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  ficcion > FuturistasJESSICA DEEDON

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se publicó en la web el 12 de Diciembre del 2006

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  Categoría: ficcion > Futuristas
  Titulo:

Me despierto en mitad de la noche. Abby duerme plácidamente a mi lado. A ella no parece procuparle que estemos en el infierno. Al menos así es como llaman a este planeta. Pertenece a la Tierra, que lo colonizó hace más de cien años, pero esta a penas tenía el control de él ni de las muchas especies peligrosas que lo habitan. Los humanos solo controlamos una pocas ciudades fortificadas donde la delincuencia a alcanzado límites insospechados hace siglos. Y, de entre todos los criminales que asolan estas ciudades se encuentras Jessica Deedon, la zorra a la que llevo más de diez años persiguiendo. Una mercenaria y asesina a sueldo que se vende al mejor postor y que ha matado a más gente que el cáncer. Desde hace dos años, ha elegido este planeta como base de operaciones, la razón de que me enviaran aquí para dirigir a la unidad de la policía terrestre encargada de capturar a esa arpía y llevarla de una vez ante la justicia. Miro el reloj, son las cuatro de la mañana -hora de este planeta -. Vuelvo a mirar a mi esposa, quién sigue durmiendo como si nada pasara, como ignorando el mal que había a nuestro alrrededor. Es una mujer muy valiente, lo demostró accediendo a casarse conmigo a pesar de que le digera que iba a dedicar mi vida a cazar a Jessica Deedon. Intenté volver a dormirme, pero, inseperádamente, el transmisor que llevo en la muñeca comenzó a pitar. Lo encendí y en la pequeña pantalla apareció Barnes, mi superior. - Tengo vuenas noticias, teniente -comenzó a decir -. Se ha visto a Jessica Deedon en el Barrio Rojo. Según nuestras fuentes, la han contratado para matar a Vic Polson. Ya tengo allí un equipo preparado esperando sus órdenes. - Enseguida voy, señor -dije antes de apagar el aparato. Volví a mirar a Abby, quién seguía durmiendo. Le dí un beso de despedida antesde levantarme de la cama y comenzar a vestirme. El equipo me esperaba en un oscuro callejón. Eran tres hombres y dos mujeres con los que solía trabajar muchas veces. Entre ellos destacaba Yates, alguien para quién la captura de Jessica Deedon era algo personal, ya que esta mató a su hijo. Nos dirigimos hacia el Club Demonio, local dirigido por Polson y centro de sus operaciones. Vic Polson dirigía el contrabando de armas en todo el planeta y había muchos que querían quitarle ese monopolio; y quién mejor que Jessica Deedon para eso. Ella cobraría unos honorarios muy altos -entre 20 y 50 millones -, pero su trabajo era tan bueno, que no le faltaban clientes; se rumorea que hasta el mismo gobierno de la Tierra la ha contratado en más de una ocasión. Rodeamos el local e irrumpimos en él. La música estaba a todo volumen pero nadie bailaba porque todos estaban muertos. Jessica Deedon se nos había adelantado y, como siempre, había dejado su marca de presentación; que no era otra que un largo reguero de cadáveres. Nos dirigimos hacia donde Polson tenía su despacho. A medida que abanzávamos, nos encontramos con cadáveres de los mercenarios encargados de la protección de Polson. Entramos en su despacho donde no encontramos a nadie. Nos dispusimos a irnos, pero un ruido llamó nuestra atención. Con cuidado y con nuestras armas preparadas para abrir fuego, nos dirigimos hacia el lugar de la pared de donde había provenido. Nick, nuestro experto en encontrar entradas secretas, descubrió una puerta camuflada y la abrió. Dentro estaba Polson aterrorizado. Él se arrojó a nuestros píes pidiéndonos protección. Nos dijo que ella había venido y los había matado a todos. Él consiguió librarse gracias a esa puerta secreta. - Si me ayudan -decía entre soyozos -testificaré contra todos mis socios y les daré toda la información que quieran. - ¿Donde está Deedon? -le pregunté. - No lo sé. Tal vez se haya ido al no encontrarme. - No lo creo -repliqué -. Ella no se rinde tan fácilmente. Me volví y me puse a apuntar con mi arma en todas direcciones; los miembros del equipo hicieron lo mismo mientras formaban un círculo en torno a Polson. Ella aún seguía allí y era nuestra oportunidad. Jessica Deedon nunca deja un trabajo a medias y, a pesar de nuestra presencia, iría a por Polson. Fue entonces cuando un proyectil de fúsil atravesó una de las ventanas e impactó en la cabeza de una de las chicas de mi equipo, la cual cayó al suelo formando un charco de sangre. - Tenemos que irnos -ordené -. Le llevaremos a la central. Lentamente, comenzamos a salir del despacho siempre