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  humor > FabulasEl caso del perro que bebía cerveza

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se publicó en la web el 14 de Julio del 2003

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  Categoría: humor > Fabulas
  Titulo:

El caso del perro que bebía cerveza tenía conmocionado a todo el pueblo. No era, desde luego, que un perro bebiese cerveza. De hecho, si esperas el tiempo suficiente, un perro puede beber cualquier cosa, incluso algo sólido y pesado como un trozo de plomo oxidado; eso sí: calentado a varios cientos de miles de grados. No. Aquel perro bebía cerveza agarrando la jarra con la pata delantera izquierda, mientras, con la derecha, saludaba al personal. Y eso no era todo. El muy perro, además, se secaba la lengua con la manga. Luego, a menudo, eructaba como si de un cerdo se tratase (y no nos consta que los cerdos eructen como dicen). Una mañana, alguien, mientras le miraba, preguntó “¿pero cómo es que hace eso este perro?” El perro, para sorpresa de todos, comenzó a hablar: - Pues con la pata izquierda, imbécil - dijo tranquilamente. - ¡Oh, hablas, tú, perro, hablas! - dijeron varios. - Claro, idiotas, vaya novedad - contestó tranquilamente el perro. - ¿Pero cómo es que hasta ahora no habías dicho nada? - No tenía nada interesante que decir, hasta que ese idiota me ha preguntado. Al día siguiente, la cadena más prestigiosa de televisión (Televisión de Terrassa, gran urbe del mundo civilizado en la gloriosa España), le hizo una entrevista que pasaría a los anales de todos los tiempos verbales. - Señor perro: ¿por qué habla usted? - ¿Por qué no? - contestó el perro mientras limpiaba la cazoleta de su pipa y se quitaba las gafas. - Los perros somos mamíferos, pero, a diferencia de ustedes, no somos idiotas. Esto nos lleva a ser, en la práctica, una raza superior. - ¿Y cual son sus planes? - Bueno, esta noche he quedado con una Cocker Spaniel llamada Jazmine. Bailaremos al son del blue velvet. Estos son por ahora mis planes. Pero he de decir, ciertamente, que voy a presentarme a las elecciones. - La afirmación levantó un tumulto, y las ruedas de la prensa de todo el mundo comenzaron a rodar para la edición de un extra, que probablemente sería el preludio de la llegada a la presidencia del primer perro de la historia. - Señoras y señores diputados, señor presidente, señoras y señores del público, estimados televidentes, y cualquier inteligencia que comprenda lo que digo – comenzó diciendo el perro en la cámara de diputados, cuando acababa de ganar las elecciones por aplastante mayoría. – Hoy es un gran día para los seres humanos y los perros. Juntos, podremos llevar a cabo las tareas que, solos, jamás podríamos emprender. Hasta hoy y durante miles de años, el perro ha vivido subyugado al juicio del ser humano. Los perros hemos obedecido y seguido (en general) a todos nuestros dueños. Pero una nueva era despierta con este amanecer. Hoy, por fin, los perros y los seres humanos nos podremos entender entre iguales. Hoy, por fin, nuestra mutua relación de confianza llevará a ambas razas a ser lo que todos hemos pretendido: la nueva fuerza universal que traerá la paz a todos los pueblos del mundo. A lo largo de la historia, los perros hemos demostrado que podemos llevar adelante un proyecto político, social y cultural, que dé a este mundo un nuevo sentido en las relaciones entre las diferentes razas que pueblan el planeta. Síganme, que no les defraudaré. El gobierno del perro que bebía cerveza no pudo comenzar mejor. Repartió los puestos de ministros a partes iguales, la mitad eran personas y la otra mitad perros. Esto creó un clima de gran confianza. Durante algunos años, la paz reinó en La Tierra como nunca se había visto anteriormente. Lamentablemente, no duró todo lo que se podría haber deseado, ya que al cabo de un tiempo, el perro que bebe cerveza puso a su novia Jazmine en el puesto de vicepresidenta del mundo civilizado. Algunas voces entre los seres humanos clamaron explicaciones. Decían que la vicepresidenta del mundo era una perra, y no se podía dar tamaña responsabilidad a dos perros, en puestos claves. Se celebró una rueda en la Casa de Color Hueso para aclarar este importante aspecto de la política internacional. - Señor perro que bebe cerveza – comenzó diciendo una bonita pastora alemana del International Press. - ¿Es verdad que ha sido presionado por el ala perruna del partido para colocar de vicepresidenta a Jazmine? – El perro que bebe cerveza sonrió y contestó con calma. - Verá usted, esos rumores son totalmente falsos. Yo baso mi política en