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  ficcion > FuturistasEl Proyecto Big Bang

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se publicó en la web el 23 de Mayo del 2006

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  Categoría: ficcion > Futuristas
  Titulo:

EL PROYECTO BIG BANG Dicen que las ciudades nunca duermen, que siempre hay alguna luz encendida, algún local abierto. Siempre hay alguien naciendo o alguien muriendo. Dicen que las ciudades nunca duermen, pero que algunas si descansan durante un rato; breves instantes durante los cuales todo parece dejar de moverse, todo parece cerrar los ojos y suspirar. Recuperar energías. Era de noche, había luna llena. Y llovía. C. observaba la lluvia caer por el cristal de su ventana, mientras miraba desde su décimo piso la infinidad de edificios que descansaban. Disfrutaba de uno de esos breves momentos en los cuales la ciudad estaba en calma, mientras seguía con la mirada cada lágrima caída del cielo resbalar por el cristal. Había leído mil y una narraciones, en novelas y poesías, acerca de la corta vida de cada gota de lluvia. Cayendo sin saber hacía donde, chocando contra todo y muriendo en el anonimato. Por eso C. miraba cada gota como si fuese la única, especial; chocaban contra el alfeizar de la ventana, parándose ahí, y casi le daban pena. Era un momento especial. Un momento único. Apagó todas las luces y se metió en la cama, sin dejar de mirar las gotas de lluvia. Llegó un punto que le pareció vislumbrar un ligero brillo en cada una, como si estuviesen lloviendo chispas. Poco a poco se le fueron cerrando los párpados, sin dejar de escuchar el golpeteo de las gotas. Dicen que las ciudades nunca duermen. Cerca de las cuatro de la mañana algo le despertó. Un ruido, golpes secos. Aún en vigilia, abrió ligeramente los ojos sin captar mucho que pasaba ni que tipo de sonido le había parecido escuchar; estaba acostumbrada a despertarse por las noches cuando pasaban por su calle ambulancias, camiones de recogida de basura o algún grupo de borrachos. Pero de repente, un golpe más contundente hizo que reaccionara, que abriera los ojos de par de par, sin moverse de la cama. Ese ruido no venía de la calle, si no de su salón. No se movió. Se quedó expectante, pendiente de cualquier mínimo ruido. Quería saber quién estaba en su casa. De repente, el ruido aumentó, como si alguien hubiese metido una máquina o una grúa en su casa. Se asustó, se incorporó de golpe en la cama y miró a todos lados. El techo se abrió, las paredes parecieron desaparecer y una potente luz iluminó todo. C. gritó, asustada, pero de repente la luz se volvió más tenue y el ruido paró. No estaba en su habitación, si no en algún aséptico habitáculo blanco, bajo una mampara de cristal opaco. Estaba ella sola, en su cama. No había nada más. Nadie más. Miró a todos lados, asustada, a punto de llorar, cuando creyó ver una puerta en una de las paredes laterales. Era una puerta fina, prácticamente una continuación de la pared. Del mismo color, el mismo grosor, parecía que habían hecho un hueco en la misma pared, pues solo se veían unas finas hendiduras que silueteaban una forma rectangular. C. se levantó de la cama y se acercó. Pasó la mano por la pared y trató de averiguar como podía entrar, si es que realmente era una puerta. Empujó un poco y, para su sorpresa, se abrió casi mecánicamente hacia un lado. Entró y la puerta se cerró a su paso. Estaba en algún lugar muy oscuro. Se comenzó a asustar, pero unas luces fluorescentes iluminaron toda la estancia, que comenzó a moverse. Estaba en una especie de ascensor metálico que bajaba muy silenciosamente. Era todo del mismo color blanco que