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  ficcion > SnuffHaciendo el Amor

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se publicó en la web el 18 de Mayo del 2006

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  Categoría: ficcion > Snuff
  Titulo:

HACIENDO EL AMOR Todo oscuro. De repente de hizo la luz. Una chica morena, de aspecto deprimente entró en la habitación; hacía mucho frío. Tan solo una mesa verde, como las de los colegios, una silla y un pequeño mueble con una televisión estropeada adornaban la estancia. Eso y miles de fotografías de grupos de rock de los 70 y recortes de revistas pornográficas pegados a la pared como un mosaico de colores sucios elaborado por una artista anónimo para esa Iglesia particular. La chica entró y miró la mesa. Sus amigos se habían portado bien, le había traido lo que le había prometido. Ahí estaba, frío y tieso, el cadaver. Las piernas sobresalían por la mesa y una manta sucia y quemada con porros la tapaba. Quitó la manta. Era una mujer. Una mujer vieja y que empezaba a perder carne de su cara y sus pechos. Bueno, lo que quedaba de ellos. La chica analizó el cuerpo. Era hermoso en su putrefacción. Estaba quieta, como si pretendiera que la admiraramos. Ella se acercó y besó los fríos labios del cadaver. Se estremecío y luego se quitó de la cara un ligero pellejo que se le había quedado pegado al rozarse con la muerta. Miró ese pellejo y se lo metió en la boca. Lo masticó. Lo tragó. Suspiró profundamente. Comenzó a desnudarse. Su cuerpo era imperfecto, con unos pechos pequeños y un trasero gordo, pero sabía que su amante no iba a criticarla. No podía. No quería. Intentó ponerse encima del cadaver, pero no podía. La mesa era demasiado estrecha y el cadaver, pese a pertenecer a una anciana no muy alta, ocupaba demasiado lugar. Estaba excitándose, pero no podía hacer nada. Se sentó en la silla y comenzó a masturbarse observando los pechos, el pubis, las facciones de la muerta. Su mano estaba mojándose más de lo normal, pero ella seguía. No quería mirarse su feo y vivo coño. No le interesaba. Y paró. Sus ojos se iluminaron mirando al cadaver y se levantó de golpe. Cogió la mano de la anciana, la agarró con fuerza y comprobó que áun no estaba del todo putrefacta. Cierto polvillo perteneciente a la piel cayó, pero los dedos y las uñas aguantaron en su sitio. Las uñas que le quedaban. Trató de masturbarse con la mano del cadaver. Se empezó a rozar, suavemente, tratando de no darle importancia al dolor que le producía la rigidez de la mano muerta ni las largas uñas que tenía. Siguió intentandolo, pero la posición de la mesa y su altura impedían que todo se llevase a cabo perfectamente. Paró. Estaba empezando a frustrarse, pero no iba a cesar en el empeño. Salió de la habitación desnuda, mojada, recorriendo las habitaciones de la vieja casa; una vieja casa perteneciente a los abuelos de uno de sus colegas. Entró en una habitación, buscando a su amigo, y vio algo mágico. Vio un punzón encima de una mesa, junto a varios lapices sin punta y una goma de borrar demasiado usada. Cogió el punzón y regresó. Entró en la habitación con nervios, como si esperase ver a la mujer sentada en la mesa, enfadada por tener que esperar para follar. Pero no, la anciana muerta seguía tumbada, con un brazo saliendo de uno de los lados. La chica cogió el punzón, agarró con fuerza la mano y comenzó a clavar el punzón en la muñeca de la vieja. Lo clavaba con fuera, de manera continuada. Pretendía agujerear toda la muñeca hasta rajarla. Pero no era tan sencillo; la carne, casi gomosa, y algún hueso incómodo, le impedían llevar a cabo su labor. Le estaba resultando jodido. Estuvo cerca de hora y media clavando el punzón por toda la muñeca, casi de manera aleatoria debido al cansancio y la ceguera que le estaban provocando ciertos gases que emitia el cadaver. Clavaba el punzón con fuerza, y una vez clavado, tiraba para los lados, pretendiendo sajar la carne. Al final tenía una mano unida al brazo por pequeños trozos de carne y un hueso fino. Quebró el hueso, estriró y arrancó pequeñas partes de la piel del brazo. Miró triunfal la mano y se sentó. Respiró profundamente un rato, mirando el cuerpo, mirando la mutilación post-mortem