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  terror > EspiritismoFin de Lamentaciones

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se publicó en la web el 24 de Agosto del 2006

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  Categoría: terror > Espiritismo
  Titulo:

Cada vez que afirmo ser el hijo de La Llorona nadie me cree, pero no los juzgo, si tu me dijeras en este momento que eres familiar del Yeti tampoco me lo tomaría en serio. Por supuesto que no tengo pruebas, como nadie las tiene después de la aparición de un fantasma, pero puedo jurarte por lo más bendito que todo lo que voy a decirte es cierto. Sobreviví, para desgracia de muchos cuentistas que se han encargado de darme por muerto durante décadas, sin preocuparse siquiera por mi fatal destino. En realidad si caí a las turbulentas aguas de un río cuando tan sólo tenía unas horas de nacido, pero la corriente terminó llevándome hasta un tumulto de basura, en el cual quedé encallado y a la vista de un pobre vagabundo que andaba buscando desperdicios que comer; era Lulo, mi única familia. Tal vez por eso me llamo Moisés, porque de otro modo no me habría criado en la miseria; todavía me pregunto si lo que pasó aquella noche puede considerarse un milagro. A pesar de mi condición precaria jamás le reproché nada a mi padre putativo, y este tampoco me ocultó detalle alguno de mi escabroso pasado. Cuando de mis labios salió la pregunta que tantos años Lulo había esperado este no dudó en contestarme:-Tu mamá es La Llorona-. Yo le creí, y no lo he dudado desde entonces, puesto que cada vez que pronuncian su maldito nombre siento ese frío espeluznante que sólo un espectro pudo haber impuesto en mi espíritu. No me fue fácil aceptarlo, y mucho menos cuando es tu sangre la que está acechando niños en la oscuridad para arrancarles el corazón de un tajo, tratando de encontrar el mío. Sé que te parecerá extraño, pero en el fondo disfruto que siga llorando por mí cada segundo de su existencia, es lo mínimo que ese desgraciado ser merece por intentar abortarme cuando yo no tenía uso de razón, y por haber aniquilado a mi padre y hermanos… ¡por qué se resiste a bajar al infierno! ¡por qué Satán no la ha hecho arder en la hoguera!... esta noche voy a ir a su encuentro, te lo prometo. El hijo de La Llorona bajó a esperarla en la misma orilla en donde fue encontrado sesentaycinco años atrás, pero no llegó con el arma que su amigo le ofreció antes de partir, sabía que le sería inútil; en cambio visitó la capilla para pedirle al sacerdote la bendición y un poquito de agua bendita, la cual envasó en una botella de Coca-Cola. Esperó un rato largo sentado en la grama, y era tanta su ansiedad que apenas se vino a dar cuenta que la “C” penetra el ojal de la “L” cursiva en el logo de la gaseosa. Intentó pensar en muchas cosas, pero cuando la penumbra le indicó que ya habían pasado las doce estaba a punto de resignarse. Al momento de levantarse para irse a su casa un grito lastimero lo hizo sentar de nuevo, un grito que lo indujo a sentir otra vez aquella corriente helada que le erizaba la piel… -¡¡¡AY MI HIJO!!!- Exclamaba continuamente una voz de ultratumba. Una vez la vió no pudo volver a cerrar los ojos en la vida, era espantosa, decadente, y se le veían los huesos entre sus raídas y blancas vestiduras; cargaba algo así como un bebé muerto (¿él?) y flotaba sobre las aguas. La mujer espectral desaparecía y reaparecía, como un flash, pero cada vez más cerca, y sin dejar de lamentarse por su supuesta expiración. Moisés no podía moverse, estaba en shock, y ni siquiera sintió el calor que brotaba de su entrepierna; se había orinado en los pantalones, cual si fuera un chiquillo indefenso esperando a que su mamá lo levantara del suelo. La botella de Coca-Cola rodó cuesta abajo… La Llorona se plantó al frente de su hijo, y por primera vez en años se le apagó el llanto; estiró la uña del dedo índice unos treinta centímetros, y con la punta atravesó el pecho del anonadado hombre, pero a este no le dolió, porque se trataba de un filo espectral, y los filos espectrales no hacen nada si el fantasma no quiere. Al sentir su frío interior la expresión de su madre cambió de súbito, y le retiró abruptamente la garra del corazón, como si hubiera lastimado sin culpa a un ser querido. Sólo hasta entonces Moisés pudo reponerse del susto. -Soy tu hijo- Le dijo. La Llorona se quedó pasmada. No pasó nada durante unos minutos. -Soy tu hijo- Repitió Moisés. Pero La Llorona no reaccionó, parecía una imagen estática. A su hijo ya no le dio miedo de ella, y sin vacilar se le acercó aún más. -¿Qué traes ahí?- Le preguntó, al tiempo que le halaba los harapos que no dejaba de cargar entre sus brazos. Un feto cayó del trapo, luego otro… miles de niños sin vida se regaban de este paño maldito, como si se tratara de una placenta humana, y entre vísceras y sangre La Llorona estaba pariendo a todas las víctimas que se comió sin piedad. -¡¡¡AY MI HIJO!!!- Gritaba el espectro por cada cuerpo que caía al río; el sonido del agua al recibirlos era aterrador. -¡¡¡AY MI HIJO!!!- Repetía con más rabia, y desapareció lanzándome una mirada que ardía en chispas de fuego. Sobreviví, aunque hoy en día me doy cuenta de que fui un canalla por haberme matado repetidas veces aquella noche, por haber asesinado a cada una de mis imágenes mentales, a las del yo recién nacido, y ahora mi mamá ya no llora, sino que pega alaridos de dolor las veinticuatro horas del día, y no deja de decir mi nombre, Moisés… pero sé que ella ya no sufre por mi ausencia. Sólo mi muerte le dará el descanso eterno.


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