la habitación, incluida la puerta que parecía ser la entrada y salida del ascensor. Junto a esa puerta había un pequeño panel, acristalado, donde se veía el reflejo de quien se miraba. C. observó su reflejo y se apartó un mechón de pelo que caía por su cara. Seguía con el pijama. De repente, el débil zumbido que emitía ascensor cesó, y se abrió la puerta. Había un pasillo oscuro, que, de repente, se fue iluminando poco a poco con discretos focos de luz pálida. C. recorrió el pasillo lentamente, con miedo. Le temblaban ligeramente las piernas, tanto los nervios de la situación como por el frío del lugar. Cuando llegó al final, había otra puerta. “¿otra puerta? ¿estoy soñando? Nunca había tenido un sueño tan real. No, no puedo estar soñando”. Pero esta puerta se abrió sola, sin necesidad de empujarla. Se abrió y C. vio un paisaje monumental, con grandes acantilados, ríos y bosques. Ella estaba en lo alto de una montaña, parecía haber salido de una grieta. Abrió la boca y suspiro, impresionada. Estaba frente a un paisaje hermoso, relajante, grandioso. Algo que creía que ya no existía ni en las pocas reservas naturales que quedaban. Entonces escuchó una voz detrás de ella, una voz aterciopelada. - Hermoso. Muy hermoso…Siempre has querido ver y tocar algo así, ¿no? C. se giró de golpe, asustada. Era un hombre de unos cincuenta años, guapo, con el pelo algo canoso y una barba de tres días. Parecía el hombre perfecto. Aún asustada, y aún en una situación tan surrealista, le impactó tanto ver un hombre tan perfecto que su instinto fue el de colocarse el pelo. - sigues siendo coqueta aún acercándote a los cincuenta. C. se extrañó. “¿Cómo sabes que me acerco a los cincuenta?” le preguntó. “¿Quién eres?”. El hombre se paró a su lado y la observó. - vamos a caminar un rato Se pusieron a andar, y en la mente de C. se acumulaban las preguntas. Nadie dijo nada, las palabras parecían sobrar. Simplemente pasearon entre los árboles, junto a riachuelos cristalinos; vieron animales que parecían sacados de una película y escucharon los pájaros cantar. Al cabo de un rato, C. estaba tan abstraída admirando el paisaje y a su atractivo acompañante que se le olvidó preguntar o hablar. Solo quería disfrutar del momento. Entonces él paró de golpe. - Bueno, espero que te haya gustado. Ella le miró extrañada y, al instante, todo pareció fundirse y desaparecer. Una ligera luz ambiental les envolvía solo a ellos y dejaba el resto en la más absoluta oscuridad; C. no sabía ni a donde mirar. No sabía que hacer. - Antes de que hagas preguntas, acompáñame. Él se puso a andar y ella le siguió. El foco de luz ambiental parecía abarcar cada vez más espacio, a medida que andaban por esa eterna sala hueca. Al final llegaron a otra puerta metálica de grandes dimensiones. Se abrió a su paso. Entraron en su dormitorio, y ahí C. pudo verse a si misma dormida. Nada había cambiado: la mesilla, la lluvia chocando contra el cristal, el sonido de los coches de fondo, la luz de las farolas… - Naciste hace, aparentemente, 49 años en esta misma ciudad. Estudiaste Ciencias Políticas en una universidad, pero no conseguiste un buen trabajo hasta que hiciste unas oposiciones y te metiste en un ministerio. Nunca has estado casada ni tienes hijos, pero si dos sobrinos de 14 y 17 años que están, según tu crees, en otro país, viviendo con tu hermana y su marido, militar. Tu otro hermano… Cuando llegó a ese punto, el corazón de C. parecía que iba a salir por su garganta. Sus latidos eran como golpes de cañería contra su pecho. Estaba demasiado alterada. No pudo evitar interrumpirle. “¿Cómo sabes todo eso? ¿¿Quién eres??” - La pregunta no es sólo quien soy yo, si no quien eres tú. Aunque