que había realizado, excitándose. Al cabo de un rato retomó la masturbación, ya más cómoda. La mano hacía muy bien su función; casi parecía pertenecer a un ser vivo. Gimió, suspiró, inclusó habló con la muerta como si ésta estuviese follándosela. “si, asi, sigue”. “muy bien, vas muy bien”. “joder, joder, joder....” Tuvo el mejor orgasmo de su vida. Sintió que se mareaba, perdía la consciencia durante unos instantes y le faltaba la respiración. Cerró los ojos y disfrutó de poder volar. Volaba mientras la mano se empapaba en diferentes fluidos. Abrió los ojos y suspiró profundamente. Había flipado. No había conodido esa sensación nunca. Nadie le había hecho disfrutar tanto como esa anciana fallecida. Entonces se miró el coño y vio que lo tenía lleno de marcas y cortes. La mano, con su rigidez y sus uñas largas, había convertido su pubis casi en un pedazo de carne picada. La sangre caía manchándole parte de los muslos, y veía en algunas partes la carne interna. Se asustó y soltó la mano. No podía gritar, no le salía la voz. No podía ni moverse. Se le congeló el cuerpo. Se movió hacia la puerta, corriendo, para llamar a su amigo, pero el dolor del rozamiento le hizo tirarse al suelo. Se puso las manos entre las piernas, cerró fuertemente los ojos y esperó a que el dolor cediese. La mano estaba tirada cerca de ella. Parecía reirse de su dolor, como si fuera una venganza haber utilizado su cuerpo de esa manera. La mano se reía. La vieja se reía. Hasta las paredes parecían reirse de su dolor. Se le desencajó la mandíbula de rabia y dolor, miró fijamente la mano, se levantó de golpe y la cogió. La apretó con todas su fuerzas y la tiró contra una pared. Un sonido sordo y nada más. Nadie se quejó. No pasó nada. Entonces miró a la vieja, y creyó ver como sonreía ligeramente, consciente de que no podía sentir dolor, mientras que ella sí. La veía sonreir. Estaba convencida de que sonreía. Estaba convencida de que estaba disfrutando con su coño ensangrentado. Dios, la vio incluso girarse y hablarle. “¿duele mucho, no?” Estaba convencida de que le hablaba irónicamente. La jodida vieja se estaba riendo de ella. Ella. Solo pretendía darle placer y así se lo pagaba. La habitación comenzó a dar vueltas, parecían salir voces de todas y cada una de las fotografías. La vieja danzaba a su alrededor. Estaba segura. Estaba totalmente convencida. La habitación se estiraba y encogía. Faltaba la luz y el oxígeno. Se estaba mareando. Y la muerta ahí, riéndose de ella. Se levantó como pudo cogiendo fuerzas de su odio y su rabia, y comenzó a golpear brutalmente a la vieja. Quería destrozarle el rostro. Los pocos dientes que quedaban saltaban por los aires o se clavaban en sus nudillos. La cara se deformaba, pero no sangraba. No podía sangrar. Pedazos de carne saltaban. Carne y pelos. Parecía estar sujeta con alfileres. Llegó a golpear con sus puños el craneo. El hueso puro. La habitación seguía dando vueltas. Todo seguía mareándola. Gritaba de rabia, necesitaba descargarse. Necesitaba escupir sangre, necesitaba vomitar. Tenía los nudillos ensangrentados. Sus dedos estaban a punto de romperse. La carne viva de sus manos parecía suplicar paz. Nudillos ensangrentados. Sangre llena de polvo y piel de cadaver. Sus puños iban a reventar de tanto golpear el craneo al descubierto. Llorando de rabia golpeo sin apenas fuerza el resto del cuerpo. Quería matarla y no podía. No podía. No podía. Todo oscureció, escuchaba risas de niños, risas de viejos. Escuchaba arañazos en la pared. Escuchaba el crujir de los huesos. Escuchaba la sangre de su coño caer contra el suelo. Escuchaba su pelo crecer, su corazón latir, sus pulmones coger aire y soltarlo de manera impulsiva. Escuchaba sus lagrimas bajar por sus mejillas. Escuchaba el cuerpo de la vieja retorcerse con cada golpe. Gritaba. Gritaba de dolor y rabia. - ¡YO TE QUIERO, ABUELA, YO TE QUIERO! ¡DÉJAME EN PAZ, POR FAVOR! ¡DÉJAME EN PAZ! ¡VETE A LA MIERDA! Y entonces cayó al suelo, desfallecida. Estaba pálida. Reía nerviosamente. Se quedó quieta, muy quieta. Cerró la boca fuertemente, apretó los dientes y sus ojos se volvieron de un polvoriento color amarillo. Cayó al suelo. Estaba muerta.


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