hacernos demasiadas ilusiones y dejar al azar que nos deparase una noche distinta. Terminamos pronto de cenar. Recogimos la mesa y esperamos sentados en el sofá a que llegara nuestra invitada. Sonó el timbre. Nos miramos y un escalofrío nos recorrió el cuerpo. Estabamos un poco asustados. Fui a abrir la puerta. Allí estaba ella. La primera impresión me pareció una mujer imponente y no aparentaba los 18 años que ya suponíamos que no tenía. La invité a entrar y me presente, a continuación la conduje hasta el salón donde mi mujer esperaba. Mi mujer se levantó y se presentó. La invitamos a tomar una copa que no denegó, ron con limón, y nosotros nos tomamos otra para acompañarla e intentar tranquilizarnos un poco. En esos momentos ya había sufrido una erección. Estuvimos hablando durante un breve periodo de tiempo de cosas intrascendentes hasta que Katy preguntó : - Bueno ¿ qué es lo queréis que hagamos? Mi mujer y yo nos miramos, ya habíamos hablado los dos sobre lo que queríamos y mi mujer ya se lo había dicho por teléfono. Respondí intentando no parecer nervioso y que nuestra petición no diese la impresión de ser rara, aunque después de pensarlo, seguro que Katy habría tenido peticiones más raras : - Sólo queremos que nos mires mientras hacemos el amor. - ¿ Sólo eso? – preguntó - Que nos mires, que estés desnuda mientras nos miras y te masturbes durante el tiempo que nosotros estemos ... – respondió mi mujer. - Entonces ¿ no queréis que participe con vosotros ? ¿ qué nos toquemos un poco ? ¿ algún juego erótico con alguno de los dos ? Reconozco que no me hubiera importado ser yo el que mirase mientras mi mujer se lo hacía con Katy o follarme a Katy mientras le lamía el coño a mi mujer, pero lo que habíamos acordado era sólo lo que le pedimos. De nuevo, noté como mi polla se hinchaba simplemente con la imaginación. - Está bien dijo ella, pero para que me pueda poner un poco cachonda necesito que chupéis las tetas. - ¿ Los dos ? – pregunté - No, conque seas tú – dirigiéndose a mi – es suficiente Fuimos los tres a nuestra habitación, pusimos algo de música que nos parecía propia para el ambiente. Mi mujer se tumbó en la cama, Katy se sentó en una silla que tenemos en la habitación, se quito la camisa y el sujetador que llevaba, me dijo : - Acércate y chúpame los pezones. Empecé a chupar sus voluptuosos pechos. Eran grandes y estaban duros, parecían bastante perfectos, eran de silicona, pero esa situación me calentó más, si es que era posible. Notaba que la polla me iba a estallar. De reojo miré a mi mujer con algo de vergüenza puesto que pensaba que esto no era de su agrado, aunque advertí en su mirada una lujuria desbordante. Se acercó por detrás de mi y me cogió la polla con su mano derecha. Notó que estaba muy puesto. Puso sus labios en mi oído y me dijo : - Deja ya a la putita y vamos a follar de una vez. Me di la vuelta, comenzamos a besarnos mientras Katy me bajaba los pantalones. Yo apreté los pechos de mi mujer sobre su vestido de látex y la empuje contra la cama. Caímos juntos. Continuábamos besando, a la vez Katy se quitó la minifalda dejándonos ver el tanga que llevaba. Noté que mi mujer estaba igual que yo, que no aguantaba más, se quitó el vestido y se quedó con el tanga. Se acercó a Katy, la dio un mordico en un pezón y la dijo : - Ahora mira como follamos. Cuando mi mujer se abalanzó sobre mí metí mi mano por el tanga para tocarla el coño. Estaba super húmeda. Se quitó el tanga, se puso encima mío e introdujo mi polla en su coño. Entro sin ningún problema. Empezó a cabalgarme, moviéndose como una loca. Katy se abrió de piernas, se retiro el tanga para frotarse el clítoris, al igual que mi mujer, tenía el coño bien arregladito. Mi mujer seguía follándome. Pensé que me correría enseguida, pero paró de repente para cambiarse de postura lo que me hizo tomar aire y aguantar sin correrme la siguiente embestida. Quería que se la metiera por detrás, a las cuatro patas, pero yo la dije que se pusiera otra vez encima mío dándome la espalda y mirando a Katy. Accedió a mi petición. Al principio se puso en ángulo recto conmigo, pero yo la bajé para juntar nuestros cuerpo y así poder cogerla los pechos. Ahora era yo el que empujaba. Los dos mirábamos a Katy. Parecía que se lo estaba pasando bien. Sacó de su bolso un consolador que se introdujo después de chuparlo (imagine que lo que chupaba era mi polla). Después de unas sacudidas de consolador en su coño, acompasado con nuestra cadencia de movimiento, se puso enfrente nuestro y se inclino hacía el coño de mi mujer para chupárselo. Pensé que mi mujer diría que no, pero me equivoqué. Estuvo durante un rato chupando su clítoris y a ratos mis huevos. ¡ Qué sensación !, ¡ qué situación ! . No aguanté más. Se lo dije a ellas y como si de una película porno se tratara me dijeron que me corriera en la cara de las dos. Así lo hice. Las empapé a las dos. Una vez yo desfallecido y tumbado en la cama, vi como las dos se besaban metiendo mi mujer el consolador a Katy y Katy los dedos a mi mujer. Se corrieron al instante y nos quedamos los tres tumbados en la cama escuchando la música. Pasado un rato llego la hora de la despedida y saldar la cuentas por el servicio prestado. Katy se negó a cobrarnos porque según ella era la primera vez ha hacía esto y que había disfrutado como nunca.


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