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  eroticos > TransexualesInicios accidentales

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se publicó en la web el 04 de Abril del 2010

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  Categoría: eroticos > Transexuales
  Titulo:

INICIOS ACCIDENTALES

 

Siempre tuve una extraña obsesión por todo lo que fuera femenino, en especial por los zapatos y las botas, nunca me consideré gay ni heterosexual, simplemente no me veía atraído por nadie en ese momento. Tenía 21 años en ese momento y trabajaba en una empresa muy conocida, el sueldo no era extraordinario pero alcanzaba a cubrir mis necesidades.

 

Por mi aspecto siempre fui víctima de las burlas de mis compañeros y demás, siempre fui el mariconcito, el joto de la clase y hasta en el trabajo, por lo que no tenía muchos amigos hombres, pero sí muchas amigas mujeres. Esto precisamente me causó un problema muy fuerte en el trabajo, puesto que me hice amigo de Ana, la chica más guapa de la empresa, lo que me causó muchos problemas con mis compañeros de trabajo, pues se burlaban constantemente de mí, hasta que harto de las burlas encaré a uno de mis agresores, resultando en una terrible tunda para mí, un escándalo y mi despido de la empresa.

 

Los meses pasaban y debido a ese terrible antecedente no encontraba trabajo en ningún lugar, mis ahorros se agotaban y me empezaba a desesperar. Después de muchos intentos las circunstancias me llevaron a iniciar un pequeño negocio de ventas por catálogo, me dedicaba a la venta de zapatos para dama.

 

Como dije antes tenía muchas amigas, por lo que las ventas eran regularmente buenas, por lo menos me daba para comer y pagar el alquiler, pero una vez la mala suerte me tocó y en un accidente choqué a otro coche causando grandes daños y lastimando a los ocupantes, lo poco que tenía se fue en pagar los destrozos causados para no pisar la cárcel.

 

Me encontraba nuevamente en una situación desesperada, tuve que dejar el apartamento y buscar algo más acorde a mi nueva situación económica, así que establecí mi domicilio en un barrio de no muy buena reputación en la ciudad, en el que vivían prostitutas, travestis, delincuentes menores y demás. Sin un vehículo para promover mi negocio, las cosas se me dificultaron mucho, para colmo alguien tuve la genial idea de robarme, al parecer se asustó cuando una de mis vecinas llegó y no alcanzó a robar más cosas, solamente el poco efectivo que tenía ahorrado.

 

Cuando llegué me topé con mi vecina que en realidad era una chica travesti llamada Paola, ella me explicó más o menos lo que había pasado, yo solté a llorar y ella me consoló y prestó dinero para pagar el alquiler de ese mes, poco surgió una gran amistad entre ambos.

 

Con el paso de los días y mi convivencia con ella me di cuenta de muchas similitudes con ella, sus modos femeninos me perturbaban y me hacían envidiarla, de forma inconsciente comencé una especie de amaneramiento natural, luego noté que casi teníamos la misma estatura, 1.55 apenas, su rostro delicado y femenino tenía muchas similitudes con el mío, la única gran diferencia era que ella tenía operado el culito y lucía unos glúteos hermosos y redondos, acentuando por completo su femineidad.

 

En una de sus frecuentes visitas antes de irse a trabajar estuvimos charlando y bebimos un poco de licor, yo que no acostumbraba beber me sentí inmediatamente afectado por el alcohol, ella se fue y por primera vez me atreví a probarme un par de sandalias de taco alto que me habían encargado y que después me cancelaron el pedido aunque yo ya las tenía.

 

Me calzaban perfectas, los zapatos del 4 ½ me calzan perfectos, mis primeros pasos fueron torpes e inseguros, luego me sentí muy avergonzado y me las quité inmediatamente arrojándolas al fondo de un pequeño ropero, desde entonces cada vez que bebía algo de licor un impulso incontenible me invadía y volvía a usar el par de sandalias, en ese momento Paola comenzó a tratarme en femenino durante nuestras charlas, lo cual me causaba una extraña sensación de comodidad, hasta que llegó un momento en el que no necesitaba licor para con un morbo exorbitante y un placer tremendo usaba casi a diario las sandalias negras de siempre, aprendiendo como caminar con ellas bamboleando las caderas suavemente, apoyando las puntas primero y después el tacón en un andar sexy.