resultados, y en ellos no ha de importar quién gobierne ni a qué raza pertenezca. Y Jazmine ha demostrado su valía en repetidas ocasiones. - Pero eso puede crear desconfianza en los seres humanos – dijo otro periodista, esta vez un ser humano. - No creo que tenga ser así, si la valía del que ocupa el puesto es la adecuada. Se han de medir los resultados, no quien lleva adelante esos resultados. La discusión no terminó ahí. De hecho, tras la rueda de prensa, los periódicos dirigidos por perros comenzaron a apoyar sin vacilación a Jazmine, mientras que aquellos que eran gobernados por seres humanos comenzaron una campaña de desprestigio, investigando la vida pasada de Jazmine. Hasta que le descubrieron un affaire. Había tenido una relación ilícita con un perro casado llamado Goku. El mismo Goku apareció en las portadas de todos los medios de comunicación realizando unas duras declaraciones: “Jazmine no parará ante nada hasta conseguir el poder, y cuando lo consiga, acabará con la democracia, como hizo en su día conmigo” dijo Goku en exclusiva, tras aceptar como soborno un buen pedazo de carne de vaca. La tormenta comenzó poco a poco a desatarse en el gobierno del perro que bebe cerveza. Pero no acabó todo ahí. Poco a poco, el gobierno bicolor, que estaba formado a partes iguales por perros y seres humanos, fue perdiendo su carácter igualitario de dos razas compartiendo el poder, y cada vez más perros tomaban puestos de importancia, hasta que no quedó ningún ser humano como ministro o secretario general en ninguna cartera. La raza humana no tardó en reaccionar. Se crearon los primeros grupos de resistencia armada, para derrocar por la fuerza al cada vez más corrupto gobierno de perros. Su eslogan fue claro: “acabaremos con esos perros que nos controlan”. En las calles, los perros comenzaron a morder a sus dueños, a realizar sus necesidades en casa, y a vomitar sobre las moquetas y sobre los sofás, creando confusión y dolor en sus dueños. Finalmente, los perros abandonaban a los dueños en las calles, aunque sabían que los humanos nunca harían algo así. Pero ellos estaban dispuestos a seguir hasta el final al perro que bebe cerveza. Finalmente, la guerra comenzó. Fue inevitable. Una cruenta guerra que supuso la supervivencia o el exterminio de una de las dos razas había comenzado como una respuesta final hacia todas las barbaridades que el gobierno del perro que bebe cerveza había llevado a cabo. La gota que rebasó el vaso fue la liberación en la bolsa de los precios de los huesos de piel, y el obligar que el alimento de los perros estuviese compuesto principalmente por pizza y mariscos variados. No se podía consentir, había que acabar con aquella degeneración. La guerra se desarrolló durante varias semanas, y terminó sin que, a diferencia de lo que muchos creían, hubiese un ganador. No acabó, porque, un día, el perro que bebe cerveza dejó de hacerlo. También dejó de hablar. De pronto, todos los perros del mundo comenzaron, simplemente, a comportarse como perros. Volvieron a las casas de sus dueños, comenzaron a pedir otra vez su comida en lata, y volvieron a traer el periódico en la boca. Empezaron a pedirle al dueño que los sacara a pasear moviendo simplemente la cola, y volvieron a ladrar como única forma de comunicarse entre ellos y entre sus dueños. Las nuevas elecciones trajeron a un nuevo ser humano a la presidencia del mundo. Y éste, cuando hubo ganado las elecciones, subió al estrado presidencial, y dijo, con voz solemne: - Los perros, han vuelto a comportarse como perros. Todo ha vuelto a la normalidad. La humanidad puede volver a sus guerras, a sus luchas, pero espero que la lección haya sido aprendida. Mientras los perros gobernaron, hubo paz en La Tierra. Sabemos ahora que, lejos de haber querido tomar el poder, han deseado, simplemente, mostrarnos un camino por el que debemos transitar si queremos encontrar un mundo donde podamos habitar en paz. Creo en verdad que los perros siguen sabiendo hablar. Creo que siguen sabiendo gobernar mucho mejor de lo que nosotros habíamos jamás podido soñar. Pero han querido que seamos nosotros los que forjemos nuestro destino. Es una oportunidad que, sinceramente, no creo que debamos despreciar. – Todo el mundo, en el congreso y en sus casas, calló en un símbolo de claro respeto a la lección aprendida. Desgraciadamente, no duró mucho. Poco tiempo después, el dolor y la guerra asolaron de nuevo la faz de La Tierra. Los perros decidieron seguir siendo perros y comportándose como tal; hay cosas en este universo que jamás se podrán solucionar.


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