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  ficcion > Ciencia FicciónEl Gran Proyecto

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se publicó en la web el 21 de Octubre del 2008

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  Categoría: ficcion > Ciencia Ficción
  Titulo:

Eran las 12 del mediodía. Como lo tenía previsto cerró los ojos y se concentró. De su frente, arrugada por el esfuerzo, comenzaron a brotar pequeñas gotas de sudor. Sabía que se jugaba todo en ese instante. Si fallaba ya nadie le creería, su prestigio se vendría abajo y sobre todo Cristina no lo miraría más. Tenía solo 13 años y ya la vida, pensaba, lo había puesto en una encrucijada. En caso de que todo saliera mal, su profesor de ciencias y sus compañeros se reirían definitivamente de él, y podría perder a Cristina, la pelirroja de ojos muy claros que le producía un inexplicable escozor en el estómago cuando sus miradas se entrecruzaban en clase. Por ella debía poner todo de si para que su gran proyecto de ciencias no fracasara. En lo profundo de su ser estaba seguro que nada fallaría. Después de todo había sido su juego secreto desde que tenía uso de razón. Recordaba muy bien la consternación de sus padres, cuando no pudieron hacer marchar mas el complicado y multicolor colgante musical que habían puesto sobre su cama, con el fin de estimular sus sentidos, según decía la también colorida caja en la que venia envasado. Días después, cansado de mirar fijamente el aburrido giro de aquel artefacto pensó en que agradable sería que se detuviera… y simplemente se detuvo; para siempre. Después fue el ridículo reloj en forma de rostro de gato que pusieron en su mesa de noche. Una madrugada lo miró fijamente y nunca más maulló en las horas en punto. Se extrañó mucho cuando comenzó a ir al colegio y los demás niños le dijeron que no podían jugar de esa manera. Siempre se arrepintió de inutilizar un pequeño carrusel en el que jugaban en el patio escolar, pero fue la única forma de demostrar lo que decía. El hecho motivó preguntas de las maestras, respuestas sinceras y rostros sorprendidos. Una llamada a los padres y la frase “visita al psicólogo”, hizo que instintivamente negara todo y callara para siempre. Nunca, hasta ahora, se había arriesgado a hablar sobre su misterioso poder de detener definitivamente todo lo que girara, con solo proponérselo y pensar en ello. Le divirtió sentirse secretamente diferente y a medida que fue creciendo utilizó sus dotes extraordinarias para hacer “justicia”, como lograr que dejara de pasar en su bicicleta el prepotente vecinito de al lado o que una grúa se llevara el paralizado automóvil, de quien nunca les dejara jugar a le pelota con sus amigos en la tranquila calle en la que vivía. Jamás nadie sospechó de él, salvo aquella noche en la feria anual, donde ya un poco mas crecido, se puso muy nervioso por las consecuencias que tuvo la brusca detención de la rueda gigante que el produjo. La llegada de los bomberos y los gritos desesperados de quienes quedaron atrapados en las alturas, motivó que aclara a viva voz que el no tenia nada que ver en el asunto. Sus padres debieron llevárselo, pero en el viaje de regreso le preguntaron varias veces si le había hecho algo al viejo motor del entretenimiento. El como ya estaba acostumbrado guardó un impenetrable silencio. Sintió pena por los dueños de la feria, pues sabía que la rueda no volvería a girar. No sabía la razón, pero lo que el detenía quedaba inmóvil para siempre. Luego de un largo tiempo ahora volvía a ponerse a prueba, pero a una escala difícil de manejar para su corta edad. Incluso había tenido que consultar detalles en la Internet y mirar varios videos en YouTube, para hacerse una idea aproximada sobre el reto que estaba enfrentando. Su maestro de ciencias había lanzado la idea de presentar proyectos para fin de año y de pronto la idea le vino a la cabeza. Quizás estuvo siempre allí escondida a la espera de una oportunidad y esta se había presentado. Lo dijo a viva voz: ¡Yo voy a detener el sistema solar! Hubo un gran silencio. Se escucharon algunas risas de sus compañeros y el profesor tratando de mantener la calma le hizo repetir la propuesta. Con esfuerzo y sin inmutarse le preguntó si ya tenía pensado el procedimiento. Lo pienso y ya está, fue la sincera y poco creíble respuesta. Le advierto, dijo el profesor ya curtido de bromas y locuras adolescentes pero siempre dispuesto a dejar una enseñanza, que si lo hace seria el fin de la vida en la Tierra, si el movimiento de rotación se detuviese, por ejemplo, la superficie que quede de cara al sol se calcinaría a temperaturas increíbles y el resto quedaría helado, soportando una noche infinita; también habría otras catastróficas consecuencias que las dejamos para otra clase. De todos modos lo intentaré este mediodía, dijo sin tan siquiera pensar un instante sobre la advertencia. Solo se percató de la mirada de Cristina, esta vez sazonada con sorpresa y quizás desilusión. El desconcertado profesor anotó algo en su libreta con cierto aire de preocupación en su rostro, que le despertó cierta alarma al recordar el episodio del carrusel y la amenaza de la visita al psicólogo. Después de la clase se había refugiado en la biblioteca, muy poco visitada por cierto, se sentó frente a una de las computadoras y buscó las imágenes que necesitaba. Al principio le costó situarse en la verdadera magnitud del reto al que se enfrentaba. El sistema era un eterno girar. Planetas sobre si mismos, planetas alrededor del sol, satélites alrededor de planetas. En algún momento pensó que no lo lograría. Se concentró hasta marearse. El sudor ya le manchaba la camisa. Sintió que lo lograba y se animó a abrir los ojos. Internet ya no estaba en la pantalla al inutilizarse la red satelital. El no lo sabía pero los sismógrafos de todo el mundo habían registrado en el mismo momento un ligero temblor sin aparente motivo. Se quedó sentado, relajándose por unos momentos. Luego respiró hondo, recogió sus libros y salió afuera. Hacía rato que el sol estaba en el mismo lugar. La temperatura poco a poco comenzó a ascender. Una sonrisa asomó a su rostro, Cristina no se iba a desilusionar.


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