alerta. Jessica era muy rápida y podría estar en cualquier parte del edificio. Cuando estábamos a punto de salir, otra de las ventanas reventó. Nos volvimos y la vimos en ella. Solo fueron unos segundos, ya que desapareció al instante. Yates, ciego de ira, salió corriendo por la ventana persiguiéndola ignorando mis órdenes. Corí tras de él y me asomé por la ventana. Tanto él como ella habían desaparecido. Hubiese querido ir detrás de Yates, pero la misión era primordial. Volví con el grupo y nos dirigimos hacia la salida del club. Allí estaríamos mas expuestos, ya que había varios metros hasta el vehículo brindado, pero teníamos que arriesgarnos. Habíamos abanzado unos metros cuando el cuerpo de Yates surgió de algún sitio y cayó ante nuestros píes. Estaba completamente destripado y le había sacado los ojos; los cuales, seguramente, enviaría a su esposa por correo, como ya hiciera con la cabeza de su hijo. Solo unos segundos después, dos proyectiles surgieron de la nada e impactaron en la cabeza de los otros dos miembros de mi equipo. Ya solo quedábamos la otra chica y yo. Para evitar que ella tambien fuera alcanzada, le ordené que se pusiera el trage anti-balas, un trage negro que cubría todo el cuerpo hecho con un material que paraba los proyectiles; quién se lo ponía parecía un ninja. Yo no me lo puse porque sabía que ella no me mataría. En estos diez años se había acostumbrado a que yo la persiguiera. Continuamos abanzando hasta casi llegar a la salida. La chica se quedó dentro para cubrirnos desde la puerta mientras yo me dirigía al vehículo brindado. Llegué hasta él y le ordené a través del transmisor a la chica que viniera mientras yo la cubría. No obtube respuesta. Miré hacia la puerta y ella no aparecía. Creí que Jessica ya la habría matado cuando, por fín, la ví aparecer por la puerta y venir corriendo hacia donde estaba. - Menos mal que has llegado -dije algo aliviado -. Démonos prisa. Mete a Polson en el asiento de atrás mientras yo pongo el vehículo en marcha. Me volví para dirigirme hacia el asiento del conductor cuando el sonido de un disparo sonó tras de mí. Me giré brúscamente, y ví a Polson en el suelo con un disparo en la cabeza y a la chica apuntándome con su pistola, de cuyo cañón aún brotaba humo. Esta se quitó la capucha y, ante mí, apareció el rostro de Jessica Deedon; un rostro lleno de belleza que ocultaba el monstruo que había dentro. Era la máquina de matar perfecta, ningún hombre que no la conociera huiría de esa atractiva mujer de largos cabellos rubios y cuerpo voluptuoso. Ella sonrió de manera diabólica mientras sostenía el arma. - Cada vez me lo pones más difícil -dijo sarcásticamente -. Me gusta. Así tengo que ser más creativa. Estos trages son un buén invento; lástima que no los hagan transparentes. Estaba furioso, había vuelto a jugármela. Tenía ganas de volarle la cabeza, pero en esos momentos no la apuntaba y ella me la habría volado a mí antes de que llegara a encañonarla. - Ahora tengo que irme -continuó -. Hay un cheque de cincuenta millones esperándome. - Algún día pagarás por todo lo que estás haciendo -dije conteniendo mi furia. Ella soltó unas pequeñas carcajadas antes de apretar el gatillo. Sentí el impacto en mi pecho. Debía estar muerto, pero no lo estaba. Miré el lugar del impacto y ví que era un dardo tranquilizante. La muy cabrona había tomado la precaución de introducir uno en el cargador después de la bala que acabó con Polson. - No esperarías que iba a acabar esto tan pronto. No quiero dejar a Abby viuda tan pronto. Poco a poco me sentí desfallecer. Su rostro y su diabñolica sonrisa fueron lo último que ví antes de perder el conocimiento. Desperté cinco minutos después. Tiempo de sobra para que Jessica Deedon desapareciera. Fui a la central y, tras aguantar una bronca monumental de Barnes, redacté el informe correspondiente y regresé a casa tras tomarme el resto del día libre. A Barnes no le hacía gracia, pero debía elegir entre eso o que yo presentara mi dimisión y tener que prescindir del agente que más sabe de Jessica Deedon. Hacía poco que había amanecido y Abby estaba ya levantada. Se encontraba en la cocina preparando el desayuno. Al verme entrar por la puerta se abrazó corriendo hacia mí. - Me tenías preocupada. Al despertarme y ver que no estabas me temí lo peor -me miró y, al ver la expresión de mi rostro, adivinó enseguida lo que había pasado -. No te preocupes, otro día la araparás. Poco después no sentamos en la mesa y comenzamos a desayunar. No tenía mucha hambre, pero comí. En aquellos momentos mis pensamientos estaban en Jessica Deedon. Algún día la atraparé, lo prometo.


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