 

Un día por azar del destino me quedé sin dinero para pagar el alquiler, por lo que visite a Paola para que me hiciera un pequeño préstamo, ella amablemente accedió a prestarme el dinero, pero ese día verdaderamente cambió mi vida.

 

-claro que te presto el dinero ¿pero cuando me pagas?-

-pues si quieres no te cobro las botas que me encargaste para empezar-

-me parece bien, aunque no tienes dinero porque no quieres-

-tú me conoces Paola, se me han cerrado las puertas-

-yo ceo que podrías trabajar conmigo, te dejaría muy linda y ya verás todos los chicos que pagarían porque les dieras una buena mamada o una riquísima cogida-

-no, eso no, ¿vestirme de mujer? No lo creo-

-no te hagas la loca que me di cuenta como disfrutas actuar como nena y ¿qué me dices de tus zapatos negros?-

 

No supe que contestarle, pero me dijo que lo pensara y que si me decidía le dijera.

 

Al día siguiente en la tarde toqué a la puerta de Paola, charlamos de las cosas de siempre y finalmente hablamos de su proposición.

 

-estoy harto de no tener dinero y de tantas privaciones-

-estás harta nena, desde hoy ya eres mujer, te vas a llamar Vanesa, sí Vanesa, ¿te gusta?-

-sí, me gusta mucho-

-bueno Vanesa pero ya no puedes andar en esas fachas, sé que no tienes dinero pero puedo ayudarte pero vas a pagármelo después ¿está bien?-

-sí, estoy de acuerdo-

 

Ella inmediatamente me envió por mis sandalias y me regaló un conjunto nuevo de braguita y bra en color blanco con soporte, me ayudó a esconder mi pene y a ponérme la ropita que me había regalado, luego llenó las copas con hule espuma, después me prestó unos jeans muy ajustados, que la verdad por las dimensiones de su trasero no sé como le quedaban ya que yo pude llenarlos, después me puso una playerita negra y por último las sandalias, después me maquilló ligeramente y culminó con una peluca morena lacia, que peinó en una cola de caballo. Salimos de su cuarto y me llevó primero con una amiga de ella para que me perforara las orejas y me puso unas argollas grandes de ella, indicándome que no podía quitármelas en varios días, luego me llevó de compras, digo no fuimos a la gran boutique pero si a una tienda de ropa de mediana calidad donde me compró algunas faldas, vestidos, jeans y blusitas, luego fuimos a comprarme mi propia lencería, al principio tenía mucho miedo de salir así a la calle, pero conforme avanzábamos Paola me transmitió su seguridad y me sentí más cómoda que nunca.

 

Cuando regresamos platicamos de cómo debía comportarme para mi debut y de las tarifas a cobrar, también me contó que casi todo el dinero que ganaba se iba en ahorrarlo para operarse el busto y en abonos de un terreno que estaba pagando, por lo que me pareció aún más atractivo su trabajo, después yo dispuse de algunos de los zapatos que tenía y aparté aquellos que eran de mi número y los otros decidí entregarlos después, con lo que me dijo Paola tendría tiempo de reponerlos.

 

Mi gran noche había llegado, Paola me ayudó a depilar mi escaso bello, dejando mi piel tersa y suave con una crema además, me maquilló y luego me ayudó a escoger mi atuendo, como era mi primer día como chica y sería mi primera vez, me puso unos jeans y una blusa blanca, con unas botas negras de tacón alto y una chamarra negra con piel de conejo en color blanco al cuello, ella llevaba un vestido muy corto color gris con botas altas negras también y un abrigo.

 

Por último me proveyó de un bolso con maquillaje, perfume y condones y una peluca esta vez rubia, china, larga por debajo del hombro y salimos a la calle en la que trabajaba.

 

Un taxi nos esperaba, el taxista era un tipo alto, moreno de aspecto varonil y rudo, saludó a Paola muy familiar y ella me presentó con él.

 

-ella es mi amiga Vanesa, es su primera noche aquí y además es virgen ¿te interesa?- hizo una pausa y me presentó al taxista -él es Ernesto, Vanesa y es un verdadero macho-

-hola Ernesto- dije tímidamente.

 

El taxista volteó para mirarme y sonrió, luego nos llevó a la calle y cuando nos íbamos a bajar me tomó de la mano y me preguntó.