eso es lo de menos. Verás, eres parte del llamado Proyecto Big Bang. Una parte ínfima, para que engañarte, pero una parte más. “¿proyecto Big Bang?” - El Universo tiene (_____) millones de años. La Tierra tiene (_____) millones de años. Hay 6.500 millones de personas, aproximadamente, viviendo en este planeta. ¿no? Son datos científicos. “Si” - Y tú tienes 49 años, tienes un nombre, apellidos, DNI y pasado. “Si”. Al llegar a este punto, C. ya no entendía que clase de sueños tenía. No podía evitar mirarse a si misma, tumbada en esa cama, durmiendo. Era tan extraño…no era como mirarse en un espejo. Era algo más increíble, algo que te absorbía. Tenerse ahí delante, al alcance de la mano. Era poderoso, como si al poder salir de si misma también pudiera, también, controlarse a si misma. - Bueno, el Proyecto Big Bang comenzó en algún momento determinado. No se sabe cuando. Y acabará en algún otro momento. Tampoco se sabe cuando. El proyecto Big Bang es TODO. C. no entendía nada. No sabía que era ese proyecto ni que estaba diciendo el tipo atractivo. No podía dejar de mirarse a si misma, y no era capaz de escucharle. Él lo notó, así que decidió pasar al final. Tal vez eso llamaría su atención. - vas a morir. “¿¿Qué??”. C. no sabía a qué había venido eso, ni si era una broma pesada; estaba cada vez más confusa. Pero ahora ya, por fin, escuchaba atentamente. - Lo suponía. Todos estáis programados para lo mismo. En cuanto algo os sorprende, algo visual, os quedáis absortos. Siempre tengo que hacer lo mismo. “Todos”. “Programados”. “Siempre tengo que hacer lo mismo”. Sin saber que significaban exactamente esas expresiones, C. abrió los ojos instintivamente. Tenía un pálpito. Algo le decía que todo eso no era un vulgar sueño más de una noche más. - Estas totalmente convencida de que todos los datos que te llegan son fiables. Estas convencida de que vives lo que crees que vives, en el sitio que crees que vives. ¿Cómo no vas a tener 49 años si has celebrado 49 cumpleaños? ¿Cómo te van a mentir los libros de Historia si todos coinciden en las fechas de la Evolución? “Un momento, un momento” interrumpió C. “¿Qué pasa, que no tengo 49 años, o que?” Esto ya estaba siendo demasiado. Quería despertar, huir. Salir corriendo. Los golpes en el pecho eran cada vez más fuerte, y notaba que le empezaba a faltar el oxígeno. - No vas a salir corriendo, ni vas a huir. No te vas a ninguna parte, lo siento. No, no tienes 49 años. De hecho, no existe el tiempo. No tienes edad. El Ser Humano no ha evolucionado desde ningún momento. Verás, te pongo un ejemplo…si tú estas convencida que hace años te llamaste con otro nombre, todo el mundo dice que te llamaste con otro nombre y en tu carné de identidad de hace años pone otro nombre, ¿por qué vas a dudar que, en otra época, te llamaste con otro nombre? C. no entendía. Ella nunca se había llamado con otro nombre. No comprendía nada. Pero no habló, por que suponía que ahora vendría la explicación a ese ejemplo tan extraño. Cerró un poco los ojos y escuchó, aún sin tener muchas ganas. - Pues ahora imagina que todo el mundo dice que el sois 6500 millones de personas. Tu no los has contado, tu no has viajado más allá de tu país, pero estas convencida de que sois 6500 millones de personas. ¿Por qué ibas a dudar? Abrió los ojos y le miró fijamente. Se le nubló un poco la vista, pero aún asi no pudo evitar que las palabras le salieran casi automáticas. “Pero…¿entonces cuantos somos? ¿Cómo me llamo? ¿de que se trata todo esto?”