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  humor > Asi soy yo....El clima esta loco

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se publicó en la web el 07 de Mayo del 2007

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  Categoría: humor > Asi soy yo....
  Titulo:

Juan era un tipo común. Amante del asado, del fútbol y de los encuentros con amigos. Tenía esposa y dos hijas a las cuales les brindaba un cariño inconmensurable. Ah, también tenía un perro, un caniche, que era el nene preferido, bah, preferido, preferido no tanto, porque había otra cosa a la que Juan le daba más atención que a su familia y a su perro. Era algo inanimado, grisáceo y nuevo. Todos los domingos se levantaba temprano, lo miraba y enseguida sabía que él lo estaba mirando también. Horas y horas de su vida dominguera eran exclusivas para él. Y ese domingo no fue la excepción. Se levantó temprano. El sol brillaba. En el cielo no había ni una sola nube. Un celeste perfecto. La alta temperatura indicaba que ese era un día de verano. Eran las siete de la mañana. Juan se preparó unos mates, ojeó el diario, prendió la radio y se dispuso a adorar a su fetiche. A dejarle los ojitos bien brillantes, a limpiar sus patitas y a darle un buen baño con mucha espuma. Mientras tanto el informativo de la radio, entre tantas noticias, daba un alerta meteorológico. Juan en su tarea dominguera, no pudo escuchar la zona que abarcaba el alerta, pero seguro que no era su lugar. Allí, el cielo era transparente y no había nubes. Eran las 10 de la mañana. La familia ya se había levantado, pero Juan estaba recién en la mitad del trabajo. Al fin, después de muchas horas, estaba listo. Su auto estaba listo. Limpio desde las gomas hasta el techo, perfumado y brillante como el día. Asado en familia y un calor que se hacía insoportable. Ensalada de frutas de postre y una siesta con aire acondicionado, para luego ir a la cancha a ver al equipo de sus amores. Desde el televisor se escuchaba un murmullo, algo de alerta, algo de meteorología, seguramente pertenecía a esos programas de ciencia de los domingos que nadie ve, pensó Juan casi dormido. Cuando se levantó, a eso de las cinco, el calor continuaba, pero ahora el sol estaba tapado por algunos nubarrones, esos cumulus nimbus, que le dicen. En su apuro por llegar temprano a la cancha, Juan no se percató del cambio. Se preparó, se subió al auto y enfiló para el estadio. Prendió la radio para escuchar la previa del partido. Ya llegando al club, el ruido de bocinas, gritos y cánticos no le permitieron escuchar que el alerta meteorológico tenía probabilidad de tormentas eléctricas y caída de granizo. Estacionó el auto en el playón del club. Bajó y se dirigió a la popular. La tribuna estaba colmada y no era para menos. El club de sus amores estaba por salir campeón. Con un empate le alcanzaba para coronarse. Primer grito de alegría, gol del gordo Pattonetti de tiro libre. La pelota se desvió sola. Talvez, por el fuerte viento que soplaba en ese momento. Alegría, estaban por ser campeones. Al rato, empate del equipo adversario. El calor se había ido, el viento soplaba más fuerte y todo estaba más oscuro, pero con el empate alcanzaba para campeón. Juan estaba contento, disfrutaba y se olvidaba del mundo en una cancha. Faltaba un minuto para la consagración. Los truenos y relámpagos parecían ser los fuegos artificiales que se habían comprado de antemano para festejar el campeonato. En la última jugada gol del equipo contrario. Silencio en la cancha. El árbitro pita el final y en ese mismo instante comienzan a caer piedras del tamaño de una pelota de tenis. Toda la gente sale desesperada a buscar sus autos. Esquivando algunas piedras y recibiendo otras tantas, Juan llega al playón descubierto. Su auto estaba con bastantes abollones, el parabrisas marcado y la óptica rota. Tardó 15 minutos en salir del playón, por la cantidad de autos que había. Y en ese tiempo, al ritmo de la pedrada, lloró como un niño dentro del auto, por el estado de su coche y por el campeonato que se había perdido. Llegó a su casa, ya había pasado la tormenta, se bajó del auto, lo miró y gritó con fuerza: ¿Como puede ser? Era un día sin nubes, celeste. ¿Nadie pudo haber avisado esto? El clima está loco.


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