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  terror > EspiritismoEl dolor de un ángel....

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se publicó en la web el 30 de Marzo del 2006

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  Categoría: terror > Espiritismo
  Titulo:

¿Por qué de esa manera?, ¿Por qué lo quiso así?… Le pregunta un ángel a los sabios… Era curioso verte sonreír y escucharte decir “estoy bien, no pasa nada”… ¿Sabes? soy mentirosa, pues nunca pude decirte lo que en ti veía… no era felicidad, solo una realidad escondida tras un traje lleno de hipocresía… Como espía fugitivo, quizás como un condenado clandestino, si eso es lo que fui. Me ví en la penumbra de lidiar contra el sentimiento y dejarme caer tras esa faceta tan sucia, para percatarme de lo que en tu interior surgía… Nunca te dije ¿Por qué?, jamás te ofrecí un momento para llorar, por que sé que eso era burdo para ti… Perdóname, por no ser la que no puede ser… perdóname, por haber estado en ese mísero momento, perdóname hoy, por robarme tu reflejo… ¿Cuántas veces nos burlamos al desafiar la muerte?, dime… ¿Cuántas veces nos burlamos de la estupidez de los humanos? si, esa misma que les obliga a terminar con la existencia de sus inhóspitos seres… millares de ocasiones el silencio nos cohibía, pues en sus adentros guardaba un secreto… el miedo, la tentativa a seguir viva… Los días transcurrieron, el tiempo se convirtió en un sagrado consuelo semejado al agua de río, cada vez mas rápido, cada instante turbulento; el cansancio terminaba por agotarnos y le fingíamos actuar un teatro a la vida consumida en la dolencia de la agonía… Tu sonrisa se había marchitado, tus esfuerzos una vez más dijiste -“se veían vanos”-, tus ojos no mostraban la vivaz luz inocente que alguna vez despidieron alegría, ya no habían mas ilusiones, no habían mas razones por seguir. Un suspiro se te escapa mientras duermes -silencioso y arduo-, aun aferrándote a quedarte aquí, conmigo…Tu cuerpo reposa inerte, débil, aun abatido por las convulsiones... sé que debo guardar silencio, mas las lágrimas no pueden contenerse; mientras, reposo aquí sentada mis ojos ya se encuentran muy cansados, necesitan cerrarse pero la escena regresa, todo se repite una tras otra vez. -Tranquilízate, puede sentirte,- había dicho el doctor; el torbellino de memorias aún confundido sigue decretando los hechos, trata de quebrantarte y hacerte desistir, no puedes dejarla sin tu ayuda, sin tu presencia, sin su esperanza… Tienes que ser fuerte – me decía a mi misma-… Me quite el traje de niña temerosa, de culpable, para a expandir al fin mis alas. Tantas cosas por decirte, tantas palabras que se amontonaban en boca, era como querer sacar olas de viento por la pequeñez de una gota sólida de silencio, la salida se encontraba supurada por la capa rígida y apretada que aún le impide moverse… se llama: “culpa”. Tus manos buscaron de las mías, un murmullo se escuchó salir de tus labios, tus ojos aun cerrados por el efecto de los narcóticos intentaban abrirse, despertarse después de su largo descanso; mientras pacientemente aguardé para poder sacarte de aquí; amiga mía, tu alma no es más que un cofrade infernal mórbido de recuerdos. Como quisiera que el dolor que dentro llevas se esfumara, se olvidara en el pasado, que dejara solo una instancia para estar de nuevo tú y yo en las afueras, disfrutando de la belleza de las estrellas y la noche, riendo a carcajadas sin razón aparente. Mas en mi interior, sabia que eso no habría de cumplirse, pues la angustia se demoraba en desbaratar los lazos de afecto que existieron entre nosotras, te quiero con el amor con que se quiere a una hermana, te tendré más allá de donde mis memorias me permitan guardarte. Ahora, parece, tus infamias y lamentos parecen haber sido escuchados, - por fin serás libre-, te dije, y tus ojos se abrieron para así dar paso a la vista de un ángel, éste mismo que se alegraba por verte despierta, por ver de nuevo la chispa vibrante de la vida, sin embargo, recordé que ese debía ser mi ultimo recuerdo tuyo, tu rostro cándido, con los ojos dormitados, las mejillas abochornadas y el oscuro pelo alborotado... No hubo mas que miradas precisas para expresar mi maldición, tus lamentos habían sido escuchados al fin. Tu martirio parecía extinguirse, ya no había por que atentar en falso de nuevo, pues el destino así lo había descrito pareciendo justo para algunos e injusto para otros pocos; esos pocos éramos nosotros. Tan solo cerré mis ojos, velé ese último instante, prometí no olvidarte y me acerqué a besarte la mejilla en señal de despedida. Al sentir el tibio roce de tu piel, sentí sumergirme en un dolor intenso, se postraba ante mi el terror de tu infierno, desafiante, impotente, tan seguro de vencerme y tan ingenuo a la vez. No hice más que arrodillarme, para reverenciarle como era debido, una mirada y mi escudo en alto; en instantes su esencia se lanzo sobre mí, como polvo arenoso sobre el viento, forajido y bestialmente iracundo trataba de poseerse de lo que parecía ser mi cuerpo, era como penetrar un escudo irrompible, un pequeño e inclemente cosquilleo. Tan solo eleve mis alas, cerré los ojos y el dolor se apoderó de mis miembros, fue ahí donde murió tu recuerdo, el único que me quedaba de ti. Fueron las tres y cuarto de la madrugada, cuando tu esencia se esfumó al mundo de los muertos. La niña juguetona que en tu interior se escondía, al fin amiga, era libre, podía verle jugar con las hadas de la vida, preguntar a los sabios cosas tan simples y sonreír con la dulzura con que alguna vez te vi hacerlo. Ahora, que mas queda, tan solo esperar a que todo se consuma en las portezuelas del infinito universo… recuerda que, a donde quiera que vayas, ahí estaré, cuidando de ti, aunque no logres reconocerme, aunque yo no logre recordarte, algo me dirá que eres tú. Te extraño…


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