. El sonido de la habitación, de la lluvia, había desaparecido, y aunque aún podía verse tumbada, durmiendo, parecía que el tiempo se había congelado, pues no se movía en absoluto. Todo estaba estático. - Estas programada. Todo está programado. Cada una de tus decisiones, cada uno de tus pasos, cada palabra, está programado. Todo controlado. No existe el tiempo. Es todo como un instante. Todos estáis programados, de manera que nadie puede ir y decirte “oye, ¿sabes que tu vida no es lo que crees?”. C., confusa, no sabía que preguntar. Parecía una película; su vida realmente había sido un experimento. ¿De quien? ¿Qué había pasado?. A pesar de que le sonaba muy estúpido, preguntó lo primero que le vino a la mente. “¿Esto es cosa del pentágono o algo así?”. El hombre sonrió, negando con la cabeza. Parecía actuar como si ella fuera una niña ignorante y él un adulto que todo lo sabía. “¿¿Los extraterrestres??”. En ese momento, el hombre no pudo evitar reír. - No, no hay extraterrestres. Bueno, hay lo que llamáis “apariciones”, también programadas. Y el Pentágono también está programado. ¿No lo entiendes? TODO está programado. El universo no es más que un sistema digital. No se trata de un complot hecho por espías. No es “1984” ni “Un Mundo Feliz”. No. Es lo que llamáis Creación. Nadie está detrás de esto. “Todo está programado. Todo está programado. Todo está programado”. Esas palabras no cesaban de repetirse en la mente de C. de hecho, se dio cuenta en ese momento que ya no distinguía bien lo que le rodeaba. Sabía que estaba en su habitación, viéndose a si misma dormir, pero parecía sedada. Como si ahora todo lo viera a través de una pantalla de mala resolución, aún sabiendo que no se había movido. De repente, nada pareció ser lo que había sido hasta entonces. Su vida se derrumbó. - Ahora te derrumbas, supongo. Estas programada para hacerlo. Entonces C., en un alarde de inspiración, preguntó. “¿Y por qué me cuentas todo esto a mi? ¿acaso soy una elegida o algo así?”. El hombre pintaba todo como si sus argumentos fuesen cosa de niños, pero, sin embargo, todo parecía una película de ciencia-ficción de Hollywood. Había algo que no encajaba. - No. Absolutamente todo el mundo, cuando va a “morir”, es informado de esto. No eres ni mejor ni peor. No existe nada malo ni nada bueno. No hay héroes, ni elegidos. Es todo un programa perfectamente diseñado. No hay huecos, no hay escapes. No vas a salir corriendo y vas a abrir una puerta que te haga salir al mundo real. Por que esto es el mundo real “¡ESTO no es el mundo real!”, chilló C. estaba demasiado confusa, y se sentía utilizada por ese hombre. Parecía tener razón en todo, y odiaba sentirse inútil, como un objeto que no ha sabido que es su vida nunca. La sangre le hervía, se apretó los puños con fuerza. - Bueno, el término “real” es necesario para que el programa funcione. Cada pequeño detalle esta organizado. Ahora bien, ¿Qué más te da saber que estas en el año 2006 o no? “¿en que año estamos?” preguntó asustada C. - No hay tiempo, te recuerdo. No hay años. No estamos en el futuro, ni en el pasado. Simplemente es lo que conoceis como “el momento”, “el instante”. Es todo una red digital. Cada palabra que escuchaba se agolpaba en su cabeza, como si no tuviese espacio necesario. Aún no había comprendido una frase cuando le decía otra. Estaba confusa. “Ordenadores”, pensó C. Pero, interrumpiendo sus pensamientos, el hombre habló. Parecía estar leyéndole la mente. - No, nada de ordenadores. El término digital lo utilizas para hablar de ordenadores, o cámaras de video. Pero es un término nuevo, un término que utilizo para que me entiendas. Realmente tu vida es parte de un experimento. Tu vida y la de todos los habitantes de este sistema cifrado que llamáis “Tierra”. 