 

-¿es cierto que eres virgen preciosa?-

-sí, soy virgen-

-¿Cuánto?-

 

No esperaba esa pregunta y me quedé paralizada unos segundos, se cobraban $400 pesos por tener sexo, pero como Paola me indicó antes, mi culito virgen tenía otro precio con los verdaderos machos, ya que muchos de los clientes acudían para que nosotras fuéramos quienes les clavaran la polla o para chupárnosla o para que los vistiéramos de lindas nenas, entonces recordé también las palabras de Paola al presentármelo y le dije que $800 pesos por estrenarme el culito, no se lo pensó dos veces y me dijo que me subiera de nuevo al coche, Paola se acercó y me dijo que me dejara llevar, que lo disfrutara y que podía confiar en que él sabría tratarme como a una princesa.

Subía al coche y no podía creer lo que estaba pasando, pero bastó que pusiera su mano en mi pierna y la acariciara para que yo instintivamente comenzara a acariciarle su miembro por encima de su pantalón, noté su paquete enorme y fuerte, no como el mío pequeño e inútil.

 

-anda nena, tú sabes que hacer-

 

Entendí sin mayor explicación y bajé su zipper y su pantalón, bajé su boxer y descubrí su miembro moreno que comenzaba a endurecerse, primero lo pajeaba suavemente como me había explicado Paola, después sin poder contenerme me agaché despacio y lo introduje lentamente en mi boca, saboreándolo, tenía un toque ocre y salado, pero que a mí me parecía delicioso, no podía parar, mientras él empujaba mi cabeza con su mano obligándome a tragar más polla, me detuve solamente hasta que el auto paró, estábamos frente a un cuarto de un motel, bajó del auto y sin abrocharse el pantalón me abrió la puerta y puso su miembro erecto indicándome que me apoyara en él para bajar, lo hice gustosa y divertida, así sin soltar su falo me llevó a la habitación en donde apenas cerró la puerta me besó apasionadamente, me sentía perdida entre aquellos brazos inmensos, notaba la diferencia de nuestros cuerpos, el suyo grande, musculoso y masculino, el mío pequeño, delicado y afeminado, besaba mi cuello mientras yo lo pajeaba, comenzó a quitarme la ropa desesperadamente, apretaba mis nalgas con una mano al momento que con la otra bajaba mi pantalón, levantó y me quitó la playerita y el pantalón, dejándome solamente en panty y bra, acariciaba mi piel y yo su velludo pecho, me besaba y estrujaba mi culito sin piedad, hasta que comenzó a introducirme un dedo mojado en mi ano, en ese momento noté que mi diminuto pene se erectaba por primera vez, un escalofrío me recorría el cuerpo y un gemido escapó de mi boca, él susurró a mi oído -puta- yo asentí con un nuevo gemido y él siguió masajeando mi ano que comenzaba a dilatarse, poco a poco fue introduciendo dos y hasta cuatro dedos en mi ano que comenzaba a sangrar levemente y a doler intensamente. Sin previo aviso violentamente me dio la vuelta y comenzó a penetrarme, mis gemidos de excitación se tornaron en alaridos de dolor, pero él se detenía por momentos y luego me envestía dulcemente, con cariño y ternura, hasta que en un momento el dolor se convirtió en absoluto placer, me corrí varias veces mientras que él estrellaba sus bolas contra mis nalgas arrancándome todo dejo de masculinidad que podría existir en mi mundo rosa ya, entre mis gritos y sus jadeos sentí como un líquido caliente me llenaba por dentro, quedó un rato tumbado sobre de mí mientras me decía que era una excelente chica.

 

Nos quedamos unos momentos abrazados mientras me acariciaba la colita y me besaba el cuello y la espalda, después me dijo que debía regresar a trabajar, me pagó y cuando íbamos camino a la calle donde había quedado Paola, se detuvo dulcemente en una tienda de 24 horas para comprar y obsequiarme un paquete de toallas femeninas para el escaso sangrado de mi ano. La verdad a mí me sorprendió el regalo pero no dije nada.

 

Cuando me dejó en la calle se despidió de mí diciendo.

 

-ahora sí ya eres toda una mujer, tuviste tu primera polla y tu regla ya, pero… toma unas pastillas no quiero que quedes embarazada-

 

Y riendo con fuerza me dejó aún temblando en aquella esquina mientras despertó en mí a la hembra dormida, pero peor aún un anhelo incontrolable de probar la maternidad.


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