6500 millones de personas, tantos países…¿has estado alguna vez en todos? No, verdad. Sin embargo, estabas convencida de que Ruanda o Australia existen. Sin ir. Cada individuo está en su celda, en su cubículo, en su pequeño mundo, y todos creen conocer el mundo entero. Sin embargo, no debe haber más de 400 millones de individuos en le mundo. Programaciones sintéticas humanas. Seres vivos. Algo bastante creíble. Ella no sabía que preguntar. Ahora resulta que ni siquiera era un Ser Humano. Resulta que no hay tantos habitantes como creía. Y ella es una creación sintética. Creyó que se mareaba, creyó caer, pero antes de sentir nada, vio que estaba sentada en la cama y él seguía hablando. ¿Se había movido? No recordaba haberse sentado. - Tienes sensación de mareo. Tienes ganas de preguntar. Sin embargo, también eso está programado. No hay nada que no esté programado. Te reproduces si tienes que hacerlo, viajas si tienes que hacerlo. Estudias, trabajas, comes, bebes, meas, cagas, ríes o lloras. Todo depende de en qué momento esté programado. Es el sistema perfecto. No hay fallos. ¿Guerras? ¿Epidemias? Programado. ¿Descubrimiento de la Luna? Programado. NADA se escapa. No hay huecos o recovecos donde descubrir una autentica realidad por que esta ES la auténtica realidad. Dime…¿Qué diferencia hay entre saber esto y no saberlo? ¿acaso algo cambiaria? Los dos se quedaron en silencio. Realmente tenía razón, pero C., programada o no, había sido siempre curiosa. Si no entendía algo, lo preguntaba hasta que alguien le daba la respuesta. Sin embargo, en ese momento. Le dolía cada pregunta que hacía. Parecía temer las palabras que salían de los finos labios de ese atracivo hombre. Abrió lentamente la boca, con miedo. Preguntó. ¿Y…todo esto..por que? ¿Con que fin? Si nada cambia…¿Por qué me lo cuentas?” - Supongo que un fin lúdico. No lo sé. Yo estoy programado para decirte esto, no para darte explicaciones. Estoy programado para saber que estoy programado, contarte todo lo que te estoy contando, y estoy programado para suponer que esto se hace con un fin lúdico. El resto, no puedo contestar. Soy tan atractivo como el individuo que me va a ver desee. Tengo el tono de voz, el color de ojos y la altura que tu deseas. Realmente soy como tu quieras verme, por que estoy programado para variar según tu gusto. Y tu gusto está programado para encajar con el resto de gustos del resto de individuos. Se miraron. Por un momento, C. creyó vislumbrar en él un atisbo de humanidad, de amor. Como si, por un instante, fuera realmente lo que ella había creído que era, y como si, por un instante, él fuese a cogerla de la mano y decirle que huyeran. Pero esa sensación duró apenas unas décimas de segundo. O lo que ella creía que eran décimas de segundo. “Supongo que también estará programado que yo sienta esto ahora”, pensó. Y, como si le hubiese leído el pensamiento, él contestó. - Si. También está programado. Ahora tienes que morir. Paro cardiaco, un poco más fuerte que el del mes pasado. Y, si, ambos paros cardiacos estaban programados. De repente, él desapareció, como cuando apagas la televisión de golpe y la imagen desaparece. Ella se quedó a solas. Todo se hizo cada vez más oscuro. También desapareció. Todo fue rápido. … Al día siguiente alguien llamó a una ambulancia. La ambulancia llegó y se la llevó. Trataron de salvarle la vida, pero no pudieron. En el trabajo informaron del suceso, y nadie se lo terminó de creer. Su familia acudió a su funeral entristecida. Sus amigos lloraron, sus hermanos lloraron. El piso se vació y se realquiló tiempo después. En el ministerio siguieron trabajando, sus amigos siguieron quedando para tomar café y las ambulancias siguieron recogiendo personas. Todo programado.


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